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ZALAMEA LA REAL EN LA EDAD MEDIA (I)

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 LA LLEGADA DE LOS VISIGODOS 

Con la decadencia del poder político y militar del imperio romano se crea una situación que va a permitir en los principios del siglo V la invasión de los pueblos godos en los territorios de la península ibérica  que antes habían formado parte  de aquel extenso imperio. La Bética, como una parte más de él, fue invadida en principio por los vándalos silingos que la ocuparon por poco tiempo, marchándose hacia el 425 al norte de África, dejando el terreno libre a los visigodos.

 Ese pueblo, con el paso del tiempo, crea una monarquía con sede en Toledo, durante la cual se mantuvieron , en gran medida, la organización y estructural social de la España hispano-romana, que ellos utilizaron en beneficio propio. Su influencia poblacional fue escasa ya que se trataba de un contingente  que se dedicó a ocupar militarmente Hispania. Es a partir de esta época cuando  comienza a extenderse el cristianismo en nuestra zona. Más aún cuando Recaredo se convierte al catolicismo convirtiéndola en religión oficial. Desde mediados del siglo V al primer tercio del VII, con motivo de unas disputas internas en el reino visigodo la Bética cae bajo el dominio del Imperio bizantino, al apoyar éste una de las facciones en litigio. La zona de Zalamea quedó como tierra de nadie.

Durante el periodo que le sigue se produce un decaimiento poblacional y cultural, abandonándose la explotación de las minas de Riotinto y otras del término que ya venían en franca decadencia desde el último periodo del imperio en el que Roma pierde gran parte del control de sus provincias.

Los visigodos utilizaron la religión como un elemento unificador para consolidar su poder. Las divisiones eclesiásticas supusieron una parte importante de su estructura de poder. Así los obispados en que se dividió Hispania fueron centros que ostentaban el poder religioso y en gran manera el político.

En este punto hay que hacer referencia a la crónica de Wamba. Se trata éste de un rey visigodo que asumió la corona a una edad avanzada y que tuvo que luchar contra la nobleza. Las crónicas sobre su reinado señalan los límites de los obispados, determinando que el de Itálica tenga desde Ulica hasta Varsa y desde Arsa hasta Mola. Se ha identificado por algunos autores Arsa con la actual Zalamea, no tenemos datos que corroboren esta hipótesis, más bien parece referirse a la actual Zalamea de la Serena. En cualquier caso mantenemos la hipótesis de que el término municipal de Zalamea quedó encuadrado dentro del obispado de Itálica sirviendo de límite  con el obispado de Elepla (Niebla), en el que quedó encuadrada la mayor parte del resto de la provincia de Huelva. Esto último pudo haber dado pie a la identificación de Arsa con Zalamea la Real.

Esta división territorial es posiblemente la que va a marcar el futuro del término de Zalamea en lo que se refiere a su relación con Sevilla en las sucesivas divisiones administrativas que se realizaron en otros periodos. De esta época han quedado numerosos vestigios arqueológicos, los más significativos son  por su entidad poblacional  los de la Mina de El Castillo de El Buitrón, El de Cerro Cogullos y el de El Partido. Después de ellos hay una multitud de pequeños poblamientos diseminados por todo el término de Zalamea para aprovechar las zonas fértiles, por ejemplo en Doña Juana , El Toril y  Las Esparragueras.

 Como consecuencia de este decaimiento poblacional y cultural se produce un empobrecimiento de nuestra zona que lleva a sus habitantes, en muchos casos a perder su condición de ciudadanos libres, viéndose sometidos al poder de las grandes familias nobiliarias hispano visigodas. Esta situación crea un descontento generalizado que va a facilitar el éxito de la dominación árabe

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