Facebook Twitter Google +1     Admin

DE CUANDO BELMONTE ESTUVO EN ZALAMEA

20160920231027-cartel-2.jpg

Para los buenos aficionados taurinos el nombre de Juan Belmonte siempre tendrá  un significado especial y poco más habría que decirle que ellos no sepan. Para los profanos en la materia, sin embargo, sería conveniente recordar que se trata de una de las dos grandes figuras del toreo de todas las épocas,  que desarrolló su carrera en el primer tercio del siglo XX. Era por entonces lo que hoy se ha dado en llamar la “Edad de oro del toreo” en la que dos figuras representativas de estilos contrapuestos,  que destacaron por encima de las demás, levantaron pasiones entre los aficionados de manera  que en más de una ocasión los seguidores de uno y otro acabaron, después de un festejo, originando una auténtica batalla campal, a pesar del respeto y la amistad que ambos toreros se profesaban mutuamente dentro y fuera de la plaza. Eran Joselíto, apodado “El Gallo” o “Gallito”, para distinguirlo de su hermano Rafael, también torero; y  Juan Belmonte.

Ambos mantuvieron una sana  rivalidad profesional que como ya hemos dicho trascendió a los tendidos, rivalidad que acabó trágicamente en 1920 cuando Joselito fue cogido mortalmente por un toro en Talavera de la Reina. Por su parte, Belmonte siguió toreando hasta 1936. Después de la guerra civil no volvió a torear. Para algunos entendidos Belmonte fue el precursor del toreo moderno y desde luego  un auténtico revolucionario para la época. Además de torero, autodidacta, era hombre de gran personalidad,  inteligente y culto, gran aficionado a la lectura y amigo de muchos grandes intelectuales y pintores de su tiempo hasta el punto de llegar a ser considerado por algunos un miembro más de la generación del 98. Una muestra de su personalidad es esta anécdota que se cuenta de él: después de la guerra civil, uno de sus banderilleros llegó a ser gobernador de la provincia de Huelva y como tal presidió un festejo al que asistió Belmonte junto a un amigo. En el transcurso del mismo, su acompañante le preguntó si era verdad que el gobernador había sido banderillero suyo, a lo que nuestro hombre contestó  afirmativamente, entonces aquel amigo quiso averiguar cómo de simple banderillero se podía llegar a ser  gobernador, a lo que Belmonte contestó con su marcado acento andaluz: “Po como va a sé, degenerando”.

 Belmonte se suicidó de un disparo en la cabeza en 1962, con 70 años y corrieron ríos de tinta haciendo conjeturas acerca de los motivos de su suicidio.

Pues bien no consta, en la ya larga historia de nuestro coso taurino, que este torero hubiese pasado por la plaza de Zalamea. O mejor dicho no constaba hasta que se publicó el libro de José Chaves Nogales sobre la biografía de Juan Belmonte (por cierto, libro recomendable para cualquier aficionado a la literatura, le gusten o no los toros). En este libro él mismo narra un episodio que le ocurrió aquí en nuestro pueblo. Más allá de su interés taurino quisimos seguirle la pista histórica a aquel suceso aunque se trate de una simple anécdota.

Cuenta Belmonte - recordémoslo para aquellos que no hayan leído aún el libro - que en su época de maletilla,  tuvo noticias de una capea que se iba a celebrar en Zalamea la Real, y hasta aquí se vino desde Sevilla junto a unos amigos. En aquel tiempo los aspirantes a iniciarse en la profesión taurina aprovechaban cualquier festejo popular para practicar y demostrar sus habilidades. Al llegar se vieron decepcionados porque comprobaron que la capea era solo para jóvenes del pueblo. No obstante, esto no les enfrió los ánimos y acabaron saltando al ruedo, pero enseguida fueron detenidos por la Guardia Civil. El cabo comandante de puesto,   posiblemente con la oculta intención de que se dieran a la fuga y librarse de ellos sin más complicaciones, les dijo que si le prometían presentarse ellos mismos voluntarios en el calabozo les evitaría  la vergüenza de llevarlos presos por las calles.

Así lo prometieron, y cuando  el cabo se marchó, todos hicieron lo que se esperaba, salir huyendo olvidando la promesa hecha. Todos menos uno, Belmonte, que haciendo gala de la personalidad que le caracterizaría siempre, se obligó a sí mismo a cumplir la palabra dada a pesar de la insistencia de sus compañeros en hacerle entrar en razón. Así que se presentó él solo en la cárcel donde acabaron por encerrarle en un calabozo,  en el que, como nadie contaba con que él estuviera allí, hubiera permanecido indefinidamente a no ser por un amigo que, avisado por él mismo desde una ventanilla que daba a la calleja, advirtió a las autoridades  que dieron la orden de ponerlo en libertad. Todo un episodio que el contó con orgullo muchos años  después al autor del libro.

Llevados, como hemos dichos, por la peculiaridad de la aventura, nos pusimos a investigar tratando de identificar fechas y de qué capea se trataba.

El episodio narrado en el libro de Chaves Nogales sucede entre aquel que cuenta su estreno de luces en Elvas (Portugal) y una becerrada que torea en la población  de El Arahal en Sevilla. Identificadas las fechas en las que se produjeron esos eventos, resultó que la becerrada de  Elvas tuvo lugar el 6 de mayo de 1909, y la de El Arahal el 24 de Julio de 1910. Entre ese espacio de tiempo, poco más de un año, averiguamos que tuvieron lugar en Zalamea 7 festejos: cuatro corridas, una novillada y dos becerradas; así pues debió ser una de estas dos últimas.  La primera se celebró el 29 de Junio de 1909 y la otra el 16 de Julio de 1910. Dado que esta última estaba muy próxima a la de El Arahal, tan solo a 8 días de diferencia, y que por lo que cuenta en el libro se deduce que  en los días previos se dedicó de lleno en conseguir apoyos e influencias para lograr que le dejasen torear en esa población, lo más probable, según todos los indicios, es que tuviera lugar en la primera, es decir, la que se celebró el 29 de Junio de 1909.

Se trató de  una capea en la que se lidió una novilla de 2 años cedida por Don José Carvajal Bernal y celebrada a beneficio de una Asociación de Caridad. El espada principal fue Sebastián Pérez de León, actuando como sobresaliente, José María Lancha y como picadores Rafael González Lancha, Cayetano de León Cornejo y Torcuato Pérez González y como banderilleros Rafael Pérez de León, Juan González, Manuel Caballero, Juan de Dios Lancha, Antonio Abad Gómez., Domingo González y Germán Castilla, con obligación este último de dar la puntilla. Como director de lidia figuraba don Luis Carvajal Pérez de León. El espectáculo dio comienzo a las cinco de la tarde, aunque la plaza estaría abierta desde las cuatro. La asistencia sería por invitación.

Como puede deducirse de la composición del cartel, miembros de familias acomodadas de nuestro pueblo, es lógico que la autoridad  no permitiera la participación de nadie que no formara parte de aquel restringido círculo, razón por la que seguramente fueron detenidos Belmonte y sus compañeros y por la que nuestro hombre, por mantener la palabra dada, se vio obligado a pasar algún tiempo en el calabozo.

 Así pues aquel 29 de Junio de 1909, Juan Belmonte, con 17 años, luego afamado diestro y paradigma del toreo de todos los tiempos, estuvo en la plaza de toros de Zalamea. Un nombre más a añadir a la larga lista de figuras que han pisado nuestro centenario ruedo, aunque eso le supusiera terminar en la cárcel de nuestro pueblo.

Imagen de la foto: Cartel de la becerrada del 29 de junio de 1909. (Fondo documental de la Peña Cultural Taurina de Zalamea la Real a la que agradecemos su gentileza)

Manuel Domínguez Cornejo         Antonio Domínguez Pérez de León

20/09/2016 23:10 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris