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LA HERENCIA DE LA VERA CRUZ

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Ya hemos comentado en anteriores artículos que el origen de la Semana Santa en Zalamea se remonta al siglo XVI cuando se funda la hermandad de la Vera Cruz en julio de 1580 como reflejo de la que ya existía en Sevilla creada en 1448. En este punto es conveniente recordar que en aquellos momentos, y hasta 1592, nuestro pueblo perteneció al señorío del arzobispo de Sevilla y aún después de esa fecha, durante la Edad Moderna continuó administrativamente formando parte del llamado Reino de Sevilla, al igual que otras poblaciones de la actual provincia de Huelva que celebran actos religiosos similares a los nuestros.

 Las procesiones de Semana Santa comienzan a  prodigarse en España en el último tercio del siglo XVI como consecuencia de las medidas tomadas en el Concilio de Trento como reacción a la reforma protestante, lo que se denominó Contrarreforma. Su objetivo era promover manifestaciones religiosas que de alguna manera resaltaran la Pasión y Muerte de Jesús para afianzar la fe católica ortodoxa. Y esta es probablemente la razón por la que se crea en Zalamea la Hermandad de a Vera Cruz.

Esta hermandad debió tener un fuerte arraigo y  al desaparecer dejó en herencia a la Semana Santa zalameña actual una serie de elementos que trataremos de resaltar en este artículo.

 Recordemos antes que la Hermandad de la Vera Cruz celebraba varias funciones a lo largo del año: la fiesta de la circuncisión del Señor a primeros de Enero; los oficios del jueves santo; la procesión de las cruces de mayo; la procesión de la noche del jueves santo con penitentes blancos con torso descubierto para disciplinarse y penitentes negros, portadores de hachas encendidas, acompañando todos una imagen de Nuestra Señora de la Angustia; y por último la procesión del Corpus Christi. Tenía la hermandad su sede en un local ubicado donde hoy se encuentra la plaza nueva de la Constitución, junto a la antigua cárcel, el llamado hospital de Nuestra Señora de la Angustia. Además tenía establecida entre sus obligaciones la visita a los enfermos y el entierro solemne de los hermanos fallecidos haciendo las veces  de un servicio funerario, del que no todos, fuera de la hermandad, podían disponer en aquellos tiempos.

Pues bien la Vera Cruz ha dejado en nuestra Semana Santa algunos elementos que son hoy característicos de ella. En primer lugar la existencia de penitentes blancos y negros. En  aquellas primitivas procesiones estos colores en las túnicas diferenciaban a dos tipos de penitentes, por un lado los blancos, que iban con la espalda descubierta disciplinándose, es decir, azotándose  con una disciplina (manojo de latiguillos)  intentando emular el sufrimiento de Cristo durante la flagelación; eran los llamados hermanos de sangre; por otro lado los vestidos de negro, que portaban hachas o velones encendidos y acompañaban en la comitiva a los anteriores; eran conocidos como hermanos de luz.

En segundo lugar está la procesión de la noche del jueves al viernes, la que ha venido en llamarse la procesión del silencio. Rememora algunos aspectos de aquella antigua hermandad del siglo XVI que se desarrollaba en silencio en la noche del jueves santo sin ningún tipo de acompañamiento musical aunque bien es verdad que mantiene con la sustanciales diferencias. La Vera Cruz sacaba en procesión a una imagen enlutada de Nuestra Señora de la Angustia mientras que la cruz, en este caso una gran crucifijo, iba portada por un clérigo al principio de la procesión.

El tercer elemento que aparece en nuestra Semana Santa heredado de la Vera Cruz es el muñidor y la trompeta que acompañan hoy al Vía Crucis en la noche del viernes Santo. Como se cuenta en las antigua reglas, la procesión de la Vera Cruz iba precedido por una corneta que emitía un sonido “tañido de dolor” que advertía del paso de la solemne procesión; y además contaba con la figura del “muñidor” que era un hermano, que también precedía a la comitiva, tocando una esquila que avisaba a todos de su proximidad. Estos últimos elementos no eran exclusivos de la Hermandad de la Vera Cruz, eran propios  de cualquier procesión de carácter religioso en la Edad Media; de hecho hemos comprobado que hoy hay muchas hermandades de origen antiguo en la que aparece protocolariamente  una hermano que porta una trompeta simbólica, o bordada en  un  estandarte; es la manera de rememorar la función que debió realizar aquel antiguo corneta. En cualquier caso estos elementos que inicialmente en nuestro pueblo eran propios de la Vera Cruz se incorporaron a la comitiva de nuestro Vía Crucis cuando se funda en 1776.

Hemos visto, pues, como aquella primitiva hermandad, fundada hace más de 400 años, ha dejado una huella indeleble y sigue aún presente en  nuestra Semana Santa actual.

 Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

27/03/2016 14:44 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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