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LOS LÍMITES ENTRE ZALAMEA Y VALVERDE

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UN PLEITO DE MÁS DE 400 AÑOS             

Hace ya bastantes años tuvimos acceso a la trascripción de un documento fechado en 1450 en el que se trataba de un litigio entre Zalamea, dependiente entonces del arzobispado de Sevilla, y la villa de Niebla y su lugar de Facanías, lugar que luego se independizó con el nombre de Valverde del Camino, relativo a los límites de los términos de ambas poblaciones. Este documento no nos hubiese llamado la atención más que cualquier otro si no hubiésemos comprobado más tarde que la disputa se alargó durante más de 400  años, hasta finales del siglo XIX.

             Esta cuestión, por su peculiaridad, atrajo nuestra curiosidad hasta el punto de conducirnos a investigar el tema para profundizar en los orígenes y desarrollo de este proceso. Independientemente de las implicaciones socioeconómicas, que no cabe abordar aquí por su extensión, y de la seriedad que indiscutiblemente tuvo el asunto para nuestros antepasados, hoy, desde nuestra perspectiva, el tema ofrece un aspecto ciertamente anecdótico que en lo relativo a su duración reduce a una simple escaramuza la tan cacareada guerra de los cien años entre ingleses y franceses en la Edad Media y demuestra que cuando dos partes se creen en posesión de la razón son capaces de transmitir su disputa a varias generaciones, pasándolas de padres a hijos durante más de cuatro siglos.

             El documento al que antes hicimos referencia y que inicialmente nos introdujo en el tema es una escritura donde se recogen los autos y las sentencias que sobre el conflicto da Fray Rodrigo Ortiz, comisionado de mutuo acuerdo por Don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia y conde de Niebla, y don Juan de Cervantes, cardenal de Ostia y arzobispo de Sevilla, señor de Zalamea, para que resolviera sobre la colocación de los mojones (postes de mampostería destinados a marcar los límites territoriales) entre ambas poblaciones. Este hombre recibe a los alcaldes y regidores de los dos pueblos, que se acusan mutuamente de haber modificado las mojoneras que delimitan sus respectivos términos. La forma de resolverlo es interrogando a los testigos que se suponen neutrales, y que manifiestan conocer la situación de dichos puntos desde tiempo inmemorial al frecuentar la zona por las labores que en ellas realizan. Así mismo se refiere que la disputa viene de “más antiguo”.

 

            Posiblemente el origen del problema haya que buscarlo en la identificación de límites territoriales entre los distintos reinos de taifas, Hispalis y Lebla (Niebla) a los que pertenecían respectivamente Zalamea y Valverde pero probablemente esto no se puso de relieve  hasta que ambas poblaciones son reconquistadas por los cristianos y cedidas Zalamea al arzobispo de Sevilla y Niebla a los Guzmanes. Es precisamente en este momento cuando estos señores feudales ven la necesidad de establecer con claridad cuáles son los límites de sus respectivos señoríos ante los continuos enfrentamientos que se vienen produciendo entre los pobladores de uno y otro lugar por lo terrenos limítrofes. La decisión del mencionado juez Fray Rodrigo Ortiz, por muy salomónica que nos parezca, no dejó satisfechas a ninguna de las partes por lo que se desprende de posteriores documentos y los mojones eran derribados por unos y otros poco después de que volviera la espalda el último que los había colocado.

             En 1454, siendo arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca, los Guzmanes le arrebatan Zalamea, no devolviéndosela hasta 22 años más tarde. No tenemos certeza de que haya relación entre este hecho y las disputas territoriales, aunque no hay que descartar que así fuera. También pudo ser una forma de presionar para favorece la aspiración de un Guzmán a la silla arzobispal.

             La siguiente referencia documental la encontramos en el Libro de los Privilegios de 1592 cuando el licenciado Miguel de Rado, juez comisionado real, procede a la delimitación del término de Zalamea para entregarlo a las autoridades de nuestro pueblo des pués de haberse comprado a sí mismo. Al llegar a los límite por el sur y ante el conocimiento de las disputas, el tal juez comisionado cita el 28 de Mayo de 1582 a los representante del concejo de Niebla y Valverde para que se persone en la identificación de los mojones. Aunque en principio los allí presentes no interponen ninguna queja, más tarde hacen saber al corregidor su disconformidad  y el procurador de Niebla requiere a Miguel de Rado para que deje en suspenso el tema ya que ha elevado el proceso a la  Real  Audiencia de Granada, protestando de su autoridad. El dicho licenciado vuelve a preguntar a los testigos presentados por Zalamea, sobre la situación de los tan traídos y llevados mojones, pero estos testigos son descalificados por los procuradores de Niebla y Valverde, tachándolos literalmente de “odiosos y sospechosos”. No obstante el mayordomo del concejo de Zalamaea, Juan González Lorenzo, insta a Rado para que continúe con el amojonamiento en virtud de la autoridad que le otorga el rey, alegando que por esa razón está por encima de cualquier magistrado. Éste así lo hace, colocándolos en el lugar que les indicaron nuestros antepasados.

             A pesar de todo, el recurso interpuesto por Niebla tuvo como consecuencia que el pleito se prolongara durante una buena parte del siglo XVII y el libro de los Privilegios hubo de viajar a Granada para servir como prueba en defensa de los intereses de Zalamea; probablemente la firma real que figura al final de este documento debió de pesar en la última decisión.

             Las distintas sentencias que se dictan acerca del tema no lo dejaron ni mucho menos resuelto, por lo que el asunto se reanuda durante el siglo XVIII, y así vemos como en 1774 el Ayuntamiento de Zalamea da poderes a un agente de Granada para que prosiga con el pleito que mantiene con Valverde por el lugar que ya se conoce como la “Contienda” haciendo alusión a las sucesivas disputas que el lugar estaba originando y durante las cuales los mojones eran destruidos frecuentemente por los pobladores de ambas villas. Al año siguiente en 1775, se dicta una nueva sentencia sobre el pleito ordenando sean colocados en los lugares que estaban antiguamente.

             Esta sentencia tampoco dejó zanjada la cuestión. Lo que presumiblemente ocurriera en esta y otras ocasiones, es que al carecerse por aquel entonces de unos agentes de la autoridad imparciales que hiciesen cumplir las resoluciones dictadas, los vecinos no conformes con ellas procedían de nuevo a modificar la situación de los puntos que se servían de límites dando pie a que resurgiera de nuevo el conflicto. Y así ocurrió efectivamente porque ya en el siglo XIX, en 1837, los Ayuntamientos de Zalamea y Valverde acuerdan constituir una comisión que realice el reconocimiento de las mojoneras en el lugar de la Fuente de la Murta. La mencionada comisión o no llegó a un acuerdo o la solución que aportó no satisfizo a las partes enfrentadas, especialmente a la de Valverde, ya que en 1892, más de 400 años después del primer proceso al que dio origen, vuelve a suscitarse la polémica según se deduce por las quejas que los vecinos de Zalamea presentan a nuestro Ayuntamiento, denunciando que la gente de Valverde, aprovechando que el monte había crecido en el lugar, habían vuelto a modificar de nuevo la situación de los mojones.

 

            Desconocemos la situación topográfica exacta en la que las distintas sentencias establecieron los límites ya que el procedimiento utilizado era colocarlos “in situ” siguiendo los testimonios de las personas que conocían el lugar, por lo que no tenemos referencia de las variaciones que se produjeron, pero se deduce de los documentos consultados que en su mayor parte eran favorables a Zalamea puesto que los recursos generalmente eran interpuestos por Valverde y en la mayoría de los casos eran los vecinos de esta población los que procedían a modificar la situación de esos puntos.

             No tenemos constancia de que en el siglo XX se reanudara el conflicto. Es posible que el cambio de las estructuras de explotación de la tierra con las que arranca el siglo y el abandono progresivo por el escaso interés agropecuario que en ese momento ofrece la zona, unido a la aparición de nuevas actividades económicas en su cercanía, como los trabajos de las Minas de El Castillo, Oriente y Palanco que dan trabajo a muchos de los lugareños que antes se ocupaban por necesidad en el aprovechamiento de aquellos terrenos hacen caer en el olvido la cuestión que durante más de cuatro siglos había tenido en constante enfrentamiento a vecinos de ambas villas. Si algún resquicio quedaba en la mente de alguien, los tractores de la repoblación de eucaliptos vinieron a dar por concluido el tema.

 Manuel Domínguez Cornejo                      Antonio Domínguez Pérez de León 

 

 

08/08/2017 23:10 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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