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LA LABOR SOCIAL DE LAS HERMANDADES RELIGIOSAS EN LOS SIGLOS XVI AL XIX

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           Las hermandades religiosas en general y en particular las antecesoras de la actual Hermandad de Penitencia - Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Sacramento y Vera Cruz- además de las procesiones, cultos y ceremonias  propias de su devoción, realizaron desde que se fundaron y hasta comienzos del siglo XX una labor social importante que no ha sido valorada lo suficiente y que nosotros pretendemos destacar en el presente artículo.

             La cobertura social que hoy ofrece el estado a los ciudadanos, atención sanitaria gratuita, subsidios, pensiones, etc., es el resultado de las reivindicaciones que  la clase trabajadora venía realizando desde el siglo XIX y  no se consolidó hasta bien entrado el siglo XX, así que con anterioridad a este último siglo estos servicios prácticamente no existían, con lo que no es necesario un gran esfuerzo para imaginarnos la situación: Los hombres trabajaban hasta que su edad o su salud se lo permitía, ya que de lo contrario si no tenía algún familiar que lo mantuviera quedaba en la más absoluta pobreza. Algo parecido les ocurría si enfermaban pues durante su convalecencia no recibían ninguna clase de prestación,  por lo general, por parte del patrón lo que les conducía, si su padecimiento se prolongaba, a una lastimosa situación. Especialmente triste era el caso de las viudas, puesto que su sometimiento al marido era tal que cuando éste fallecía, aunque fuese joven, si no encontraba alguna familia que la acogiese o un trabajo, generalmente peor retribuido que el del hombre, se veía obligada a vivir de la caridad. A  todos ellos hay que añadir los pobres, grupo constituido por un número de personas que podía variar según las épocas pero que siempre fue elevado. Estaba formado por ancianos y personas con algún tipo de deficiencia o invalidez congénita o adquirida; sin trabajo ni domicilio fijo vivían de la limosna en un estado de miseria del que les resultaba imposible salir.

             En este sentido las hermandades religiosas realizaron una labor que, en parte, vino a suplir las deficiencias asistenciales de la época. Desde la perspectiva de hoy puede considerarse meros actos de caridad, sin embargo, aunque así eran en efecto, puede dársele otra  consideración al tener un carácter más sistemático por estar recogido en las mismas reglas de las hermandades respectivas.

             Veamos, pues, la forma en que llevaban a cabo la labor social a la que nos estamos refiriendo. En primer lugar la mayoría de ellas disponía de un "hospital". Conviene aclarar, antes de continuar, que el concepto que hoy entendemos con este nombre difiere un tanto de aquel que se le asignaba en las Edades Media y Moderna. En esa época esta expresión servía para designar  una casa en la que se atendían y daba cobijo a enfermos e indigentes, propios o forasteros, así mismo se recogían pobres o transeúntes para que no durmieran en la intemperie, también servía como lugar de reunión para la Junta de Gobierno de la hermandad correspondiente. La figura de estos "hospitales" en nuestro pueblo ha sido poco estudiada hasta el momento sin embargo realizaron, en su tiempo, una labor social significativa, aunque naturalmente sin llegar, ni por asomo, a la que hoy realizan las instituciones que  conocemos con ese nombre. Deducimos que, al menos al principio, no tenían asignado médicos ni personal sanitario especializado, aunque pudieran visitarlo periódicamente. Comúnmente estaban atendidos por voluntarios o por algún matrimonio que utilizaba parte de sus habitaciones como vivienda a cambio de prestar atención a los allí acogidos.

             Tenemos constancia de la existencia de varios de estos "hospitales". La Hermandad de San Vicente dispuso del suyo propio, así fue también en el caso del Santísimo Sacramento, pero especial significación tuvo el de la hermandad de la Vera Cruz, cuyo nombre además conocemos: "Nuestra Señora de la Angustia". Este hospital estuvo situado en la calle de la Plaza y posteriormente fue dividido y convertido en escuela y cárcel municipal hasta que fue derrumbado para convertirlo en lo que hoy conocemos como "Paseo cuadrado". Conservó hasta ese momento un excelente pórtico de estilo renacentista.

             Un segundo aspecto de la labor asistencial de las hermandades se centraba en la entrega a "pobres y viudas" de limosnas o alimentos. Por lo común estas donaciones se realizaban principalmente en torno a la fecha de celebración de sus fiestas, por lo que parece un acto un tanto interesado, sin embargo era costumbre realizar estas entregas a lo largo del año, de forma periódica. En cualquier caso, dadas las lastimosas circunstancias en las que se encontraban los receptores de estos bienes, suponía un alivio, que si bien no resolvía la situación, ayudaba a cubrir al menos por unos días las necesidades básicas.

             Un tercer aspecto asistencial tenía igualmente gran relevancia, se trata de la atención a los difuntos. Hoy nos puede parecer de segundo orden, pero dada la mentalidad religiosa y las creencias de la época era de suma importancia para los sencillos ciudadanos que su cuerpo recibiese sepultura y se cuidase de que su alma no penara eternamente por los pecados cometidos. Es curioso comprobar como este aspecto preocupa  sobremanera, por encima incluso de los anteriores. De esta forma, las reglas de las hermandades recoge detalladamente, entre las obligaciones de los cofrades, el asistir a los entierros de los hermanos que falleciesen, dar sepultura a sus cuerpos y asistir a las misas y oraciones que se celebrasen para redimir el alma de los difuntos, estableciéndose penas para aquellos que no cumpliesen con estos preceptos.

             No hemos querido entrar en el aspecto filosófico de la cuestión, solo constatar unos hechos. Hoy esta función asistencial nos puede parecer, como ya hemos dicho, interesada  y, por supuesto, no fue el objetivo principal de sus actividades, pero el hecho de que  esté recogida  minuciosa  y profusamente en las reglas de las respectivas hermandades, le da un carácter sistemático que excede del mero acto de caridad ocasional y deja entrever una cierta conciencia social por parte de los componentes de aquellas Juntas de Gobierno, que en algunos casos donaban propiedades para que sus rentas se destinaran a limosnas. De cualquier forma, por pequeña que fuera, realizaron una meritoria labor social con personas que de otra manera se hubiesen visto abocadas al abandono más absoluto.

Manuel Domínguez Cornejo                  Antonio Domínguez Pérez de León

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