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EL RELOJ DE SOL DE LA IGLESIA

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Durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna el horario de los lugares, pueblos y villas de la península se regía, en ausencia de los posteriormente tan usados relojes mecánicos, por los tiempos marcados por los toques de campana que se hacían desde la iglesia. Estos toques servían de referencia de la vida en el pueblo, no sólo de los rezos que los creyentes tuvieran que realizar a lo largo del día sino de las labores y funciones sociales. Tengamos en cuenta que en los pueblos no existían otros medios de regular esos tiempos. Para ello las campanas sonaban en determinadas momentos del día que venían señalados por un reloj de sol que marcaba las horas y que se colocaba en algún lugar de la fachada del templo. Habida cuenta que la duración del día era distinta en verano que en invierno las horas tenían también distinta duración según la estación  del año.

Así pues en la época a la que nos referimos los tiempos venían marcados por las llamadas horas canónicas, derivadas de las horas romanas, que eran las siguientes, siempre teniendo en cuenta que aquellos horarios no tenían correspondencia con los actuales

 Maitenines: A media noche, y en todo caso antes del amanecer.

Laudes: Al canto del gallo, a la salida del sol.

Prima: que era la primera hora  después del amanecer.

Tercia: tercera hora después de salir el sol

Sexta: sexta hora después de salir el sol. En verano venía a coincidir con el mediodía

Nona:  novena hora desde el amanecer.

Vísperas: se tocaba al ponerse el sol

Completas: que marcaban el final de las actividades ordinarias ya entrada la noche.

Estas horas se agrupaban, según algunos expertos, en horas diurnas (prima, tercia,.sexta y nona) y horas nocturnas (maitines, laudes, vísperas y completas).

En la Edad Media, se introdujo en el rito católico el rezo del ángelus, que intentaba rememorar el momento de la Anunciación por parte del arcángel San Gabriel a María. Inicialmente el ángelus se comenzó a tocar con campanadas distintas a continuación de la hora sexta, que era la hora en que supuestamente se produjo aquel evento. No obstante con posterioridad se generalizó, en algunos lugares, hacerlo también por la mañana, al amanecer, y al ponerse el sol, es decir, después de las horas prima y vísperas. Los toques del ángelus continuaron tocándose después de la introducción de los relojes modernos y siguieron señalando determinadas labores en los medios rurales.

Los responsables de hacer los toques de campana se guiaban por un reloj de sol que, como hemos dicho, estaba colocado en la fachada de las iglesias que daba al sur y por tanto recibían los rayos del sol desde el amanecer hasta el ocaso. Es lo que se denominaba "reloj de misa".

En nuestra iglesia podemos ver aún este reloj empotrado bajo la barandilla del balcón junto a la torre.

En ocasiones se ha pensado que podía ser de procedencia romana y que era una más de las piedras reutilizadas en su construcción. No podemos descartar totalmente ese origen, pero si es seguro que cumplió la  función de la que hemos hablado en estas líneas durante la Edad Media y parte de la Moderna.

Por otra parte, algunas horas canónicas dieron, así mismo, nombre a los oficios religiosos que se celebraban en ese momento y así encontramos una referencia a ellos en varios documentos históricos de nuestro pueblo. Per citar uno de ellos mencionaremos aquí el que aparece en el capítulo 8 de las reglas de la hermandad de San Vicente de 1425, que dice así:

"… se han de tomar cuenta de las misas y vísperas y completas que se dicen el día del señor San Vicente."

Hoy el reloj mecánico situado en la torre nos marca las horas de manera más precisa, pero cada vez que miremos hacía aquel otro pensemos que fue testigo y guía durante varios siglos de la vida y labores de muchas generaciones de antepasados nuestros.

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

17/05/2016 21:34 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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