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ZALAMEA LA REAL - HISTORIA

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL IV

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL IV

THOLOS Y CISTAS

 Abordaremos en este capítulo los dos últimos tipos de monumentos megalíticos que hemos descrito.

En lo que se refiere al modelo que enunciamos en el punto d, sepulcro de falsa cúpula o tholo, el que hallamos en nuestro término se encuadra dentro del subtipo II de la clasificación que diera Cabrero García de los monumentos de la provincia de Huelva. Hasta hace bien poco tiempo todas la referencias documentales que se publicaron sobre este tipo de enterramiento los localizan en zonas fértiles situadas más al sur, en la Campiña o bien hacia el oeste, Andévalo occidental, careciéndose de documentación sobre la existencia de estos enterramientos en zonas mineras, por los que se les consideró impropios de este ámbito, sin embargo, tras el hallazgo que hicimos de dos tholos en el área occidental de Zalamea, se plantea la necesidad de reconsiderar y extender hasta nuestra zona el área de difusión de estos sepulcros de falsa cúpula. Posiblemente la fragilidad de esos monumentos ha condicionado su destrucción y ha dificultado su hallazgo. No es de extrañar que su número fuese más elevado del que ahora mismo se conoce.

      Estos monumentos constan de dos partes bien diferenciadas, un corredor y una cámara circular a la que da acceso aquel. La cámara está construida con ortostatos bien trabajados, de similar tamaño y poco grosor que sirven para revestir la pared y no para soportar la cubierta. Esta  está formada por una falsa cúpula realizada por aproximación de hileras de piedras  acuñadas y recubiertas con barro para compactarlas. En lo que respecta al corredor, es recto, de paredes paralelas y asimétricas a diferencia del de galería, que va creciendo a medida  que se aproxima a la cámara, levantado igualmente con ortostatos verticales sobre los que se disponían otros horizontales que  le servían de cubierta. El monumento se construye previa excavación en el firme de una fosa para la cámara y una zanja para el corredor que pudo servir como soporte a la  cobertura, dicho con las reservas propias al carecer de datos directos, ya que los sepulcros hallados se encuentran en un grado de destrucción bastante avanzado. En los hallados en nuestra zona, el túmulo difiere notablemente de los de galería, mientras que en aquellos se trata de una colina artificial levantada para cubrir el monumento en estos es una prolongación de un montículo natural en el que se ha practicado la excavación. No podemos asegurar, por el avanzado estado de deterioro, la existencia de un anillo peristalítico ya que estos casos no es tan preciso como cuando se levanta la colina artificial a la que sirva de sujeción, aunque por paralelos conocidos en la provincia de Huelva es deducible su presencia. En el tholo la orientación es Este-Oeste con el corredor hacia levante.

      El último modelo de monumento que hemos relacionado es la cista megalítica. Se trata de una sepultura de forma cuadrangular a la que se accedía por su cubierta. Consta básicamente de losas mal trabajadas que conforma las cuatro paredes que configuran el monumento. Sus dimensiones oscilan entre los 2,20- 2,45 m. de largo por 1,10-0,55 m. de ancho. La parte superior estaba cerrada con grandes losas horizontales. Conservan restos de túmulo que originalmente la cubrirían en su totalidad y cuyas medidas oscilan entre 12 y 15 metros. Posiblemente careciesen de anillo peristalítico. Para construir este tipo de enterramiento se excavaba en el firme un hueco con las dimensiones que se les pretendían dar a las sepulturas y en el que se disponía delimitando el perímetro las losas verticales culminadas por la horizontales, cubriéndose luego con tierra. Se aprovechaba para ello una colina natural. La orientación en estos enterramientos no sigue unas pautas fijas.

Imagen de la foto: Restos de un tholo hallado al oeste de El Villar

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

 

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (III)

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (III)

    Especificamos en el capítulo anterior los cinco tipos de monumentos funerarios que  hallamos en Zalamea. Nos centraremos en esta ocasión en los tres primeros.

     Todos ellos disponen de unos factores comunes, el contar con una puerta de acceso, un corredor y una cámara que ofrece una disposición en forma de V que ha venido a definir, según algunos autores (Piñón 1.985), el tipo de construcción, cubierto todo ello por un túmulo delimitado por un anillo peristalítico.

     El perímetro interior está relacionado con ortostatos que van aumentando de tamaño desde el corredor a la cámara, adecuadamente apuntalados en el firme y culminados con ortostatos de cubierta para cerrar el monumento y cubiertos todos ellos con un túmulo elaborado con tierra y piedras. El sistema  de montaje no está suficientemente estudiado, probablemente el túmulo se construyera simultáneamente con las piedras verticales y no es descartable que el interior también se rellenara con el fin de permitir la consolidación de aquellas y facilitar el acceso y colocación de las pesadas cubiertas. Una vez colocadas éstas procederían a cubrirlo en su totalidad con tierra.

     El túmulo está compuesto  por piedras superpuestas, compactadas con tierra y agua. Esta colina tumular cubría todo el monumento, disimulándolo en el entorno geomorfológico. El perímetro del túmulo viene delimitado por un anillo peristalítico que en algunos casos se trata de una simple hilera de piedras y en otros ha sido necesario levantar una pared por  la configuración del terreno. El túmulo ofrece en general una forma circular aunque en muchos casos se adapta a la orografía de la colina natural sobre la que se ha asentado. El diámetro del monumento oscila entre catorce y veintiún metros. El piso de la cámara y el corredor están terminados, en algunos casos, con una especie de barro rojizo muy bien compactado mientras que en otros se observa un empedrado  de guijarros blancos y determinados vestigios apuntan a que los ortostatos pudiesen estar pintados. Igualmente el túmulo puede que tuviera algún tipo de coloración que lo destacara de su entorno de manera que el aspecto exterior del monumento megalítico causara impacto visual y cumpliera su función, al margen de la funeraria, de señalización del territorio como dominio de un clan o tribu

      El acceso al interior se configura por un estrechamiento del corredor que posteriormente, ya en el exterior, se abre para buscar el anillo peristalítico. Dicho estrechamiento se culmina por una piedras verticales, una a cada lado, bien diferenciadas del resto de los ortostatos del corredor que señalan el inicio del mismo y que servirían de soporte o “ bastidor” para una puerta de piedra o madera.

 En algunos de ellos se detecta la presencia de una antecámara separada de la cámara principal por una losa colocada de forma transversal o simplemente definida por un ensanchamiento del espacio sepulcral (dolmen nº 4 de El Pozuelo). La cámara presenta en la mayor parte de los casos una forma poligonal al igual que las cámaras anejas. En otras galerías, el fondo está formado por una piedra  grande y única (dólmenes  18 y 14); normalmente este último caso es propio de los pequeños dólmenes de galería en los que la cámara y el corredor es todo uno.

 En proporción a las cámaras , el corredor es corto y sólo en muy pocos casos se observa  un corredor relativamente largo (dolmen 7). En los dólmenes de galería múltiple, el corredor no se encuentra necesariamente  en el centro sino que puede estar colocado en una situación lateral con respecto a las cámaras. La orientación es en general, salvo en contadas excepciones de este a oeste, con el corredor dispuesto hacía levante.

 

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (II)

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (II)

Cuando el megalitismo irrumpe en Zalamea, los dos focos en que se originan este fenómeno¸ ya han tenido sus contactos y se han influido mutuamente, nos estamos refiriendo al occidental, fachada atlantica  y al oriental, Mediterráneo, no obstante, por razones de proximidad geográfica, las primeras ideas nos llegarían de occidente, Algarve y Alentejo portugués, que darían origen a los primeros sepulcros de galería de los que se extrae un ajuar marcadamente neolitizante. Posteriormente nos llegaría las primeras influencias orientales ( Almería) y los primeros contactos con pueblos que conocen la metalurgia y que nos introducirían en el calcolítico. No olvidemos que nos encontramos en el tercer milenio a.C. y que en el resto del Oriente peninsular se hallan inmersos en el calcolítico Pleno. Ante este panorama cabe preguntarse por qué estas dos culturas nos llegan en un tiempo relativamente simultáneos cuando originalmente existe una notable diferencia cronológica entre ambas. La respuesta puede estar en que mientras  la difusión desde Occidente es más lenta por el tipo de economía, agrícola-ganadera, desde oriente la difusión es más rápida ya que el conocimiento de la metalurgia le lleva a buscar más rápidamente  las fuentes de extracción allí donde ésta se encuentre. Como consecuencia de lo que acabamos de exponer está adquiriendo cada vez más relieve la tesis autónoma occidentalista  en relación con las técnicas constructivas y la forma de los megalitos en nuestra zona. Esta tesis nos refiere, en lo que respecta al megalitismo, el desarrollo de un fenómeno dolménico con unas característica propias y bien diferenciadas, representadas por un tipo de construcción adintelada  de ascendencia neolítica, claramente autóctona y occidental, propias de comunidades ganaderas y trashumantes del Andévalo, y por otro lado los monumentos de falsa cúpula de mampostería pertenecientes al bronce inicial, obra de grupos asentados en zonas más ricas, de acuerdo con el calendario de sus constructores, conocedores de nuevas técnicas para la extracción y elaboración del metal.

Dicho esto, podemos diferenciar tres etapas en la dinámica de construcción de los dólmenes. Estas son:

      -Una primera fase de transición o de formación, donde se aprecian la existencia de un sustrato neolítico íntimamente ligado al desarrollo posterior de la Edad del Cobre y que se refleja en materiales neolíticos, propios de pastores como pudieran ser: microlitos, azuelas cilíndricas, etc.

    -Una segunda fase que implica la Edad de Cobre propiamente dicha, formada con materiales de “facies” oeste europeas característica de los primeros agricultores.

 -Una tercera fase que correspondería a la última etapa de la edad del  Cobre, donde tradiciones se entremezclan con comportamientos vanguardistas con materiales procedentes de las culturas adelantadas de la metalurgia.

     Aunando todas la etapas que han arrojado yacimientos megalíticos en nuestro pueblo, desde aquellas en las que se denota una marcada tradición neolítica hasta estas otras que se enmarcan en el Bronce, encontramos cinco tipos de monumentos funerarios

 a)Pequeños dólmenes de galería, en los que no existen diferenciación entre el corredor y la cámara única de que consta.

b)Dólmenes de galería y cámara única dotadas de sostenes centrales para las piedras de cubierta

c)Dólmenes de galería en los que a la cámara inicial se le ha añadido otras laterales.

d)Sepulcros de falsa cúpula construidos con ortostatos verticales tanto en el corredor como en la cámara

e)Cistas ortoédricas construidas con grande losas.

En los próximos artículos nos extenderemos sobre todos ellos. 

 

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL

Antes de entrar en profundidad en el estudio del megalitismo  es necesario aclarar que no se trata de una etapa histórica propiamente dicha sino de un fenómeno cultural que se origina a finales del neolítico y se prolonga durante el calcolítico, siendo común a diferentes grupo poblacionales y aún de distintas culturas. Así pues, aunque como vemos puede datarse cronológicamente, ésta se encuentra relativizada por la situación geográfica, económica y cultural que hace uso de estos enterramientos.

El megalitismo viene definido, casi exclusivamente, por el uso de grandes piedras (mega= grande, litos= piedra) a la construcción de sus monumentos funerario colectivos aunque se encuadran dentro de él los sepulcros de falsa cúpula levantados con mampostería en seco, son los enterramientos que vienen a llamarse comúnmente “dólmenes”. Dejamos para más adelante el estudio de las creencias y ritos que acompañan a este tipo enterramiento.

El origen del megalitismo se remonta, como hemos dicho, a finales del Neolítico. Los últimos hallazgos estudiados en el Alentejo portugués por medio del método del Carbono XIV, así como los ya conocidos en el oeste   de Europa, apuntan que el inicio de este fenómeno se produce en la fachada atlántica europea, sin poder definir con exactitud que región fue la primera en emplear este tipo de enterramientos que después se extenderían hacia el interior del continente. Posteriormente encontramos otros focos en el Este de Europa (Mar Egeo) que va a irradiar su influencia por todo el litoral mediterráneo, llegando hasta la Península. En tanto que en los primeros se localizan construcciones ortoédricas con grandes piedras o losas, tanto verticales en el perímetro como horizontales en la cubierta, en la segunda encontramos un dolmen de corredor culminando su cámara con una falsa cúpula, manteniendo ambos tipos, que luego se influirán mutuamente, un factor común, el tratarse de monumentos funerarios colectivos. La extensión de este fenómeno cultural llega hasta el suroeste peninsular, evidenciándose por el tipo de construcción una mayor influencia occidental. Tal circunstancia se produce con lentitud, existiendo, pues, una estimable diferencia cronológica con aquellos, aunque el momento cultural en la cronología local es similar al de aquellos lugares en que se origina.  

 Ya introducidos en el megalitismo en general, encontramos unos elementos que son los que van a definir los tres tipos de dólmenes en los que puede concretarse este fenómeno cultural aunque, como veremos, estos tres van luego a diversificarse en una enorme cantidad de variedades, las cuales recoge Cabrero García en 1.988 en una exhaustiva catalogación de los diferentes subtipos  de sepulcros que pueden encontrarse.  Estos tres tipos serían:

A.Grandes cistas o cajas de enormes lajas tanto en su perímetro como en su cubierta.

B.Sepulcros de corredor y una cámara bien diferenciada del pasillo de acceso.

C.Sepulcros de galería en los que el corredor y la cámara son todo una sin límete        definido. Ya en la península, el fenómeno megalítico se extiende, como hemos dicho, profundamente por el sur, donde surgen poderosas culturas que van a imprimir a este tipo de construcción un sello muy particular, (Cueva de la Menga, El Romeral, Matarrubillas, Soto, etc.)

 La provincia de Huelva, por su situación dentro del suroeste peninsular, va ser el solar sobre el que va a originarse, con gran profusión, el fenómeno dolménico con unas especiales características que lo van a dotar de unas señas de identidad propias y bien diferenciadas.

 Hallamos en Huelva dos fases en el proceso de construcción de dólmenes que son las que van a dar orígenes a los distintos tipos que posteriormente vamos a encontrar. Una primera de “facies” claramente neolítica, por lo que se desprende tanto del tipo de construcción como del ajuar encontrado, de economía agrícola-ganadera con preeminencia pastoril, relegando la agricultura al papel de soporte energético en el que los monumentos funerarios son de galería en los que se utiliza ortostatos tanto en el perímetro como en la cubierta con un  ajuar compuesto por hachas de sección circular u oval de esquistos sin grabados y una segunda “facies” calcolítica en al que podemos encontrar sepulcros de falsa cúpula en el que el ajuar encontrado incluye puntas de flecha, de lados rectos o curvos y base cóncava, retocadas en sus márgenes, así como microlitos y cuchillos con retoques marginales, cuentas de collar e ídolos de tipo almeriense y pequeños colgantes de piedras verdes. Entre los de la primera fase está el dolmen nº 10 de Los Rubios y el dolmen de Soto, y entre los de la segunda fase hallamos el tholo de La Zarcita. Entre ambas fases y como nexo de unión entre ellas encontraremos numerosas hibridaciones y variaciones.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (V)

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL  (V)

SEGUNDA FASE DE LA REPRESIÓN

 El 6 de agosto de 1937, debido al hostigamiento de las guerrillas formadas por fugitivos que se refugiaban en lo más agreste del termino de Zalamea y de toda la sierra de Huelva, Queipo de Llano vuelve a declarar toda esta comarca como zona de guerra. Esto provocó que durante el mes de agosto de ese mismo año volviera a practicarse una represión si cabe más dura que la que tuvo lugar recién terminada la toma de la Cuenca Minera por parte de las tropas nacionales. De esta manera se agudizaron las represalias contra los fugitivos y sus familiares. Las tropas sublevadas se veía incapaces de acabar con la guerrilla y con los fugitivos de esta zona y, como reacción, algunos de los familiares de estos fueron encarcelados y algunas de sus mujeres fueron humilladas, rapándolas al cero y purgándolas con aceite de ricino para provocar la incontinencia de sus esfínteres y exponiéndolas al público en ese trance.

Los datos referidos a la represión durante 1937 y 1938 reflejan lo que acabamos de decir. En los meses de Febrero a Junio de 1937 se ejecutó a una persona cada mes. Sin  embargo, a partir de agosto, como consecuencia del bando de Queipo de Llano, las víctimas se elevan a 6, en Septiembre de ese mismo año a 29 fusilados, mientras que en el mes de Octubre vuelve a descender a 7 las víctimas de la represión. A partir de marzo del 38 se contabilizarían sólo dos víctimas. Ya de manera más esporádica en el año de 1942 se contabilizó un total de 2 fusilados, aunque es necesario reseñar que durante este periodo fueron fusilados 10 personas del pueblo fuera de nuestro municipio.

 En esta segunda fase merece destacar dos sucesos relevantes en el sistema de represión de los nacionales. Uno de ellos por su significación  y otro como muestra documentada de ejecución por represalia.

El primero de ellos fue el incendio provocado por las tropas nacionales en la aldea de El Membrillo Bajo. Este hecho ocurre en el verano de 1937 y la acción tuvo lugar como consecuencia por un lado de las reclamaciones que los vecinos de esta aldea hicieron durante la república sobre los egidos o terrenos del común, lindantes con la aldea, de la que se habían apropiado un terrateniente de Zalamea y por otro lado la supuesta ayuda que los habitantes de El Membrillo venían prestando a los fugitivos que se refugiaban en los montes cercanos. Lo cierto es que una mañana los habitantes de la aldea se vieron sorprendidos por un destacamento militar formado por soldados y falangistas que entraron en la población arrasando, incendiándola y poniendo en fuga a muchos de los vecinos y ejecutando a otros. Perecieron catorce personas como víctimas de tal masacre. Los supervivientes, algunos de corta edad, huyeron buscando refugio en casa de familiares de otras aldeas cercana o hasta la misma Zalamea. Hoy las ruinas de la aldea derrumbada continúan siendo testigos mudos de aquel trágico suceso.

En segundo lugar, y como muestra de represalia, comentaremos lo sucedido a un matrimonio residente en la conocida Huerta del Cano , en la que el 4 de Marzo de 1938 les fue practicado un registro domiciliario encontrándosele revistas de índole anarquista. El motivo de estos registros fue el que el hijo de este matrimonio se hallaba huido y que  ellos le ayudaban de alguna forma. En dicho registro se encontró documentación comprometedora por lo que las fuerzas del orden los detuvieron y los llevaron a la cárcel munipal, instruyéndoseles un proceso sumarísimo. Sin embargo el día 11 de Marzo, siete días después, fueron sacados de la cárcel, de madrugada y pasados por las armas en un paraje de la inmediaciones del pueblo. Días más tarde cuando el juez instructor se trasladó a Zalamea para practicar diligencias en relación con el proceso se encuentra que estas dos personas ya no estaban detenidas. Tras algunas averiguaciones  comprobó que habían sido ejecutadas y decidió dar el sumario por cerrado sin más intento de hacer pesquisas.

La represión dejó, más que la propia guerra, una profunda herida en la memoria de la población.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (IV)

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (IV)

La represión por ambos bandos

 El 19 de Julio de 1936, una vez conocida la sublevación militar del día anterior, un grupo de exaltados y extremistas de izquierda realizaron una serie de actuaciones de destrucción de símbolos religiosos y represión contra personas que se habían destacado por sus posiciones de derecha. De esta manera ese grupo, en su mayor parte compuesto por hombres y mujeres venidos de pueblos colindantes, se dirigieron a la Iglesia y le prendieron fuego. Sus dependencias, muchas obras de arte y bienes de valor fueron destruidos y el techo de este edificio religioso se derrumbó por efecto de las llamas. El mismo día se prendió también fuego a las ermitas e imágenes que contenían en su interior. Todas ellas quedaron seriamente dañadas. Al mismo tiempo, ese día, fuerzas del bando republicano comenzaron a detener y encarcelar a personas que tenían  un marcada significación política de derechas y que eran consideras sospechosas de simpatías con el golpe militar, librándose de la ejecución por la actitud de firmeza de los comités políticos locales que situados en la puerta de la cárcel impidieron el acceso a los exaltados. Esta misma posición es la que mantuvo el alcalde ordinario de ese momento Cándido Caro que impidió que un grupo de mineros procedente de El Campillo pudieran entrar y prender fuego a la cárcel con los presos dentro, como parece ser era su intención.

Pero la situación se invierte a partir del 25 de Agosto de 1936 con la toma de Zalamea por las fuerzas nacionales. Naturalmente durante la batalla se produjeron bajas por ambas partes que oficialmente se elevaron a tres en el bando nacional, dos de ellos guardias civiles, y 7 en el bando republicano, aunque en realidad las cifras pudieron ser más elevadas, ya que las víctimas de las acciones de guerra  fueron abandonados o enterrados en el mismo lugar del enfrentamiento, puesto que  no se hicieron prisioneros.

 Después de la entrada de los nacionales  se  inició un proceso de represión que, como coinciden en señalar numerosos autores,  se distingue del anterior por  su carácter sistemático e institucionalizado, en el que se puede distinguir dos fases. La primera se originó nada más terminar la ocupación del pueblo por las tropas nacionales con el fin de depurar  a los políticos y dirigentes de izquierda que se habían destacado por la defensa de los intereses de la República.

En un primer momento se ordenó a todos los hombres que se presentaran ante las puertas del Ayuntamiento y siguiendo las indicaciones que desde la planta alta les hacían a los responsables militares destacadas personalidades del pueblo afines a los sublevados se procedía a la detención de los primeros dirigentes de izquierda. Los días siguientes  continuaron las detenciones directamente en los domicilios de los afectados. Los detenidos tras la batalla por la toma del pueblo fueron ejecutados de forma inmediata, los que fueron apresados con posterioridad iban siendo sacados de madrugada del depósito municipal y llevados a las proximidades del cementerio donde eran fusilados y enterrados a continuación en una fosa común de aquel recinto. Esta forma de ejecución originaba situaciones verdaderamente dramáticas ya que los familiares que les llevaban cada día el desayuno no hallaban  a  sus esposos, hermanos o hijos encontrándose con la dura realidad que significaba aquella ausencia.

 En esta primera fase se produjeron las siguientes víctimas: en los 6 días que quedaban de Agosto de 1936 fueron fusiladas 23 personas,  en el mes de Septiembre se producen 30 ejecuciones, pero  una vez pasada la intensidad de estos  primeros meses, y debido en parte a la presiones de las autoridades  provinciales para evitar la mala imagen que pudiera trascender del nuevo régimen, las ejecuciones disminuyeron; en Octubre  las víctimas fueron 5 y en el mes de Noviembre  hubo 3.

 A partir de ahí  se paralizaron y no conocemos oficialmente víctimas hasta el primer trimestre de 1937 cuando comienza la segunda fase de represión que abordaremos en el siguiente capítulo.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (III)

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (III)

LOS FUGITIVOS (Segunda parte)

 Resignados, como ya dijimos en la primera parte de este capítulo, a vivir ocultos en el campo, los fugitivos comienzan a organizarse con un doble fin, por una lado salvarse de su detención y probable ejecución por parte de las tropas nacionales y por otra la de constituirse en una especie de resistencia a las fuerzas sublevadas, siempre con la esperanza de que la guerra diera un vuelco favorable a los republicanos. Estos grupos establecieron una organización básica, con sus propios mandos y, aunque disponían de una gran autonomía, contaban con información e instrucciones que le llegaban del bando republicano y enlaces de comunicación entre los distintos grupos.

 En el término de Zalamea se formaron varias partidas que se distribuyeron por lo más agreste del territorio del municipio. Un grupo se refugio en el entorno de Las  Zahurditas. Estaba integrado por huidos tanto de nuestro pueblo como de otros próximos. Sabemos que disponían de armas y de una infraestructura que les permitía un cierto nivel de seguridad. Al igual que otros grupos, éste realizó incursiones en caseríos y fincas particulares, entre las que se puede contar el asalto a la finca de El Espinillo de donde se llegaron a llevar doce vacas. El grupo se dividía a su vez en otros dos, uno en el mismo campamento de Las Zahurditas y otro instalado en el alto de Los Barreros. Esta división se llevó a cabo por razones de seguridad, sin embargo, para sus acciones,  coordinaban esfuerzos para conseguir un mejor efecto. En este lugar llegaron a tener su propio horno de pan que se ha conservado a pesar del tiempo transcurrido y que aún hoy puede visitarse . De la misma manera utilizaron uno de los dólmenes de El Pozuelo como almacén para guardar las provisiones.

 Tenemos también noticias de que partidas formadas en otras zonas de la provincia realizaron igualmente incursiones en nuestro término municipal. Fue el caso de las del Zorro o la de Flores.

 En 1937 se constituyó la  partida denominada Sacahuntos que se mantuvo activa hasta los años 40 o la del Malpuro formada en su mayor parte por fugitivos de Zalamea y Valverde, mandada por los hermanos Salgado Castilla. Con la llegada de guerrilleros del 14º Cuerpo del Ejército, apodados los Niños de la Noche, aumentó la concentración de huidos así como las esperanzas de triunfo de estos fugitivos. Se producen entonces de una manera más continuada los saqueos y las acciones de resistencia intentando ocupar de nuevo pueblos y aldeas, como sucedió en Nerva en febrero de 1937. Además tienen lugar atentados contra vías de comunicación e instalaciones del ferrocarril, de manera que desde finales del 36 la carretera de Huelva a Badajoz a la altura del término de Zalamea se convirtió en una pesadilla para las tropas nacionales. Las acciones de la guerrilla se multiplicaron de tal forma que se llegó a tener la impresión de que esta zona aún estaba en guerra. Fue por lo que, el 6 de agosto de 1937, Queipo de Llano vuelve a declarar la zona de la Cuenca Minera  como zona de guerra con lo que, de nuevo, son destinados a nuestra comarca destacamentos de militares entre los que, por cierto, se llegó a encontrar también algún que otro soldado zalameño. Esta declaración de guerra sirvió de excusa para dar paso  a una segunda fase de represión que comentaremos en un próximo capítulo.

 Paralelamente y, con el fin de llegar a una mayor eficacia en su lucha  contra los fugitivos, se constituyen las “harcas”, grupos de voluntarios milicianos, lugareños conocedores del terreno, algunos de ellos antiguos fugitivos convertidos al bando nacional, que eran encabezados por un mando militar profesional. Realizaron multitud de batidas, muchas de ellas con gran éxito. La que más fama tuvo en la provincia  fue la “harca del capitán Robles”, denominada de esta manera por el nombre del capitán de la Guardia Civil que los dirigía, José Roble Alés.

 Esta “harca” realizó batidas por todo el término. En una de ellas, el 26 de Diciembre de 1937, cerca de El Pozuelo lograron abatir a tres guerrilleros, a uno de ellos se le encontró un mapa con los itinerarios y campamentos guerrilleros de la provincia. El día 22 de Febrero  consiguen rodear  el campamento de las Zahurditas, pero los fugitivos allí refugiados, perfectos conocedores del terreno, lograron huir sin  sufrir ninguna baja  entre las más de 30 personas que se encontraban allí en ese momento, sólo pudieron hacerse con algunas de sus armas y una máquina de escribir. Sin embargo, más tarde, los guerrilleros lograron reorganizarse y realizaron una incursión en la aldea de El Pozuelo en la que se apoderaron de víveres y caballos. No obstante, días después, en otro encuentro con tropas nacionales, les fue arrebatado todo lo que habían conseguido.

 Hubo otro grupo de fugitivos refugiados al noroeste del pueblo, en las proximidades  del río Odiel, muy cerca de la finca “El Puerto”. Por lo que hemos podido saber, allí fueron rodeados y capturados algunos de sus miembros por las tropas nacionales. Los sobrevivientes, algún tiempo después, atacaron como represalia dicho cortijo y mataron a su dueño.

 A finales de 1938, comienza a decaer el fenómeno de la guerrilla. Varias fueron las razones. En primer lugar la presión a la que estaban siendo sometidos, tanto por las fuerzas regulares  del bando nacional como por las diferentes “harcas”; en segundo lugar porque los ánimos empezaron a debilitarse por el temor a la  represión que sufrían los familiares de los fugitivos; también influyó la desmoralización  que conllevaba  ver que la guerra estaba prácticamente perdida por parte de los republicanos. Paulatinamente fueron siendo capturados o abatidos, otros se entregaron voluntariamente. Sin embargo, algunos de los campamentos de los que hemos hablado, como fue el caso de Las Zahurditas, volvieron a ser ocupados esporádicamente por otros fugitivos, una vez que tuvo lugar la victoria definitiva de los nacionales.

 En definitiva, el fenómeno de los fugitivos y de la resistencia de la guerrilla ha sido uno de los capítulos más intensos pero menos recordado de la guerra civil.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (II)

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (II)

LOS FUGITIVOS (Primera parte)

 Nada más terminar la ocupación de Zalamea y la Cuenca Minera por parte de las tropas nacionales se produce una primera oleada de represión que va dirigida contra aquellos que se destacaron por su posición política o por haber participado significativamente en las medidas tomadas por las corporaciones de izquierda. Pero hablaremos de ello  más adelante. Ahora abordaremos la consecuencia  inmediata de la ocupación.

 El temor a esa represión  da origen al fenómeno de “los huidos” a los que  localmente se les conoció como “fugitivos”. Naturalmente los primeros en huir fueron los que  participaron de una u otra manera  en la resistencia a la entrada de las  fuerzas nacionales, pero también, como hemos dicho, lo hicieron personas que por su afiliación política o por su significación durante el periodo republicano temían que contra ellos  actuaran las fuerzas ocupantes.

 Un gran número huyó al campo para ocultarse, simplemente con la intención de esperar acontecimientos; otros sin embargo intentaron pasar a zona republicana. En algunos casos, los menos,  se fueron familias completas, en otros fue solo el cabeza de familia el que huyó; en estos últimos sus familias sufrieron las consecuencias de su huida. El número de personas fugadas y ocultas en los campos de la comarca llegó a ser bastante alto, se calcula que hubo alrededor de unas 3.000 personas en el Andévalo Oriental. Esta cifra coincide en gran medida con los datos que aporta Avery (Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria) acerca de la diferencia de obreros que se incorporaron al trabajo en las Minas de Riotinto con respecto a los que lo hacían antes de la entrada de las fuerzas nacionales. Los que se quedaron en la zona en un principio, fugitivos de la oleada de represión de agosto de 1936, solo  pensaron en sobrevivir, sin víveres ni armamento y totalmente desorganizados, evitaban cualquier encuentro con tropas o personas que pudieran delatarlos, dormían a cielo abierto o en refugios naturales,  vivían de lo que podían recolectar, cazar o coger en las casas y cortijos rurales. En algunos casos lograron mantener el contacto con sus familias que les aportaban alimentos de una forma, a veces rocambolesca, dejando los víveres en lugares convenidos que eran recogidos por la noche. Hubo, incluso, quien se aventuró a entrar en el pueblo amparándose en la oscuridad  intentando burlar la vigilancia de los vencedores. Tenemos la certeza de un  grupo que logró pasar a los territorios republicanos por la parte de Badajoz; pero cuando esta provincia cae en poder de los nacionales, los fugitivos de nuestra comarca se quedaron aislados de la zona republicana, toda vez que Portugal, por sus simpatías hacia el gobierno de los sublevados, venia impidiendo la entrada en ese país de los huidos.

 En este punto conviene recordar lo sucedido con la llamada “Columna de los 8.000” en la que se integraron algunos fugitivos zalameños y otros más del resto de la Cuenca Minera. Los primeros partieron de Sevilla, después de que esta ciudad fuera controlada por Queipo de Llano.  El grupo fue engrosándose con la incorporación de un gran número de huidos de todos los lugares próximos a su recorrido. Conforme iba avanzando fue aumentando el número de integrantes que se concentraron en la Estación de tren de Fregenal de la Sierra hasta llegar a una cantidad que algunos autores calculan en torno a 8.000 personas, entre los que iban niños, mujeres y ancianos. Medianamente organizada, tenía como objetivo atravesar las líneas nacionales y llegar a zona republicana. Por el camino se iban aprovisionando en cortijos y caseríos, en ocasiones por la fuerza. El día 17 de Septiembre de 1936, en las proximidades de Llerena, las fuerzas nacionales, conocedoras de su existencia y situación  por los reconocimientos aéreos les prepararon una emboscada con abundante material de guerra que masacró a muchos  militares y civiles que la componían que aunque eran superiores en número, estaban prácticamente desarmados. A pesar de ello algunos lograron pasar las líneas, sin embargo los más retrasados de la columna se vieron obligados a retroceder  aterrorizados hacia las sierras próximas. Muchos fueron capturados posteriormente y otros optaron por regresar a sus lugares de origen y permanecer ocultos en los inmediaciones de sus pueblos donde podían tener la ayuda de sus familiares.

 Entre tanto, en Zalamea, los nacionales hacen correr la voz de que aquellos fugitivos que no tengan delitos de ningún tipo podían volver a su pueblo con la promesa de que no habría represalia alguna contra ellos. Se les pone como condición que debían presentarse y entregarse a las fuerzas nacionales con las armas que tuvieran en su poder. Algunos de los fugitivos confiaron en esta promesa y se presentaron ante las nuevas autoridades en el pueblo, pero en la mayor parte de los casos esta promesa no se cumplió y pasados unos días fueron siendo detenidos. Fue lo ocurrido con el alcalde republicano de Zalamea. Estos hechos provocaron que algunos se lanzaran de nuevo a la huida y los que tenían dudas en volver no se presentaron finalmente

 Una vez convencidos de que la integración era impensable y que su futuro pasaba por permanecer ocultos, comenzaron a organizarse y en muchos casos formaron bandas de guerrilleros para continuar con su lucha contra los sublevados con la esperanza de que la guerra diera un vuelco y las tropas republicanas  volvieran a reconquistar la provincia. La mayor parte de ellos no eran militares profesionales, algunos eran mineros, otros jornaleros o incluso maestros sin una preparación adecuada que compensaban con su pundonor y conocimiento del terreno. De esta manera durante bastantes meses consiguieron hostigar a las fuerzas nacionales mejor adiestradas y armadas.

Trataremos de ello en el próximo capítulo

 Imagen de la foto: Cabecera de la llamada columna de los ocho mil.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León