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EL JUDAS: UNA TRADICIÓN QUE SE PIERDE

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La fiesta de la “quema del judas” que se celebra en torno a la Pascua de Resurrección tiene un origen incierto, y al tratar de profundizar en ella nos ha llamado la atención la complejidad de sus inicios. Para algunos investigadores de esta manifestación tradicional el germen de esta fiesta no es tan evidente como puede desprenderse de su nombre. Parece ser que sus raíces se remontan a determinados ritos paganos que se celebraban alrededor del equinoccio de primavera en el cual, con el fin de despedir las penurias y dificultades pasadas durante el invierno, se procedía a quemar peleles o muñecos que simbolizaban de alguna manera la dureza y la escasez de los meses de invierno.  Otros estudiosos de este fenómeno remonta los orígenes de esta fiesta a los  “farenakois” del mundo clásico, aquellos individuos que eran culpados como responsables de los males del pueblo y que eran sacrificados como el único remedio a la mala situación por la que atravesaba la comunidad.

 Después del concilio de Nicea, la iglesia decide potenciar la festividad de la Pascua de Resurrección, cristianizando muchos de los ritos y tradiciones paganos. Posiblemente uno de ellos sería el “judas”

 Sea cual fuere su origen lo cierto es que a partir de esa fecha el significado de la quema del “judas” vino a representar el castigo que aquel discípulo debió tener por la traición al Maestro. Posteriormente, enmarcado en la celebración de la Semana Santa, esta fiesta simboliza la purificación del pueblo ejecutando al traidor, encarnación de la maldad y del pecado. Esa personificación se manifiesta en un muñeco de un tamaño más o menos natural que es elaborado con ropa vieja y rellenado con paja o papeles. La fiesta del judas dio lugar a muchas leyendas sobre la figura de este personaje, creándose auténticas fábulas sin base documental alguna.

Esta celebración se extendió profusamente por todo el territorio peninsular y continúa llevándose a cabo en muchos pueblos de España entre los que han alcanzado un gran renombre el de Villadiego en la provincia de Burgos, Robledo de Chavela (Madrid), Talayuela (Cuenca), Samaniego (Álava)  y Cabezuela del Valle (Cáceres), lugares donde esta fiesta ha llegado a tener preeminencia por encima de otras hasta convertirse en un referente  de esas localidades. También la encontramos fuera de España en algunos países de Latinoamérica, llevada allí seguramente por  colonizadores españoles. En Huelva destacan las de El Cerro de Andévalo, Fuenteheridos y Cumbres Mayores.

En Zalamea la Real la quema del “judas” adquiere particularidades específicas, incluyendo actos que si bien no son exclusivos, si son distintos de los de otros lugares. En un principio, en nuestro pueblo el “judas” se solía quemar el sábado de gloria al oscurecer, para lo cual, generalmente, cada calle elaboraba el suyo propio a base de ropa usada de los vecinos que era rellenada de paja. Por último se colgaba en el centro de la calle prendido de un cable que  atravesaba aquella de un balcón a otro.

Después de prenderle fuego, algunos vecinos sacaban sus escopetas de caza y disparaban al muñeco inmediatamente antes de que terminara de arder. Todo  con el disfrute y la participación de la chiquillería. Con el tiempo, ya en el siglo XX, la quema del “judas” comenzó a realizarse el domingo de resurrección por la mediodía al terminar la misa.

No nos ha sido posible conocer cuál ha sido el momento en el que comienza a celebrarse esta celebración en Zalamea, pero algunos indicios y referencias del contexto apuntan al siglo XVI.

 En el último tercio del siglo XX la quema del judas entra en franca decadencia llegando a desaparecer totalmente, hasta que en el año 2002, la junta de gobierno de la hermandad de Penitencia decide recuperarla expresamente, organizando esta quema en el Paseo Redondo, acompañándola de un pequeño teatro. No obstante la fiesta languidece y tiene un futuro incierto en nuestro pueblo. Con su pérdida se irá seguramente un trozo de las tradiciones más populares de Zalamea.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

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