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130 ANIVERSARIO DEL AÑO DE LOS TIROS

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Como reza el título que encabeza este artículo, este año se cumple el 130 aniversario del año de los tiros. Durante mucho tiempo aquel suceso  ocurrido en 1888 en la Cuenca Minera permaneció en la memoria colectiva de los zalameños y en general de todos los habitantes de los pueblos de la comarca .Lo ocurrido aquel día tuvo una gran resonancia a nivel nacional en los medios de comunicación de la época y estuvo en la primera plana política durante bastante tiempo como lo demuestran los largos y enconados debates que tuvieron lugar en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Sin embargo el tiempo está haciendo que el recuerdo de este hecho se esté diluyendo de manera que hoy podemos encontrar  personas que al oír hablar del tema se extrañan y preguntando “qué es eso”. Para contribuir a que esto no ocurra, hemos creído conveniente hacer un somero resumen de lo sucedido y explicar el papel protagonista que tuvo Zalamea en lo ocurrido, máxime cuando algunas publicaciones parecen querer relegarla a un  segundo plano.

Recordemos que el suceso tuvo lugar el sábado 4 de febrero de 1888. Pero conviene antes hablar de los antecedentes que conducen a esa fecha. Desde muy antiguo el sistema de obtención del metal a partir del mineral extraído eran las calcinaciones al aire libre. Cuando la  Riotinto Company compra las minas al gobierno español en 1873 incrementa la producción y consecuentemente aumentan exponencialmente las calcinaciones al aire libre, popularmente conocidas como “teleras”. Esto produjo la formación de auténticas “mantas” de humo sulfuroso que afectaban a la salud y a los campos  al precipitarse en forma de lluvia ácida. En ocasiones también impedía la realización de los trabajos mineros y los obreros dejaban de percibir su salario por lo que también se convirtió en un problema laboral.

Se forma entonces en la provincia de Huelva un movimiento contrario a las calcinaciones al aire libre, la llamada “Liga Antihumista”, a la que  enseguida se adhiere y lidera Zalamea como pueblo más afectado por los emanaciones de las teleras. Este movimiento, encabezado por dos terratenientes, José Lorenzo Serrano, de Zalamea, y  José María Ordóñez Rincón, de Higuera, yerno del anterior y con propiedades en nuestro pueblo, formó  con el tiempo una extraña alianza con el movimiento obrero liderado por Maximiliano Tornet. Las razones de esta alianza pueden venir, quizá, explicadas por el interés común de su lucha contra la poderosa empresa minera.

Desde principios del año 1888 las relaciones con la Riotinto Company se fueron tensando y ante la negativa de la empresa a acceder a las peticiones de agricultores y mineros se preparó una gran manifestación  para el sábado 4 de febrero. Un grupo muy numeroso partió de Zalamea encabezada por Don José Lorenzo Serrano, José María Ordóñez Rincón,  el alcalde de Zalamea y el secretario del juzgado, Juan Antonio López. Como curiosidad, que resalta las intenciones pacíficas y festivas,  cabe  mencionar que iban acompañado de la banda de música local.  al pasar  por  El Campillo se le unió gente de esta población,a por aquel tiempo aldea de Zalamea. Otro grupo, también muy numeroso salió de Nerva y recogió gente en El Valle. Ambos grupos se unen y entran juntas en el antiguo pueblo de Riotinto, concentrándose ante el Ayuntamiento. Allí estaban reunidos el alcalde y los concejales, deliberando sobre la conveniencia de prohibir las calcinaciones; entretanto una comisión formada por Lorenzo Serrano, Ordóñez Rincón, el alcalde de Zalamea, Juan Antonio López y Tornet entran en el edificio. Mientras, en la plaza, los manifestantes que según los cálculos realizados estarían, cantan y corean lemas como “Abajo los humos” “Viva la agricultura”.

Pasado el mediodía llegan, advertidos por la propia compañía minera, que ejercía una gran influencia sobre estamentos políticos, el gobernador y una compañía del Regimiento de Infantería con sede en Huelva capital. El gobernador se dirige a los allí presentes manifestando  que no va a aceptar ningún acuerdo contra las calcinaciones  y él mismo sale al balcón desde donde increpa a los manifestantes para que se disuelvan y regresen a sus casas. Lo que sucede entonces no está aún suficientemente aclarado, el hecho es que los soldados que habían formado ante el Ayuntamiento se echan los fusiles a la cara y abren fuego a la multitud que huye espantada. El suelo queda lleno de muertos y heridos.

Aunque oficialmente sólo se reconocieron 13 muertos en innumerables heridos, se calcula que hubo una cifra cercana a los cien fallecidos, entre los que murieron en el acto y los que lo hicieron en días posteriores como consecuencia de las heridas. La tradición oral dice que la banda de música de Zalamea sucumbió entera. Aunque se pagaron  algunas indemnizaciones, Gobierno y Empresa se encargaron de silenciar las consecuencias, pero el miedo a las represalias quedó instalado durante mucho tiempo entre los habitantes de los pueblos de la Cuenca.

El suceso, como hemos comentado al principio, tuvo una gran resonancia a nivel político y social. El 28 de febrero de 1888, como respuesta a la situación originada,  el gobierno publicó un decreto prohibiendo las calcinaciones al aire libre, pero el decreto no fue respetado y no mucho tiempo después fue derogado.

Nos queda por aclarar porque Zalamea tuvo un papel protagonista en este hecho.

Zalamea la Real fue el pueblo matriz de la Cuenca Minera, administraba un territorio que incluía los actuales términos de Riotinto, Nerva y El Campillo, que se fueron segregando a medida que su población fue creciendo como consecuencia de la explotación minera. El primero en hacerlo fue Riotinto  en 1842, para Zalamea aquella segregación fue un atentado a los derechos adquiridos en el siglo XVI por los que habían contraído una enorme deuda que aún seguían pagando, además de la pérdida de importantes y ricos terrenos de propios. La llegada de los ingleses supuso un gran incremento del nivel de explotación y por ende de las calcinaciones al aire libre con el consecuente daño para las explotaciones agrícola-ganaderas, pero además la compañía ofrecía trabajo  a los campesinos, aunque de mayor dureza y perjudial para la salud, pero mejor retribuido y sujeto a horario de esta manera así se veían liberados de su dependencia de los terratenientes. En el fondo se trasluce el clásico enfrentamiento entre dos sociedades, una rural, caciquil, con estructura casi feudales, y otra industrial, moderna pero  explotadora de recursos y personas. Esta última sustrae a la primera su régimen de poder y socava sus estructuras. Por ello los líderes zalameños y el pueblo, conducido por ellos, nos dudan en ponerse al frente de este movimiento contra la todopoderosa Riotinto Company.

Durante decenas de años después aquel trágico suceso se siguió recordando en las casas, transmitiéndose de padres a hijos. Hagamos entre todos que no caiga en el olvido

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

Si desea profundizar más en este tema puede consultar la serie de artículos que publicamos hace ya varios años   en esta misma blog pinchando en estos enlaces: 

Capítulo I - Capítulo II - Capítulo III - Capítulo IV - Capítulo V - Capítulo VI -

Capítulo VII - Capítulo VIII - Capítulo IX - Capítulo X

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