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SEPULTURAS ANTROPOMORFAS EN ZALAMEA LA REAL

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Llamamos sepulturas antropomorfas a un tipo enterramiento excavado en la roca cuya forma evoluciona desde el tipo de bañera, pasando por la ortoédrica, hasta aquellas en la que se perfila la silueta de una persona, cabeza, hombros, troncos y piernas. Estas últimas algunos estudiosos las han considerado como derivadas del sarcófago.

Los estudios realizados sobre este tipo de tumbas  reflejan que son bastante abundantes en la península ibérica. Su datación general se inicia alrededor del siglo VI d C y tienen continuidad hasta el siglo XIII o XIV. Suelen aparecer en grupos de un número indeterminado de tumbas, pero no es extraño el hallazgo de algunas aisladas.

En un principio este tipo de sepulturas fue asociada a las primeras comunidades cristianas de la península ibérica, pero recientes investigaciones reflejan que algunas comunidades judías utilizaron también este tipo de enterramientos.

Dentro de la  cronología que se baraja para datarlas se suele considerar que las más primitivas son las de tipo bañera o trapezoidal mientras que las más tardías son aquellas que tienen un perfil antropomorfo más definido. Es este último caso hay diversas variantes, dependiendo del hueco que  la forma de la cabeza pueda adoptar, puede ser rectangular o redondeada o también en forma de herradura. El objetivo era mantener la cabeza del difunto mirando al frente.

Generalmente son sepulturas individuales, pero se han encontrado algunas en las que se aprecian hasta tres individuos inhumados como si se tratara de una especie de panteón familiar.

La orientación más común es de este a oeste y normalmente estaban tapadas con losas aunque no de manera exclusiva.

En nuestro término se han hallado hasta el momento tres tumbas antropomorfas, dos de ellas se encuentran en la finca Los Manantiales, y una tercera próxima al camino de Zalamea a El Membrillo. De las halladas en Los Manatiales  una de ellas tiene forma de bañera con dos pequeñas oquedades a cada lado y la otra es de perfil antropomorfo, marcándose con claridad el hueco de la cabeza, hombros y el torso. La hallada en el camino a El Membrillo es de forma ortoédrica. Por otra parte, hay quien opina que las tumbas tardo-romanas o paleocristianas del Cabezo de la Cebada y de la Esparraguera son un antecedente de este tipo de tumbas.

Nada podemos decir respecto a su datación, aunque si se pudiera establecer su cronología sería una enorme fuente de información para conocer la población de Zalamea en la época medieval.

No hay que descartar que pudieran estar asociadas a las primeras comunidades cristianas que se instalaron en nuestro término. Hay estudios que afirman que su relación con yacimientos prehistóricos próximos es una simple coincidencia casual, sin embargo hay otros que relacionan la ubicación de estos sepulcros con lugares sacralizados desde la Prehistoria. En este sentido conviene señalar que la primera manifestación del cristianismo en nuestra zona, la cruz paleocristiana de los Aulagares, aparece precisamente junto a unos grabados rupestres de la edad del Bronce, lo que vendría a corroborar la relación a la que hemos hecho referencia. Podría también no ser una coincidencia el hecho que las tumbas antropomorfas de los Manatiales se encuentran próximas al otro grupo de grabados rupestres. Por otro lado, su datación cronológica podría darnos también información sobre la población mozárabe que habría podido permanecer en la zona durante la ocupación musulmana, llegando hasta mediados del siglo XIII.

En cualquier caso, la existencia de estas tumbas antropomorfas en nuestro término pone en valor la importancia de la población cristiana en la época altomedieval en Zalamea la Real.

Manuel Domínguez Cornejo Antonio Domínguez Pérez de León

 

14/07/2020 20:21 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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