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ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (II)

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Siguiendo con la reseña de algunos de los asuntos que se reflejan en  las Actas Capitulares que ya iniciamos en el capítulo anterior, encontramos detalles entrañables de una de las tradiciones mejor conservadas de nuestro pueblo,  como cuando el concejo, el 20 de agosto de 1776, a petición de Don Gabriel Alejandro Sanz y dos curas del pueblo Juan Domingo López y Pedro González – amigos y devotos de la Via Sacra -, acuerda concederle un terreno en el “Cabecito de los Paños” de seis varas en cuadro para edificar allí la décimo cuarta estación del Vía Crucis. Hoy podemos verla construida y a su vera la ermita del Santo Sepulcro.

 Igualmente vemos como algunos sucesos relevantes  de la Historia General de España también tienen su reflejo en ellas. Los recordaremos siempre desde la óptica que muestran las actas capitulares.

 De esta manera comprobamos como la resistencia a los franceses durante la Guerra de la Independencia dejó constancia en dichas actas. Sabemos que el día 7 de Mayo de 1808, a la una de la madrugada, llegó a Zalamea al bando de los alcaldes de Móstoles llamando a la resistencia contra el enemigo y enseguida se le dio traslado hacia Valverde, Calañas y Sevilla. Pues bien el 10 de Mayo, reunidos en cabildo, el Concejo, presidido por Don Juan Santana de Bolaños, personaje que después protagonizaría  otras acciones de lucha contra los franceses, acordó la formación de una partida de voluntarios  formada por hombres de entre 16 y 45 años, pagándoles seis reales diarios. Se vuelve a insistir en la formación de partidas de hombres armados el 28 de febrero de 1810.

Son diversas la referencias a la exaltación patriótica, pero también se reflejan las consecuencias que la guerra tuvo en la población con detalles como cuando en abril de 1810, después de que se marcharan las tropas francesas que ocuparon la villa varios arrendatarios de Abastos pretendieron dejar su compromiso de abastecimiento, lo que les fue denegado por considerar que ya en el primer trimestre habían tenido unas ganancias exorbitantes con motivo de haber estado alojado las tropas españolas en el pueblo. También leemos  que el pueblo se quedó vacío por temor a que volvieran los franceses. Igualmente, finalizada la guerra, se acordó enviar un comisionado que reclamase las cantidades que se habían gastado en la manutención de los ejércitos y guerrillas ya que la villa se encontraba en la más completa ruina.

Otro de los asuntos que quedan registrados en las actas aunque no con todos los detalles que quisiéramos es la segregación de las poblaciones de Riotinto, Nerva y Campillo. Todas ellas fueron consecuencia del aumento poblacional que registraron estas aldeas derivado de la explotación de las minas. Así en 1841 se da cuenta de la independencia del municipio de Minas de Riotinto como culminación de un proceso que conoció con anterioridad otros intentos fallidos, siempre con la oposición de Concejo zalameño. Mas adelante, el 7 de Julio de 1885, por orden gubernativa se forma el municipio de Nerva, agrupando las aldeas de Riotinto (no confundir con Minas de Riotinto) y Ventoso y los poblados mineros de Chaparrita y Peña de Hierro, esta segregación obliga a constituir una nueva corporación en Zalamea en ese mismo mes de Julio.

 Pero de todas las segregaciones, la más controvertida y la que causó más enfrentamientos en el seno de la corporación fue la de El Campillo. El intento más serio tiene lugar el 18 de abril de 1925, cuando la corporación niega la segregación de El Campillo solicitada mediante un pliego de firmas recogida en esta aldea, la tensión se pone de relieve cuando se duda de que muchos de los firmantes sean habitantes de la propia  aldea. Parece ser que un informe de la diputación fue favorable a la segregación lo que originó una airada protesta del Ayuntamiento zalameño que se concreta en un acuerdo de 17 de Octubre de 1825 alegando las razones por la que se niega dicha segregación aduciendo  además motivos de falta de recursos de la aldea. Como en aquella corporación había concejales de El Campillo, estos presentan un amplio informe contradiciendo los argumentos de Zalamea. Casi se puede sentir la tensión en las actas. El proceso se dilata y El Campillo no obtiene en ese momento su independencia. Aunque no hemos encontrado referencias en ellaqs sabemos que en los años sucesivos hubo constantes enfrentamientos entre los representantes de ambas poblaciones. Finalmente el 17 de abril de 1931, tres días después de proclamada la república, se constituye en Zalamea el nuevo ayuntamiento en el que un concejal de El Campillo es nombrado primer teniente de alcalde.  Ocho días más tarde el ayuntamiento imbuido por el espíritu de libertad y justicia dominante en el momento,  acuerda por unanimidad la segregación de El Campillo. Contrasta esta unanimidad con la tensión que se desprende de posteriores sesiones en las que se les niega la palabra a los concejales de El Campillo que aún formaban parte de la corporación, como se aprecia en la sesión del 14 de Agosto de ese mismo año, fecha en la que aún no se había constituido el nuevo Ayuntamiento del nuevo pueblo de Salvochea, nombre con el que se independizó.

La delimitación del nuevo término tampoco estuvo exenta de polémica, así la aldea de Traslasierra quiso seguir perteneciendo a Zalamea como quedó reflejado en la sesión de 5 de Febrero de 1932 donde se dio cuenta de una carta que  los vecinos de esta aldea dirigieron al ministro de la Gobernación solicitando permanecer bajo su jurisdicción.

Quizá estos conflictos fueron el origen de una absurda rivalidad entre los habitantes de ambos pueblos, afortunadamente hoy superada.

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

28/09/2015 20:54 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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