Blogia

ZALAMEA LA REAL - HISTORIA

ZALAMEA ROMANA (II)

ZALAMEA ROMANA (II)

Los romanos crearon una extensa red viaria por toda la Bética. Tanto por la densidad de población como por la explotación del metal y producción agrícola que generaba nuestra territorio, se hizo necesaria la construcción de un ramal, que partiendo de Urium (Riotinto) llegaba hasta Onuba. Esta calzada atraviesa nuestro término de norte a sur pasando cerca de nuestra población por las proximidades de la Estación Vieja, donde  aún pueden observarse algunos de sus tramos, después desaparece para dejarse ver de nuevo en las proximidades de  la laguna de la Pepa, las Tejoneras y Corchito.

 Su construcción es un carril que aprovecha los lugares de más fácil tránsito, siguiendo a media altura de la falda de los montes, evitando las cañadas y los grandes desniveles para facilitar así el paso de los carros. Normalmente está tallado en la roca firme del suelo, pizarra en algunos puntos; para salvar desniveles se excavaban en la pizarra unas trincheras con las medidas justas para el paso de un carro. Nuestros tramos de calzada tienen unas características idénticas a los estudiados en otras poblaciones de la provincia por los que pasa. En su base tiene una anchura de 1,75 m, llegando a los dos metros en la parte superior de la trinchera. Las huellas de las ruedas  se encuentran a una distancia entre si de 1,40 m aproximadamente, lo que responde a las características propias de los carros que por allí transitaban. Este tipo de vía estaba diseñado para permitir el paso de un solo carro lo que obligaba a que de vez en cuando se dispusieran lugares donde pudieran cruzarse otros que circulaban en sentido contrario. Curiosamente en el tramo descubierto junto a la Estación Vieja es posible observar uno de estos lugares de cruce. Debieron ser carros, según las fuentes documentales, de dos ruedas de un diámetro de 1,10 m y que transportaban, según las referencias de la época, una carga de aproximadamente media tonelada de peso, aunque hay expertos que piensan que podían llegar hasta las dos toneladas.

 La calzada pasaba cerca de la ermita de San Blas. Los basamentos de gossan que pueden observarse en el exterior de su presbiterio dan indicios de que la ermita pudo haberse construido sobre un pequeño santuario de época romana.

 Todo apunta a que en esta época había un núcleo de población consolidado en el lugar que actualmente ocupa Zalamea o en sus proximidades, sin que podamos dar datos de su ubicación exacta ni de su importancia. Se llega a esta conclusión por la cantidad de material reutilizado que hallamos en construcciones posteriores, principalmente en el conjunto Iglesia Torre. Este material procedería de construcciones romanas existentes en el mismo pueblo o muy próximas a él. Por cierto, lo que hasta ahora hemos considerados como cupas, - parte superior de algunas tumbas de incineración – que pueden observarse en el porche de la Iglesia, pudieran más bien tratarse de secciones semicirculares de algunos tipos de columnas. También se ha hallado una pequeña columnita romana con el capitel invertido, de estilo corintio, empotrada en la fachada de una casa de la calle Canterrana. Igualmente se han encontrado dos figuritas de terracota –exvotos- en los trabajos de restauración del patio de una casa de la calle de la Iglesia. Todo ello, como hemos dicho, de confirmarse su origen local, alimentan la hipótesis de la existencia de un núcleo de población donde hoy se encuentra Zalamea o en sus alrededores.

 Sobre el nombre que pudo haber tenido durante esa época, dos son los que se barajan como más ciertos: Cotinae y Callensibus Aenanici. De ambos el que más posibilidades ofrece  es este último, que vendría a significar algo así como “Lugar en el camino del cobre” coincidiendo con la proximidades de esta población a la calzada que comunicaba Urium con Onuba, nombre que aparece en el Itinerario Anónimo de Rávena al hablar de las calzadas romanas.

 Con el paso del tiempo la cultura romana fue asentándose en nuestra población y con ella llegó el cristianismo a Zalamea. Aunque son escasos los vestigios de la época que encontramos en nuestro término de esta religión, si cabe destacar una cruz paleocristiana del siglo V que se halla grabada junto a símbolos más antiguos en la finca de los Aulagares. Es muy probable que el cristianismo conviviera durante años con otros ritos paganos indígenas e hispano-romanos  durante la decadencia del Imperio y que aquellos primeros seguidores grabaron la cruz en aquellas piedras como testimonio de su fe.

 Con la llegada de los godos, el dominio romano se desvaneció, políticamente, desde luego, porque al igual que en el resto de Hispania, dejó una huella indeleble en forma de leyes, lengua y costumbres.

Imagen de la foto: Figuritas de terracota halladas  en Zalamea.

Manuel Domínguez Cornejo    Antonio Domínguez Pérez de León

ZALAMEA ROMANA (I)

ZALAMEA ROMANA (I)

Otra de los periodos que ha sido tratados escasamente en el estudio de la historia de Zalamea es la época romana, por lo que volveremos  a intentar  introducirnos en ella a través de los vestigios que hoy podemos encontrar en nuestro término, vestigios que nos permiten aventurar algunas hipótesis, aunque es extremadamente arriesgado adentrarse en este terreno  sin hacer referencia al contexto histórico general.

 La península ibérica, por su riqueza agrícola y sobre todo minera, fue objeto de codicia de los grandes imperios que surgieron en el Mediterráneo. A comienzos del  siglo II a.C. se convirtió en el escenario del enfrentamiento entre las dos potencias del momento, cartagineses y romanos, enfrentamiento que acabó decantándose, como es sabido, a favor de estos últimos.           

 Tras la expulsión de los cartagineses, todo el territorio peninsular, a pesar de algunos focos de enconada resistencia, se integra definitivamente en el territorio de dominación romana. Nuestra comarca queda enclavada primeramente en la Hispania ulterior y posteriormente en la provincia denominada Bética, y dentro de ella en la región conocida como la  Baeturia céltica, cuando, tras la reorganización del Imperio que hace Augusto en el 27 a C, se crea esa provincia romana.

 Como es lógico, todas las minas de nuestra zona, principal interés de los nuevos colonizadores, en especial la de Riotinto, se convierten en un centro de atracción, así se volvieron  a reanudar los trabajos en minas como Chinflón, Buitrón, Masegoso, etc., algunas de ellas ya trabajadas en la Prehistoria. Durante el periodo republicano poco se altera en la vida de los indígenas ya que Roma se limita a someter política y militarmente los centros mineros y poblaciones para controlar el comercio que ellos generaban.

 Con la llegada del Imperio en el siglo I, comienzan a introducirse las costumbres, la religión y en definitiva la cultura de los nuevos colonizadores. La explotación de las minas provocó la llegada de un gran contingente de personas  que requerirían enormes cantidades de materia prima, lo que vino a promover el resurgimiento de las áreas próximas dedicadas a la agricultura y a la ganadería. Y ese debió ser el caso de Zalamea.

 Se han encontrado en el término hasta el momento gran cantidad de pequeños poblados dispersos, que podemos dividir en tres tipos. En primer lugar  están aquellos que se crearon en las proximidades de las minas, con el objeto de albergar a los trabajadores que se encontraban en ella. Tales fueron los casos de Castillo de El Buitrón, Tinto y Santa Rosa, la Mimbrera, Chinflón. Eran pequeños poblados que se dedicaban a la extracción del mineral, tarea que se realizaba en unas condiciones bastante duras y penosas, con pesadas herramientas y en galerías donde apenas cabía un hombre y en las que era frecuente se hiciera trabajar a niños.

 Un segundo tipo de poblado era el que se dedicaba a la fundición   del mineral que se recogía en diferentes yacimientos situados  en áreas cercanas, generalmente de poca envergadura. De este tipo son los hallados en Ciriaco, Los Picotes, Corchito o El Pozuelo,

 Por último encontramos un tercer tipo de poblamiento, se trata de  villas rústicas dedicadas a la explotación agropecuaria. Constituían el sector básico de la estructura económica de la zona y su función era la de explotar los recursos agrícolas y ganaderos que el terreno les propiciaba y proveer de ellos a los centros mineros. Como es lógico ocupaban las zonas más fértiles de nuestro término. Entre ellos encontramos los de  la Esparraguera; El Cañuelo, donde aún pueden observarse numerosos restos esparcidos por la zona; Cabezo de la Cebada; la Molinera o La Morolla,  por enumerar algunos de los muchos que se han localizado.

 Aunque sólo en algunos de ellos se han encontrado enterramientos funerarios, presumimos que todos debieron contar con un pequeño cementerio, pero debido quizás a la fragilidad de las construcciones, estos han ido desapareciendo con el paso del tiempo. La mejor conservada fue la necrópolis del Cabezo de la Cebada excavada y estudiada por Adriano Gómez. En algunas de sus sepulturas se hallaron pequeñas vasijas como  ofrendas en el ajuar funerario, así como una moneda de la época del emperador  Graciano (375-383). A unos 65 metros de esta necrópolis se halló un habitáculo,  y en sus cercanías dos pequeñas figurillas de terracota.

Imágenes de las fotos:

Izquierda: Restos de viviendas romanas en la finca El Cañuelo

Derecha: Sepultura de la necrópolis de El Cabezo de la Cebada 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

EL MENHIR DE ZALAMEA

EL MENHIR DE ZALAMEA

A finales de la década de los 90 descubrimos, recorriendo el término de Zalamea,  una gran piedra alargada en forma de huso que, tras las comprobaciones correspondientes, resultó ser un menhir, el único hasta ahora descubierto en Zalamea la Real y uno de los pocos existentes en toda la provincia de Huelva, aunque en la vecina Portugal   suelen ser frecuentes.

 Antes de entrar en detalles sobre esta pieza creemos conveniente introducir alguna explicación sobre lo que es un menhir y su significado.

 La palabra menhir, según algunos autores, es de origen celta y vendría a significar piedra larga (men: piedra –hir:larga). Se trata pues de enormes piedras alargadas y ovaladas que eran colocadas en posición vertical  y se levantaron en nuestra zona entre el 10.000 y el 1000  antes de Cristo. Su longitud podía oscilar entre uno y tres metros  y entre 50 y 80 cm de anchura en la parte central. Son los primeros monumentos megalíticos conocidos.

 Hay múltiples teorías acerca de su origen y significación, pero la más extendida es que se trataba de monumentos de un sentido mágico destinado a conseguir de los dioses  fertilidad para los campos y fecundidad en animales y personas. Así tallaron y levantaron enormes piedras como un símbolo fálico que propiciara del cielo la abundancia de lluvias que favorecieran el crecimiento de las plantas y la reproducción de los animales. Con frecuencia tienen en sus laterales grabados o hendiduras, con una significación aún no suficientemente aclarada, pero que casi con seguridad pretenden aludir a los dioses para conseguir sus favores.

 El menhir descubierto en Zalamea estaba situado junto a la finca de La Zorrera, a unos 500 metros al este de la aldea de El Membrillo alto. Tiene 2,20 de alto por 60 cm de ancho en la parte central. Está construido con pórfido pizarroso abundante en esa zona presumiblemente extraído de una cantera no muy lejana de allí. Se encontraba en un pequeño llano en lo alto de un cerro, aunque se encontró derrumbado en posición horizontal, pegado a la alambrada que delimita dos fincas, es seguro que no se trataba de su lugar original, sino que fue intencionadamente desplazado para que no constituyera un obstáculo en la labranza del terreno. Tiene grabadas dos cazoletas con un orificio central en una de sus caras cuyo significado desconocemos, aunque es algo común, como dijimos más arriba en este tipo de monumentos. Hasta hoy no se ha descubierto en nuestro término ningún otro, por lo que se trata de una pieza singular.

 Actualmente se encuentra en la puerta de acceso al Museo Provincial en Huelva, donde fue trasladado para su exposición,  lo que ha impedido posteriores investigaciones sobre el lugar que ocupaba y hubiera podido despejar muchas incógnitas  que se tienen sobre este tipo de monumentos en nuestra provincia.

 Imágenes de la foto:

Izquierda: Situación actual del menhir hallado en Zalamea, en la entrada del Museo de Huelva.

Derecha: Recreación de la situación que debió tener originalmente.

Manuel Domínguez Cornejo     Antonio Domínguez Pérez de León

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (III)

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (III)

Continuando con la forma en que las actas capitulares reflejan algunos acontecimientos significativos de la historia de Zalamea, encontramos en ellas el nacimiento de nuestra feria cuando el 5 de octubre de 1842, la corporación municipal acordó solicitar autorización para celebrar una feria de ganado en los días 18, 19 y 20  de septiembre, eran tiempos en que las explotaciones agrícolas y ganaderas constituían un pilar fundamental en la economía del pueblo y con ello se pensó en potenciar las transacciones de ganado. Por tanto podemos deducir que fue en 1843 cuando tuvo lugar por primera vez la celebración de la nuestra feria. El lugar elegido fue los alrededores de la ermita de San Vicente. Consecuencia del auge que tuvo y de las fiestas que acompañaron a la feria fue la celebración de corridas de toros que motivó la construcción de una nueva plaza de toros ya que estos festejos se venían celebrando en un corralón. También la edificación de la nueva plaza tiene su reflejo en las actas capitulares cuando el 6 de octubre de 1878 se acordó conceder un solar para la construcción de una plaza de toros a la sociedad de los arrepentidos, cuyo primer presidente fue don Manuel Carvajal.

Continuando con nuestra feria , en 1894, el 8 de abril se acordó, para evitar los riesgos de la climatología trasladarla al mes de julio, pero esta decisión no debió obtener  los resultados apetecidos porque el 17 de Mayo de 1896, tan solo dos años después se decidió volver a la antigua fecha. Como la fiesta que acompañaba a la feria era cada vez más del gusto de todos, el 10 de agosto de 1900 se acordó cambiar de nuevo la fecha  para que la feria se iniciara el sábado siguiente al 17 de septiembre para que al menos coincidiera con un día festivo y de esta manera los operarios de las minas pudieran disfrutar de ella.

Abordando ya otro tema, es llamativo, sin embargo, el poco eco que tuvo en las actas capitulares los sucesos del 4 de febrero de 1888, fecha en la que, como se recordará, una manifestación que protestaba contra las calcinaciones al aire libre de las minas, fue duramente reprimida. Presumimos que el temor a las posibles represalias hizo que en esas fechas no se reflejara nada relacionado con lo ocurrido ese día y los que le siguieron. Con anterioridad el ayuntamiento sí se había posicionado claramente contra las calcinaciones al aire libre con un acuerdo tomado el 12 de Junio de 1887 por el que las prohibía en todos los establecimientos mineros de su término municipal. No es nuestra intención valorar aquí los sucesos ocurridos (Los interesados en profundizar en esta cuestión pueden consultar la serie de 10 artículos titulados “El año de los tiros” publicados en esta blog). Queremos reflejar la extrañeza que nos causó que no se reflejara nada en las actas. El día anterior, el 3 de febrero, si encontramos un acta de una sesión extraordinaria celebrada a las 12 de la noche para dar cuenta de la agitación existente a esa hora en el pueblo con movimientos de protesta por los humos de las calcinaciones de las minas de Riotinto. La manifestación tuvo lugar, como es sabido, el 4 de febrero y acabó con una matanza sin precedentes en la comarca. El 5 de febrero se reúne el ayuntamiento y no se hace constar nada en las actas. ¿Puede alguien pensar que no se comentara nada, teniendo en cuenta que el alcalde de Zalamea era uno de los que encabezaba la manifestación, junto a Ordóñez, Lorenzo Serrano y Tornet?

Pasado el tiempo, el miedo se va diluyendo y empezamos a encontrar algunos reflejos de los hechos. Así,  el 17 de mayo, se da cuenta de la muerte de don Juan Talero, político que se destacó en la defensa de los pueblos afectados por los humos de las calcinaciones, acordándose manifestar las condolencias a la familia y nombrar una comisión que fuera a manifestársela personalmente y también realizar honras fúnebres en su memoria en la parroquia. El 9 de marzo de 1890 se decidió erigir un monumento a este hombre y empedrar la plaza que llevaría su nombre. El acto de inauguración tuvo lugar el 20 de mayo de 1890 con la presencia de un hermano de Talero y el prestigioso periodista José Nogales. Monumento que aún podemos contemplar y que fue durante más de cien años el único recuerdo que quedó en toda la comarca de los sucesos del 4 de Febrero.

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (II)

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (II)

Siguiendo con la reseña de algunos de los asuntos que se reflejan en  las Actas Capitulares que ya iniciamos en el capítulo anterior, encontramos detalles entrañables de una de las tradiciones mejor conservadas de nuestro pueblo,  como cuando el concejo, el 20 de agosto de 1776, a petición de Don Gabriel Alejandro Sanz y dos curas del pueblo Juan Domingo López y Pedro González – amigos y devotos de la Via Sacra -, acuerda concederle un terreno en el “Cabecito de los Paños” de seis varas en cuadro para edificar allí la décimo cuarta estación del Vía Crucis. Hoy podemos verla construida y a su vera la ermita del Santo Sepulcro.

 Igualmente vemos como algunos sucesos relevantes  de la Historia General de España también tienen su reflejo en ellas. Los recordaremos siempre desde la óptica que muestran las actas capitulares.

 De esta manera comprobamos como la resistencia a los franceses durante la Guerra de la Independencia dejó constancia en dichas actas. Sabemos que el día 7 de Mayo de 1808, a la una de la madrugada, llegó a Zalamea al bando de los alcaldes de Móstoles llamando a la resistencia contra el enemigo y enseguida se le dio traslado hacia Valverde, Calañas y Sevilla. Pues bien el 10 de Mayo, reunidos en cabildo, el Concejo, presidido por Don Juan Santana de Bolaños, personaje que después protagonizaría  otras acciones de lucha contra los franceses, acordó la formación de una partida de voluntarios  formada por hombres de entre 16 y 45 años, pagándoles seis reales diarios. Se vuelve a insistir en la formación de partidas de hombres armados el 28 de febrero de 1810.

Son diversas la referencias a la exaltación patriótica, pero también se reflejan las consecuencias que la guerra tuvo en la población con detalles como cuando en abril de 1810, después de que se marcharan las tropas francesas que ocuparon la villa varios arrendatarios de Abastos pretendieron dejar su compromiso de abastecimiento, lo que les fue denegado por considerar que ya en el primer trimestre habían tenido unas ganancias exorbitantes con motivo de haber estado alojado las tropas españolas en el pueblo. También leemos  que el pueblo se quedó vacío por temor a que volvieran los franceses. Igualmente, finalizada la guerra, se acordó enviar un comisionado que reclamase las cantidades que se habían gastado en la manutención de los ejércitos y guerrillas ya que la villa se encontraba en la más completa ruina.

Otro de los asuntos que quedan registrados en las actas aunque no con todos los detalles que quisiéramos es la segregación de las poblaciones de Riotinto, Nerva y Campillo. Todas ellas fueron consecuencia del aumento poblacional que registraron estas aldeas derivado de la explotación de las minas. Así en 1841 se da cuenta de la independencia del municipio de Minas de Riotinto como culminación de un proceso que conoció con anterioridad otros intentos fallidos, siempre con la oposición de Concejo zalameño. Mas adelante, el 7 de Julio de 1885, por orden gubernativa se forma el municipio de Nerva, agrupando las aldeas de Riotinto (no confundir con Minas de Riotinto) y Ventoso y los poblados mineros de Chaparrita y Peña de Hierro, esta segregación obliga a constituir una nueva corporación en Zalamea en ese mismo mes de Julio.

 Pero de todas las segregaciones, la más controvertida y la que causó más enfrentamientos en el seno de la corporación fue la de El Campillo. El intento más serio tiene lugar el 18 de abril de 1925, cuando la corporación niega la segregación de El Campillo solicitada mediante un pliego de firmas recogida en esta aldea, la tensión se pone de relieve cuando se duda de que muchos de los firmantes sean habitantes de la propia  aldea. Parece ser que un informe de la diputación fue favorable a la segregación lo que originó una airada protesta del Ayuntamiento zalameño que se concreta en un acuerdo de 17 de Octubre de 1825 alegando las razones por la que se niega dicha segregación aduciendo  además motivos de falta de recursos de la aldea. Como en aquella corporación había concejales de El Campillo, estos presentan un amplio informe contradiciendo los argumentos de Zalamea. Casi se puede sentir la tensión en las actas. El proceso se dilata y El Campillo no obtiene en ese momento su independencia. Aunque no hemos encontrado referencias en ellaqs sabemos que en los años sucesivos hubo constantes enfrentamientos entre los representantes de ambas poblaciones. Finalmente el 17 de abril de 1931, tres días después de proclamada la república, se constituye en Zalamea el nuevo ayuntamiento en el que un concejal de El Campillo es nombrado primer teniente de alcalde.  Ocho días más tarde el ayuntamiento imbuido por el espíritu de libertad y justicia dominante en el momento,  acuerda por unanimidad la segregación de El Campillo. Contrasta esta unanimidad con la tensión que se desprende de posteriores sesiones en las que se les niega la palabra a los concejales de El Campillo que aún formaban parte de la corporación, como se aprecia en la sesión del 14 de Agosto de ese mismo año, fecha en la que aún no se había constituido el nuevo Ayuntamiento del nuevo pueblo de Salvochea, nombre con el que se independizó.

La delimitación del nuevo término tampoco estuvo exenta de polémica, así la aldea de Traslasierra quiso seguir perteneciendo a Zalamea como quedó reflejado en la sesión de 5 de Febrero de 1932 donde se dio cuenta de una carta que  los vecinos de esta aldea dirigieron al ministro de la Gobernación solicitando permanecer bajo su jurisdicción.

Quizá estos conflictos fueron el origen de una absurda rivalidad entre los habitantes de ambos pueblos, afortunadamente hoy superada.

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (I)

ACTAS CAPITULARES DEL ARCHIVO MUNICIPAL (I)

Las actas capitulares son los documentos del archivo municipal donde quedan registradas las deliberaciones y los acuerdos de los miembros de la corporación. Son documentos de gran interés ya que en ellas  aparecen datos acerca de la apreciación que los componentes del Ayuntamiento tuvieron de los hechos de la historia general o de las decisiones sobre acontecimientos que incidieron en la historia local. Su confrontación con los hechos ofrece siempre información interesante y en ocasiones hasta sorprendente.

Las primeras actas que se conservan, si exceptuamos la que aparece reflejada en el libro de las Ordenanzas Municipales de 1535, son de 1578 aunque desgraciadamente, al menos en el momento el que nosotros estuvimos estudiándolas, habían desaparecido precisamente las correspondientes al periodo del proceso de emancipación del arzobispado (1579-1592). Estas actas hubieran proporcionado datos  sobre como se vivió desde el cabildo aquel proceso. Otra cuestión que nos llamó poderosamente la atención fue que algunos miembros de la corporación municipal firmaban, especialmente en las primeras actas, con marcas o señales. La educación no estaba ni mucho menos generalizada y la lectura y la escritura estaba reservada para unos pocos, por lo que con frecuencia eran nombradas personas, hombres buenos, cristianos viejos y distinguidos,  que no dominaban el mecanismo de la lectura y la  escritura y probablemente dejaban constancia de su presencia con marcas o señales por considerarlas más identificativas de su persona, o con sus propios nombres que, más que escribir, dibujaban. 

 Pasaremos en este capítulo, y en otros que le seguirán, a referir algunos aspectos de su contenido que nos parece conveniente poner de relieve por su importancia o curiosidad.

 Uno de los asuntos que acaparó la atención de nuestros munícipes es el famoso litigio que se tuvo con Niebla y su lugar de Facanías (hoy Valverde del Camino) por la delimitación de los términos de ambas poblaciones y que se prolongó durante más de 400 años (para más información sobre este tema pulsar aquí) y de esta manera observamos como se registran en las actas  las quejas de algunos vecinos de Zalamea que denuncian a los de Valverde por mover de su posición los mojones o cuando en 1686 se acuerda incoar un proceso a 40 individuos que arrancaron dichos mojones de su lugar.

Igualmente se pone de manifiesto en ellas  las consecuencias de las sucesivas guerras que España mantuvo con Portugal porque,  aunque nuestro término, que sepamos,  no fue escenario de ninguna batalla sí sufrió el paso de los ejércitos españoles hacía la frontera con todo lo que ello acarreaba. Así leemos como en 1711 se hace constar que el conde de Peruela ordenó requisar todo el trigo del Pósito y se presentó en la villa con diez compañias de dragones para que fueran alojados en las casas, lo que dejó a la población en una situación de penuria tal que el concejo se vio forzado a vender unos terrenos comunales, el denominado valle de Campofrío, para hacer frente a la difícil situación económica en la que los militares habían dejado a los vecinos. No era cuestión de patriotismo, era cuestión de supervivencia.

En las actas capitulares podemos hacer también un seguimiento de cómo el pueblo hubo de enfrentarse a la suspensión de los privilegios otorgados por Felipe II – privilegios otorgados previo pago, naturalmente, de 15 cuentos (millones) 104.190 maravedíes, que tuvo embargado al pueblo durante más de dos siglos- ;  suspensión que se llevó  a cabo en varias ocasiones  a lo largo del siglo XVII y XVIII. Sucedía que los gobiernos de la nueva dinastía borbónica nada entendían  de aquellos antiguos privilegios y con frecuencia tomaban decisiones que contravenían lo establecido en aquel documento (apropiación de terrenos de propios, nombramientos de alcaldes mayores, concesión de minas) por lo que el concejo se veía obligado a nombrar procuradores que defendieran en la Real Audiencia y Chancillería de Granada  los derechos concedidos en aquella Carta de Privilegio firmada de puño y letra por Felipe II en Segovia el 15 de Junio de 1592. Por lo que sabemos, el algunos casos ganó el pleito Zalamea.

 

 Imagen de la foto: Acta capitular de 13 de julio de 1578. En ella se acuerda destituir a Franscico Pérez como cuadrillero de la Santa Hermandad y nombrar en su lugar a Pedro Vázquez, que está presente y acepta y jura el cargo. Obsérvese como algunos miembros de la corporación firman con marcas o señales. 

KRISTINA DE NORUEGA. LA PRINCESA VIKINGA

KRISTINA DE NORUEGA. LA PRINCESA VIKINGA

Este año las XI jornadas musulmano-cristianas han estado dedicadas a las relaciones que Castilla tuvo con Noruega en tiempos de Alfonso X, el mismo que firmó el privilegio rodado de 1279 referido a nuestro pueblo, y que figuradamente nos visita cada año durante el desarrollo de las jornadas que organiza la asociación CISTUS JARA. Hemos creído oportuno extendernos sobre este hecho aunque, sólo por esta circunstancia, tenga una lejana e indirecta  conexión con Zalamea.

Estas relaciones se materializaron en la boda de la princesa Cristina, hija del rey Haakon de Noruega con el infante Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X. La boda y el ajetreado desplazamiento de la princesa noruega hasta Castilla originó una leyenda que se difundió y caló profundamente en aquella época.

Según la leyenda se decía que Alfonso X  pretendía repudiar a su esposa Doña Violante, por su incapacidad para concebir descendencia. Buscó a otra joven y la encontró en la persona de Doña Cristina, hija del rey de Noruega, que partió para Castilla segura de su matrimonio. Pero como los viajes eran bastante lentos en aquel entonces, para cuando la noruega llegó al reino hispano, quiso el destino que la esposa del rey, Doña Violante quedara preñada y diera a luz a la infanta Berenguela (Violante tuvo diez hijos más), y Doña Cristina vio así frustrada su pretensión. Fue entonces un hermano del rey, el Infante Don Felipe de Castilla, quien la llevó al altar. La princesa noruega, “de bellos ojos azules como nuestro cielo, cabellos como nuestro sol, y tez como la nieve de los montes escandinavos” murió en 1262 sin dejar descendencia. 

En realidad la leyenda carece de fundamento. Aunque es cierto que Violante tardó en concebir, entre otras cosas porque casó con Alfonso a la edad de 10 años, en el momento de la partida de Cristina hacia Castilla, Violante ya le había dado varios hijos a Alfonso. Por otra parte su repudio hubiera supuesto un grave conflicto entre Castilla y Aragón, toda vez que Violante, o Yolanda, era hija del rey Jaime I el Conquistador.

En verdad el matrimonio entre Cristina y el infante castellano fue concertado en el contexto de los acuerdos entre Castilla y Noruega, que respondían a los intereses de ambos monarcas, Alfonso pretendía encontrar apoyos en Europa para coronarse emperador y Haakon, el rey Noruego, buscaba ampliar su ámbito comercial. En su viaje hacía Castilla, la princesa  pasó por Aragón y hay quien asegura que el rey Jaime I le llegó a ofrecer matrimonio. Finalmente se casó con el infante Felipe, hermano de Alfonso X, que había sido arzobispo de Sevilla, y abandonó su carrera eclesiástica para tomar los derroteros de la política y el primer paso fue su boda con Cristina de Noruega. El enlace tuvo lugar en Valladolid en 1258. La princesa vikinga murió tan solo cuatro años después sin dejar descendencia. Está enterrada en el Claustro de la Colegiata de San Cosme y San Damián, en Covarrubias (Burgos). No se conoce con certeza la causa de su muerte. Hoy existe una Fundación que tiene como objetivo recuperar su memoria y ha construido recientemente una capilla dedicada a San Olav en sus proximidades, como fue su deseo en vida. Diversos autores han publicado novelas de ficción histórica sobre este personaje.

Por cierto el arzobispo que  sucede al infante Felipe en la sede de Sevilla fue don Remondo de Losana, aquel que también nos visita cada año - también figuradamente, claro-  durante las jornadas, y que recibió del rey sabio el señorío de Zalamea.

 

Imagen de la foto: Sepulcro de la princesa Kristina de Noruega en Covarrubias.

THOLOS EN ZALAMEA LA REAL

THOLOS EN ZALAMEA LA REAL

Con motivo del descubrimiento de un nuevo tholo en la finca de Las Esparragueras en Zalamea la Real, que se suma a los dos anteriores descubiertos por nosotros en nuestro término, queremos aprovechar para hacer unas consideraciones acerca de este tipo de sepulcros y las influencias de otros pueblos que llegaron a nuestro zona en el III milenio antes de Jesucristo.

Se trata de un tipo de enterramiento diferente a los que encontramos en El Pozuelo y denotan influencias orientales en la cultura que se desarrolló en este término en la época que nos ocupa.

Corresponden al tipo de corredor y cámara circular, con falsa cúpula formada por aproximación de hiladas a base de riñones de pizarras cámbricas y ortostatos en lugar de mampostería.

Aunque los tres presentan el túmulo y el anillo peristalítico muy deteriorados, cuentan con ambas estructuras como los dólmenes de galería.

-Sus paralelos arquitectónicos, aparte de encontrarlos en la misma región suroeste de la península ibérica, hemos de señalarlo en el círculo egeo-anatólico, donde se encuentran los prototipos de este género de sepulcros. Los contactos con estas culturas debieron realizarse por vía marítima, además de los que se produjeran desde el sureste peninsular, buscando las minas de la comarca.

Aunque apenas se les conoce ajuar, debido a las reiteradas expoliaciones, por paralelos en la provincia y por una azuela hallada en uno de ellos, todo hace pensar que sería el típico de los sepulcros de falsa cúpula.

Hasta ahora se encontraban localizados dos en nuestro término término, uno en el Villar y el segundo en el Buitrón. A ellos hay que añadir este nuevo encontrado en la finca de Las Esparragueras.

Todas ellos están en la ladera de un monte. Todos presentan una cámara circular y un corredor relativamente pequeño, aunque en el de Las Esparragueras éste casi ha desaparecido. Se encuentran en zonas agrícolas, igual que sus hermanos de la provincia. Son los primeros que se hallan cerca de enclaves mineros.

Las minas fueron el reflejo de una intensa relación con distintos mundos culturales, constituyendo un punto de convergencia de diferentes corrientes que han ejercido su influencia sobre los pueblos indígenas, modificando su cultura y su vida.

Cabe considerar que los sepulcros de cúpula del S.O. representan una etapa más tardía del megalitismo. No obstante evidencian una notable diferencia cultural con respecto a las estructuras megalíticas.  

 

Imagen de la foto: Restos de uno de los tholos hallados en nuestro término. 

 

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de león