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ZALAMEA LA REAL - HISTORIA

ALGUNOS DATOS SOBRE EPIDEMIAS EN ZALAMEA LA REAL

ALGUNOS DATOS SOBRE EPIDEMIAS EN ZALAMEA LA REAL

No pretendemos hacer un trabajo exhaustivo en este artículo de las epidemias que se han producido en nuestro pueblo a lo largo de la historia, sino señalar las más significativa que han tenido lugar y  aportar algunos datos que de una manera u otra se han reflejado en los documentos que hemos manejado.

Son fundamentalmente tres: la peste bubónica, conocida en la Edad Medía como peste negra y que se caracterizaba por fiebre alta, dolores de cabeza y articulaciones, escalofrío y la aparición de los llamados “bubones”, que no eran más que la inflamación purulenta de los ganglios, que solían convertirse en úlceras, pudiendo provocar una septicemia que desembocaba en la muerte. La enfermedad era transmitida por la pulga de la rata. Una variante de la peste era la neumónica, muy contagiosa, que afectaba a los pulmones y se transmitía por vía aérea. Fue una de las pandemias más temidas en la Edad Media, habiendo causado millones de muertes; en algunos casos llegó a reducir la población de algunos países afectados en una tercera parte. Su aparición en un pueblo o ciudad causaba tal estado de terror que hacía que muchos de sus habitantes, si sus medios se lo permitían, huyeran a refugiarse en el campo.

La segunda a la que nos referiremos era el cólera morbo. Fue otra de las más extendidas durante la Edad Media y Moderna. Afectaba al aparato digestivo y sus síntomas eran vómitos y diarreas extremas, pudiendo desembocar en la muerte en menos de una semana. Era muy propia de zonas de clima cálido y se extendía con rapidez por contaminación con residuos fecales de las fuentes de agua potable que no estaban  sujetas en aquellos tiempos a control ni desinfección. Producía, igualmente, un estado de alarma generalizada.

La tercera epidemia que nos ocupa fue la gripe. Aunque esta enfermedad era conocida desde antiguo fue identificada como “gripe española” a principios del siglo XX. Se sabe que la gripe tenía en ese tiempo una gran virulencia y causaba una elevada mortandad. Aunque se le dio el adjetivo de española, en realidad  no se originó en España sino que procedía de Asia y los primeros casos en Europa se dieron en Francia de donde pasó a España. Fue denominada de ese modo porque en nuestro país no se censuró la publicación de los informes sobre esta enfermedad, contrariamente a lo que se hizo en el resto de Europa, donde por cuestiones políticas no se informó de las consecuencias de la enfermedad (acababa de terminar la I Guerra mundial y los gobiernos no quisieron alarmar a la población ni que se pensara que era un efecto de la misma) con lo que a nivel sanitario dio la impresión que fue España el único país afectado.

Pasando ya a los datos que hemos hallado sobre epidemias en nuestro pueblo, podemos decir que los primeros de los que disponemos apuntan a una epidemia de peste entre 1422 y 1425. De hecho según las reglas de la antigua hermandad de San Vicente esa fue la causa  por la que se eligió a este santo como patrón de Zalamea, con el fin de que intercediera ante Dios para que protegiera a nuestros antepasados. Ante el desconocimiento de la causa de la enfermedad y de su  tratamiento, se tenía la convicción de que estas epidemias eran algún castigo divino y se recurría a la religión como remedio. La de estos años debió de tratarse de una fuerte epidemia que causó estragos en la población zalameña.

En 1649, hubo otra epidemia de peste bubónica que se  había extendido por toda Andalucía y que también afectó a Zalamea.

Los brotes epidémicos motivaban por lo general que la corporación constituyera Juntas de Sanidad específicas que abordaran la crisis y tomara las medidas preventivas o de remedio que fueran necesarias. En algunos casos se llegó a prohibir la circulación de personas durante un cierto periodo de tiempo, lo que hoy llamamos una cuarentena.

Así lo vemos en  1799 cuando se produjeron algunos brotes de peste en Sevilla y Cádiz, hecho que provocó que se formara una Junta de Sanidad, aunque por fortuna, al parecer, no llegó a afectar a nuestro pueblo.

En 1804, se constituyó otra Junta de Sanidad que evidentemente fue reflejo de la existencia de una epidemia o del temor al riesgo de que se produjera. Los datos hacen referencia a unos contagios indeterminados  producidos por escasez de alimentos. No hay que olvidar que los periodos de hambruna estaban asociados a la aparición de epidemias puesto que los deficits alimentarios producen un debilitamiento de las defensas del organismo.

En 1819 se produce otra epidemia en nuestro pueblo, aunque en este caso no se determina de qué tipo

A finales del primer tercio del siglo XIX, entre 1833 y 1834, hay en toda Andalucía una epidemia de cólera morbo que tuvo también sus consecuencias en Zalamea y que causó un número elevado de muertes.

En 1855 hubo otra gran epidemia a nivel nacional, que dejó su reflejo también en nuestro pueblo. La aparición de otro brote en 1890 llevó a la corporación municipal a aumentar el número de médicos para atender a los afectados.

La gran epidemia  de la denominada gripe española, que afecto como ya dijimos a España y a toda Europa a principios del siglo XX, tuvo su reflejo, así mismo, en nuestro pueblo en 1918.

La preocupación por tomar las medidas necesarias para prevenir cualquier tipo de epidemia  quedo materializada en las Ordenanzas de 1914, donde se dedica un capítulo completo a regular las actuaciones que debían llevarse a cabo; todo ello en un tiempo en que la sanidad  dependía aún de los ayuntamientos.

Hemos podidos constatar, por último, que todas la epidemias de las que hemos encontrado referencia coinciden con aquellas que se produjeron también a nivel nacional. Cosa lógica por otra parte porque, aunque en ocasiones se producían brotes locales, lo común es que los brotes epidémicos afectaran a grandes áreas geográficas.

Será cuestión, mas adelante, de profundizar en algunas de ellas

 

Manuel Domínguez Cornejo     Antonio Domínguez Pérez de León

 

 

 

VEINTE AÑOS DE "REAL" HERMANDAD

VEINTE AÑOS DE "REAL" HERMANDAD

Aunque aquellas personas próximas a la Junta de Gobierno de la Hermandad de Penitencia y las que tienen o han tenido algún vínculo con ella conocen la razón de por qué hoy esta hermandad ostenta el calificativo de “Real”, es cierto que una inmensa mayoría desconoce el origen de este apelativo  y es común el error de creer que se le aplica por extensión del que tiene el nombre del pueblo.

 No existe ninguna relación entre ambas circunstancias. Como bien es sabido, el adjetivo “Real” que sigue al nombre de Zalamea tiene su origen en 1592, al pasar nuestro pueblo de pertenecer  al arzobispado de Sevilla  a ser villa de realengo de acuerdo con el privilegio otorgado por Felipe II en aquel año.

El motivo de llamarse  “Real” la Hermandad de Penitencia es otro muy distinto y se obtiene hace ahora justamente 20 años y fue consecuencia de un proceso, al que modestamente contribuimos, y que vamos a recordar someramente.

 El día 15 de julio de 1994 la Junta de Gobierno de la Hermandad de Penitencia, presidida en aquel momento por Don Pedro Borrallo Domínguez, hermano mayor, acuerda solicitar a S. M. Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, rey de España, que aceptase el nombramiento  de Hermano Mayor Honorario y poder ostentar esta hermandad el título de “Real” por atribución.

Meses después, la Casa Real, responde en una carta de la Secretaría General, con fecha de 30 de noviembre de 1994, en la que se nos pide datos históricos de la Hermandad de Penitencia , estatutos por los que se rige, actividades que lleva a cabo y las relaciones que pudiera tener con la casa real, así como cuanta documentación pudiera acreditar el hecho de  ostentar aquel privilegio.

De forma inmediata nos pusimos a trabajar impulsados por la Junta de Gobierno y su hermano mayor a la cabeza. Después de un tiempo de recopilación y elaboración de los datos solicitados, el 14 de febrero de 1995 se le remite un dossier con los documentos solicitados. En él se incluía una relación de los hechos históricos acerca de los orígenes de la Semana Santa de Zalamea y de todos los elementos que la componen, Hermandad de la Vera Cruz, La Vía Sacra y la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. Así mismo se le envía una relación de todas la actividades que realiza y promueve y que no se limitan a las procesiones de Semana Santa, sino también quinarios, triduos, pregón, conferencias, etc. Para argumentar su relación con la institución real se le expuso todo el proceso de emancipación de Zalamea del  arzobispado de Sevilla y su adhesión a la corona y se le refirió la carta de privilegios otorgada por Felipe II en 1592. Todo ello acompañado de copias de las actas capitulares y cartas relacionadas con la fundación de la Vía Sacra, del libro de acuerdos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, así como copias de las reglas y copia de la propia carta de privilegio de 1592 con la firma autógrafa de Felipe II.

Como respuesta a todo esto,  el 22 de marzo de 1995, el Jefe de la Casa de S,M. el Rey remite al hermano mayor de la Hermandad de Penitencia  una credencial en la  que consta que el Rey ha aceptado el nombramiento. Por tanto a partir de ese momento, como efecto de ese acuerdo nuestra Hermandad de Penitencia comienza a denominarse:

Real y Fervorosa Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Sangre, Santísimo Cristo Yacente, María Santísima de los Dolores, Nuestra Señora de la Soledad  y San Juan Evangelista”. 

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

EL INFORME DE 1770. DATOS SOBRE LOS ORÍGENES DE LA SEMANA SANTA

EL INFORME DE 1770. DATOS SOBRE LOS ORÍGENES DE LA SEMANA SANTA

En el archivo municipal se encuentra un documento de singular interés fechado en 1770, que arroja luces sobre el origen de las manifestaciones religiosas de nuestra Semana Santa y su continuidad en el tiempo.

 El documento en cuestión es un informe elaborado para dar cumplimiento a una orden de 13 de octubre de 1770, recibida en Zalamea el 25 de ese mismo mes, el que se piden datos sobre las hermandades, cofradías o gremios, fiestas de la Iglesia y exteriores, expresando las que tienen aprobación de su majestad y sólo de la eclesiástica. En el se hace una relación pormenorizada de todas las cofradías y hermandades que existen en el pueblo, indicando las celebraciones que se llevan a cabo a lo largo del año, así como los gastos que ocasionan.

 Antes de continuar conviene aclarar algunos conceptos. Aunque hoy en día la palabra cofradía, en su aspecto religioso, se suele relacionar con las procesiones de Semana Santa, este término tiene, sin embargo un significado más amplio. En aquel tiempo se entendía como tal toda asociación de caridad o piadosa, de carácter eclesiástico, cuyo fin era acrecentar el culto público de alguna veneración. Normalmente se colocaban bajo la advocación de un santo cuyo culto pretendían proclamar. Socialmente no las había sólo de carácter religioso, existían también las profesionales o gremiales. La hermandad, en tanto, se consideraba como una congregación de devotos pudiéndose entender como sinónimo de cofradía.

 El documento hace  mención, así mismo, a cofradías y hermandades que no tienen relación en absoluto con nuestra Semana Santa y al ofrecer datos de las fechas en las que realizaban sus celebraciones y los gastos que destinaban a ella, dan una idea bastante viva y completa de las fiestas que tenían lugar en Zalamea y sus aldeas, hace 245 años ya que en aquella época eran prácticamente todas de carácter religioso, excepción hecha de las carnestolendas, es decir los carnavales, que no estaban por aquel entonces, ni reconocidas ni bien vistas oficialmente por ser fiestas paganas, aunque muy populares por ser la despedida del periodo previo a la abstinencia propia de la cuaresma.

 Así el informa relaciona un total de 13 cofradías y hermandades en el pueblo y 5 en el Villar, 1 en el Buitrón, 3 en El Pozuelo, 6 en la aldea de Riotinto, la actual Nerva, en aquel tiempo dependiente de Zalamea, y 6 en Las Delgadas. Como puede comprobarse había una gran actividad religiosa en las aldeas.

 En relación con nuestra Semana Santa, que es el tema que ahora nos ocupa, menciona la existencia de la Hermandad de la Vera Cruz y la Cofradía de Jesús Nazareno. Con respecto a la primera dice que realizaba dos funciones al año, gastando en ellas 300 reales de vellón, el equivalente hoy a unos 4.200 €, las dos funciones son: la procesión de la madrugada del Viernes Santo con el Cristo de la Sangre acompañado de sus hermanos de sangre, vestidos con túnica blanca y torso descubierto y los hermanos de luz con túnica negra y velas encendidas, y la fiesta de la Cruz de Mayo. Por cierto, en El Villar, Riotinto y Las Delgadas tenían su propia hermandad d e la Vera Cruz.

 La cofradía de Jesús Nazareno, con reglas aprobadas por el eclesiástico, realizaba dos funciones al año, el día de la circuncisión de Jesús, en honos a su nombre; recordemos que en la tradición judía la circuncisión tiene lugar seis días después del nacimiento del niño, por tanto la de Jesús se realiza el 1 de Enero. La segunda función de esta cofradía tiene lugar el Jueves Santo, sacando en procesión la imagen de Jesús Nazareno. A ambas se destinaban un total de 260 reales, alrededor de 3600 € actuales.

 La mención en este informe de estas cofradías y hermandades no tendría mayor significación al ser históricamente conocidas si no fuese por las fechas en que se produce, 1770. De esta manera tiene a corroborar que la hermandad de la Vera  Cruz, fundada en 1580, y cuya continuidad había sido puesta en duda, seguía existiendo 200 años más tarde y además celebrando la procesión del Viernes Santo en la madrugada.

 Por otra parte al hablar de la cofradía de Jesús Nazareno, confirma que esta congregación ya existía antes de 1865 y que efectivamente la que se creó en esta fecha fue una refundación, como así mismo se reconoce en el libro de acuerdos, pero igualmente se había dudado de ese extremo al no tener noticias documentales de su existencia.

 Por tanto hoy podemos decir, con toda seguridad que los elementos fundamentales que dieron origen a nuestra Semana Santa tenían lugar ya en el siglo XVIII. La Vía Sacra, que no es mencionada en el informe porque se fundó seis años más tarde de redactarse el mismo, en 1776, la procesión del Jueves Santo y la de la madrugada del Viernes, esta desde 1580.

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

127 ANIVERSARIO DEL AÑO DE LOS TIROS

127 ANIVERSARIO DEL AÑO DE LOS TIROS

(Plaza del antiguo pueblo de Riotinto donde tuvo lugar la manifestación)

Se cumplen ahora exactamente 127 años de lo que se ha dado en llamar el “Año de los Tiros”. Ocurrió el 4 de Febrero de 1888, era sábado y a las 16,30 de la tarde, aproximadamente, los soldados del regimiento de Pavía desplazados al antiguo pueblo de Riotinto (conocido como la Mina Abajo) disparó a bocajarro sobre una imponente manifestación pacífica compuesta por personas venidas desde Zalamea, El Valle y Nerva que protestaban por los daños causados en los campos y en la salud por los humos de las teleras y reclamaban mejores condiciones laborales. Como consecuencia de ello decenas de personas perdieron su vida  en la plaza y muchas otras murieron después como consecuencia de las heridas.

Zalamea tuvo un destacado protagonismo en aquellos hechos y los sucesos ocurridos aquel día quedaron grabados en la memoria colectiva de nuestro pueblo durante mucho tiempo, aunque últimamente parece difuminarse.

Queremos desde aquí conmemorar el aniversario de este suceso y rendir homenaje a las víctimas reproduciendo un artículo que publicamos ya hace algún tiempo y que creemos refleja muy bien las sensaciones vividas en aquellos días:

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LA SEMANA SANTA DEL AÑO DE LOS TIROS. MEMORIAS DE UN COFRADE

Hoy viernes, 6 de abril de 1888, al regresar de la Vía Sacra, me he decidido a escribir estas líneas para dejar testimonio de mis vivencias a lo largo de estos últimos días. La imponente manifestación religiosa a la que acabo de asistir trae a mi memoria otra de la que apenas han transcurrido dos meses desde que sucedió. Aún padezco las secuelas de aquella primera en la que resulté herido, siento en mi pierna la horrible sensación de quemazón que tuve cuando la bala que salió del fusil de aquellos que decían defender el orden atravesó el muslo de mi pierna izquierda, pero en aquel momento, mientras me arrastraba para ocultarme entre las callejuelas de Riotinto y cuando a duras penas, ayudado por mi amigo Manuel Márquez López, conseguí llegar a Zalamea casi desangrado, elevé una oración a Nuestro Padre Jesús Nazareno y prometí que si salía con bien de aquel trance acudiría a la procesión del jueves santo, tras la imagen que tanto he venerado. 

Gracias a Dios, Nuestro Señor, pude ver pasar aquel fatídico 4 de Febrero; luego, en los días que siguieron, María Santísima de la Soledad, a la que tanta fe he demostrado, debió cubrirme con su manto protector porque gracias a ella pude sobrevivir a las fiebres que me produjo aquella herida y a tantas noches de delirio y de temor que se sucedieron durante los días de convalecencia. Quizá por Ella me libré de los interrogatorios que tuvieron lugar después de aquel día. Por los amigos que me visitaron supe de tantos y tantos vecinos y compañeros que hoy no pueden contarlo, sentí en lo más profundo de mi alma la noticia de aquellos que jamás regresaron. 

Hoy, mientras cantaba en la ermita del sepulcro el Perdón, eché en falta a aquellos que vinieron otros años, José Lancha López, que dejó su vida en la plaza ante el Ayuntamiento del pueblo de Riotinto, a Mateo Serrano Zarza, que aún se debate entre la vida y la muerte con el estómago destrozado por una bala criminal o a Miguel Librero, herido también y al que visité hace unos días. Junto a su lecho recordamos el miedo y el desconcierto que sentimos en aquel momento. 

Al regresar a mi casa, me reafirmé en el propósito, desoyendo el consejo de familiares y amigos, de asistir y participar en todos los actos de esta Semana Santa para el engrandecimiento de nuestra Sagrada Religión, ofreciéndolo en honor de todos aquellos que han perdido su vida o fueron heridos aquel 4 de Febrero. 

El 25 de Marzo de este mismo año, asistí a la reunión de la Junta de Hermanos de la Cofradía. En ella se acordó que cada uno de los componentes de la Hermandad aportara dos pesetas para destinarlas a sufragar los costes de la procesión, del sermón, de la música, de la cera y demás gastos que se derivaran. Aunque para mí estas dos pesetas han supuesto un gran esfuerzo, he contribuido gustosamente con el fin de glorificar a Dios Nuestro Señor, recordando su Pasión y Muerte, la misma que han tenido todos aquellos que no han podido estar aquí estos días. Con la ausencia del hermano mayor, José González, que marchó a Madrid para evitar ser detenido y poder defender los intereses del pueblo del que hasta hace poco tiempo ha sido alcalde, se celebró la reunión en la que acordamos la organización de los actos de esta semana Santa y en la que admitimos a un nuevo hermano. Así mismo, Antonio Mantero, nos informó de las dificultades que tendríamos, con su proverbial eficiencia como secretario de la cofradía. 

Ayer jueves, 5 de Abril, con túnica de hermano y los pies descalzos, en cumplimiento de mi promesa, acudí a la procesión, sufriendo los rigores del trayecto. En los momentos que sentía que las fuerzas me abandonaban, la contemplación de la imágenes de Nuestro Señor y de su Madre y el recuerdo de su Pasión, empequeñecían mi dolor y mi propio sufrimiento, dándome ánimos para seguir. La imagen tenuemente iluminada por la luz de los candelabros en la oscuridad de las calles de Zalamea componían una hermosa escena que me hizo sentir orgulloso de pertenecer a este noble pueblo, que unos meses antes defendió valientemente sus campos de la devastadora “manta” de humos y que en estos días se une para rendir veneración a Nuestro Señor en su Pasión. 

Este año la banda de música no ha sonado de igual forma que en los anteriores, muchos de sus instrumentos y los que los portaban quedaron en el suelo de la plaza del vecino pueblo.

 Hoy viernes, 6 de abril, he asistido a la Vía Sacra, la corneta y la esquila nos concentró, como desde hace más de 100 años ante la puerta de la Iglesia; el silencio esta vez ha sido más profundo. Apoyado en el hombro de Vicente Pérez García he seguido los pasos de la Cruz de guía por las calles apenas alumbradas  en algunas esquinas por los faroles de petróleo. Ante  mí caminaba Juan Antonio López, al que ignominiosamente han acusado de ser uno de los instigadores de la manifestación. Estoy convencido de que nuestro Padre Jesús Nazareno tendrá a su lado  a aquellos que hoy no han podido estar con nosotros.

 Al ver a tantos vecinos y amigos en esta conmovedora muestra de fe en la muerte y resurrección de Cristo me ha parecido oír los disparos de aquel trágico día, disparos que aún retumban en mis oídos y que seguirán haciéndolo durante mucho tiempo.

 Cuando termino de escribir estas líneas las lágrimas inundan mis ojos y ante mí desfilan las horrorosas imágenes de muerte y sufrimiento vividas  el pasado 4 de Febrero de 1888.

Que Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Soledad nos protejan.

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 Esta narración y el personaje que la hace son imaginarios, sin embargo los hechos y las personas que se mencionan en ella son totalmente reales.

 La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Soledad, reorganizada en 1865, celebró efectivamente el 25 de Marzo de 1888 una Junta de Hermanos para programar los actos de la Semana Santa de aquel año. Los 41 hermanos que la componían aportaron 82 pesetas para sufragar los gastos.

 José González Domínguez fue alcalde de Zalamea hasta el 8 de Marzo de 1888 y hermano mayor de la cofradía. Encabezó la manifestación, junto a Lorenzo Serrano y Ordóñez Rincón, que salió de Zalamea en dirección a Riotinto.

 Antonio Mantero fue secretario de la cofradía durante más de quince años.

 Juan Antonio López fue acusado como principal instigador de los hechos de 1888.

 José Lancha López murió como consecuencia de los disparos de las fuerzas del orden público aquel 4 de Febrero.

 Mateo Serrano Zarza fue herido en el vientre por una bala.

 Miguel Librero sufrió igualmente heridas de bala.

 Manuel Márquez López fue admitido como hermano de la cofradía el 25 de marzo de 1888.

Vicente Pérez García fue admitido también como hermano un mes más tarde.

 La banda de música que acompañó aquel año a la procesión no pudo contar con todos sus integrantes. Iba al frente de la manifestación que salió de Zalamea y según cuenta la tradición muchos de sus miembros murieron o fueron heridos aquella tarde del sábado 4 de Febrero en Riotinto

 La Semana Santa de 1888 fue especialmente triste; en la mente de los zalameños estaban vivos aún los sucesos ocurridos dos meses antes.

Manuel Domínguez Cornejo         Antonio Domínguez Pérez de León

(Los interesados en conocer con más detalle los hechos del año de los tiros pueden consultar la serie de  10 artículos publicados en esta misma blog en marzo de 2010, pulsando aquí)

 

CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO DE LA ELECCIÓN DE SAN VICENTE COMO PATRÓN DE ZALAMEA

CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO DE LA ELECCIÓN DE SAN VICENTE COMO PATRÓN DE ZALAMEA

Mucho se ha escrito sobre la elección de San Vicente como patrón de Zalamea, pero poco o nada se ha profundizado en el contexto en el que se produce la elección de este santo en nuestro pueblo, conocido en aquel momento como Zalamea del Arzobispo.

Empezaremos por recordar que la península ibérica estaba entonces dividida en cinco grandes reinos, cada uno de ellos con sus respectivos monarcas: Portugal, Navarra, Aragón, Granada y Castilla que por aquel entonces ya había integrado el antiguo reino de León. Y este último reino, Castilla,  es el que nos interesa por ser en el que se encontraba encuadrado nuestro pueblo. En el año en que se produjo la elección del santo reinaba en él Juan II, padre de la que la después llegaría a ser Isabel I de Castilla, que junto con su esposo Fernando de Aragón formaría la pareja conocida como Reyes Católicos

Estamos en plena Edad Media y apenas hacía 150  años que aquel pequeño lugar, nombrado antes  por los musulmanes como Shalamya, había sido conquistado por los cristianos, que castellanizaron su nombre para denominarlo Zalamea, y ser cedido después como señorío al Arzobispado de Sevilla.

En aquel año, la sede arzobispal estaba siendo administrada por un fraile al haber sido suspendido temporalmente su titular, Don Diego de Anaya y Maldonado, por un litigio que tuvo con el cabildo de la catedral.

Desgraciadamente la escasez de documentos nos obliga a elaborar  conjeturas sobre cuál era la situación social y económica de nuestro pueblo. Para ello hay que recurrir al análisis de los abundantes estudios que hay del contexto  y a los escasos indicios aportados por algunos documentos. En 1425, aunque suponemos que existían aún  restos de población musulmana y judía, la población cristiana se había impuesto en el término gracias a  las sucesivas repoblaciones  de castellanos y leoneses que fueron llegando desde su reconquista. Zalamea había adquirido ya la categoría de villa como parece desprenderse del real despacho de 1408 que firmó el rey Juan II sobre las dehesas de propios y como así consta en las mismas reglas de la hermandad:

 “ En la villa de Çalamea en veynte y quatro días deel mes de março de mil y cuatrocientos y veinte y cinco años…””

  Se trataba entonces de un pequeño pueblo que apenas llegaría a  los cien vecinos, puede que algo más si añadimos  la población de las aldeas, como se puede inferir de los datos generales de población para la época (a efectos de censo un vecino equivalía entonces a toda la familia ocupante de una casa). Basaba su economía en la explotación agrícola y ganadera, tanto de las heredades que disfrutaban los descendientes de algunos repobladores a título particular, generalmente situadas en las proximidades de los núcleos habitados, como de los numerosos e importantes bienes de propios o comunales. Contaba entonces el pueblo con una Iglesia formada por dos naves que estaría situada sobre el espacio que hoy ocupan la sacristía y el presbiterio de nuestro templo parroquial y una pequeña torre culminada por un campanario, de apariencia muy distinta a la actual. Sabemos también que existía extramuros una ermita dedicada al culto de Santa María de Ureña, hoy dedicada a San Blas. Las calles que constituían aquella primitiva villa  se corresponderían con las actuales calles de la Plaza, La Iglesia, Hospital, Olmos, Castillo y Don Manuel Serrano. Contaba además con otros núcleos de población extendidos por el término que administraba, como eran el Buitrón, El Pozuelo, Marigenta, Membrillo, Buitroncillo, El Villar, Abiud, El Monte de El Campillo, El Monte de Alonso Romero y Santa María de Riotinto. El terreno que administraba se extendía desde el río Tinto hasta el rio Odiel y limitaba al sur con el condado de Niebla, al que pertenecía entonces un pequeño lugar llamado Facanías, que más tarde se convertiría en Valverde de Camino. Al norte limitaba con otra antigua villa conocida como Almonaster que con el tiempo compartiría con Zalamea un mismo destino histórico, razón por la cual hoy ambas tienen el apelativo de “la Real”

Se regía entonces el pueblo por dos alcaldes ordinarios  auxiliados por un alguacil, un escribano público y un mayordomo, nombrados por un año, todos bajo la autoridad de un alcalde mayor que representaba y defendía los intereses del arzobispo, señor de Zalamea.

Las decisiones sobre el uso y administración de los bienes comunales, sobre los asuntos de vida y costumbres y el gobierno municipal  se tomaban en un concejo abierto para el que se reunía a todos los vecinos varones, cristianos viejos, a toque de campana  para acordar conjuntamente  las medidas que luego debían ejecutar los alcaldes. Por lo general se celebraban los domingos después de misa.

La religión era el centro alrededor del cual giraba la vida de los zalameños,  así como sus fiestas y sus costumbres; el ritmo de la vida cotidiana venía marcada por los toques de campana de los oficios religiosos y llamadas a la oración.

El índice de mortalidad era muy elevado, la esperanza de vida estaba entre los 45 y 50 años y con frecuencia se producían epidemias que asolaban a la población y provocaban un descenso demográfico que, en ocasiones, traía consigo una graves crisis económica por falta de mano de obra. Y al parecer una de estas epidemias fue el motivo de la decisión de tomar formalmente a un santo como patrón de Zalamea. Ante el desconocimiento de la causa y de remedios sanitarios eficaces el pueblo se refugiaba en la religión como única protección frente a la enfermedad.

Sabemos por las mismas reglas de la hermandad que en aquel 1425, Zalamea y sus lugares “comarcanos” estaban siendo asolados por una epidemia de peste:

“… Por que Dios nuestro Señor a dado mucha peste en esta villa y su término…”

 Hoy no podemos saber si aquella epidemia a la que hacen referencia las antiguas reglas de la hermandad fue de peste bubónica, la temida peste negra, o cualquier otra, ya que en la Edad Media se denominaba con el nombre de peste o pestilencia a cualquier epidemia que causara mortandad. Pudo tratarse de una epidemia de gripe o de viruela o quizá, no es descartable, de esa terrible peste negra que tantos estragos causó en la población de la Edad Media. Conocemos que fue especialmente virulenta la que se produjo en 1422 en el suroeste peninsular, así que puede que se tratara de esta misma que aún se hiciera sentir tres años después o de un brote local de los que tanto se produjeron a lo largo del siglo XV. Lo cierto es que los zalameños padecieron en aquellos momentos  una epidemia que les infringía enormes sufrimientos. Se acude entonces a  elegir un santo que interceda para aplacar la ira del Todopoderoso:

            “…que por que Dios Nuestro señor aPlaque la dicha pestilencia…”

 La elección se produjo, según todos los indicios, en un concejo abierto que tuvo lugar probablemente en la puerta de la iglesia, donde a toque de campana son convocados todos los vecinos y moradores varones de la villa, que con seguridad habían sido advertidos previamente a través del pregonero, mandándoseles aviso igualmente a los de las aldeas, De esta manera, en presencia del escribano público y ante el cura de aquella primitiva iglesia,  siguiendo el ritual de introducir todos los nombres de los santos de las letanías en un cántaro, según se narra al principio de las antiguas reglas de la hermandad, un niño extrae por tres veces consecutivas la cédula con el nombre de San Vicente, visto lo cual fue acordado elegirlo como patrón de Zalamea:

            “…y viendo los vecinos que Dios Nuestro Señor les dava por patrón y avogado ael gloriosso San bicente, Prometiron dehacer la hechura de el bien abenturado SSanto y de hacerle su Hermita y Hermandad..”

 Nada podemos añadir hoy acerca de la certeza del hecho protagonizado por aquel niño; no obstante, ya hemos hablado en otras ocasiones  que son numerosos los indicios que apuntan a que  el culto a San Vicente estaba bastante arraigado  en Zalamea mucho antes de aquella fecha. Fue el 24 de Marzo de 1425, seguramente un domingo, o quizás un jueves o un sábado, -los sistemas de conversión de fechas anteriores a 1582, año de establecimiento del calendario gregoriano, son imprecisos –,  pero el caso es que desde entonces, y ese es un hecho incontestable, Zalamea ha venido venerando a San Vicente ininterrumpidamente como su santo patrón.

Y van ya 590 años.

 Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

Imagen de la foto:

Procesión de San Vicente de principio del siglo XX. (Archivo de Pastor Cornejo)

LA FERIA. EL NACIMIENTO DE NUESTRA FIESTA MAYOR

LA FERIA. EL NACIMIENTO DE NUESTRA FIESTA MAYOR

Durante el segundo tercio del siglo XIX se produjo el nacimiento de lo que hoy es nuestra fiesta mayor, la feria. Veamos como ocurrió.

En el año 1842, cuando Zalamea mantenía aún un marcado carácter agrícola y ganadero y con el fin de potenciar las transacciones comerciales de los productos generados en el campo, así como para evitar que los beneficios que estos pudieran generar se marchasen a otros pueblos limítrofes que ya tenían la suya propia, la corporación municipal acuerda el 5 de octubre solicitar autorización para la celebración de una feria de ganado en los días 18, 19 y 20 del mes de septiembre. El mes elegido es un claro indicativo del carácter agropecuario de la festividad . Se celebró por primera vez al año siguiente, en 1843 y el lugar elegido para llevarla a cabo fueron las cercanías de la ermita de San Vicente. En este primer año se dio a conocer en los pueblos próximos enviándoseles carteles anunciadores con el fin de promocionarla. En sus inicios no fue concebida como hoy la conocemos, digamos que esto fue una consecuencia de lo anterior. En sus inicios la feria se celebraba en torno a las transacciones de ganado que se hacían por la mañana, teniendo lugar por la noche unos festejos que servían de distracción tanto a los lugareños como a los forasteros que afluían al pueblo y paulatinamente fueron apareciendo puestos y atracciones que contribuían al esplendor de la feria.  Durante ella se repartían alimentos a los más necesitados. Mas tarde la feria de ganados se trasladó al Pilar de la Indias y posteriormente al  Pilar Viejo.

La construcción de una plaza de toros en 1879 vino a dar mayor realce a los festejos, ya que aunque con anterioridad se “corrían toros” , el disponer de un  coso taurino adecuado a los nuevos tiempos vino a dar mayor importancia y formalidad a estos actos. En 1892, el ayuntamiento accedió a la petición del entonces arrendatario de la plaza para que se le concediese una subvención con la finalidad de que el cartel fuera de prestigio y así se consiguiera aumentar la afluencia de aficionados y visitantes a la feria. Como vemos la costumbre de subvencionar las corridas de toros nos es reciente.

Con el tiempo la fiesta nocturna fue adquiriendo relevancia, añadiéndosele alumbrado y fuegos artificiales durante los tres días.

En 1894 se acordó cambiar la fecha de la feria y trasladarla al mes de julio para evitar los riesgos del clima en septiembre y también para facilitar la asistencia de los lugareños ausentes, experimento que no tuvo excesivo éxito ya que dos años más tarde  se decidió regresarla a su fecha habitual. El 10 de Agosto de 1900 se pensó de nuevo cambiar los días de feria para que ésta se iniciara el sábado siguiente al 17 de septiembre. Y así siguió hasta la década de los setenta del siglo XX. Ya entonces la feria había adquirido el configuración de 5 días comenzando el sábado y terminando el miércoles.

Un dato anecdótico que ilustra la intención del ayuntamiento en dotar de atractivo  la fiesta es la decisión que se tomó en 1917 para contratar un aparato cinematográfico que sirviera de distracción y entretenimiento, hecho que por sí solo es innovador dado que el cine estaba dando en aquellos momentos sus primeros pasos.  Según las noticias que tenemos, después de la guerra civil no volvió a celebrarse más la feria de ganado aunque pudieran llevarse a cabo algunas transacciones de este tipo, pero que ya no constituían el objetivo de la fiesta. Sin embargo el que su origen fuese ése es la causa de que aún hoy se siga denominando feria y fiestas, feria de ganado y fiesta nocturna e igualmente la causa de que perdure la tradición de celebrarse tanto por la mañana y mediodía como por la noche. Con el transcurso de los años fue creciendo añadiéndose todos los atractivos de una fiesta moderna.

Una curiosidad digna de reseñar fue la celebración de lo que antiguamente se denominaba el “día del lobo”.Se trataba de una pequeña fiesta que tenía lugar el sábado siguiente a la  terminación de la feria, organizada por los camareros y trabajadores de la feria que no habían tenido la oportunidad de disfrutar de ella. Quizá éste sea el origen de lo que se conoció después como “broche de feria” que se celebraba el sábado y domingo siguiente durante la década de los sesenta y setenta del pasado siglo. A medida que la gente fue participando más de esa pequeña fiesta, se fue integrando en la feria. Más tarde, un grupo de vecinos representantes  de las casetas que se montaban por aquel entonces solicitó que se mantuviera el alumbrado  el jueves y viernes, petición que la comisión de festejos aceptó, de manera que la feria aunque extraoficialmente acabó prolongándose durante toda la semana, es decir, con una duración de nueve días.

Al final de la década de los setenta se adelantó la fecha de inicio al sábado anterior al segundo domingo de septiembre. El 1988, como muchos recordarán, el recinto se trasladó a los alrededores de la plaza de abastos, experiencia que tampoco fue del agrado de los zalameños, que reclamaron que volviera al lugar primitivo, la calle de la Plaza,como así fue dos años más tarde. Por aquel entonces las casetas particulares habían aumentado su presencia en el recinto ferial en número y relevancia. En contra de la opinión de los que piensan que es una innovación de los últimos tiempos diremos que, aunque en menor número y con unas características diferentes, también se montaron casetas particulares a principios y mediados del siglo XX.

La, para algunos, larga feria de nueve días permaneció hasta 1999 hasta que en el año 2000 se redujo de nuevo a 5 días, no sin cierta controversia, empezando el sábado y terminando el miércoles, aunque se le añadió el pregón taurino el viernes con la inauguración del alumbrado. En 2003 se acordó iniciarla el martes con el pregón y terminarla el domingo. En 2004 se pasó a la primera semana de septiembre.

 

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

Foto de la ilustración: Imagen de la feria a principios del siglo XX. En ella se puede apreciar el entarimado que se levantaba en la puerta del ayuntamiento para que tocara la banda municipal. Se estuvo montando hasta los años sesenta del pasado siglo.

LAS MINAS DE MANGANESO DE ZALAMEA LA REAL

LAS MINAS DE MANGANESO DE ZALAMEA LA REAL

El origen de este artículo tuvo lugar hace algunos años, cuando, investigando en el archivo municipal, hallamos un legajo que contenía una relación de registros de minas de manganeso que alcanzaba el sorprendente número de 60. Se trataba de denuncias – notificaciones de descubrimiento y derechos de explotación - realizadas entre 1872 y 1873. Aquello despertó nuestra curiosidad y nos preguntamos por la razón  de tan inusitado interés por este mineral y por qué en esas fechas. A partir de ahí comenzamos a recabar datos y algunos de ellos no dejaron de sorprendernos. Nos extrañó desde el principio que fueran sólo de manganeso; la respuesta se nos ofreció clara desde el primer momento: el cobre es un metal conocido y  demandado desde la prehistoria y explotado largamente desde la antigüedad, por lo que todos los yacimientos de la zona son ya conocidos, habían sido o estaban siendo explotados. No ocurrió así con el manganeso que es demandado a partir de la revolución industrial.

Las fechas tienen una explicación un poco más compleja. Resulta que en el último tercio del siglo XIX los países europeos industrializados, Gran Bretaña fundamentalmente, pero también otros como Alemania y Francia, comienzan a agotar sus reservas de mineral y vuelven sus ojos hacía otras naciones entonces poco desarrolladas, como era el caso de España, que conservaban en gran medida su potencial minero. Se produce entonces en nuestro país un auge de  la minería al iniciarse el último tercio del siglo XIX, si a eso se añade  la gran demanda de metales empleados por la industria pesada y de armamento, entonces en pleno desarrollo, entre los que se encuentra el manganeso, altamente requerido por la industria, especialmente por la siderúrgica por liberar al hierro de sus impureza y retrasar su oxidación al absorber oxígeno, contribuyendo  a endurecer el acero y que disuelto en los combustibles en proporciones adecuadas  aumenta el octanaje y reduce las vibraciones del motor,  encontramos entonces  las razones del repentino interés por el manganeso en esas fechas.

Curiosamente hoy parece habérsenos olvidado que la franja pirítica de Huelva y concretamente el Andévalo Onubense era la zona de mayor concentración de registros de manganeso de toda España. Así que a partir de 1873, casi de manera paralela a la adquisición de las minas de Riotinto por los ingleses, debido a las necesidades de ese metal en la industria  Europea y especialmente en Inglaterra, se produce una explosión de registros mineros en toda nuestra comarca a lo que posiblemente no fue ajena la compra de las cercanas minas de Riotinto por el consorcio inglés, que como bien es sabido salvó al Gobierno español de la época de la bancarrota, lo que hizo despertar en muchos avispados la codicia por una fácil ganancia. Concretamente en Zalamea se denuncian, como hemos dicho, entre 1872 y 1873, en el corto periodo de unos meses  60 minas de manganeso. Como anécdota merece nombrar el título con el que algunas de ellas se registraron: Polaca, Segunda, Lealtad, La Constancia, Trueno, Intransigente, Efímera Ilusión, Picardía, Equivocada, Gallineta, Lotería, Palomina… nombres, cuando menos, singulares y peregrinos y que dan idea del espíritu de sus descubridores.

 Pero profundicemos un tanto en la autoría de las denuncias. En la mayoría de los casos los denunciantes de los registros mineros no coinciden con los propietarios de los terrenos, circunstancia ésta perfectamente posible, pero además muchos de ellos no son de Zalamea y actúan en representación de otras personas. Con toda seguridad son técnicos profesionales contratados para explorar el terreno y registrar los yacimientos para garantizar los derechos de explotación en el futuro, en el supuesto de que tuvieran interés. Así comprobamos que se repiten con frecuencia los mismos nombres. Es el caso de un tal Fernando Barroso, el que mayor número de  denuncias registra, pero también hay otros que se repiten como Leoncio Croison, Vicente de la Corte, Juan José Bejarano, Vicente Zarza y, por representación, Diego Bull y West. Este Diego Bull no es otro que el nombre adoptado en español por James Bull, ingeniero, constructor y gerente del ferrocarril de El Buitrón que seguramente pretendía ampliar su campo de acción y beneficios. La inmensa mayoría de ellas no llegaron a ser explotadas. El diccionario estadístico de la Provincia de Huelva de 1895 de Emilio José Rodríguez, reconoce que se trabajan en ese año en el término de Zalamea sólo 4 minas de manganeso, Palanco, Oriente, Cascajera y ¿Castillo? (Puede tratarse quizá esta última de  un error de catalogación.)

Ya hemos hablado en otra ocasión de las minas de Zalamea en general (Revista de Feria, año 2000), pero refiriéndonos a las de manganeso en particular, que es el tema que nos ocupa, a lo largo del tiempo ocho de ellas llegaron a tener cierta relevancia y fueron trabajadas hasta la  primera mitad del siglo XX. Hubo un periodo en el que la producción de manganeso era adquirida en su mayor parte por una sociedad estatal que la destinaba a fines militares, siendo precisamente durante la segunda Guerra Mundial  cuando algunas tuvieron su punto más alto de rendimiento, ya que su producción fue empleada por Franco para pagar en buena medida la deuda contraída con Alemania, aprovisionando de manganeso a la industria militar germana.

 Las 8 minas a las que hacemos referencia  fueron: Palanco, Guadiana, Oriente, Aurora, Posterera, Cascajera, Malpérez y San Joaquín. De ellas las que adquirieron mayor relevancia fueron Palanco, Guadiana y Oriente.

Palanco se encuentra situada a unos 750 metros al norte de la carretera general 435. Disponía de un poblado junto a la mina. Perteneció a Manuel Vázquez López y posteriormente a sus hijos y  herederos. Este señor, propietario también de la de Oriente, era un destacada político y empresario onubense que parece  centro su actividad en la minería del manganeso ya que llegó a ser propietarios de un elevado número de ellas en todo el Andévalo; impulsó en Huelva la escuela de Capataces de Minas y hoy tiene dedicado un monumento en la capital; a su muerte, ocurrida en 1904 en Suiza, sus hijos continuaron con la actividad minera iniciada por su padre. La mina de Palanco estuvo activa hasta 1947, con periodos en los que se trabajó intensamente y parece ser que en 1956 hubo un intento de reiniciar su explotación  que no llegó a materializarse. Tenía casas para mineros, oficinas, cuartel de operarios, carpintería, cuadras, fragua y casa de herramientas. Después del abandono de los trabajos mineros, en su poblado continuaron viviendo algunos vecinos años después. La mina dispuso de un ferrocarril de tracción animal que se inauguró en 1902; tenía una longitud de 2,5 km y conectaba con el ramal del ferrocarril de El Buitrón a Zalamea a la altura de El Tintillo, cruzando a nivel la carretera general. Tenemos testimonios que cuentan que algunos de sus operarios no residían en el poblado y hacían diariamente el recorrido de ida y vuelta andando desde Zalamea o El Buitrón  hasta la explotación minera.

  La mina de Guadiana está situada a unos doscientos metros al oeste de la anterior. Esta mina y la de Posterera pertenecieron a Doña María Amor Fernández de Velasco que estableció un convenio con el Ayuntamiento de Zalamea parta construir un poblado de Viviendas de Protección Oficial que no tenemos constancia se llevara a cabo, aunque si tenía casas para operarios. Disponía también de un pequeño  ferrocarril para trasladar el mineral hasta la línea Zalamea-Empalme de Buitrón y según algunas referencias documentales tenía una pequeña locomotora de vapor que atravesaba la carretera por debajo a través de un estrecho túnel.

La de Oriente está  situada al suroeste de las anteriores, frente al cruce de El Pozuelo; de característica parecidas, disponía igualmente de un ferrocarril, posiblemente de tracción animal que llevaba el mineral hasta la estación de El Pozuelo. Tenía casa de herramientas, talleres y fraguas.

 Las Minas de Posterera, Cascajera, Malpérez y San Joaquín tenían un envergadura más reducida y el transporte de mineral se hacía, parece ser, con animales de carga. Su producción fue reducida aunque algunos datos reflejan que de Posterera se llegaron a extraer 13.000 toneladas.

 Hemos tratado sencillamente de traer a la memoria de los lectores una actividad minera hoy totalmente abandonada y cuyos vestigios corren un riesgo real de desaparición. Esperamos haber contribuido, al menos, a que no caigan en el olvido.

 Pie de foto:

Imagen actual del cortado de la mina de Palanco.

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

LA MINERÍA PREHISTÓRICA EN ZALAMEA LA REAL (V)

LA MINERÍA PREHISTÓRICA EN ZALAMEA LA REAL (V)

Las minas prehistóricas del término de Zalamea la Real son un reflejo de la explotación de las minas de Riotinto, principal centro de producción de cobre de toda la región. Esta era el  foco de atracción de los pueblos que comercian con el metal y como consecuencia de ello los pobladores de la comarca descubren y deciden explotar estas otras pequeñas minas que le sirven para enriquecer su economía tradicional. Naturalmente estamos hablando de hipótesis, pero a la postre, hipótesis son también las distintas teorías que se han expuesto sobre las explotaciones mineras en la Edad del Cobre.

¿Qué criterios podemos seguir para calificar una mina como prehistórica entre las muchas que se encuentran en el término e incluirla en la relación que vamos a enumerar? Deben confluir para ello tres factores. En primer lugar debe ser una mina de cobre. La existencia de otros metales que pudieran haber sido extraídos después no es determinante porque en la época que estamos tratando el cobre es el mineral básico de interés. El segundo factor es la presencia en superficie, en la misma mina o en sus proximidades, de restos prehistóricos asociados, martillos de mineros, hachas, azuelas o cerámica. El tercer factor es la existencia en sus alrededores de yacimientos megalíticos que atestigüen la ocupación poblacional en la época.

Confluyen estos factores en nuestro término en las siguientes minas: Cinflón, Masegoso, Tinto y Santa Rosa, Castillo de El Buitrón, la Caldera en La Molinera y El Cañuelo.

 LA MINA DE CHINFLÓN:

 Situada a tres kilómetros al este de la aldea de El Pozuelo en una zona agreste con lomas desgastadas por la erosión y atravesada por numerosas correntias y barrancos. Originalmente debió tener una vegetación de bosque mediterráneo con profusión de especies típicas de este nicho ecológico, en la actualidad se encuentra en su mayor parte repoblada de eucaliptos y sólo en áreas limitadas brota la vegetación autóctona.

 La mina se localiza en una colina alta que domina toda la zona y que es fácilmente localizable desde los alrededores. En sus cercanías hacía el sureste se localizan los dólmenes 1, 2, 3 y 4.

 En la mina se pueden encontrar varias etapas de explotación a lo largo de la historia, desde época prehistórica hasta mediados del siglo XX. En lo que a nuestro trabajo se refiere hay que destacar las labores más primitivas realizadas en ella. Los vestigios de explotación prehistórica que aún se pueden apreciar son   las trinchera de acceso a las oquedades que se fueron abriéndose a base de golpes de martillos. Encontramos cinco de ellas excavadas pero hay sospechas fundadas  de que fueron muchas más aunque pendientes de estudio.

En sus inmediaciones se halló un poblado minero de la Edad del Bronce final excavado y estudiado por Pellicer y Hurtado en 1978 y en el que se hallaron hachas pulimentadas, martillos de mineros y morteros, así como varios hogares y un agujero que sirvió para ubicar el poste central de una choza. No descartan la posibilidad de existencia de hornos metalúrgicos.

La posterior observación y la aparición en superficie de algunos restos de escorias de pequeño tamaño y de martillos de minero en fase de elaboración  apuntan que efectivamente en él se realizaron labores de fundición sobre minerales previamente triturados para favorecer esa tarea y la existencia de talleres de fabricación de utensilios mineros.

Otro dato que es conveniente reseñar es los restos hallados en la cumbre próxima de ese mismo cerro situada a unos 50 metros al este y en el que los materiales hallados en superficie y la acumulación de piedras apuntan a la existencia de un poblamiento toscamente amurallado muy parecido en su fisonomía al recinto encontrado en Cabezo Juré en Alosno (Huelva). Solo una excavación y un estudio profundo podrá determinar la importancia de este yacimiento.

MINA DE MASEGOSO

Situada a 2,5 kilómetros al sur de la aldea de El Pozuelo, cercano a los dólmenes 6, 7, 8, 9, 11 y 12. y desde la que se puede observar los dólmenes de los Gabrieles.

Trabajada también en épocas posteriores, esta mina presenta igualmente los vestigios de los trabajos realizados en época prehistórica. Se pueden observar seis trincheras, algunas más primitivas que otras. En sus proximidades se han hallados también martillos de mineros.

 Lo más relevante de este yacimiento es la concentración de trozos menudos de escorias  “evidentemente trituradas a propósito semejantes  a las escorias halladas en Chinflón” (Según Pellicer y Hurtado) propias del periodo Calcolítico que  acreditan la existencia  una planta de fundición primitiva. Estos autores refieren igualmente el hallazgo de otro tipo de escoria posteriores a las minas de trinchera, de mayor tamaño y que refleja su extracción en un sistema de fundición mas avanzada pero aún muy rudimentaria.

MINA DE EL CASTILLO DE EL BUITRÓN

 Situada  a unos 4 kilómetros al oeste de El Buitrón, en un terreno abrupto, atravesados por estrechas quebradas por donde corren torrentes y arroyos. En sus proximidades se encuentran los dólmenes y cistas megalíticas de El Valle de las Sepulturas.

En sus alrededores se hallas restos visibles de época romana y entre esos materiales se han hallados martillos de mineros prehistóricos  y un mortero de piedra. Debido a la explotación intensiva que ha tenido en épocas posteriores los restos de épocas prehistóricas han desaparecido en su mayor parte.

MINA DEL TINTO Y SANTA ROSA.

Situada en las proximidades de la confluencia de la rivera de El Villar con el rio Odiel. Es una mina de cobre y pirita que, igual que en la anterior, por la envergadura de las explotaciones posteriores han quedado pocos restos de la época que nos ocupa. Aunque relativamente retirados de la mina  en sus alrededores se encuentra yacimientos megalíticos en el cercano valle conocido de las sepulturas. En lo alto del cerro que da vista a la Corta  se hallaron restos de martillos de mineros y cerámica.

 MINA DE EL CAÑUELO

 Pequeña mina de cobre situada junto a la rivera de la que recibe su nombre a unos 4 km aproximadamente al oeste de El Villar. Cerca de ella se han encontrado los denominados dólmenes de La Palanquilla.

Aunque es una mina que ha sido explotada en época moderna los restos encontrados en superficie demuestran que ya se explotaba en la Edad del Bronce. Se han encontrado en las escombreras martillos y mazas de mineros.

MINA DE LA CALDERA EN LA MOLINERA

Situada al oeste de la anterior a un km aproximadamente y en las cercanías del río Odiel. En sus proximidades se encuentra, además de los mencionados en el caso anterior, el llamado dolmen de Las Navas.

Similar al anterior, el mayor volumen de trabajo se realizó en época moderna. En un pequeño cerro a escasos metros de la mina se hallan en superficie unos restos que pudieron pertenecer a un pequeño habitáculo en cuyo interior se hallaron dos mazas de mineros. En sus escombreras de época moderna es fácil encontrar aún este tipo de herramientas.

Imagen de la foto: Martillo prehistórico de minero hallado en la mina de El Cañuelo (Zalamea la Real)

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León