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LAS MINAS DE ZALAMEA LA REAL

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 La minería ha sido una de las  riquezas de nuestro pueblo, y no nos estamos refiriendo a las minas de Riotinto, cuya explotación en los últimos 125 años la convirtió en la principal fuente generadora de empleo en la Cuenca Minera y que quizá sea tema de otro artículo teniendo en cuenta que pertenecieron a Zalamea hasta 1841; estamos hablando de las minas de Zalamea, de todas aquellas explotaciones enclavadas en el término  actual que en algún momento dieron ocupación  a muchos zalameños.

 Cualquier aficionado a perderse andando por estos campos encontrará hoy, a veces con riesgo para su integridad física, socavones, casas abandonadas, edificios impropios de estos parajes, escombreras, extrañas coloraciones del suelo, testigos todo ello de la vida y  el trabajo de muchos hombres, algunos de ellos de Zalamea y otros llegados de lugares a veces remotos. 

 La minería dejó poca huella en el pueblo o en las aldeas, salvo contadas excepciones. Es como si Zalamea hubiese querido dar la espalda a una actividad que era poco menos que una traición a sus raíces agrícola-ganaderas. En el casco urbano hay pocos edificios o dependencias que sean propios de los trabajos mineros; las empresas que explotaron las minas prefirieron, por diversas razones, establecer sus oficinas o centros administrativos en otros lugares. Nadie diría que en nuestro pueblo llegaron a explotarse, la mayoría de ellas casi simultáneamente, 19 minas, cuyos vestigios aún son visibles; número que se incrementaría si se incluyen otras que también pertenecieron al término pero que fueron incluidas dentro del que correspondió a las poblaciones que se segregaron de Zalamea, como fue el caso de Peña de Hierro en Nerva o La Poderosa  en Campillo.  

 Las labores mineras no fueron un elemento nuevo en la economía del pueblo, minas como Chinflón o  Tinto y Santa Rosa fueron explotadas en la Prehistoria y casi todas tienen vestigios de haber sido trabajadas en época romana, sin embargo no es hasta mediados del siglo XIX cuando recibieron un gran impulso que las convierte en explotaciones industriales a mayor o menor escala. A partir de ese momento se experimenta, primero imperceptiblemente y más tarde de forma más acusada, un crecimiento en el número de habitantes. Así vemos que mientras entre  1.826 y 1.850 el número de habitantes de Zalamea y sus aldeas pasa tan sólo de 3.500 a 3.765 personas,  siete años más tarde se incrementa sensiblemente y es ya de 5.117, motivado por los primeros síntomas de industrialización. Sabemos que ese año, en 1.857, ya estaban en explotación algunas minas de cierta importancia porque el alcalde, D. José Lorenzo Serrano, solicita, para cumplir un requerimiento de la Comisión de Estadísticas a efectos fiscales, que los establecimientos mineros le remitan los datos de la superficie de terreno que ocupan. A esta demanda responden minas como Cabezo del Tinto, Nuestra Señora de la Salud (Chaparrita), Lusencia, Poderosa, Peña de Hierro, Luisa e Inglesa.

 Curiosamente entre 1.872 y 1.873 hay un repentino interés por denunciar el hallazgo de nuevas minas, de esta manera vemos como en esos dos años se denuncian, sólo en el término de Zalamea 60 minas de manganeso, todas ellas al margen de las ya conocidas, algunas con nombres tan curiosos como la Intransigente, la Alegría, Efímera ilusión,  La Equivocada, La Esperanza o Lotería. Se trataba de registros que en la inmensa mayoría de los casos no pasaron de ahí.

 Sea como fuere en 1.877 Zalamea alcanza los 7.753 habitantes, más del doble de los que tenía 27 años antes. Diez años más tarde se observa una disminución notable, debido a la segregación de la aldea de Nerva, finalizando el siglo con una recuperación que vuelve a subir el número de pobladores del término a 7.335, debido a la pujanza económica de las pequeñas minas de Zalamea. A comienzos de siglo de nuevo vuelve a registrarse un incremento notable de la población que alcanza en 1.910 los 13.348 habitantes. Bien es verdad que una buena parte de ellos son debido a la mano de obra atraída por las minas de Riotinto, pero no exclusivamente, por ejemplo en el poblado minero  de El Tinto y Santa Rosa llegan a vivir 1.258 personas, y sin llegar a esa cifra otras pequeñas minas como Palanco, Guadiana, Castillo de Buitrón, Barranco de los Bueyes o la Gloria, vieron crecer en sus alrededores pequeños núcleos que se mantuvieron mientras duró su actividad. Incluso ya en 1943, fruto de un convenio entre el Ayuntamiento de Zalamea y Dª María Amor Fernández de Velasco, propietaria de las minas de Guadiana y Posterera, se hizo un proyecto para construir un poblado minero  en terrenos próximos a la primera. El Ayuntamiento se comprometió a adquirir los terrenos y solicitar al Instituto de la Vivienda la protección oficial de este proyecto que daría albergue a doscientos obreros. Proyecto que evidentemente no se llevó a cabo.

 Como dijimos anteriormente, al margen de las denuncias y registros que se efectuaron y de aquellas que se trabajaron ocasionalmente pero sin alcanzar una relevancia significativa, tan sólo 19 minas fueron explotadas con características  más o menos industriales. Las podemos clasificar en dos grupos, las de cobre, que fueron las de mayor importancia y las de manganeso, que registraron en las dos guerras mundiales una mayor demanda de producción. Queremos recordarlas, para que al menos quede constancia de ellas.

 Las de cobre fueron 11 cuyos nombres son: Tinto y Santa Rosa, Barranco de los Bueyes, Castillo de Buitrón, Chinflón, Masegoso, San José, La Morita, La Gloria, La Molinera, El Cañuelo y Rizón.

 Las de manganeso fueron 8: Palanco, Guadiana, Oriente, Aurora, Posterera, Cascajera, Malpérez y San Joaquín.

 Naturalmente no todas tuvieron el mismo nivel de producción, entre las de cobre destacan la del Castillo de Buitrón, Barranco de los Bueyes y Tinto y Santa Rosa; ésta última produjo en los primeros treinta años del siglo XX una media de 50.000 toneladas anuales de piritas, cifra que contrasta con las 101 que extrajo Chinflón en los tres años que median entre 1.907 y 1.910. Entre las de manganeso cabe destacar las de Palanco, Guadiana y Posterera. La producción de las de manganeso era adquirida en su mayor parte por una Sociedad Estatal para destinarla a fines militares.

 La inmensa mayoría de ellas dejaron de trabajarse a mediados del siglo XX, algunas por agotamiento del filón y otras por no existir demanda en el mercado, como fue el caso de las de manganeso. No es el momento, por el espacio que ocuparía, de detenernos en hacer una reseña de cada una pero sí de resaltar algunos aspectos de interés común a muchas de ellas como el hecho de que la minería supuso la introducción de nuevas tecnologías y de los primeros síntomas de la revolución industrial en el pueblo. El ejemplo más tangible es la construcción del ferrocarril. Poca gente es conocedora de que en el término de Zalamea se construyó el primer ferrocarril de la provincia de Huelva y uno de los primeros de España, anterior incluso al de Riotinto. Se trata de la línea férrea levantada por la sociedad que explotaba la mina del Castillo de Buitrón en 1870 para trasladar sus minerales desde allí a San Juan del Puerto, esta línea necesitó que se construyera un puente de hierro, el primero también de la provincia de esas características, para salvar la rivera próxima al Castillo, puente que está declarado como monumento de interés cultural aunque se encuentra hoy en lamentable estado. Tan solo 5 años más tarde, y como primera fase para llegar a la mina de La Poderosa, se construyó el ramal hasta Zalamea y la estación que hoy conocemos como "Vieja" uno de los pocos vestigios que, como mencionamos al principio, dejó la actividad minera en nuestro pueblo; allí se levantó un barrio para albergar a los operarios del ferrocarril. No fue la única mina que utilizo este medio para trasladar su producción de mineral, Palanco también tendió una línea férrea para conectarla con la del Buitrón a la altura del Tintillo pero, con un presupuesto más modesto, sus vagones hubieron de utilizar tracción animal en lugar de mecánica; igual ocurrió con la de Guadiana, aunque hay quien afirma que esta mina sí dispuso de una pequeña locomotora de vapor, hecho que no hemos podido corroborar.

 Por su parte la mina de El Tinto y Santa Rosa tendió así mismo una línea férrea que empalmaba con la mina de El Cuervo y Sotiel, uniéndose más adelante con el trazado de la de El Buitrón a San Juan del Puerto; también  esta línea debió levantar un enorme puente para salvar el río Odiel, puente del que aún se conservan cinco imponentes pilares.

 Otro aspecto destacable, y al que ya nos hemos referido, es el que nos muestra las poblaciones que se crearon en las inmediaciones de las minas, pequeños barrios obreros, de casas alineadas, que albergaron a los trabajadores y a sus familias, poblados en los que destacaba la casa del capataz o del jefe de la explotación que ocupaba un lugar diferenciado y que contrastaba con las de los obreros, más reducidas y adosadas, una junto a otras. Casas que fueron testigos de sus vivencias y en las que hasta tiempos bien recientes era posible contemplar detalles de la vida de aquellos hombres y sus familias. Casas en las que aún puede observarse crecer asilvestrados  el naranjo, la higuera o  el granado, o en los que todavía pueden encontrarse oxidados utensilios de cocina. Pero no todos los trabajadores que se ocupaban en la mina vivían cerca de ella, muchos residían en las aldeas o en la misma Zalamea, con lo que habían de recorrer  andando un largo trayecto diariamente para llegar a la mina, y volverlo a hacer después de una dura jornada de trabajo.

 Durante mucho tiempo agricultores y mineros compartieron un espacio común dentro del término, las bestias o las vagonetas trasladaban el mineral entre manadas de vacas o ante la atenta mirada de los campesinos, pero la convivencia no siempre fue apacible, los primeros no aceptaban de buen grado las actividades de los segundos y en muchos casos hubo enfrentamientos por los perjuicios que la explotación causaba a los campos; enfrentamientos que en ocasiones acabaron de forma violenta.

 Poblados como los de Palanco, Guadiana, Tinto y Santa Rosa, Castillo de Buitrón,  nos trasladaban, no hace mucho,  a una época no muy lejana, algunos de ellos han sido hoy destruidos en su totalidad, quizá convendría proteger lo que queda como testimonio de un tiempo en que Zalamea tuvo en su seno una intensa actividad minera.

 

Manuel Domínguez Cornejo             Antonio Domínguez Pérez de León

 

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gravatar.comAutor: Francisco Rodríguez

Realmente un trabajo Impresionante. Enhorabuena y profundo agradecimiento de nuestra parte.

Fecha: 05/06/2014 12:59.


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