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LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS DE LA SEMANA SANTA EN ZALAMEA

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Por extraño que parezca, a veces resulta más difícil encontrar datos de épocas más recientes que de aquellas otras más distantes en el tiempo. Es el caso que nos ocurre cuando tratamos de reconstruir los últimos cincuenta años de la hermandad de Penitencia. Puede resultar más fácil hablar de los orígenes y evolución de nuestra Semana Mayor que hacer una crónica de los últimos 50 años de la historia de las imágenes y procesiones, entre otras cosas por el riesgo a equivocarnos. Curiosamente poco, o muy poco, se ha registrado por escrito de lo sucedido en estos años. Por esta razón hemos creído conveniente recoger todo aquello que se sabe o se recuerda acerca de la Semana Santa en Zalamea en la segunda mitad del siglo XX.

Hemos podido constatar que a comienzos de este siglo, las procesiones se diferenciaban enormemente de las de ahora. Tendremos oportunidad de ahondar en otra ocasión en los detalles de estos primeros años del siglo aunque a modo de avance podemos decir que las imágenes eran mucho más sencilla y menos pesadas, eran transportadas en una especie de andas fáciles de llevar por cuatro personas, sin acompañamiento de penitentes, con gran austeridad de adornos florales y su recorrido no era como el de hoy, no distanciándose mucho de la iglesia por lo general.

 El Vía Crucis y la procesión del viernes por la madrugada se hacían con mucha más sencillez, suponemos que el crucificado que se empleaba en la procesión de la Vera Cruz en la madrugada del viernes debía ser de pequeño tamaño ya que era portado por un solo hombre. La Vía Sacra, sin embargo, conservó las características que hoy le identifican aunque tanto las peanas de las estaciones como la ermita fueron cambiadas y remodeladas respectivamente con posterioridad.

En el año 36 un gran incendio provocado  en la Iglesia hizo desaparecer buena parte de las riquezas que se conservaban. Lógicamente esto supuso una interrupción en las celebraciones puesto que hubo que iniciar trámites para recuperar imágenes nuevas. Esta recuperación se inicia nada más terminar la Guerra Civil. En principio no procesionaron, simplemente fueron colocadas y expuestas en la Iglesia; tal es el caso del Cristo de la Sangre, conocido popularmente como el Crucificado que fue encargado al escultor Bidón en 1938, aunque hay quien afirma que es de fecha posterior. En cualquier caso, en los años 70 fue remodelada por el escultor zalameño Manuel Domínguez Rodríguez. Nuestra Señora de la Soledad, también del escultor Bidón, llega en el año 1940. Es probable que sobre esa fecha  comiencen  de nuevo las procesiones; tenemos conocimiento de la existencia de una circular fechada en 30 de Abril de 1943 de la que se deduce la reconstitución de la Hermandad de Penitencia. De nuevo las imágenes vuelven a salir por las calles de Zalamea y parece ser que es en esa fecha, 1943, cuando comienzan los pasos a ser acompañados de penitentes, aunque en un principio salían sólo los negros.

El nazareno, obra también de nuestro paisano Manuel Domínguez, llegó a Zalamea el 25 de marzo de 1955. Hasta entonces las procesiones sacaban repetidamente las mismas imágenes, es decir el Cristo Crucificado y la Virgen de la Soledad, que antes también era Virgen de los Dolores. Estas dos imágenes procesionaban jueves por la tarde, viernes de madrugada y viernes por la tarde. En esta última procesión la imagen del crucificado era llevada a la ermita del Sepulcro, introduciéndose la imagen  en él para celebrar por la noche el Vía Crucis, permaneciendo unos días hasta que regresaba de nuevo a la Iglesia donde era venerada. Con la llegada del Cristo Yacente en el año 1950, obra del escultor Barbero, reposando en una urna de estilo barroco, el viernes santo tuvo sus propias imágenes y como mencionamos más arriba, después de la llegada del Nazareno en 1955 el jueves santo tuvo también las suyas propias, con lo que los tres días sacaban  imágenes distintas para Jesús aunque seguían teniendo la misma Virgen, la que hoy conocemos como la Soledad de Bidón.

Sobre los años 60, a iniciativa de algunos jóvenes de la hermandad, y no sin cierta resistencia, comenzó a salir el Cautivo y probablemente de esta época datan los penitentes blancos, recuperándose así una de los aspectos más característicos de las  procesiones de la antigua hermandad de la Vera Cruz de 1581, la existencia de penitentes blancos y negros en una misma procesión.

Por fin en 1969 llega a Zalamea la Virgen de los Dolores, obra también del escultor zalameño ya mencionado, y de esta manera se configura definitivamente las Semana Santa tal como actualmente la conocemos, desfilando el Cautivo y Nuestra Señora del Mayor Dolor el miércoles, el Nazareno y la Virgen de los Dolores la tarde del jueves y en la madrugada el Crucificado o Cristo de la Sangre con la Virgen de los Dolores de nuevo, para terminar  el viernes por la tarde con el Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y San Juan Evangelista, imagen ésta que se añadió al paso con posterioridad al igual que el Cirineo del Nazareno, obras ambas del zalameño Manuel Domínguez Rodríguez

Conviene recordar que  los “encuentros” del Jueves Santo se hacían con el crucificado en la antigua calleja de la cárcel, luego pasaron a realizarse con la nueva imagen del  Nazareno en el mismo lugar hasta que la construcción del paseo cuadrado obligó a desplazar su localización a dónde hoy se hace. Cabe mencionar, igualmente, que, en la década de los 80, hubo unos años en los que salían en procesión el viernes por la tarde todas la imágenes, en una especie de recapitulación de lo que había sido la Semana Santa, sin embargo esta práctica por atípica se abandonó en los últimos años.

Mención especial merece el Vía Crucis. Aunque es probable que durante la guerra civil estuviera sin celebrarse algunos años, puede que su práctica se retomara antes, incluso, que las procesiones, habida cuenta que su ejecución no requería imágenes, y según parecen atestiguar los recuerdos de las personas de edad. Como ya dijimos, hasta que en 1950 se trajo el actual Cristo Yacente, se estuvo utilizando el mismo crucificado de las procesiones que era colocado en el altar mayor del Sepulcro. Como anécdota conviene resaltar algunos aspectos relativos a la Vía Sacra: El horario de celebración fue siempre a las diez de la noche y se hacían con la misma solemnidad y recogimiento que hoy inspira, asistiendo, como sigue siendo tradición, sólo los hombres. Era costumbre que finalizada la procesión del viernes por la tarde las mujeres se recogieran en sus casas y las mozas no eran visitadas por los novios aquella noche. Finalizado el Vía Crucis, de 2 a 3 de la madrugada iban algunas mujeres al sepulcro a lo que llamaban levantar la losa, permaneciendo en él toda la noche

El sábado santo por la mañana tenía lugar otra Vía Sacra, ésta con la asistencia del sexo femenino, portando a la Virgen totalmente vestida de blanco, práctica hoy desaparecida.

Hay dos eventos que conviene reseñar y que tienen especial relevancia en la historia de la hermandad. Uno de ellos fue la conmemoración del bicentenario de la Vía Sacra en 1976, hecho que quedo reflejado en una placa colocada en la parte delantera de la ermita y del que dejaron constancia con su firma en un libro de protocolo las cerca de 600 personas que acudieron aquel año a la Vía Sacra, cantidad bastante considerable y que raras veces se ha visto superada. El otro hecho destacable fue el nombramiento de su Majestad el Rey Don Juan Carlos I como hermano mayor honorario de la Hermandad en 1995,  suceso que se acredita con una carta de la casa real por la cual se acepta por parte de su majestad el nombramiento y la legitima para denominarse Real Hermandad de Penitencia; fue la culminación de  un largo proceso en  el que hubo que demostrar la antigüedad e historia de la hermandad.

Pie de foto: Un “encuentro” de 1948. (En él se aprecia como se hacía aún con el Crucificado)

Manuel Domínguez Cornejo                 Antonio Domínguez Pérez de León 

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