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EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL

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Antes de entrar en profundidad en el estudio del megalitismo  es necesario aclarar que no se trata de una etapa histórica propiamente dicha sino de un fenómeno cultural que se origina a finales del neolítico y se prolonga durante el calcolítico, siendo común a diferentes grupo poblacionales y aún de distintas culturas. Así pues, aunque como vemos puede datarse cronológicamente, ésta se encuentra relativizada por la situación geográfica, económica y cultural que hace uso de estos enterramientos.

El megalitismo viene definido, casi exclusivamente, por el uso de grandes piedras (mega= grande, litos= piedra) a la construcción de sus monumentos funerario colectivos aunque se encuadran dentro de él los sepulcros de falsa cúpula levantados con mampostería en seco, son los enterramientos que vienen a llamarse comúnmente “dólmenes”. Dejamos para más adelante el estudio de las creencias y ritos que acompañan a este tipo enterramiento.

El origen del megalitismo se remonta, como hemos dicho, a finales del Neolítico. Los últimos hallazgos estudiados en el Alentejo portugués por medio del método del Carbono XIV, así como los ya conocidos en el oeste   de Europa, apuntan que el inicio de este fenómeno se produce en la fachada atlántica europea, sin poder definir con exactitud que región fue la primera en emplear este tipo de enterramientos que después se extenderían hacia el interior del continente. Posteriormente encontramos otros focos en el Este de Europa (Mar Egeo) que va a irradiar su influencia por todo el litoral mediterráneo, llegando hasta la Península. En tanto que en los primeros se localizan construcciones ortoédricas con grandes piedras o losas, tanto verticales en el perímetro como horizontales en la cubierta, en la segunda encontramos un dolmen de corredor culminando su cámara con una falsa cúpula, manteniendo ambos tipos, que luego se influirán mutuamente, un factor común, el tratarse de monumentos funerarios colectivos. La extensión de este fenómeno cultural llega hasta el suroeste peninsular, evidenciándose por el tipo de construcción una mayor influencia occidental. Tal circunstancia se produce con lentitud, existiendo, pues, una estimable diferencia cronológica con aquellos, aunque el momento cultural en la cronología local es similar al de aquellos lugares en que se origina.  

 Ya introducidos en el megalitismo en general, encontramos unos elementos que son los que van a definir los tres tipos de dólmenes en los que puede concretarse este fenómeno cultural aunque, como veremos, estos tres van luego a diversificarse en una enorme cantidad de variedades, las cuales recoge Cabrero García en 1.988 en una exhaustiva catalogación de los diferentes subtipos  de sepulcros que pueden encontrarse.  Estos tres tipos serían:

A.Grandes cistas o cajas de enormes lajas tanto en su perímetro como en su cubierta.

B.Sepulcros de corredor y una cámara bien diferenciada del pasillo de acceso.

C.Sepulcros de galería en los que el corredor y la cámara son todo una sin límete        definido. Ya en la península, el fenómeno megalítico se extiende, como hemos dicho, profundamente por el sur, donde surgen poderosas culturas que van a imprimir a este tipo de construcción un sello muy particular, (Cueva de la Menga, El Romeral, Matarrubillas, Soto, etc.)

 La provincia de Huelva, por su situación dentro del suroeste peninsular, va ser el solar sobre el que va a originarse, con gran profusión, el fenómeno dolménico con unas especiales características que lo van a dotar de unas señas de identidad propias y bien diferenciadas.

 Hallamos en Huelva dos fases en el proceso de construcción de dólmenes que son las que van a dar orígenes a los distintos tipos que posteriormente vamos a encontrar. Una primera de “facies” claramente neolítica, por lo que se desprende tanto del tipo de construcción como del ajuar encontrado, de economía agrícola-ganadera con preeminencia pastoril, relegando la agricultura al papel de soporte energético en el que los monumentos funerarios son de galería en los que se utiliza ortostatos tanto en el perímetro como en la cubierta con un  ajuar compuesto por hachas de sección circular u oval de esquistos sin grabados y una segunda “facies” calcolítica en al que podemos encontrar sepulcros de falsa cúpula en el que el ajuar encontrado incluye puntas de flecha, de lados rectos o curvos y base cóncava, retocadas en sus márgenes, así como microlitos y cuchillos con retoques marginales, cuentas de collar e ídolos de tipo almeriense y pequeños colgantes de piedras verdes. Entre los de la primera fase está el dolmen nº 10 de Los Rubios y el dolmen de Soto, y entre los de la segunda fase hallamos el tholo de La Zarcita. Entre ambas fases y como nexo de unión entre ellas encontraremos numerosas hibridaciones y variaciones.

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