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LA CERA EN LAS MANIFESTACIONES RELIGIOSAS DEL PASADO

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Antes de la invención de la energía eléctrica, la iluminación artificial de  iglesias, ermitas, capillas, etc, se hacía mediante velas que como todos sabemos se elaboraban, y elaboran, con cera. Dado el importante número de manifestaciones religiosas fruto de los distintos cultos que se realizaron en  nuestro pueblo por parte de las hermandades, cofradías y congregaciones existentes en el pasado podemos asegurar sin temor a equivocarnos que la Iglesia se convirtió  en la mayor consumidora de cera durante la Edad Media y Moderna

            Fundamentalmente, cuando hablamos de cera, estamos utilizando la expresión que en aquellos tiempos se utilizaba para referirse a las distintas formas en que los lagares presentaban sus productos a los consumidores: velas de diferentes tamaños y hachas. Las diferentes hermandades y fundaciones religiosas que funcionaron en Zalamea a lo largo de la historia reclamaron una cantidad tal de cera que a partir de la Edad Media propició la creación de una industria, tanto de extracción como de manufactura, que llegó a convertir a nuestro pueblo en uno de los principales centros de producción de la provincia, de tal manera que hasta el mismo siglo XIX, Zalamea fue conocida por la calidad y cantidad de su producción, llegando incluso a ser identificada por esta actividad antes que por otras que después alcanzarían más renombre, como fue el caso del aguardiente.

            No pretendemos profundizar ahora en el proceso industrial de la cera que será objeto de otro artículo.  A título de reseña podemos mencionar que el elemento fundamental en esta industria en nuestro pueblo era, como ya apuntamos antes, el lagar de cera donde mediante un proceso artesanal se extraía este producto derivado de las miles de colmenas que se prodigaban por nuestros  campos. Se tiene constancia de que ya en la Edad Media la producción debió ser tan importante que en las Ordenanzas Municipales de 1535 se regula de alguna forma el labrado de la misma. Sabemos que en los siglos XVII y XVIII la fabricación alcanzó sus más altos niveles y no sólo atendía la demanda local, que como veremos debió ser bastante elevada, sino que abastecía a otros lugares de la región. En 1787 su valor alcanzó los cien mil reales y en esa época Zalamea contaba con 12.008 colmenas, ocupando el segundo lugar en la provincia, llegándose a exportar cera a Madrid y a otros poblaciones de Castilla. En el siglo XIX existían seis fábricas para blanquear cera y hacer velas y tres lagares para sacar la cera en amarillo (cera bruta).

            Básicamente la producción de cera se destinaba a la elaboración de velas de distinto grueso y longitud, las llamadas velas mayores o menores, que constaba de un cilindro sencillo con un pabilo o cordón en su interior, pero también se fabricaban hachas que eran unas velas gruesas con estrías y varios pabilos o cordones. Esta última modalidad era la más utilizada en las procesiones que celebraban las distintas congregaciones.

            En el siglo XVI tres hermandades consumían una buena parte de la producción de cera del pueblo, se trataba de la Hermandad de San Vicente, la Hermandad de la Vera Cruz y la del Santísimo Sacramento. El consumo de estas  se destinaba tanto a la iluminación de sus capillas o ermitas como, y lo que sería más importante, a las procesiones, cultos y celebraciones que tenían lugar en fechas señaladas. Las tres establecen en sus reglas que parte de las cuotas que pagaban los hermanos por  ingresar en la hermandad o la cantidad que se recaudara por las sanciones que se les aplican por infringir alguna regla son destinadas a sufragar los costes de la cera que se consumía. De las mismas reglas de estas hermandades se deduce que es probable que las fábricas destinaran una producción específica para ellas. En algunos casos las velas eran realizadas en el tamaño y color que aquellas le solicitaban, por ejemplo la Hermandad de San Vicente determinaba que en sus procesiones los hermanos debían desfilar con un determinado tipo de velas y la de la Vera Cruz distingue entre velas menores, velas y hachas y además aquellas tenían que ser verdes o amarillas. A veces las sanciones debían pagarse directamente en cera aportando una libra o dos o incluso media arroba de cera

            Mas tarde en el siglo XVIII, encontramos que las cofradías y hermandades que funcionan en nuestro pueblo se elevan a trece, a las que hay que añadir las 22 que había en las distintas aldeas del término. El consumo de cera por parte de estas entidades religiosas debió ser enorme ya que presumiblemente todas ellas adquirían la cera que necesitaban de la producción interior. Hemos realizado un cálculo aproximado que apunta a que el consumo podría estar alrededor de los treinta mil reales al año, lo que supone una elevada cantidad para la época. De la lectura de algunos de los documentos relacionados con estas hermandades se deja entrever que algunas de ellas tenían colmenas propias de las que  obtenían directamente la cera en bruto y después la llevaban a la fábrica de cera para transformarla.

            Con la generalización del uso de la electricidad, tanto a nivel privado como público, la necesidad de este producto fue disminuyendo y el uso de las velas quedó relegado a manifestaciones de otro tipo, rituales o procesiones. En 1943 se cerró el último lagar de cera en Zalamea, desapareciendo de esta manera una de las actividades económicas que más prestigio le dio a nuestro pueblo, a partir de entonces la Iglesia y las hermandades tuvieron que importar de fuera la cera que necesitaban para sus actos.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

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