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425 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS PRIVILEGIOS (V)

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La delimitación del término y su entrega al Concejo de Zalamea no supuso el fin de los problemas. Parece ser que la desmembración de Zalamea del arzobispado originó algunos conflictos con esa dignidad eclesiástica ya que hay constancia de ciertas reclamaciones del Arzobispo sobre algunos pagos que debía hacer la villa, de manera  que Felipe II se vio obligado a responder con un albalá (disposición real) de 16 de marzo de 1583, ordenando a aquel cesase sus exigencias sobre el pueblo.

             Entretanto, el dinero prestado a Zalamea es transportado a la hacienda real donde por fin llega y después de las comprobaciones obligadas, el 12 de Diciembre de 1587, se extiende por Bartolomé Portillo de Solier, tesorero general del reino, una carta de pago dando constancia de haber recibido del concejo de Zalamea la cantidad estipulada. Sin embargo la deuda contraída por el pueblo con sus fiadores tardó más de  doscientos años en pagarse. Por cierto que D. Francisco Bernal cedió los derechos de cobro de ella a la Iglesia de Sevilla a la que la villa debió de seguir pagando durante ese tiempo.

             Pero la lentitud de la administración de Felipe II es proverbial y el reconocimiento de los derechos que adquirían los zalameños por la compra de su señorío tardó en producirse. Por fin el 15 de Junio de 1592, estando en Segovia, el rey Felipe II, aquél en cuyos dominios nunca se ponía el sol, otorga Carta de Privilegio a Zalamea, haciéndola “ villa de sí y sobre sí”, dueña de su propia jurisdicción. De ella podemos extraer, por significativos, estos párrafos:

 “… y os vendo a vos, el dicho concejo, justicia y regidores, escuderos, oficiales y hombres buenos de dicha villa, así a los que ahora son como a los que serán de aquí en adelante, para siempre jamás, la dicha jurisdicción civil y  criminal… y os hago villa de sí y sobre sí… para que en la dicha villa y en los dichos términos uséis la dicha jurisdicción…”

 “…para que la gocéis perpetuamente, … y que nos, ni los reyes nuestros sucesores, ahora ni en tiempo alguno no venderemos ni apartaremos… la dicha villa de Zalamea ni su jurisdicción y términos ni la daremos a … persona alguna de cualquier calidad y condición”

 “… Y si fuéredes o fueren despojados… de la tenencia y posesión… ha de hacerlo restituir y restituirán sin dilación alguna”

 Todo un auténtico status de  autonomía política, administrativa y económica.

Finaliza la Carta  de Privilegio con la firma autógrafa del rey certificada por su secretario.

            Hemos resaltado estos trozos de la Carta de Privilegio con el fin de dar una idea del alcance de ésta ya que ello va a marcar lo que será la historia de Zalamea durante toda la Edad Moderna.

            Todo este proceso, con la firma real a la que hemos hecho referencia, se recoge en un documento de excepcional valor que conocemos como el “Libro de los Privilegios” que se conserva aún en el archivo municipal y que se debe seguir conservando  a toda costa con las medidas de seguridad que exige su importancia.

 

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

27/06/2017 21:21 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS PRIVILEGIOS (IV)

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Después de ser anulada la venta de Zalamea al marqués, se inicia la delimitación del término que por aquel entonces era aún impreciso y que era necesario concretar, pero en aquel entretanto muere en el ejercicio de su cometido el licenciado Álvaro de Santander, el comisionado real desplazado a Zalamea con el fin de llevar a cabo el proceso, ocupando su cargo interinamente el doctor Burgos de Paz que lo ejerció hasta el nombramiento de don Miguel de Rado como juez de comisión para terminar de amojonar el término y entregarlo a las autoridades de Zalamea.

 Pero el primer problema surge cuando  se trata del dinero que había que entregar al rey para comprar nuestra propia jurisdicción. No disponiendo el  pueblo de esa cantidad en efectivo tuvo que embargar los bienes de propio y tomar un préstamo de doña Brígida de Arco Corso, saliendo como fiador un zalameño ilustre de aquella época, Don Francisco Bernal Estrada. Este hombre que algunos autores aseguran nació en Zalamea alcanzó muy joven altos cargos eclesiásticos en Jerez y Sevilla.

Una vez garantizados los fondos, el ocho de Mayo de 1581 Felipe II extendió una cédula por la que se concedía a Zalamea la jurisdicción y rentas jurisdiccionales de su propio término y la potestad de elegir sus alcaldes, oficiales y alguaciles, sin que se les pueda poner corregidor. Al año siguiente se procede a continuar con el amojonamiento y la delimitación de territorio para la cual había sido comisionado, tal como dijimos el licenciado Rado al que se le habían asignados un plazo de veinte días, cobrando su salario y el del escribano, Juan Catalán, del concejo de Zalamea.

 Mientras tanto, al principio de aquel año, 1582, se había procedido como era uso y costumbre, a nombrar los cargos del concejo  que regían la villa. Estos fueron, Alonso Pérez León y Alonso Romero, alcaldes ordinarios; Andrés Pérez León y Alonso González, alcaldes de la Santa Hermandad; Juan González Lorenzo, mayordomo; Pedro Alonso Bernal, alguacil; y Bernabé González, Juan Varela y Gregorio Salvador, como regidores, cargo equivalente al de los actuales concejales.

Don Miguel de Rado, dilató el proceso de amojonamiento excesivamente enfrentándose al Concejo que se exasperaba ante la lentitud de aquel en efectuar su cometido. Ya el año anterior, dicho concejo había enviado a Juan Serrano a Almonaster - pueblo que seguía un proceso paralelo al nuestro y en el que se encontraba dicho licenciado - con un requerimiento para que terminara de delimitar el término, siendo despedido con evasivas. Zalamea, protesta ante el Consejo Real de Hacienda que responde instando a Rado para que dé posesión de aquel a las autoridades de nuestro pueblo y así el 5 de Septiembre de 1582 , emprendió de nuevo su tarea. Ya en el amojonamiento se pusieron de nuevo de manifiesto las disputas entre Zalamea y Niebla por cuestiones de límites entre sus respectivos términos, a los que ya hemos hecho referencia en un artículo anterior (Los límites entre Zalamea y Valverde, un pleito de mas de 400 años). En todo este proceso estuvo acompañado por Juan González  Lorenzo, mayordomo del Concejo, como antes dijimos, al que por último le hace entrega solemne de los edificios públicos, la cárcel, el pósito y las casas del  Cabildo. A renglón seguido les hizo saber su intención de darles posesión de sus cargos en nombre del rey.

             Esto no fue del agrado de los munícipes zalameños que entendían , según la cédula de 8 de Mayo de 1581, por la que el rey les concedía la potestad de elegir sus cargos sin que se le pudiera poner corregidor, que Rado había cumplido ya su función como mero juez de comisión y por tanto no podía nombrar los cargos del concejo. De esta manera le presentaron, el 20 de Septiembre de 1582, un requerimiento para que no osase  molestarles en la posesión de sus varas. No obstante el licenciado insiste en su intención  y les convoca con ese fin el domingo, 23 de septiembre en las casas del Cabildo.

             En principio parece ser que su propósito fue la de ratificar a los que ya estaban, sin embargo para algunos miembros de la corporación aquello suponía un atentado a su honor y dignidad en tanto que era hacerles entrega de algo por lo que habían pagado y que consideraban fuera de lugar. Llegado el momento, determinados miembros del concejo optaron por plegarse a la autoridad de Miguel de Rado y les entregaron sus varas que éste les devolvió después de haberlas juntado con la suya como símbolo de posesión real, pero otros, encabezados por el alcalde Alonso Pérez León, se resistieron a hacerlo adoptando una postura enérgica y orgullosa ante el corregidor. Y así, tal como aparece en los documentos, “…habiéndosela dado no la acabó de soltar porque la mantuvo asida por un extremo de ella” Y para evitar un escándalo público el licenciado “…dio la suya propia a Juan Serrano, de la calle de la Iglesia…”, destituyendo a Alonso Pérez de León, y haciendo lo mismo con los tres regidores que le habían apoyado, nombrando a otros nuevos. Los destituidos presentaron al día siguiente una reclamación exigiendo la posesión de las rentas del almojarifazgo. 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

30/05/2017 22:56 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL (III)

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Como hemos dicho, el hombre que trajo la noticia a Zalamea fue Juan Ruiz Carillo, enviado “ex profeso” por el rey, que informó a los munícipes zalameños de la decisión real y  tomó los datos de población y renta,  marchándose a continuación. Meses después es enviado el licenciado Álvaro de Santander para tomar posesión de la villa y nombrar los cargos del concejo en nombre del rey y haciéndole saber que éste piensa respetar sus usos y costumbres. Más tarde por una cédula de 20 de Febrero de 1580, la vendería a Don Francisco de Guzmán, marqués de la Algaba. Algunas referencias hacen pensar que la primera venta fue a Don Nicolás de Grimaldo, príncipe de Salerno. Sin embargo, todo apunta a que este actuó como intermediario, siendo probablemente una especie de financiero de la corte que medió en la operación para proceder a la venta más conveniente. De cualquier manera la venta real y efectiva es al mencionado marqués. No obstante, el licenciado Álvaro de Santander hizo saber al concejo y habitantes del pueblo que si lo deseaban podían redimirse de la venta, pagando al rey la misma cantidad por la que se le vendía a don Francisco de Guzmán, disponiendo para decidirlo de cuatro meses. ¿Estamos quizá ante una hábil maniobra para conseguir más rápidamente dinero del que el rey no andaba sobrado precisamente? Cualquier respuesta a esta pregunta entra en el terreno de las conjeturas.

             El caso es que los habitantes de Zalamea, encabezados por aquellos vecinos que ocupaban una posición relevante dentro del pueblo tomaron la determinación de aceptar esta condición y solicitaron del rey el poder redimirse a sí mismos pagando la cantidad que se estableciera.    Esta opción fue probablemente decidida por este grupo de personas que gozaban de un status social elevado y a los que no se les escapó las ventajas que la compra del pueblo podría suponer para ellos, tanto económica como socialmente. 

            Y en efecto, ellos fueron los más favorecidos en esta transacción ya que la nueva situación del pueblo, que así gozaría de una cierta autonomía en su gobierno, les permitió consagrar tanto sus privilegios como el goce de sus posesiones sin necesidad de tener que rendir cuentas a ningún señor, aunque indiscutiblemente también el pueblo salió favorecido en gran medida, por cuanto suponía el disfrute común de muchos terrenos que se convirtieron en bienes de propio.  

La cantidad que se estableció, y que Zalamea debería pagar fue de 16.000 maravedíes por cada vecino y cuarenta y dos mil quinientos por cada mlllar de rentas jurisdicionales.Teniendo en cuenta que existían en ese momento 867 vecinos y medio, la cantidad total se ajustó en 15 cuentos (millones) 104,190 maravedíes.

 La venta al marqués es anulada. Pero queda por delante un camino tortuoso y lleno de dificultades 

 

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

25/04/2017 22:54 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL (II)

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LOS ORÍGENES

En una fecha imprecisa a finales de 1579 o principios de 1580 un funcionario real de nombre Juan Ruiz Carrillo llega a Zalamea  probablemente por el camino real procedente de Sevilla, que entraba en el pueblo por la zona que hoy es conocida como Puerta Real.

 Los lugareños que presenciaron la entrada de este hombre ataviado con una vestimenta que le distinguía como enviado del rey escucharon sus preguntas sobre dónde podía encontrar a los alcaldes ordinarios (en aquellos tiempos había dos). Seguramente alguien lo acompañó hasta dar con ellos. Después de presentarse  se reunió en la casa del Concejo con los dos alcaldes ordinarios y con el mayordomo a los que pidió los datos de población y renta, marchándose a continuación. Los responsables municipales se quedarían intrigados por esta visita, pero meses más tarde se presentó en el pueblo el licenciado Álvaro de Santander que tomó posesión de la villa en nombre del rey, notificándoles a las autoridades locales que desde el 1 de Enero de 1580 habían dejado de pertenecer al arzobispado de Sevilla.

En un principio aquella noticia debió de crear gran inquietud en los corazones de aquellos sencillos antepasados nuestro. Durante 300 años habían tenido como señor en lo espiritual y en lo temporal al arzobispo de Sevilla.

De esta manera se dio inicio a un proceso que duraría doce largos años y que finalizó con la firma de los privilegios por el rey Felipe II en Segovia el 15 de Junio de 1592. Durante esos doce años ocurrieron muchas cosas, algunas de ellas transcendentales para el futuro de nuestro pueblo, cosas  que pretendemos contarle en los sucesivos artículos que iniciamos ahora.

Conviene, no obstante, antes de entrar en materia, explicar en definitiva que son los privilegios de Zalamea. Se trata de un documento firmado de puño y letra por el rey Felipe II donde se recoge un conjunto de derechos que se le otorga al pueblo de Zalamea por haber comprado la condición de ser “villa de sí y sobre sí”.

El privilegio es pues una especie de decreto real, que tiene el máximo rango dentro de los protocolos reales, en el que se otorgaba las condiciones  y derechos que  adquiría Zalamea en su nuevo status tras la emancipación del arzobispado. Este privilegio se encuentra al final de un  documento que tiene la forma de libro al que le da nombre. En realidad se trata de una recopilación de cédulas y descripción de las  actuaciones llevadas a cabo para delimitar el término, los bienes comunales y la entrega de poderes, de manera que en él se cuenta todo el proceso desde el momento en el que el rey decide anexionarse la Villa de Zalamea hasta la firma del privilegio en 1592. Este documento es conocido como “Libro de los Privilegios” y se conserva afortunadamente en el archivo municipal de Zalamea la Real, siendo, junto a las Ordenanzas Municipales de 1535, una de las joyas documentales de nuestro pueblo.

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

30/03/2017 00:54 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL

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El 15 de Junio de 1592, en Segovia, el rey  Felipe II firmaba la carta de privilegios que otorgaba a Zalamea un status político y económico que le permitía gobernarse con cierta autonomía dependiendo exclusivamente de la autoridad real y eximiéndole de cualquier dependencia o vínculo con ningún señorío nobiliario o eclesiástico.

La firma de este documento marcaría a lo largo de toda la edad Moderna el devenir histórico de nuestro pueblo y su futuro. Hasta entonces Zalamea había sido un señorío eclesiástico, dependiente del arzobispado de Sevilla, situación que se prolongó durante poco más de 300 años, desde 1279 hasta 1592. Este hecho tuvo una enorme trascendencia para nuestro pueblo en muchos aspectos.

Es nuestra intención iniciar una serie de artículos que recuerde todo el proceso histórico que culminó aquel 15 de Junio de 1592 del que este año se cumplirán exactamente 425 años.

En los últimos tiempos recientes investigaciones han venido aportando datos que permiten enfocar este proceso desde una nueva perspectiva que por un lado da, si cabe, más relevancia a las consecuencias de aquellos privilegios y por otra descubre motivaciones y causas que anteriormente se desconocían.

En próximos artículos intentaremos reflejar y analizar los hechos que se iniciaron cuando el papa Gregorio XIII firma una bula por la que permite al rey tomar algunos bienes en poder de la Iglesia, entre ellos Zalamea.

Aunque este evento ya se conmemoró hace 25 años (400 aniversario de la anexión a la corona) creemos que esta fecha es posiblemente una de las que merece ser recordada y conmemorad debidamente.

Imagen de la ilustración: Primera página del Libro de los Privilegios de Zalamea la Real

 

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

14/02/2017 22:31 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SAN VICENTE Y SU RELACIÓN CON LOS "LUGARES COMARCANOS"

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Como bien es sabido, en 1425 fue elegido San Vicente Mártir como patrón de Zalamea. Nos encontrábamos entonces en la Edad Media y nuestro pueblo, que ya había adquirido la condición de villa, pertenecía al señorío eclesiástico del arzobispado de Sevilla. Faltaban aún 110 años para que se elaboraran las ordenanzas  de 1535, ejemplo de regulación económica y social para la época y que afortunadamente se han conservado en buen estado en nuestro archivo municipal, y se tardaría  todavía 160 años  en iniciar un proceso de emancipación del señorío arzobispal que culminaría en 1592 con la proclamación de Zalamea como villa de sí y sobre sí en una carta de privilegios firmada de puño y letra por el propio rey Felipe II, pero en aquellos momentos el pueblo era una pequeña población que se hizo eco de los cultos y devociones que se extendieron por la zona recién conquistada a los musulmanes, cultos y devociones que fueron traídos por los repobladores castellano-leoneses. Pero su culto no quedó circunscrito a nuestro pueblo sino que tuvo resonancia en lo que se dio en llamar los lugares comarcanos. De esa manera ya en aquella época el culto a San Vicente tuvo una estrecha relación con otros que se desarrollaron en la comarca y esa relación dejó huellas que han llegado hasta hoy.

Un ejemplo lo tenemos en la admirable ermita de Santa Eulalia en el término municipal de Almonaster, cercana a la aldea de El Patrás. Zalamea y Almonaster tuvieron una trayectoria paralela desde que pasaron a manos cristianas a mediados del siglo XIII. No es coincidencia que ambas luzcan hoy el apelativo “Real” como referencia a su proceso histórico. Ambas aparecen mencionadas en  el Privilegio Rodado de Alfonso X El Sabio de 1279, que recordemos es, hasta ahora, el primer documento en el que aparece el nombre de nuestro pueblo, “Çalamea”, y que se guarda en el archivo catedralicio de Sevilla. En el mencionado privilegio rodado se cede  Almonaster y Zalamea al arzobispado de Sevilla a cambio de Cazalla. Ambas fueron repobladas en gran medida por contingentes castellano leoneses y de igual manera ambas sufrieron un proceso similar de emancipación del arzobispado al que estaban sujetas. Pues bien en la ermita de Santa Eulalia pueden apreciarse unos interesantísimos frescos que reflejan escenas de santos cuyos cultos se extendieron en el medievo por las zonas reconquistadas. En ellos están representados, entre otros, el señor San Sebastián, que fue venerado allí, al igual que en Zalamea, por considerársele protector contra la peste que tanto daño hizo en la Edad Media. No olvidemos que  aquí en nuestro pueblo se le construyó una ermita que ya se menciona en el Libro de los Privilegios en 1592 y que, como todos saben, hoy se destina a la advocación de la Pastora. Por cierto, también en Almonaster se le construyó una ermita, hoy derruida y cuyas ruinas pueden verse hoy en las afueras del pueblo.

 Pero volviendo a los  frescos de la ermita de Santa Eulalia, bastante bien conservados, en ellos aparece también San Vicente, vestido de diácono, aunque en este imagen no porta los símbolos tradicionales de su martirio. En la parte inferior de la pared en la que figura representado San Vicente, situada a la izquierda, se puede leer  una inscripción que reza:

Esta ermita fue construida al servicio de Dios y de la bienaventurada Santa Olalla y reverencia al bienaventurado señor San Vicente”.

 Según el estudio publicado por don Manuel Cuaresma Martín dichos frescos han sido datados en el siglo XV o como muy tarde a mediados del siglo XVI. Aunque no puede asegurarse, cabe la posibilidad que  la referencia a la devoción a San Vicente proviniera de Zalamea, ya que hay documentos del siglo XVI que acreditan que a esta ermita acudían vecinos de Almonaster, Aracena y Zalamea. No obstante pudiera ser también que la devoción a este santo se desarrollara paralelamente en ambos pueblos, pero sólo Zalamea lo proclamó patrón.

Por otra parte la relevancia que tomó la hermandad en Zalamea y el culto a este santo se reflejó también  en todo el término, donde en algunas ermitas de las aldeas se conservó hasta tiempos recientes una pequeña imagen suya.

Pero su vinculación con el entorno no se limitó a las aldeas del término, las propias reglas de la hermandad de San Vicente hacen referencia a la relación que esta hermandad tuvo con otros lugares próximos y así quedó reflejado en ellas  que dos grandes calderos que había donado Bartolomé Rodríguez Pastor de Ureña, donde se cocían las vacas para el día en que la hermandad celebrare su fiesta, se les dejaría a Santa María de España y  Nuestra Señora de la Coronada, del término municipal de Calañas, debiendo pagar solo 6 reales para amañarlas – limpiarlas y prepararlas - y el coste de llevarlas y traerlas. Por cierto que esta es la primera referencia histórica que se tiene del culto a estas vírgenes en ese lugar. Estos mismos calderos eran cedidos también  a Santa Marina de El Villar y a Nuestra Señora de Ureña para sus fiestas, pero en ambos  casos, por tratarse de lugares zalameños, se les prestaría sin coste alguno.

Todo ello nos viene a indicar la resonancia del culto  a San Vicente por toda nuestra comarca. Culto que, ya se ha repetido cientos de veces, Zalamea ha sabido  conservar y que dentro de nueve años habrá cumplido exactamente la friolera de 6 siglos. Habría que pensar en conmemorarlo como se merece.

 

Pie de foto de la imagen:

Imagen de San Vicente representada en los frescos de la ermita de Santa Eulalia.

 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

 

07/02/2017 21:48 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS HUÉRFANOS DE LA GUERRA CIVIL

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El 25 de Agosto de 1936 las tropas nacionales entran en Zalamea y ocupan el pueblo. (Véase en este enlace el artículo sobre la guerra civil en Zalamea) Se establece entonces un gobierno encabezado por las fuerzas vivas  más vinculadas al Movimiento Nacional que como bien es sabido realizaron en las primeras semanas un dura represión  de los partidarios y simpatizantes del bando republicano, represión que luego se mantuvo en mayor o menor medida a lo largo de los años que duró la contienda.

Mucho se ha escrito y publicado desde entonces acerca de los represaliados de uno y otro bando y de las víctimas de aquella cruenta guerra civil. Pero hay un documento en el archivo municipal que nos habla de unas víctimas de las que poco se ha dicho y que refleja la verdadera dimensión de los efectos que tuvo en la población de Zalamea. Se trata de una relación realizada en 1937  de los huérfanos cuyos padres habían fallecido durante la represión o en los actos de guerra. La causa de la  orfandad es definida como “fallecimiento del padre en los actuales sucesos”. Eufemismo que intenta disfrazar la verdadera causa de la muerte de los padres de aquellos niños.

Como dijimos anteriormente, el número de ellos  que aparece en este documento refleja fielmente los demoledores efectos de aquella guerra en nuestro pueblo por una causa u otra.

En la relación aparecen en el año 1937, 97 huérfanos, de los cuales 51 eran niños y 46 niñas.

De ellos 11 eran menores de 2 años, 30 se encontraban entre 2 y 6 años y 36 entre 7 y doce años.

El resto, es decir 20 niños, eran mayores de 12 años.

La relación se completa con un apéndice realizado en 1938 en el que figuran 16 niños más, de los cuales 10 eran niños y 6 niñas, de estos dos eran menores de 2 años. Ocho contaban entre 2 y 6 años, 4 entre 7 y 12 años y dos eran mayores de 12 años.

Al final de la relación aparecen añadidos 4 niños más de una misma familia  que tenían 4, 7, 8 y 10 años respectivamente.

Como es lógico para la época abundan entre todos ellos las familias numerosas.

Había tres familias con 5 hijos y otra con 6.

Otras tres familias tenían 4 hijos

El resto tenían entre 3, 2 y 1 hijo.

En el documento no se hace constar cuál fue el objeto de esta relación, en principio el documento estaba dirigido a la diputación provincial e imaginamos que la intención era probablemente proporcionarles algún tipo de recurso que les permitiera subsistir, ya que, especialmente los huérfanos de represaliados, vivían prácticamente de la caridad ajena, fueran familiares o vecinos. Aunque sería exhaustivo dar sus nombres por otro lado a  estas alturas innecesario,  son perfectamente reconocibles los hijos de algunos de los que más destacaron en defensa de la república.

Los niños fueron, una vez más, las víctimas olvidadas de la guerra.

Imagen de la foto: Huérfanos de la guerra civil en un hospicio de Valencia

 

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

16/12/2016 20:48 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DE CUANDO BELMONTE ESTUVO EN ZALAMEA

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Para los buenos aficionados taurinos el nombre de Juan Belmonte siempre tendrá  un significado especial y poco más habría que decirle que ellos no sepan. Para los profanos en la materia, sin embargo, sería conveniente recordar que se trata de una de las dos grandes figuras del toreo de todas las épocas,  que desarrolló su carrera en el primer tercio del siglo XX. Era por entonces lo que hoy se ha dado en llamar la “Edad de oro del toreo” en la que dos figuras representativas de estilos contrapuestos,  que destacaron por encima de las demás, levantaron pasiones entre los aficionados de manera  que en más de una ocasión los seguidores de uno y otro acabaron, después de un festejo, originando una auténtica batalla campal, a pesar del respeto y la amistad que ambos toreros se profesaban mutuamente dentro y fuera de la plaza. Eran Joselíto, apodado “El Gallo” o “Gallito”, para distinguirlo de su hermano Rafael, también torero; y  Juan Belmonte.

Ambos mantuvieron una sana  rivalidad profesional que como ya hemos dicho trascendió a los tendidos, rivalidad que acabó trágicamente en 1920 cuando Joselito fue cogido mortalmente por un toro en Talavera de la Reina. Por su parte, Belmonte siguió toreando hasta 1936. Después de la guerra civil no volvió a torear. Para algunos entendidos Belmonte fue el precursor del toreo moderno y desde luego  un auténtico revolucionario para la época. Además de torero, autodidacta, era hombre de gran personalidad,  inteligente y culto, gran aficionado a la lectura y amigo de muchos grandes intelectuales y pintores de su tiempo hasta el punto de llegar a ser considerado por algunos un miembro más de la generación del 98. Una muestra de su personalidad es esta anécdota que se cuenta de él: después de la guerra civil, uno de sus banderilleros llegó a ser gobernador de la provincia de Huelva y como tal presidió un festejo al que asistió Belmonte junto a un amigo. En el transcurso del mismo, su acompañante le preguntó si era verdad que el gobernador había sido banderillero suyo, a lo que nuestro hombre contestó  afirmativamente, entonces aquel amigo quiso averiguar cómo de simple banderillero se podía llegar a ser  gobernador, a lo que Belmonte contestó con su marcado acento andaluz: “Po como va a sé, degenerando”.

 Belmonte se suicidó de un disparo en la cabeza en 1962, con 70 años y corrieron ríos de tinta haciendo conjeturas acerca de los motivos de su suicidio.

Pues bien no consta, en la ya larga historia de nuestro coso taurino, que este torero hubiese pasado por la plaza de Zalamea. O mejor dicho no constaba hasta que se publicó el libro de José Chaves Nogales sobre la biografía de Juan Belmonte (por cierto, libro recomendable para cualquier aficionado a la literatura, le gusten o no los toros). En este libro él mismo narra un episodio que le ocurrió aquí en nuestro pueblo. Más allá de su interés taurino quisimos seguirle la pista histórica a aquel suceso aunque se trate de una simple anécdota.

Cuenta Belmonte - recordémoslo para aquellos que no hayan leído aún el libro - que en su época de maletilla,  tuvo noticias de una capea que se iba a celebrar en Zalamea la Real, y hasta aquí se vino desde Sevilla junto a unos amigos. En aquel tiempo los aspirantes a iniciarse en la profesión taurina aprovechaban cualquier festejo popular para practicar y demostrar sus habilidades. Al llegar se vieron decepcionados porque comprobaron que la capea era solo para jóvenes del pueblo. No obstante, esto no les enfrió los ánimos y acabaron saltando al ruedo, pero enseguida fueron detenidos por la Guardia Civil. El cabo comandante de puesto,   posiblemente con la oculta intención de que se dieran a la fuga y librarse de ellos sin más complicaciones, les dijo que si le prometían presentarse ellos mismos voluntarios en el calabozo les evitaría  la vergüenza de llevarlos presos por las calles.

Así lo prometieron, y cuando  el cabo se marchó, todos hicieron lo que se esperaba, salir huyendo olvidando la promesa hecha. Todos menos uno, Belmonte, que haciendo gala de la personalidad que le caracterizaría siempre, se obligó a sí mismo a cumplir la palabra dada a pesar de la insistencia de sus compañeros en hacerle entrar en razón. Así que se presentó él solo en la cárcel donde acabaron por encerrarle en un calabozo,  en el que, como nadie contaba con que él estuviera allí, hubiera permanecido indefinidamente a no ser por un amigo que, avisado por él mismo desde una ventanilla que daba a la calleja, advirtió a las autoridades  que dieron la orden de ponerlo en libertad. Todo un episodio que el contó con orgullo muchos años  después al autor del libro.

Llevados, como hemos dichos, por la peculiaridad de la aventura, nos pusimos a investigar tratando de identificar fechas y de qué capea se trataba.

El episodio narrado en el libro de Chaves Nogales sucede entre aquel que cuenta su estreno de luces en Elvas (Portugal) y una becerrada que torea en la población  de El Arahal en Sevilla. Identificadas las fechas en las que se produjeron esos eventos, resultó que la becerrada de  Elvas tuvo lugar el 6 de mayo de 1909, y la de El Arahal el 24 de Julio de 1910. Entre ese espacio de tiempo, poco más de un año, averiguamos que tuvieron lugar en Zalamea 7 festejos: cuatro corridas, una novillada y dos becerradas; así pues debió ser una de estas dos últimas.  La primera se celebró el 29 de Junio de 1909 y la otra el 16 de Julio de 1910. Dado que esta última estaba muy próxima a la de El Arahal, tan solo a 8 días de diferencia, y que por lo que cuenta en el libro se deduce que  en los días previos se dedicó de lleno en conseguir apoyos e influencias para lograr que le dejasen torear en esa población, lo más probable, según todos los indicios, es que tuviera lugar en la primera, es decir, la que se celebró el 29 de Junio de 1909.

Se trató de  una capea en la que se lidió una novilla de 2 años cedida por Don José Carvajal Bernal y celebrada a beneficio de una Asociación de Caridad. El espada principal fue Sebastián Pérez de León, actuando como sobresaliente, José María Lancha y como picadores Rafael González Lancha, Cayetano de León Cornejo y Torcuato Pérez González y como banderilleros Rafael Pérez de León, Juan González, Manuel Caballero, Juan de Dios Lancha, Antonio Abad Gómez., Domingo González y Germán Castilla, con obligación este último de dar la puntilla. Como director de lidia figuraba don Luis Carvajal Pérez de León. El espectáculo dio comienzo a las cinco de la tarde, aunque la plaza estaría abierta desde las cuatro. La asistencia sería por invitación.

Como puede deducirse de la composición del cartel, miembros de familias acomodadas de nuestro pueblo, es lógico que la autoridad  no permitiera la participación de nadie que no formara parte de aquel restringido círculo, razón por la que seguramente fueron detenidos Belmonte y sus compañeros y por la que nuestro hombre, por mantener la palabra dada, se vio obligado a pasar algún tiempo en el calabozo.

 Así pues aquel 29 de Junio de 1909, Juan Belmonte, con 17 años, luego afamado diestro y paradigma del toreo de todos los tiempos, estuvo en la plaza de toros de Zalamea. Un nombre más a añadir a la larga lista de figuras que han pisado nuestro centenario ruedo, aunque eso le supusiera terminar en la cárcel de nuestro pueblo.

Imagen de la foto: Cartel de la becerrada del 29 de junio de 1909. (Fondo documental de la Peña Cultural Taurina de Zalamea la Real a la que agradecemos su gentileza)

Manuel Domínguez Cornejo         Antonio Domínguez Pérez de León

20/09/2016 23:10 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL PRECIO DE LOS PRIVILEGIOS

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“…y os vendo a vos, el dicho concejo, justicia y regidores, escuderos, oficiales y hombres buenos de la villa de Zalamea, así a los que ahora son como a los que serán de aquí en adelante, para siempre jamás, la dicha jurisdicción civil y criminal y os hago villa de por sí y sobre sí para que en la dicha villa uséis la dicha jurisdicción…

…y  la gocéis perpetuamente…, y que nos, ni los reyes nuestros sucesores, ahora ni en tiempo alguno, la venderemos ni apartaremos… ni la daremos a persona alguna de cualquier calidad y condición …

 …Y si fuéredes o fueren despojados… de la tenencia y posesión… han de hacerlo restituir y restituirán luego sin dilación alguna.”

 (Extracto de la carta de privilegios de1592)

 Bien conocido por todos es el proceso de emancipación del arzobispado que culminó con los privilegios concedidos  por Felipe II fechados el 15 de Junio de 1592 en Segovia, por tanto no vamos a profundizar en ello; pero sin quitar  un ápice de valor a la importancia que supuso para el pueblo la concesión de estos privilegios ni restar relevancia  al esfuerzo que para conseguirlos tuvieron que hacer nuestros antepasados  es conveniente hacer algunas consideraciones sobre los mismos.

 En primer lugar hay que decir que los privilegios no fueron concedidos graciosamente, los zalameños tuvieron que pagar  un alto precio por ellos. Veremos cuánto y por qué.

 En aquellos años la monarquía de Felipe II se encontraba en una situación en la que las arcas reales  estaban exhaustas y todos los recursos de recaudación prácticamente agotadas. Gregorio XIII,  en compensación por los servicios prestados por el rey emite una bula por la que le permite hacerse con los señoríos de la Iglesia, lugares y villas,  de rentas inferiores a 40.000 ducados. Y Zalamea se encontraba entre ellas. Pero, claro la posesión de la villa no le reportaba ninguna cantidad directa en efectivo, entonces Felipe II, al que le interesaba contar con dinero en metálico, ideó una maniobra para que nuestro pueblo, y otros muchos pueblos más en situación similar al nuestro, pudieran aportarle unos ingresos inmediatos que le permitieran afrontar los gastos y deudas que le acuciaban.. De esta manera después de amagar con la cesión del señorío al marques de la Algaba, mediando en la operación Nicolás Grimaldi,  banquero genovés con el que Felipe II tenía tratos, el rey ofrece al pueblo la posibilidad de comprarse a sí mismo indicándole que de así hacerlo podría disponer de su propia jurisdicción.

 Después de pensarlo y de valorar las dificultades y ventajas  que de ello se desprenden, el concejo  acuerda solicitar al rey redimirse a sí mismo pagando la cantidad que se estableciera. Dicha cantidad fue de 16.000 maravedíes por vecinos y 42.500 por cada millar de rentas jurisdiccionales. Como en aquel momento Zalamea tenía en su término municipal  817 vecinos y medio ( que no es lo mismo que habitantes reales) y que las rentas jurisdiccionales se elevaban, según hemos calculado, a 47.816 maravedíes, correspondía pagar 13 cuentos (millones), 80.000 maravedíes por los vecinos y 2 cuentos  24.190 por rentas juridiccionales, resultando en total  una cantidad de 15 cuentos 104.190 maravedíes. 

 Naturalmente Zalamea, que no disponía ni por asomo de esa cantidad, hubo de pedir un préstamo del que salió fiador Don Francisco Bernal Estrada; ilustre personaje de la época; El préstamo lo concede Doña Brigida de Arco Corzo,   préstamo que hubo que pagar durante 200 años. Desde nuestra perspectiva la operación tiene algunas sombras que convendría aclarar en un futuro. Evidentemente el objetivo final era proporcionar liquidez al monarca, pero todos estos personajes debieron obtener  también sus propios beneficios.

 Finalmente Bartolomé Portillo de Solier, tesorero real, firmó una carta de pago fechada el 12 de diciembre de 1587 haciendo constar el haber recibido del concejo de Zalamea  la cantidad estipulada.

 Y fue entonces cuando Felipe II otorgó y confirmó los privilegios.

 Para tener una apreciación del esfuerzo que supuso para nuestros antepasados el pago de esta cantidad vamos a intentar trasladarlo a nuestros días. Resulta aventurado establecer una equiparación porque las situaciones sociales y económicas son distintas y la facilidad para conseguir esas cantidades hoy son diferentes  de las de aquella época. No obstante vamos a arriesgarnos para que podamos tener una idea aproximado del coste de la operación.

 Teniendo en cuenta lo que costaban algunos artículos en aquel tiempo y el precio que esos mismo artículos tienen hoy podemos equiparar el valor del maravedí con 0,60 euros aproximadamente, con lo que con una sencilla operación matemática calculamos que Zalamea hoy tendría que pagar por sus privilegios algo mas de 9 millones de euros ( más de mil quinientos millones de las antiguas pesetas) Si ya para estos tiempos es una cantidad muy elevada, hace cuatrocientos años sería literalmente desorbitada.

Ese fue el precio que los zalameños pagaron por unos privilegios que les llenaron de orgullo  y que aún hoy suscita nuestra admiración, pero que les dejaron embargados durante dos siglos.

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León


03/08/2016 13:01 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL RELOJ DE SOL DE LA IGLESIA

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Durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna el horario de los lugares, pueblos y villas de la península se regía, en ausencia de los posteriormente tan usados relojes mecánicos, por los tiempos marcados por los toques de campana que se hacían desde la iglesia. Estos toques servían de referencia de la vida en el pueblo, no sólo de los rezos que los creyentes tuvieran que realizar a lo largo del día sino de las labores y funciones sociales. Tengamos en cuenta que en los pueblos no existían otros medios de regular esos tiempos. Para ello las campanas sonaban en determinadas momentos del día que venían señalados por un reloj de sol que marcaba las horas y que se colocaba en algún lugar de la fachada del templo. Habida cuenta que la duración del día era distinta en verano que en invierno las horas tenían también distinta duración según la estación  del año.

Así pues en la época a la que nos referimos los tiempos venían marcados por las llamadas horas canónicas, derivadas de las horas romanas, que eran las siguientes, siempre teniendo en cuenta que aquellos horarios no tenían correspondencia con los actuales

 Maitenines: A media noche, y en todo caso antes del amanecer.

Laudes: Al canto del gallo, a la salida del sol.

Prima: que era la primera hora  después del amanecer.

Tercia: tercera hora después de salir el sol

Sexta: sexta hora después de salir el sol. En verano venía a coincidir con el mediodía

Nona:  novena hora desde el amanecer.

Vísperas: se tocaba al ponerse el sol

Completas: que marcaban el final de las actividades ordinarias ya entrada la noche.

Estas horas se agrupaban, según algunos expertos, en horas diurnas (prima, tercia,.sexta y nona) y horas nocturnas (maitines, laudes, vísperas y completas).

En la Edad Media, se introdujo en el rito católico el rezo del ángelus, que intentaba rememorar el momento de la Anunciación por parte del arcángel San Gabriel a María. Inicialmente el ángelus se comenzó a tocar con campanadas distintas a continuación de la hora sexta, que era la hora en que supuestamente se produjo aquel evento. No obstante con posterioridad se generalizó, en algunos lugares, hacerlo también por la mañana, al amanecer, y al ponerse el sol, es decir, después de las horas prima y vísperas. Los toques del ángelus continuaron tocándose después de la introducción de los relojes modernos y siguieron señalando determinadas labores en los medios rurales.

Los responsables de hacer los toques de campana se guiaban por un reloj de sol que, como hemos dicho, estaba colocado en la fachada de las iglesias que daba al sur y por tanto recibían los rayos del sol desde el amanecer hasta el ocaso. Es lo que se denominaba "reloj de misa".

En nuestra iglesia podemos ver aún este reloj empotrado bajo la barandilla del balcón junto a la torre.

En ocasiones se ha pensado que podía ser de procedencia romana y que era una más de las piedras reutilizadas en su construcción. No podemos descartar totalmente ese origen, pero si es seguro que cumplió la  función de la que hemos hablado en estas líneas durante la Edad Media y parte de la Moderna.

Por otra parte, algunas horas canónicas dieron, así mismo, nombre a los oficios religiosos que se celebraban en ese momento y así encontramos una referencia a ellos en varios documentos históricos de nuestro pueblo. Per citar uno de ellos mencionaremos aquí el que aparece en el capítulo 8 de las reglas de la hermandad de San Vicente de 1425, que dice así:

"… se han de tomar cuenta de las misas y vísperas y completas que se dicen el día del señor San Vicente."

Hoy el reloj mecánico situado en la torre nos marca las horas de manera más precisa, pero cada vez que miremos hacía aquel otro pensemos que fue testigo y guía durante varios siglos de la vida y labores de muchas generaciones de antepasados nuestros.

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

17/05/2016 21:34 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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