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ZALAMEA LA REAL - HISTORIA

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL VII

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL VII

EL EXPEDIENTE LETONA.

UN HECHO EXTRAORDINARIO, UN PERSONAJE SINGULAR

Conviene  en este punto detenernos en el hilo narrativo de la Guerra de la Independencia en Zalamea la Real para contar un suceso extraordinario que tuvo lugar en nuestro pueblo en 1811.

Existe en el archivo municipal de Zalamea la Real un documento de gran interés, fechado en Agosto de 1815, acabada ya la guerra, conocido como el “expediente Letona”,  que además de proporcionarnos una valiosa información sobre la época que estamos tratando, nos narra unos hechos protagonizados por un personaje singular.  Se trata de  Don Vicente de Letona al que ya hemos hecho mención más arriba. Este señor ocupaba el cargo de director de las reales minas de Riotinto, residía en Zalamea y estaba casado con una zalameña y era considerado como un zalameño más.

 El expediente en cuestión es  un informe del Ayuntamiento en respuesta a la petición del propio Letona que estaba tratando con el gobierno central ser condecorado con los honores de comisario de guerra. En dicho informe se  exponen cuales son sus méritos durante la invasión francesa, corroborados por el cabildo, y se nos cuenta el suceso motivo de este capítulo.

Pues bien, según el mencionado expediente,  en el  año de 1811, en el mes de Octubre, bien para consolidar su posición, o bien para  exigir los tributos que hemos referido en el capítulo anterior, se presentó en el pueblo una columna de 400 hombres comandada por el jefe de batallón Villanouve. Este hombre hace llamar a Don Vicente de Letona a su presencia. Es probable que la intención de Villanouve no fuese otra que la de reclamar  la producción de cobre de las minas de Riotinto, pero don Vicente, reconociéndose a sí mismo como un fiel patriota, mantuvo una actitud de resistencia contra el mando francés. Se produjo entonces una situación muy tensa que fue recogida en el mencionado expediente y que  fue oída desde la calle por bastantes personas ya  que parece ser que este suceso ocurrió en una casa del centro del pueblo. El oficial francés amenazó y ofendió a nuestro hombre llamándolo insurgente y traidor y advirtiéndole que de no aceptar los términos exigidos  lo amarraría a la cola de su caballo y lo arrastraría por el pueblo hasta morir. Ante ello Don Vicente no se arredra y dando un golpe encima de la mesa que hizo saltar el tintero, según testigos presenciales,  le gritó que no permitía a nadie que le amenazara, añadiendo que no temía ni al mismísimo Napoleón. Esta reacción debió sorprender un tanto al francés que aunque mantuvo sus exigencias rebajó un tanto su cólera y le despidió con palabras  no tan amenazadoras. El hecho dejó admirado a aquellos que lo presenciaron y que se encargaron luego de difundirlo por el pueblo. Días después don Vicente se dirigió a Cádiz para tratar con la Junta Central Española,  la forma y modo de salvar el cobre de las minas.

Manuel Domínguez Cornejo             Antonio Domínguez Pérez de León

 

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (VI)

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (VI)

TIEMPO DE GUERRA. ZALAMEA AL BORDE DE LA RUINA

  Una vez saqueado el pueblo las tropas francesas se marchan y las españolas, aunque se batieron en retirada, permanecen por la zona de la sierra, la población se encuentra en una situación en que sufre las exigencias de los dos ejércitos que le demandan víveres y aportación material o económica. Por ejemplo el día 9 de  Junio de 1810 se envía una carta desde el cuartel general de Fregenal pidiendo que se le mande el ganado que quede y las armas recogidas por las justicias. El 28 de ese mismo mes, el general Ballesteros envía  otra desde Campofrío  al director de las minas de Rio Tinto, Don Vicente de Letona,  con residencia en Zalamea, que dice textualmente:

 Amigo mío: Ya sabe vuestra merced mi modo de pensar sobre el que tenga la tropa la subsistencia que le corresponde. Me veo en la actualidad permanentemente escaso de pan. Se lo digo a vuesa Merced porque sé que me sacará de este compromiso y porque conociendo lo que importa a la patria este servicio, ni me hará variar el concepto distinguido que tengo de vuestra merced y de ese noble vecindario, ni dará lugar su merced a que nos disgustemos, cosa muy sensible para mí, con todos los españoles y especialmente con un hijo de Zalamea.

 Pero el esfuerzo económico exigido por unos y otros pone a la población al borde de la ruina y con gravísimos problemas de abastecimiento. Una muestra de ello es que los arrendatarios de aguardiente, vinagre, aceite y vino solicitan que se les exima de la obligación de aprovisionar de estas materias. Se trataba de personas que habían concertado con el Consistorio Municipal una especie de designación exclusiva para proveer a la población de estos productos a cambio de una cantidad estipulada. Su petición es denegada por el Ayuntamiento. Ello evidencia las enormes dificultades que debían existir para obtenerlos. Tenemos constancia de que en las aldeas ocurrió algo parecido.

 Ambos ejércitos nos volvieron a exigir dinero y provisiones  de nuevo en 1811. Así, en Junio de ese año, se recibe en el pueblo una petición desde la villa de Campofrío de los generales españoles Francisco Javier Castaños y Juan Blázquez, los cuales solicitaron por una sola vez el diezmo de todos los ganados que tengan los vecinos de la Villa y el pan que pueda juntarse a lo que el concejo respondió accediendo aunque ello suponía el colapso económico del pueblo. Además, antes, en las jornadas próximas a la  ya mencionada batalla de Palanco, Zalamea aprovisionó a todos los hombres que se juntaron en nuestro término para perseguir al enemigo francés. Un escrito dirigido a la Junta Central por los alcaldes ordinarios Juan Lorenzo Serrano y Manuel Muñoz Lancha pone de manifiesto el coste que supuso el mantenimiento de las tropas y partidas españolas que se movieron en esta población. El escrito dice así:

“…..Llevados del mayor celo y amor patrio, incansables en la persecución de los enemigos, haciéndole sacrificios para facilitarles  raciones y todo lo necesario a las tropas españolas como son los de la división del general  Deuico, Copons, partidas de guerrillas de Ayamonte y las del regimiento de Córdoba, dispersos y cuantos transitaron por esta jurisdicción desde el 1 de Marzo de 1810 hasta el 30 de Marzo del mismo, gastaron 81.321 reales y 22 maravedies y a la división del señor mariscal de campo don Francisco Ballesteros, desde el 31 de marzo hasta el 13 de Abril de 1810 en raciones de menestra 126.858 reales, 4 maravedies que hacen un total de 208.179 reales y 26 maravedies”.

Sabemos, así mismo, que se le denegó suministro a algunas partidas que no habían acreditado suficiente celo en su lucha contra los invasores

 Por su parte las tropas francesas también nos exigieron tributos, en concreto 22000 reales mensuales que se deberían entregar los días 25 de cada mes, todo ello bajo amenazas de que el ejército entraría arrasando el pueblo si no atendíamos este tributo militar.

 En tales circunstancias, Zalamea se ve abocada a una profunda penuria económica que se prolongaría más allá de la contienda.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (V)

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (V)

LAS TROPAS FRANCESAS ENTRAN EN ZALAMEA

 En el capitulo anterior dejamos a las tropas españolas al mando del general Ballesteros instaladas en Zalamea, sus soldados son alojados en casas particulares y se preparan para hacer frente a los franceses que  al mando del mariscal Montieur se dirigen al pueblo desde El Castillo de las Guardas. De esta manera, el 15 de abril de 1810, el ejercito invasor entra por la Fuente del Fresno, avanza lentamente por lo que entonces era poco menos  que un descampado donde encuentra ya algo de resistencia, hasta llegar después a la calle denominada Juego de las Bolas, conocida hoy como calleja Padre Gil en honor a este zalameño, destacado activista contra los franceses (1), con la intención de llegar al Centro y ocupar las casas capitulares, entablándose una lucha abierta entre los ocupantes y las tropas españolas integradas por regulares y voluntarios, el combate debió ser encarnizado, pero finalmente los invasores, en clara superioridad numérica, obligan al destacamento de nuestro ejército a retirarse en dirección a El Villar acompañado de numerosos vecinos temerosos de las represalias de los franceses. Parece ser que las bajas fueron muy elevadas por nuestra parte.

  Durante su estancia en el pueblo el mariscal Montieur reúne al cabildo para ordenarle que inmediatamente nombrara una comisión para que se desplace a Madrid y presente obediencia al rey José I, hermano de Bonaparte. El miedo que los franceses infundieron en los zalameños fue tal  que los cargos del Cabildo acordaron, aún después de marcharse los franceses, obedecer la orden. De hecho los ocupantes cometieron graves atropellos en los bienes y propiedades, tanto de particulares como comunales. Especialmente fue significativo el expolio de la Iglesia, como sucedía en la mayoría de los lugares que ocupaban, por ser ésta donde se encontraban los objetos más preciados.

  Es en este punto donde se origina la tan conocida leyenda de la sustracción de la famosa custodia de plata por los franceses. Es tradición en Zalamea, transmitida oralmente, que los franceses se llevaron, entre otra muchas cosas de valor, una custodia de plata cuando saquearon la Iglesia. No existe constancia documental sobre este tema, tampoco tenemos certeza de que el robo de la misma se produjera en la primera ocupación  del pueblo por los franceses o en una segunda que tuvo lugar meses más tarde. Sabemos que la custodia era un magnífico ejemplar de arte religioso  en plata,  elaborado por la Hermandad del Santísimo Sacramento para la celebración del Corpus y que parece pesaba alrededor de 50 Kilos, por tanto  de un gran valor artístico y material, por lo que no es de extrañar su expolio por las tropas de Napoleón, pero no quedó constancia de su robo por las tropas galas en ninguna parte salvo referencias indirectas. La tradición oral afirma igualmente que ésta se encuentra en Cádiz aunque este extremo no se ha podido confirmar y posiblemente carece de fundamento.

 Los franceses se fueron de Zalamea el 17 de Abril de 1810, dos días después de su llegada, pero no tardarían mucho en regresar de nuevo. Antes, el 20 de Abril, el general Brayer, desde el cuartel general de los franceses en el Castillo de las Guardas, envía una orden para que los zalameños que estén fuera de la población vuelvan de nuevo a ella sin temor y permanezcan quietos (sin ofrecer resistencia) y acerca de que deben entregarse todas las armas blancas y de fuego de las que disponga la población para ser enviadas al cuartel general de Aracena, orden a la que, al parecer  no se hizo caso. 

(1) Hagamos antes de terminar una breve reseña biográfica del Padre Gil. Su nombre completo era Manuel Gil Delgado y nació en Zalamea el 11 de Octubre de 1741, hijo de Martín Gil y de su mujer María Rafaela, también naturales de esta villa. Desde muy joven mostró sus inquietudes por seguir la carrera religiosa y así ingresó en la Orden de Clérigos Regulares Menores de la casa del Espiritu Santo de la ciudad de Sevilla. Parece ser que teniendo 26 años protagonizó un pequeño incidente con su orden porque sin contar con los permisos pertinentes se trasladó a Zalamea para socorrer a su padre que se encontraba en una precaria situación, por lo que fue requerido para que de inmediato volviera, en el plazo de 24 horas, a su clausura. Destacó por sus dotes oratorias y como escritor de obras científicas, llegando a ser visitador general de su orden. Sus inquietudes políticas le llevaron a formar parte de la Junta Central Española durante la invasión francesa, representando a la misma como embajador en Nápoles. Debió tener un papel destacado en aquella puesto que Benito Pérez Galdós lo menciona directamente en uno de los episodios nacionales que dedica a la Guerra de la Independencia.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (IV)

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (IV)

EL GENERAL BALLESTEROS LLEGA A ZALAMEA

La disgregación por la zona de las fuerzas locales integradas en las partidas contribuyó a crear una situación generalizada de temor que  provocó que muchas personas civiles se marcharan del pueblo buscando refugio en el campo, sin embargo, el 19 de Marzo de 1810, el vizconde de Gante, general en jefe del ejercito, desde su cuartel general de la Pueblo de Guzmán, con el fin de subir la moral de la población y servir de acicate a la resistencia, manifestó a esta villa su satisfacción por la patriótica conducta del leal pueblo de Zalamea la Real y le expresa su deseo de contribuir con su tropa a la gloriosa defensa  de la villa y que a costa del mayor sacrificio remite el 4º Batallón de voluntarios de Sevilla para auxiliarle en su esfuerzo contra el enemigo.

Entretanto  el pánico se  adueñó de la población que seguramente debió quedar desguarnecida según se deduce de una comunicación que  los justicias de Zalamea envían al señor vizconde manifestando que no podían nombrar diputado para celebrar junta el día 29 de Marzo porque la proximidad del enemigo a esta villa en los días anteriores había motivado que salieran huyendo de ella algunos clérigos y capitulares así como vecinos honrados con su familia que no habían regresado ni  se sabía de  su paradero.  

 A finales de Marzo o  principios de Abril de 1810 llega por fin un destacamento del ejército español al mando del general Francisco Ballesteros, destacamento que se había formado con milicianos y guerrilleros de todo tipo aunque no es de descartar que hubiera un cierto número de soldados con sus suboficiales correspondientes. Desconocemos si se trataba del prometido por el vizconde de Gante. En cualquier caso la llegada de este ejército al pueblo responde posiblemente a una estrategia destinada a consolidar el dominio en la zona ya que los franceses habían establecido su cuartel general en el Castillo de las Guardas y desde allí enviaron tropas con la misión de ocupar la zona de las minas y en concreto Zalamea la Real. No olvidemos que en la fecha en la que nos encontramos Zalamea es el único pueblo de la Cuenca Minera ya que Nerva, Campillo y Riotinto eran por aquel entonces pedanías que formaban parte de su jurisdicción.

 Se trataba entonces Zalamea de un pueblo que a principios del siglo XIX tenía una configuración más reducida que la actual, el centro giraba en torno a la actual avenida de Andalucía  y se prolongaba hacia el sur por  las calles  Rollo y San Sebastián y hacía el norte por la calle San Vicente. Sus límites por el este era la calle Tejada, la calle Egido y Don Juan Díaz González. El cabezo Martín estaba desconectado del núcleo de la población. El número de habitantes rondaba entre 3.500 y 4000 personas incluidas las que residían en las aldeas. Su economía se basaba fundamentalmente en la agricultura con una concentración de las propiedades en unas pocas familias que además ostentan el poder político alternándose en el gobierno municipal. También existía una importante actividad industrial derivada de las faenas agrícolas, tenerías, fábricas de aguardiente, telares y lagares de cera. 

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (III)

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (III)

LA BATALLA DE PALANCO

Animados, al parecer, por el éxito de la emboscada de Santa Olalla que narramos en el capítulo anterior se formó una compañía de tiradores con fecha de 8 de Marzo de 1810. Este grupo estaba diferenciado de otras partidas que se habían formado en las aldeas.

 Pero aquel suceso provocó una represalia por parte de las tropas francesas. Ésta se produjo el 11 de Marzo de 1810. Procedente de Valverde del Camino, salió un destacamento francés, compuesto por unos 150 o 200 hombres entre caballería e infantería, con la intención de ocupar Zalamea. Los zalameños fueron advertidos de este hecho por el alcalde pedáneo de El Pozuelo y se sintieron extrañados de que el pueblo vecino de Valverde no les informara debidamente de este movimiento de tropas. Puede que la intención de este destacamento no fuera tanto castigar la rebeldía de los habitantes de la cuenca sino controlar la zona que, sin duda, era un lugar de interés económico para ellos. Pero puede que también influyera que la compañía minera disponía de armas y explosivos que entregaban a las autoridades locales para resistir la invasión francesa. Las crónicas dicen que se reaccionó con rapidez formándose, de nuevo, una partida integrada por zalameños, operarios de las minas y otros voluntarios de los pueblos de alrededor amén de algunas tropas regulares  que salieron al paso de ese grupo de franceses. Se juntaron, pues, según algunos cálculos, alrededor de 800 hombres. Al frente de ellos va un teniente de infantería del regimiento de Línea de Córdoba, Don Pedro Pierre. A las 8 de la noche se avista el grupo de franceses y se prepara todo para atacarlos al romper el día.

 La confrontación tuvo lugar en el barranco de Palanco, donde llegaron a enfrentarse ambas partidas. El lugar exacto de este suceso no se sitúa exactamente, como se creyó al principio, junto a la mina de Palanco sino más hacia el oeste, en el camino real que atraviesa la rivera de esta mina. Posiblemente se tratara de una escaramuza sin mayor significación que se resolvió favorablemente para nuestros antepasados. Parece ser que una avanzadilla de los nuestros tuvo un primer enfrentamiento para atraer a las fuerzas francesas hasta donde les esperaba el resto de los tropas españolas, lugar  donde se produce una serie de descargas que hacen retroceder a los franceses de nuevo hacia Valverde. El balance de víctimas fue de tres muertos por parte española y entre 8 y 10 franceses. La superioridad numérica, el conocimiento del terreno y el factor sorpresa inclinaron la batalla hacia nuestro lado. Como puede verse habían conseguido su objetivo, pero esta victoria no se tradujo en un control efectivo de la comarca ya que el empuje de las tropas francesas no se haría esperar.

 Al día siguiente, la noche del 12 de Marzo, se produjo una situación de alarma al llegar una noticia, difundida por un vecino, al que se tildó más tarde de traidor,  de que aprovechando la ausencia de las fuerzas que se habían enfrentado en Palanco, procedente de Calañas se acercaba un destacamento francés para saquear el pueblo, lo que provocó el pánico e hizo que muchas mujeres huyeran de la población y fue necesario enviar una petición de auxilio a las poblaciones cercanas. La noticia resultó ser falsa aunque durante tres días el pueblo estuvo sobrecogido por el temor.

 El día 14 de Marzo se acuerda por la justicia de esta villa, la Junta Militar de Aracena y los pueblos inmediatos, que formaron una especia de Junta de resistencia, defender esta sierra de toda invasión y se determina que las fuerzas reunidas por nuestra parte se mantendrían por el lado de Valverde sin internarse en la Campiña para no dejar desamparado a este pueblo por petición del antes mencionado teniente, don Pedro Pierre, comandante de las fuerzas españolas. A peswar de ello, algunos grupos de milicianos hicieron incursiones en algunos pueblos de esa comarca para intentar recuperar los botines requisados anteriormente por los franceses. 

 Imagen de la foto: En las inmediaciones del lugar que se reproduce en la fotografía se desarrolló probablemente la batalla de Palanco

Manuel Domínguez Cornejo               Antonio Domínguez Pérez de León

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL II

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL II

PRIMEROS ENFRENTAMIENTOS. EL EPISODIO DE SANTA OLALLA

 Aunque después de llegar la noticia los zalameños se prepararon para rersistir, las tropas francesas tardaron en llegar al pueblo algún tiempo por lo que al principio los componentes de las milicias que se formaron tuvieron poco trabajo. Puede que parte de ellos se integrasen en el ejército regular o formara una partida que actuara fuera del pueblo como seguramente pudo ocurrir cuando se notifica a este Ayuntamiento que los franceses intentaban penetrar en estos reinos por la villa de Alcautín en Portugal, hacia donde se concentraron voluntarios de todos los pueblos del norte de Huelva para salirles al encuentro.

             El 16 de Julio de 1809, se recibe una carta de don Juan González Ramos, capellán, que solicita del cabildo alojamiento para él y su ayudante. Presumiblemente se trataría de una comisión encargada de animar a los lugareños a resistir. El clero en su conjunto atizó como estamento la guerra y la sostuvo con sus bienes, exhortaciones y el ofrecimiento radical de sus personas. En la administración no hubo junta local que no tuviera presente algún clérigo. Los motivos de su intervención fueron tanto patrióticos como interesados, en tanto les convenía  resistir por la expoliación sistemática de los bienes religiosos que llevaban a cabo tropas francesas allí por donde pasaban.

            La guerra en España originó dos tipos de fuerzas militares. Un ejército regular que con el tiempo fue puesto bajo el mandato del duque de Wellintong, después de que los ingleses apoyaran de manera interesada, desde luego, la rebelión española, y otra la guerrilla que en ocasiones se integró dentro del ejército regular aunque en su mayor parte formaron grupos separados que a veces llegaron a contar con un nivel considerable de hombres.

El ejército regular que operó en Zalamea estuvo a cargo del general español Francisco Ballesteros. Este hombre era un militar nacido en Zaragoza que tuvo a sus órdenes una división que le asignó la Junta de Asturias y que unió a la de Blake y a la de Castaños, mandó una división de infantería en la batalla de la Albuera y encabezó el ejército que se movió por Andalucía, se negó a aceptar el nombramiento de Wellintong como jefe supremo y rechazó operar bajo su mando por lo que fue cesado, aunque posteriormente fue llamado de nuevo para que se reincorporara al mando.

Volviendo de nuevo a lo que sucede en nuestro pueblo, que se convierte en el centro de resistencia a los franceses en la zona, en febrero de 1810 se conoce que un destacamento francés se dirigía a Badajoz por el camino de Santa Olalla. Se trataba de un destacamento perteneciente a un ejército de mayor envergadura que había salido de Sevilla para conquistar el sur de Extremadura y Badajoz, su capital. Enseguida el Ayuntamiento convocó a los vecinos y se formó una partida al mando de don Juan Santana de Bolaños, apoyados por don Vicente de Letona, director de las reales minas de Riotinto, personaje que llegaría a protagonizar diversos hechos destacables de resistencia a los franceses de los que hablaremos más adelante y de los que hemos sabido gracias a un documento que conocemos como “el expediente Letona”  merced al cual hoy podemos saber y aclarar gran parte de lo ocurrido en aquellos años. Pero continuemos con los hechos ocurridos en Febrero de 1810. Don Juan Santana de Bolaños fue un empresario zalameño, alcalde en varias ocasiones y conocido estraperlista, que encabezaría varias partidas integradas por paisanos zalameños que se enfrentaron en repetidas ocasiones a las tropas francesas. Pues bien este hombre   salió con una partida compuesta de numerosos milicianos en dirección al camino  a Santa Olalla para interceptar a las tropas francesas. Acudía con una promesa del tesorero de las minas, Atanasio José Rodríguez, que ofreció una gratificación por todos aquellos franceses a los que se le diera muerte. Para demostrarlo exigió que se le presentasen las orejas de los enemigos abatidos. La munición y el armamento necesario los proporcionó don Vicente de Letona del arsenal de las minas de Riotinto. Desconocemos el lugar exacto donde tuvo lugar el enfrentamiento, ni tan siquiera el número de combatientes  que componían cada  bando, aunque sí podemos asegurar que el factor sorpresa debió ser muy importante, pues parece difícil de  creer que uno cuantos voluntarios pudieran vencer de  una manera taxativa a un grupo de soldados debidamente pertrechados y seguramente veteranos del ejército francés. Puede que la partida original que salió de Zalamea se viera incrementada por voluntarios del resto de las poblaciones de la Cuenca Minera  y de otros pueblos de la sierra. El caso es que la victoria de los zalameños fue total según las fuentes de la época  y acabaron con todos los componentes del destacamento francés y con el fin de demostrar que así era, recordando la promesa de Atanasio José Rodríguez, se ocuparon de obtener las siniestras pruebas que les exigió este hombre. De esta manera regresaron al pueblo con las orejas de los enemigos abatidos ernsartadas en palos y picas

 Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (I)

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (I)

LA NOTICIA LLEGA A ZALAMEA.

 Durante las próximas semanas iremos publicando por capítulos un trabajo inédito sobre un tema que  últimamente se ha puesto de actualidad: La guerra de la Independencia española. Trataremos cómo se vivieron aquellos años en nuestro pueblo, qué resistencia se opuso y cómo se sufrió las penalidades de la guerra que como veremos ofreció a la vez episodios tristes y gloriosos   también en Zalamea.

             El  origen de la invasión por los franceses del territorio español se encuentra en dos factores que lo propician. Por un lado el afán expansionista de Napoleón y por otro la debilidad de la monarquía española que venía cayendo en picado en los últimos años. El detonante fue el tratado de Fonteneblau, firmado el 8 de octubre de 1807 por el que teóricamente España y Francia invadirían Portugal para convertirlo en un reino satélite de Francia. Por aquel tiempo Godoy, ministro de Carlos IV ansiaba ocultamente ceñir la corona del país vecino. Manuel de Godoy y Álvarez de Faria, de madre portuguesa, fue favorito del rey entre 1792 y 1797 y nuevamente entre 1801 y 1808. Al final de esta etapa mantuvo una política de alianza con la Francia de Napoleón que le hizo doblegarse a sus exigencias y que llevó a la firma del tratado de Fonteneblau que  permitió que las tropas francesas penetraran en España para invadir Portugal, país que quedaría dividido en tres partes, una de las cuales sería concedida a Godoy. Por lo tanto el mariscal Junot atraviesa la frontera española con ese fin. Pronto se pone de relieve las verdaderas intenciones de los franceses que no son otras que hacerse con el gobierno de la nación española, ocupando las principales plazas de España. Continúan entrado tropas francesas en nuestro país, al frente de las cuales Napoleón pone al general Murat, su cuñado, con el que Junot no mantuvo buenas relaciones. Por su parte, manejando con habilidad el enfrentamiento tácito entre el futuro Fernando VII y su padre Carlos IV, Napoleón consigue quitar de en medio a la familia real española y trasladarla a Francia donde ambos, padre e hijo, dieron un espectáculo bochornoso. En Bayona se suceden una serie de abdicaciones  que desembocan en la renuncia por parte de Carlos IV del trono  en  favor  de Napoleón que finalmente nombra a su hermano José Bonaparte como rey de España. Sin embargo en las instituciones españolas se tiene la sensación de que Fernando VII fue una víctima inocente de la trama del emperador y el Consejo de Castilla y las Cortes de Cádiz lo consideraron como el único y legítimo rey de los españoles, que recibió popularmente el apodo de “El Deseado”

              Entretanto en España, ante la salida de los infantes del palacio real de Madrid, se produce una rebelión del pueblo que estalla sin que nadie los dirija directamente, aunque bien es cierto que hubo cabecillas y militares de graduación intermedia que se pusieron inmediatamente al frente de esta sublevación. El ejercito francés controló la situación ejerciendo después una dura represión sobre los participantes, pero el levantamiento del 2 de Mayo de 1808 en Madrid fue como una piedra en el agua, originó un efecto de onda que enseguida se propagó por todo el territorio peninsular.

             En Móstoles, localidad cercana a la capital, los alcaldes ordinarios de esta población publican un bando dando cuenta de los hechos que trasladan por la carretera de Extremadura hasta Andalucía.

             El bando decía así:

 “Señor justicia de los pueblos a quienes se presentase este oficio de mí, el alcalde de Móstoles: Es notorio que los franceses apostados en la cercanía de Madrid y dentro de la Corte han tomado la defensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre; como españoles es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado  de la  augusta persona del rey; procedamos, pues, a tomar la activa providencia `para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alertándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quienes leales y valientes como los españoles lo son. Dios guarde a vuestras mercedes muchos años."

Móstoles 2 de mayo de 1808.

             Este comunicado salió de Móstoles llevado por un mozo de postas por  el camino de Extremadura hasta Andalucía.

             El bando se extendió de forma rápida e inusual para la época. Llegó a Zalamea desde Mérida a  través de Fuente del Maestre, Higuera de Fregenal, Cumbres Mayores, Fuente de León, Cañaveral de León, Cortelazor, Hinojales, Aracena y Campofrío. Así pues el día 7 de Mayo de 1808 a la una de la madrugada, tan sólo cuatro días después de lo ocurrido en Madrid, llegó la noticia de aquel hecho, instando a la resistencia de todos los pueblos contra los franceses.  con instrucciones de que a la vez se transmitiera a los pueblos vecinos. Y ese mismo día, a las dos de la madrugada, salieron emisarios de Zalamea en dirección a Calañas, Valverde y a las nueve  de la mañana hacia Sevilla.

             No se tardó mucho en reaccionar, de manera que el día 10 de Mayo se reunió el cabildo zalameño así como otros personajes de relevancia del pueblo para tratar lo sucedido en Madrid y se acordó que se publicara una petición a todos los vecinos mayores de 16 años y menores de 45 para que se alistaran en una especie de milicia urbana a la que se le asignó la función de resistir a los franceses, petición que también fue enviada a  las aldeas. De igual manera se acordó que a los componentes de estas partidas se les pagara seis reales diarios a modo de gratificación. Se nombran entre sus miembros sargentos y cabos para que instruyan a los milicianos.

 Manuel Domínguez Cornejo             Antonio Domínguez Pérez de León

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DEL CULTO A SAN VICENTE EN ZALAMEA LA REAL

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DEL CULTO A SAN VICENTE EN ZALAMEA LA REAL

De todos es sabido que San Vicente Mártir es patrón de Zalamea la Real desde 1425. Veamos como se origina y desarrolla el culto a este Santo desde el principio. El principal obstáculo que encontramos es la ausencia de documentación si exceptuamos las antiguas reglas, aunque éstas contienen de por si bastante información sobre este tema, información que hay que interpretar para llegar al fondo de la cuestión. Se trata de un libro escrito en el mencionado  año de 1425,  transcrito íntegramente, por hallarse el original en mal estado, en 1638, que narra como es elegido el Santo y continúa con la  relación de  las reglas de la primitiva hermandad. En él se dice que el 24 de Marzo de aquel año se reunieron la mayor parte de los habitantes de la villa y su término para elegir un patrón que intercediera por ellos ante Dios para protegerles de la epidemia de peste que asolaba nuestro pueblo. Se echaron en un cántaro las papeletas con todos los nombre de los santos y un niño sacó la del bienaventurado San Vicente por tres veces consecutivas, con lo que ante tal hecho prodigioso el pueblo lo aclamó como patrón.

 Al margen de lo relatado en el libro sobre la forma de elección, algunos indicios contenidos en el texto y en documentos posteriores apuntan a la posibilidad de que la devoción por San Vicente se practicara ya en el pueblo en círculos restringidos  de familias descendientes de los primeros repobladores que llegaron después de la reconquista a los musulmanes. Tres razones fundamentales dan solidez a esta hipótesis:

 1.Los primeros cultos a santos concretos en esta parte de Andalucía fueron introducidos por los repobladores castellanos y leoneses que lo instauraron en las tierras conquistadas. Un ejemplo de ello lo tenemos igualmente en Santa María de Ureña a la que se le rindió culto en la ermita de San Blas antes de que se destinara a este santo y Santa Marina en el Villar. No debemos olvidar que apenas habían transcurridos poco más de cien años desde la llegada de los primeros repobladores procedentes de los reinos de Castilla y León.

 2. Tenemos constancia de que el culto  a San Vicente se extendió por la España cristiana en los siglos XIV y XV por la creencia popular de que el santo intercedía en los casos de sequía y epidemia, hechos íntimamente relacionados, ya que algunos casos de epidemia venían precedidos de una prolongada sequía. Dio pie a esta creencia el conocido milagro que cuentan de San Vicente cuando siendo conducido al martirio hizo manar agua de un pozo seco para que saciaran la sed sus guardianes. Zalamea se debió  ver afectada en aquel tiempo por una epidemia de peste que asoló gran parte del suroeste peninsular y que se encuentra documentada en la historia general y a la que además hace referencia el propio libro de las reglas. Este hecho motivó la necesidad de elegir a un santo que los protegiera contra aquella. Es de todos conocido que en la Edad Media se buscaba en la religión el remedio a muchas enfermedades que no se podían frenar sanitariamente.

 

3.Las fuertes donaciones de suertes de tierra y bienes que recibió la hermandad, ofrecidas por los primeros componentes de ella inmediatamente después de la elección, hacen sospechar que estas personas tenían ya una arraigada fe en el santo, fe que no se adquiere en tan pocos días, de lo contrario es dudosa tal prodigalidad hacia una hermandad tan recientemente constituida.

             Sea como fuere, a partir de 1425, su culto se extiende rápidamente entre la población. Contribuyó a ello tanto la forma de elección como el interés que se tomaron los primeros dirigentes en realzar la celebración en honor del santo mediante copiosas comidas para los hermanos y las limosnas que se repartían entre las personas más necesitadas de la villa: mendigos, viudas y enfermos. Es de resaltar que las celebraciones no tenían lugar sólo en torno a la festividad del patrón, sino también en otras fechas del año.

             Hay que significar, además, que el patronazgo no se limitaba  a la villa sino también a todas las aldeas del término municipal en él comprendidas como lo demuestra que entre sus primeros priostes figuraran personas del El Buitrón y El Buitroncillo. Podemos narrar, como anécdota, la leyenda de la rivalidad entre las hermandades de Santa Marina en El Villar y San Vicente en Zalamea que nos cuenta que la ermita de este último santo se edificó mirando hacia aquella aldea mientras que la de Santa Marina le daba la espalda como gesto de desprecio. Leyenda que carece de fundamento puesto que la realidad es que todas las ermitas se construían en aquel tiempo mirando hacia poniente, como podemos advertir igualmente en la de San Sebastián y San Blas.

 

            En el primer tercio del siglo XVII el visitador del arzobispado, Don Pedro de Medina, se sorprende de las dimensiones que alcanza el culto a San Vicente y observando que aún no se habían legitimado las reglas obliga a la hermandad a someterlas a la aprobación de Sevilla. Momento en el cual los hermanos deciden transcribirlas a un nuevo libro por encontrarse el primitivo en mal estado y enviarlas para su aprobación al arzobispado.  Lo que tuvo lugar el 11 de Mayo de 1638.

             La devoción por San Vicente continuó creciendo y las cantidades que se empleaban en su celebración superaba con creces a las de otras. Sabemos que en 1770 se destinaban a este fin 600 reales de vellón cuando la mayoría de cofradías y hermandades restantes raramente superaban los 200 reales de vellón para sus fiestas.

             Otro episodio de la evolución del culto a San Vicente ocurre en 1773 cuando los hermanos caen en la necesidad de obtener la ratificación pontificia. De esta manera el Ayuntamiento convoca mediante toques de campana a los vecinos con el fin de confirmar la elección del patrón. Ratificación que se llevo a cabo por 764 votos a favor, la práctica totalidad de los hombres adultos del pueblo, los únicos que tenían derecho a decidir. Seguidamente se iniciaron los trámites  para conseguir la aprobación de Roma, aunque no existe constancia documental de si esa aprobación se llevó a cabo. Sin embargo  unos hechos acaecidos entre 1815 y 1818 nos hacen suponer que dicha ratificación se produjo efectivamente. Los hechos en cuestión se producen cuando las aldeas de Las Delgadas, Montesorromero, Pie de la Sierra y Corralejo promueven como patrona a Nuestra Señora de los Dolores a lo que Sevilla puso impedimento al advertirles que el patrono oficial de toda la jurisdicción de Zalamea era San Vicente. No conforme con ello, los vecinos de estas aldeas se dirigieron a Roma donde lograron su propósito pero haciéndoles saber que debían tener como copatrono a San Vicente. Esto último indica que en la Santa Sede, de alguna forma se tenía constancia y se aprobaba el patronazgo de este Santo en Zalamea.

             No debemos terminar  sin hacer mención a uno de los momentos cumbre de la devoción a San Vicente en el pueblo, que tiene lugar cuando en 1778 Don Manuel Gil Delgado, ilustre zalameño, clérigo y que más tarde se destacó en la resistencia ante los franceses durante la Guerra de la Independencia, trae de Roma una reliquia acompañada de una bula que la autentificaba. El Ayuntamiento en pleno se hizo eco de ello mediante una solemne sesión plenaria. Se desconoce el paradero actual de dicha reliquia.

             Desde la constitución de la hermandad hasta el momento han transcurrido  la friolera  de 586 años. Desde entonces el pueblo ha crecido, ha atravesado momentos muy difíciles y otros de prosperidad, pero las sucesivas  generaciones de zalameños han celebrado ininterrumpidamente la festividad de San Vicente Mártir.

 

Manuel Domínguez Cornejo                               Antonio Domínguez Pérez de León