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SAN VICENTE Y SU RELACIÓN CON LOS "LUGARES COMARCANOS"

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Como bien es sabido, en 1425 fue elegido San Vicente Mártir como patrón de Zalamea. Nos encontrábamos entonces en la Edad Media y nuestro pueblo, que ya había adquirido la condición de villa, pertenecía al señorío eclesiástico del arzobispado de Sevilla. Faltaban aún 110 años para que se elaboraran las ordenanzas  de 1535, ejemplo de regulación económica y social para la época y que afortunadamente se han conservado en buen estado en nuestro archivo municipal, y se tardaría  todavía 160 años  en iniciar un proceso de emancipación del señorío arzobispal que culminaría en 1592 con la proclamación de Zalamea como villa de sí y sobre sí en una carta de privilegios firmada de puño y letra por el propio rey Felipe II, pero en aquellos momentos el pueblo era una pequeña población que se hizo eco de los cultos y devociones que se extendieron por la zona recién conquistada a los musulmanes, cultos y devociones que fueron traídos por los repobladores castellano-leoneses. Pero su culto no quedó circunscrito a nuestro pueblo sino que tuvo resonancia en lo que se dio en llamar los lugares comarcanos. De esa manera ya en aquella época el culto a San Vicente tuvo una estrecha relación con otros que se desarrollaron en la comarca y esa relación dejó huellas que han llegado hasta hoy.

Un ejemplo lo tenemos en la admirable ermita de Santa Eulalia en el término municipal de Almonaster, cercana a la aldea de El Patrás. Zalamea y Almonaster tuvieron una trayectoria paralela desde que pasaron a manos cristianas a mediados del siglo XIII. No es coincidencia que ambas luzcan hoy el apelativo “Real” como referencia a su proceso histórico. Ambas aparecen mencionadas en  el Privilegio Rodado de Alfonso X El Sabio de 1279, que recordemos es, hasta ahora, el primer documento en el que aparece el nombre de nuestro pueblo, “Çalamea”, y que se guarda en el archivo catedralicio de Sevilla. En el mencionado privilegio rodado se cede  Almonaster y Zalamea al arzobispado de Sevilla a cambio de Cazalla. Ambas fueron repobladas en gran medida por contingentes castellano leoneses y de igual manera ambas sufrieron un proceso similar de emancipación del arzobispado al que estaban sujetas. Pues bien en la ermita de Santa Eulalia pueden apreciarse unos interesantísimos frescos que reflejan escenas de santos cuyos cultos se extendieron en el medievo por las zonas reconquistadas. En ellos están representados, entre otros, el señor San Sebastián, que fue venerado allí, al igual que en Zalamea, por considerársele protector contra la peste que tanto daño hizo en la Edad Media. No olvidemos que  aquí en nuestro pueblo se le construyó una ermita que ya se menciona en el Libro de los Privilegios en 1592 y que, como todos saben, hoy se destina a la advocación de la Pastora. Por cierto, también en Almonaster se le construyó una ermita, hoy derruida y cuyas ruinas pueden verse hoy en las afueras del pueblo.

 Pero volviendo a los  frescos de la ermita de Santa Eulalia, bastante bien conservados, en ellos aparece también San Vicente, vestido de diácono, aunque en este imagen no porta los símbolos tradicionales de su martirio. En la parte inferior de la pared en la que figura representado San Vicente, situada a la izquierda, se puede leer  una inscripción que reza:

Esta ermita fue construida al servicio de Dios y de la bienaventurada Santa Olalla y reverencia al bienaventurado señor San Vicente”.

 Según el estudio publicado por don Manuel Cuaresma Martín dichos frescos han sido datados en el siglo XV o como muy tarde a mediados del siglo XVI. Aunque no puede asegurarse, cabe la posibilidad que  la referencia a la devoción a San Vicente proviniera de Zalamea, ya que hay documentos del siglo XVI que acreditan que a esta ermita acudían vecinos de Almonaster, Aracena y Zalamea. No obstante pudiera ser también que la devoción a este santo se desarrollara paralelamente en ambos pueblos, pero sólo Zalamea lo proclamó patrón.

Por otra parte la relevancia que tomó la hermandad en Zalamea y el culto a este santo se reflejó también  en todo el término, donde en algunas ermitas de las aldeas se conservó hasta tiempos recientes una pequeña imagen suya.

Pero su vinculación con el entorno no se limitó a las aldeas del término, las propias reglas de la hermandad de San Vicente hacen referencia a la relación que esta hermandad tuvo con otros lugares próximos y así quedó reflejado en ellas  que dos grandes calderos que había donado Bartolomé Rodríguez Pastor de Ureña, donde se cocían las vacas para el día en que la hermandad celebrare su fiesta, se les dejaría a Santa María de España y  Nuestra Señora de la Coronada, del término municipal de Calañas, debiendo pagar solo 6 reales para amañarlas – limpiarlas y prepararlas - y el coste de llevarlas y traerlas. Por cierto que esta es la primera referencia histórica que se tiene del culto a estas vírgenes en ese lugar. Estos mismos calderos eran cedidos también  a Santa Marina de El Villar y a Nuestra Señora de Ureña para sus fiestas, pero en ambos  casos, por tratarse de lugares zalameños, se les prestaría sin coste alguno.

Todo ello nos viene a indicar la resonancia del culto  a San Vicente por toda nuestra comarca. Culto que, ya se ha repetido cientos de veces, Zalamea ha sabido  conservar y que dentro de nueve años habrá cumplido exactamente la friolera de 6 siglos. Habría que pensar en conmemorarlo como se merece.

 

Pie de foto de la imagen:

Imagen de San Vicente representada en los frescos de la ermita de Santa Eulalia.

 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

 

07/02/2017 21:48 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema

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