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LA IGLESIA Y LA TORRE. LA OTRA HISTORIA

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            La Iglesia y la torre de Zalamea siguen siendo hoy, igual que antaño, el sello de identidad de nuestro pueblo. Siempre hemos visto en ellas la imagen de referencia que todos los zalameños queremos contemplar cuando regresamos a casa. También son, por añadidura, el testimonio de nuestro pasado, testigos de los avatares que atravesó Zalamea en los últimos seiscientos cincuenta años.

            Sin embargo, si nos acercamos a ellas y las observamos con detenimiento veremos que sus cuerpos está seriamente dañados; las cornisas del campanario y las bolas que lo coronan se encuentran muy deterioradas; en el cuerpo de la torre se observan grietas bastante evidentes y los ladrillos de las paredes de la Iglesia sufren, especialmente en las partes bajas,  un acusado desgaste a causa de la erosión, agravado por la actitud incivilizada de algunos vecinos que no dudan en evacuar su exceso de líquido en lugares que les debieran merecer más respeto.

            Cualquiera puede deducir que la Iglesia y la Torre han atravesado duros momentos. No vamos a contar su historia, por todos ya sobradamente conocida, pero si convendría recordar que este edificio tan emblemático para nosotros no ha sido tratado siempre como se merece, unas veces a consecuencia del paso de los años y por efecto de los agentes naturales y otras a causa del mismo hombre.

            Una muestra de los efectos destructivos que sufrió como consecuencia de los fenómenos naturales fue el terremoto de Lisboa de 1755. Aquel año, durante unos segundos que se hicieron eternos, un fuerte movimiento de tierra sacudió los principales edificios de toda Andalucía ; la torre y la iglesia de Zalamea no fueron menos y el campanario, que tenía entonces un aspecto distinto al que tiene hoy, igual que la techumbre de la Iglesia sufrieron graves desperfectos, incluso parece ser que algunas de sus partes altas se derrumbaron. Como consecuencia de ello debieron de acometerse reformas de restauración que le dieron a la torre el aspecto que hoy tiene. Por cierto, para dar idea de la fuerza  aquel terremoto, recientes investigaciones han demostrado que también provocó un “tsunami” en la costa atlántica del suroeste peninsular.

            Los hombres han demostrado, así mismo, que muchas veces  pueden ser tan destructivos como los agentes naturales y hay dos casos que demuestran la barbarie a la que puede llegar la intransigencia y el radicalismo de estos. El primero de ellos fue en el año 1810. Dos años antes, como es sabido, el ejército de Napoleón invade España y el 15 de Abril de 1810, como ya contamos en los capítulos dedicada a la Guerra de la Independencia, los franceses consiguen entrar en Zalamea por la Fuente del Fresno obligando al destacamento del ejército español y a una gran parte de la población a retirarse en dirección a El Villar. Una vez controlado el lugar, fuera por represalia o porque se tratara de una actitud general para con los pueblos ocupados, los franceses se dedicaron a saquear casas particulares y especialmente los edificios que guardaban objetos de gran valor como fue el caso de la Iglesia. Cuentan las crónicas que el interior de la Iglesia fue invadido por los soldados que de manera impune destrozaron imágenes  y se llevaron los objetos de mayor valor llegando incluso a profanar este lugar sagrado al utilizar la iglesia como cuadra y sus altares como pesebres para dar de comer a las bestias.

            Apenas transcurridos poco más de cien años estalla en España la guerra civil que supuso la radicalización de los enfrentamientos políticos entra los dos bandos. Así, un día mas tarde del levantamiento militar, el 19 de Julio de 1936, un grupo de fanáticos llegados desde fuera y al que pronto se les unió otro grupo de radicales del mismo pueblo prendieron fuego a este edificio. Las llamas consumieron gran cantidad de obras de arte y documentos de gran valor, se dañó su techumbre y el pequeño cuarto de campanas. El conjunto quedo bastante afectado en su estructura. El campanario de la torre, que fue utilizada como bastión para colocar en lo alto una ametralladora, sufrió los impactos de las armas de fuego de las fuerzas nacionales infringiéndole múltiples daños en toda su estructura.

            En la década de los setenta a causa del deterioro sufrido por el paso de los años se realizó por fin una gran remodelación para conservar el edificio y salvaguardarlo tramitándose su declaración como Monumento Nacional y más tarde como Bien de Interés Cultural.

            Quizá ahora convendría recordar el momento en el que nació este conjunto Iglesia Torre. Fue allá por el año 1350 aproximadamente, cuando después de reconquistada la villa a los musulmanes, el arzobispo de Sevilla y señor de Zalamea, desde que Alfonso X el Sabio se la cedió a cambio de Cazalla, ordenó se levantara una iglesia con su campanario. Han transcurrido pues aproximadamente 650 años. Tenía entonces el edificio dos pequeñas naves y era de mucho menor tamaño que la que hoy conocemos y para levantarlo los maestros alarifes aprovecharon los restos de un edifico anterior situado cerca de donde hoy esta ubicado el templo. La Torre era inicialmente  mas baja  y probablemente coronada por una techumbre de madera y teja y el campanario tenía un solo ventanal en cada una de sus caras y era sensiblemente más baja que el actual. A principios del Siglo XVII empieza a dársele el tamaño y la configuración que hoy presenta.

            Desde entonces la Torre y la Iglesia han sido testigos de sucesos cruciales para la historia de nuestro pueblo. Han podido contemplar la elección de San Vicente como patrón de Zalamea en 1425, que se hizo en el porche delante de sus mismas puertas, y guardaron para sí el secreto de la elección del santo; vieron salir las primeras procesiones de la Vera Cruz 1580, germen de la actual Semana Santa; han presenciado el cambio de señorío de Zalamea del arzobispo al rey en 1592; con sus campanas han transmitido nuestras penas y nuestras alegrías durante cientos de años.

            Todo esto nos lleva a pensar si los zalameños seremos capaces de restituirle su dignidad y conservarlas para que las generaciones que nos sucedan puedan seguir disfrutando de ellas y contemplando su silueta al regresar a casa.

Manuel Domínguez Cornejo             Antonio Domínguez Pérez de León

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gravatar.comAutor: Virginia

¡Hola!

Soy de Huelva capital y el otro día estuve en la iglesia de Zalameo y me sorprendió lo antiquisima que era la pila del agua bendita, tenía toda la pinta de ser visigoda o románica. ¿Sabeís de que época es? Es que me pica la cuiriosas, nunca he visto una pila de ese tipo tan antigua en Huelva.

Excelente blog

¡SALUDOS!

Fecha: 22/03/2012 02:36.


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