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SEPULTURAS ANTROPOMORFAS EN ZALAMEA LA REAL

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Llamamos sepulturas antropomorfas a un tipo enterramiento excavado en la roca cuya forma evoluciona desde el tipo de bañera, pasando por la ortoédrica, hasta aquellas en la que se perfila la silueta de una persona, cabeza, hombros, troncos y piernas. Estas últimas algunos estudiosos las han considerado como derivadas del sarcófago.

Los estudios realizados sobre este tipo de tumbas  reflejan que son bastante abundantes en la península ibérica. Su datación general se inicia alrededor del siglo VI d C y tienen continuidad hasta el siglo XIII o XIV. Suelen aparecer en grupos de un número indeterminado de tumbas, pero no es extraño el hallazgo de algunas aisladas.

En un principio este tipo de sepulturas fue asociada a las primeras comunidades cristianas de la península ibérica, pero recientes investigaciones reflejan que algunas comunidades judías utilizaron también este tipo de enterramientos.

Dentro de la  cronología que se baraja para datarlas se suele considerar que las más primitivas son las de tipo bañera o trapezoidal mientras que las más tardías son aquellas que tienen un perfil antropomorfo más definido. Es este último caso hay diversas variantes, dependiendo del hueco que  la forma de la cabeza pueda adoptar, puede ser rectangular o redondeada o también en forma de herradura. El objetivo era mantener la cabeza del difunto mirando al frente.

Generalmente son sepulturas individuales, pero se han encontrado algunas en las que se aprecian hasta tres individuos inhumados como si se tratara de una especie de panteón familiar.

La orientación más común es de este a oeste y normalmente estaban tapadas con losas aunque no de manera exclusiva.

En nuestro término se han hallado hasta el momento tres tumbas antropomorfas, dos de ellas se encuentran en la finca Los Manantiales, y una tercera próxima al camino de Zalamea a El Membrillo. De las halladas en Los Manatiales  una de ellas tiene forma de bañera con dos pequeñas oquedades a cada lado y la otra es de perfil antropomorfo, marcándose con claridad el hueco de la cabeza, hombros y el torso. La hallada en el camino a El Membrillo es de forma ortoédrica. Por otra parte, hay quien opina que las tumbas tardo-romanas o paleocristianas del Cabezo de la Cebada y de la Esparraguera son un antecedente de este tipo de tumbas.

Nada podemos decir respecto a su datación, aunque si se pudiera establecer su cronología sería una enorme fuente de información para conocer la población de Zalamea en la época medieval.

No hay que descartar que pudieran estar asociadas a las primeras comunidades cristianas que se instalaron en nuestro término. Hay estudios que afirman que su relación con yacimientos prehistóricos próximos es una simple coincidencia casual, sin embargo hay otros que relacionan la ubicación de estos sepulcros con lugares sacralizados desde la Prehistoria. En este sentido conviene señalar que la primera manifestación del cristianismo en nuestra zona, la cruz paleocristiana de los Aulagares, aparece precisamente junto a unos grabados rupestres de la edad del Bronce, lo que vendría a corroborar la relación a la que hemos hecho referencia. Podría también no ser una coincidencia el hecho que las tumbas antropomorfas de los Manatiales se encuentran próximas al otro grupo de grabados rupestres. Por otro lado, su datación cronológica podría darnos también información sobre la población mozárabe que habría podido permanecer en la zona durante la ocupación musulmana, llegando hasta mediados del siglo XIII.

En cualquier caso, la existencia de estas tumbas antropomorfas en nuestro término pone en valor la importancia de la población cristiana en la época altomedieval en Zalamea la Real.

Manuel Domínguez Cornejo Antonio Domínguez Pérez de León

 

14/07/2020 20:21 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA MUJER EN LAS HERMANDADES RELIGIOSAS DE ZALAMEA

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No es necesario explicar que antes del siglo XX la mujer ha estado relegada a un papel secundario y subordinado, cuando no completamente anónimo en sus funciones públicas en la sociedad, especialmente si esa función era de carácter político o religioso. No obstante, algunas mujeres tuvieron un papel fundamental en las actividades que realizaron estas hermandades,  pero su protagonismo quedaba oculto por la preponderancia que el hombre ejercía en todas ellas, Sin embargo, aunque tímidamente, entre los textos de los documentos, se atisba que algunas féminas fueron más allá del papel que le asignaban la convenciones sociales. Así hemos podido comprobar que algunas de ellas desempeñaron una función relevante en las hermandades y cofradías de aquel tiempo, como se desprende de las reglas y actas de reuniones.


     Empecemos por la hermandad de San Vicente.. Nos encontramos en plena Edad Media donde las mujeres estaban sometidas a la autoridad de los varones. Las antiguas reglas de 1425 son un buen reflejo de ello. En el apartado de donaciones, cuando se habla del día de la fiesta de la hermandad en la que se debe cocer la carne de las vacas destinada a este fin en dos calderos que regala Bartolomé Rodríguez Pastor de Ureña se menciona que debe ser con la condición de que en ella “no debe haber mujer ni regocijo alguno” y en los donativos del capítulo tres, al hablar de la caridad que se debe dar a los que vinieren a rogar por lo difuntos, se habla de hombres y niños, excluyendo a las mujeres. Sin embargo en estas reglas, entre los personajes que aparecen realizando fuertes donaciones aparece de una manera destacada Catalina González, que donó  ”las casas y el hospital de los hermanos de la cofradía de nuestro Señor San Vicente”.  Puede que se trate de una de las donaciones de más valor que se hicieron. Tengamos en cuenta que el hospital es el local donde solían reunir los hermanos y donde se acogían a enfermos  e indigentes tanto locales como venidos de fuera. Era una de las propiedades más significativa de cualquier hermandad o cofradía. Debió ser una mujer de marcada influencia en la villa. Nos la podemos imaginar haciéndose notar entre tantos hombres y haciendo valer su determinación de figurar entre las personas que quedarían señaladas para siempre en la historia de la hermandad. ¡Y todo esto en 1425!


Poco más de  140 años más tarde, la hermandad de la Veza Cruz, germen de nuestra actual Semana Santa, en 1580,  recoge en sus reglas de una manera más expresa, probablemente demandado por ellas, la participación de hermanas en esta institución, concretamente en el capítulo 5 de sus reglas se establece “ordenamos y tenemos por bien que reciban en esta hermandad cofradas” aunque señalando que el hermano mayor y diputados procurarían saber sin son personas “honestas y recogidas” y, respondiendo a las costumbres de la época, en ese mismo capítulo, se refleja que tenían impedimentos por ser casadas o estar sujetas a otra persona y que por tanto pagarían la “excusa” de 10 maravedís cada año. Por lo demás se decide que pueden tener las mismas obligaciones que el resto y si está casada con un hermano de la cofradía deberá pagar dos reales, más medio real para cera y diez maravedís de “excusa”. Si el marido no fuera hermano, la cofradía sólo estaría obligada a enterrarla a ella, pero no a su marido ni a sus hijos. Ténganse en cuenta que en Zalamea las hermandades y cofradías entre los siglos XV y XIX realizaban una labor similar a la que hoy hacen las entidades funerarias, encargándose de proporcionar un entierro digno a los difuntos que eran hermanos y a sus familiares, con lo que muchas personas entraban a formar parte de ellas para asegurarse de que sus restos recibieran una honrosa sepultura.


La hermandad del Santísimo Sacramento de El Villar, constituida en 1590, registra también algunos avances en el papel de la mujer y así en el capítulo siete se dispone que se puedan recibir como hermanas a mujeres “así viudas, como casadas o doncellas” estableciendo que deberán pagar igual que los hombres, 50 maravedís. La curiosidad que aporta esta hermandad está en que en el leguaje utilizado en algunos capítulos hace mención diferenciada entre ambos sexos. Así, en los capítulos  8 y 10, se habla de “cofrades y cofradas” y en el capítulo 18 se habla de “hermanos y hermanas” con intención de explicar que las obligaciones son iguales para ambos
Curiosamente en el siglo XVIII parece que se produce una regresión en el papel que las mujeres desempeñaron en estas hermandades y no es hasta el 28 de marzo de 1874 cuando en el libro de  acuerdos de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, refundada en 1865, se produce la admisión de una mujer, María Josefa  Zarza, como hermana de esta cofradía, que lo solicitó después del fallecimiento de su marido, don Cornelio Gómez, que era hermano antes de fallecer, aunque señalando que tenía que ser “sin voz ni voto”.


A lo largo del siglo XX la mujer va a ir adquiriendo derechos en las hermandades de Penitencia y de San Vicente, aunque en aquella no se le permitió la participación en los desfiles procesionales vestidas de Nazareno hasta bien entrado el último tercio del siglo XX.


En el año 2003, por primera vez una mujer, curiosamente con el mismo apellido que aquella otra que fue admitida en 1874, María Dolores Zarza, desempeñó el cargo de hermana mayor de la actual hermandad de Penitencia.


23/06/2020 20:44 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


DESCUBIERTAS DOS SEPULTURAS ANTROPOMORFAS EN LA FINCA LOS MANANTIALES

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Alertados de nuevo por nuestro buen amigo Felix Lancha sobre la asistencia de dos extrañas oquedades en dos formaciones rocosas en la finca Los Manatiales de Zalamea la Real, nos desplazamos allí y comprobamos que se tratan efectivamente de dos sepulturas antropomorfas labradas en roca cuya datación se remonta probablemente a época medieval. Son dos excelentes muestras, bastante bien conservadas, del poblamiento de la zona en aquella época, que por su proximidad a los grabados rupestres de esta misma finca plantea incognitas interesantes.

Estamos documentándonos sobre este tema y próximamente publicaremos un artículo profundizando en su significado y ofreciendo más datos sobre ellas y su posible origen.

22/05/2020 21:02 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ÇALAMEA 1425

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Principios del año 1425. En Castilla reina Juan II. Una pequeña población al suroste peninsular que había sido ganada a los musulmanes e incorporada a la corona de Castilla hacía poco más de 150 años, atraviesa momentos difíciles. Antaño llamada Salamya, en la nueva lengua castellana su nombre había pasado a ser Çalamea. Está  habitada por gente mayoritariamente cristiana, pero aún se encuentran algunos de religión judía y  unos pocos descendientes de los antiguos musulmanes convertidos ahora, por fuerza  o conveniencia,  al cristianismo. Todos conviven  en una frágil armonía.

Ha alcanzado ya la condición formal de villa y  se encuentra bajo el señorío del arzobispo de Sevilla. Viven en ella alrededor de 100 vecinos, lo que supone entre 400 y 500 habitantes reales, distribuidos en un término extenso en el que también, bajo su administración, existen otros núcleos: Buitrón, Buitroncillo, Pozuelo, El Villar, Marixenta, Membrillo, el Monte de El Campillo, el Monte de Alonso Romero y Santa María de Rio Tinto.  Cultivan  en sus campos cereales y lino,  acotan algunos terrenos para viñas, cuidan y aprovechan el fruto de enormes dehesas de encinas y alcornoques y se afanan en sacar provecho de sus numerosas huertas; crían ganado: cerdos, bueyes y cabras: pero también se esmeran en algunas trabajos artesanales como los lagares de cera, el curtido de pieles y tejidos de lino.

Cuenta  la villa apenas con una  docena de calles que se agrupan en torno a un antiguo edificio restaurado que alberga una iglesia compuesta por dos naves y un pequeño campanario. Las calles tienen suelo de tierra y al ponerse el sol se sumergen en la más profunda oscuridad. Los que a esas horas transitan por ellas, por necesidad u obligación, deben llevar alguna luminaria que les alumbre el paso.

Dos alcaldes ordinarios rigen el pueblo ayudados por un alguacil, un escribano y un mayordomo. Todos bajo la atenta vigilancia de un alcalde mayor, designado por el arzobispo y que vela por sus intereses y porque se paguen los impuestos que a él se deben como señor de Zalamea.

Como a un cuarto de legua hacia levante  hay una pequeña ermita donde se venera una imagen de Santa María de Ureña, traída hace tiempo por los primeros repobladores castellano-leoneses desde sus lugares de origen.

Y aquí, en Zalamea, en los primeros meses de 1425, se padece una terrible epidemia de peste. Los vecinos tanto del pueblo como de su comarca sufren los rigores de esta terrible enfermedad que diezmó la población de toda la península ibérica durante la Edad Media.

Los alcaldes y hombres buenos de la villa, reunidos una noche, bien abrigados por el frío que todavía se deja sentir, ignorantes de las causas y el remedio de aquel mal que amenaza a los sencillos zalameños y a sus familias,  buscan en la religión la forma de resguardarse de ella.  Uno de los allí presentes propone elegir un santo patrón al que invocar para que interceda por ellos ante el Altísimo. Enseguida se escuchan los nombres de santos según las preferencias de cada uno, pero los alcaldes hacen valer su criterio acerca de es es una decisión de gran trascendencia que debe tomarse entre todos los que habitan la villa y así acuerdan convocar un concejo abierto en la puerta de la iglesia después de misa para el próximo domingo. Sería sobre sobre el mediodía, antes de la hora sexta, cuando las campanas tocan convocando a todos los vecinos varones de la villa y sus aldeas, a los que un pregonero había puesto sobre aviso antes oportunamente. Allí, ante el escribano Juan Rodríguez, se juntan la mayor parte de los hombres del pueblo. Entre ellos están Antón García Madroñuelo, Andrés García de la aldea de El Buitrón, Santos Martín del Butroncillo, también Alonso Martín de El Pozuelo, Juan de las Armas, Bartolomé Rodríguez y otros muchos venidos de todos los puntos del vasto término de Zalamea. Las mujeres y los niños miran expectantes retirados prudentemente. Solo los hombres toman parte y deciden sobre aquella cuestión en aquel momento tan solemne.

Estando ya todos juntos, después de debatir sobre la forma de elegir al santo se acuerda hacerlo fiándolo a la  suerte. Se adelanta entonces Bartolomé Martín, cura de la villa, y colocando un cántaro en el que se habían metido papeles con los nombres de todos los santos de las letanías, llama a  un niño y le manda que metiera la mano en el cántaro y  sacara uno de los papeles. Así lo hace el pequeño y extrae aquel que llevaba el nombre de San Vicente, por tres veces consecutivas se repite la extracción y en las tres sale el nombre del mismo santo, por lo que todos entenden que Dios les daba como patrón al glorioso San Vicente. Era, a la sazón, el 24  de marzo de 1425

Allí mismo se decide formar una hermandad y  se nombran a sus priostes y se acuerda mandar hacer una imagen del santo y contruirle una ermita, que en este caso se levantaría a poniente en un pago que ofrece el concejo. Los más hacendados del pueblo ofrecen a la nueva hermandad bienes y suertes de tierra para que dicha hermandad tuviera rentas propias.

Y de esta manera San Vicente Mártir se convirtió en patrón de la villa. Mucho ha llovido  desde entonces, ha habido guerras, periodos de abundancia y de malas cosechas, sequías y fuertes temporales, pero 594 años después, los descendientes de aquella Çalamea del Arçobispo, hoy convertida en Zalamea la Real, sigue rindiendo culto a aquel santo que eligieron sus antepasados.

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La narración es una recreación ficticia de la elección del santo, pero está basado en hechos rigurosamente históricos.

En 1425 Zalamea estaba asolada por una epidemia, “pestilencia” según dicen las reglas. Hemos supuesto como más probable que fuera de la temida peste negra, porque sobre 1422 tenemos constancia que hubo una  que tuvo especial virulencia en el suroeste peninsular, que quizá se prolongara hasta 1425, pero también pudo ser de otro tipo . En aquellos tiempos se denominaba pestilencia a cualquier epidemia que causara enfermedades y muertes.

Las personas nombradas son reales, aparecen en las reglas de la hermandad y son los primeros zalameños de los que se conocen sus nombres.

El número de habitantes de Zalamea en aquel tiempo está deducida de los datos  de población que se conocen para el territorio de la zona.

La reunión celebrada en la puerta de la Iglesia fue probablemente un concejo abierto, una forma de administración municipal asamblearia en el que los hombres de la villa tomaban las decisiones importantes. Se celebró aquel 24 de marzo de 1425, fue seguramente un domingo, fecha habitual en la que se celebraban los concejos abiertos.

Los denominados “hombres buenos” eran hombres respetados en el ámbito local, cristianos viejos e influyentes por su edad, experiencia o propiedades.

La ermita de Santa María de Ureña, hoy San Blas, ya existía en 1425, también la de Santa Marina en el Villar.

 Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

Imagen de San Vicente de Tomás Giner (Siglo XV)

21/01/2020 21:18 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS LÍMITES ENTRE ZALAMEA Y VALVERDE. UN PLEITO DE MÁS DE 400 AÑOS

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             Hace ya bastantes años tuvimos acceso a la trascripción de un documento fechado en 1450 en el que se trataba de un litigio entre Zalamea, dependiente entonces del arzobispado de Sevilla, y la villa de Niebla y su lugar de Facanías, lugar que luego se independizó con el nombre de Valverde del Camino, relativo a los límites de los términos de ambas poblaciones. Este documento no nos hubiese llamado la atención más que cualquier otro si no hubiésemos comprobado más tarde que la disputa se alargó durante más de 400  años, hasta finales del siglo XIX.

             Esta cuestión, por su peculiaridad, atrajo nuestra curiosidad hasta el punto de conducirnos a investigar el tema para profundizar en los orígenes y desarrollo de este proceso. Independientemente de las implicaciones socioeconómicas, que no cabe abordar aquí por su extensión, y de la seriedad que indiscutiblemente tuvo el asunto para nuestros antepasados, hoy, desde nuestra perspectiva, el tema ofrece un aspecto ciertamente anecdótico que en lo relativo a su duración reduce a una simple escaramuza la tan cacareada guerra de los cien años entre ingleses y franceses en la Edad Media y demuestra que cuando dos partes se creen en posesión de la razón son capaces de transmitir su disputa a varias generaciones, pasándolas de padres a hijos durante más de cuatro siglos.

            El documento al que antes hicimos referencia y que inicialmente nos introdujo en el tema es una escritura donde se recogen los autos y las sentencias que sobre el conflicto da Fray Rodrigo Ortiz, comisionado de mutuo acuerdo por Don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia y conde de Niebla, y don Juan de Cervantes, cardenal de Ostia y arzobispo de Sevilla, señor de Zalamea, para que resolviera sobre la colocación de los mojones (postes de mampostería destinados a marcar los límites territoriales) entre ambas poblaciones. Este hombre recibe a los alcaldes y regidores de los dos pueblos, que se acusan mutuamente de haber modificado las mojoneras que delimitan sus respectivos términos. La forma de resolverlo es interrogando a los testigos que se suponen neutrales, y que manifiestan conocer la situación de dichos puntos desde tiempo inmemorial al frecuentar la zona por las labores que en ellas realizan. Así mismo se refiere que la disputa viene de “más antiguo”.

 

            Posiblemente el origen del problema haya que buscarlo en la identificación de límites territoriales entre los distintos reinos de taifas, Hispalis y Lebla (Niebla) a los que pertenecían respectivamente Zalamea y Valverde pero probablemente esto no se puso de relieve  hasta que ambas poblaciones son reconquistadas por los cristianos y cedidas Zalamea al arzobispo de Sevilla y Niebla a los Guzmanes. Es precisamente en este momento cuando estos señores feudales ven la necesidad de establecer con claridad cuáles son los límites de sus respectivos señoríos ante los continuos enfrentamientos que se vienen produciendo entre los pobladores de uno y otro lugar por lo terrenos limítrofes. La decisión del mencionado juez Fray Rodrigo Ortiz, por muy salomónica que nos parezca, no dejó satisfechas a ninguna de las partes por lo que se desprende de posteriores documentos y los mojones eran derribados por unos y otros poco después de que volviera la espalda el último que los había colocado.

             En 1454, siendo arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca, los Guzmanes le arrebatan Zalamea, no devolviéndosela hasta 22 años más tarde. No tenemos certeza de que haya relación entre este hecho y las disputas territoriales, aunque no hay que descartar que así fuera. También pudo ser una forma de presionar para favorece la aspiración de un Guzmán a la silla arzobispal.

             La siguiente referencia documental la encontramos en el Libro de los Privilegios de 1592 cuando el licenciado Miguel de Rado, juez comisionado real, procede a la delimitación del término de Zalamea para entregarlo a las autoridades de nuestro pueblo des pués de haberse comprado a sí mismo. Al llegar a los límite por el sur y ante el conocimiento de las disputas, el tal juez comisionado cita el 28 de Mayo de 1582 a los representante del concejo de Niebla y Valverde para que se persone en la identificación de los mojones. Aunque en principio los allí presentes no interponen ninguna queja, más tarde hacen saber al corregidor su disconformidad  y el procurador de Niebla requiere a Miguel de Rado para que deje en suspenso el tema ya que ha elevado el proceso a la  Real  Audiencia de Granada, protestando de su autoridad. El dicho licenciado vuelve a preguntar a los testigos presentados por Zalamea, sobre la situación de los tan traídos y llevados mojones, pero estos testigos son descalificados por los procuradores de Niebla y Valverde, tachándolos literalmente de “odiosos y sospechosos”. No obstante el mayordomo del concejo de Zalamaea, Juan González Lorenzo, insta a Rado para que continúe con el amojonamiento en virtud de la autoridad que le otorga el rey, alegando que por esa razón está por encima de cualquier magistrado. Éste así lo hace, colocándolos en el lugar que les indicaron nuestros antepasados.

             A pesar de todo, el recurso interpuesto por Niebla tuvo como consecuencia que el pleito se prolongara durante una buena parte del siglo XVII y el libro de los Privilegios hubo de viajar a Granada para servir como prueba en defensa de los intereses de Zalamea; probablemente la firma real que figura al final de este documento debió de pesar en la última decisión.

            Las distintas sentencias que se dictar acerca del tema no lo dejaron ni mucho menos resuelto, por lo que el asunto se reanuda durante el siglo XVIII, y así vemos como en 1774 el Ayuntamiento de Zalamea da poderes a un agente de Granada para que prosiga con el pleito que mantiene con Valverde por el lugar que ya se conoce como la “Contienda” haciendo alusión a las sucesivas disputas que el lugar estaba originando y durante las cuales los mojones eran destruidos frecuentemente por los pobladores de ambas villas. Al año siguiente en 1775, se dicta una nueva sentencia sobre el pleito ordenando sean colocados en los lugares que estaban antiguamente.

             Esta sentencia tampoco dejó zanjada la cuestión. Lo que presumiblemente ocurriera en esta y otras ocasiones, es que al carecerse por aquel entonces de unos agentes de la autoridad imparciales que hiciesen cumplir las resoluciones dictadas, los vecinos no conformes con ellas procedían de nuevo a modificar la situación de los puntos que se servían de límites dando pie a que resurgiera de nuevo el conflicto. Y así ocurrió efectivamente porque ya en el siglo XIX, en 1837, los Ayuntamientos de Zalamea y Valverde acuerdan constituir una comisión que realice el reconocimiento de las mojoneras en el lugar de la Fuente de la Murta. La mencionada comisión o no llegó a un acuerdo o la solución que aportó no satisfizo a las partes enfrentadas, especialmente a la de Valverde, ya que en 1892, más de 400 años después del primer proceso al que dio origen, vuelve a suscitarse la polémica según se deduce por las quejas que los vecinos de Zalamea presentan a nuestro Ayuntamiento, denunciando que la gente de Valverde, aprovechando que el monte había crecido en el lugar, habían vuelto a modificar de nuevo la situación de los mojones.

            Desconocemos la situación topográfica exacta en la que las distintas sentencias establecieron los límites ya que el procedimiento utilizado era colocarlos “in situ” siguiendo los testimonios de las personas que conocían el lugar, por lo que no tenemos referencia de las variaciones que se produjeron, pero se deduce de los documentos consultados que en su mayor parte eran favorables a Zalamea puesto que los recursos generalmente eran interpuestos por Valverde y en la mayoría de los casos eran los vecinos de esta población los que procedían a modificar la situación de esos puntos.

             No tenemos constancia de que en el siglo XX se reanudara el conflicto. Es posible que el cambio de las estructuras de explotación de la tierra con las que arranca el siglo y el abandono progresivo por el escaso interés agropecuario que en ese momento ofrece la zona, unido a la aparición de nuevas actividades económicas en su cercanía, como los trabjos de las Minas de El Castillo, Oriente y Palanco que dan trabajo a muchos de los lugareños que antes se ocupaban por necesidad en el aprovechamiento de aquellos terrenos hacen caer en el olvido la cuestión que durante más de cuatro siglos había tenido en constante enfrentamiento a vecinos de ambas villas. Si algún resquicio quedaba en la mente de alguien, los tractores de la repoblación de eucaliptos vinieron a dar por concluido el tema.

Manuel Domínguez Cornejo Antonio Domínguez Pérez de León

12/11/2019 21:39 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS PETROGLIFOS DE ZALAMEA LA REAL

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Llamamos  petroglifos  a unas determinadas  representaciones propias del arte prehistórico que fueron realizadas mediante la grabación en grandes piedras de  figuras de características muy diversas. Para ello utilizaban un instrumento, generalmente también de piedra, con el que rayaban o golpeaban la roca hasta desarrollar la figura que se pretendía grabar, en ocasiones utilizaban también arena y agua.

Hay petroglifos prácticamente por todo el mundo, pero en la península ibérica tienen lugar fundamentalmente en el oeste peninsular, tanto en España como en Portugal. Son expresiones artísticas esquemáticas y simbólicas propias de una cultura que se desarrolló aproximadamente entre 1800 y 1500  aC , que se corresponde en nuestra zona con un periodo comprendido entre el final del Calcolítico y la Edad del Bronce.

Esta cultura prehistórica que dejo estas manifestaciones artísticas ha sido profusamente estudiada y se les atribuye un carácter mágico, simbólico, religioso  o ritual que supone un auténtico reto  para entender la forma de vivir de los seres humanos en aquel tiempo.

Muchas han sido las interpretaciones que se les ha dado a estos grabados rupestres; desde ser un antecedente previo a la escritura  hasta representaciones vinculadas a algún tipo de creencia religiosa, pasando por los que las consideran simples expresiones artísticas sin otra finalidad que la estética.

Zalamea ha sido uno de los lugares que ostentaba el honor de tener uno de los  yacimientos arqueológicos de mayor interés relacionado con este tipo de manifestaciones artísticas prehistóricas, pero el reciente hallazgo por nuestro amigo Félix Lancha de un nuevo grupo de petroglifos en Zalamea, en la finca de Los Manantiales, ha puesto de actualidad estas expresiones artísticas y hace que sean ya dos los lugares de nuestro término municipal en los que se han hallado este tipos grabados rupestres, ambos relativamente cerca de la población.

Son pues ya dos los grupos hallados en Zalamea, el grupo de Los Aulagares y el de Los Manantiales. Esto tiene su importancia,  toda vez que denota que el grupo de los Aulagares no fue un hecho aislado sino que en un momento determinado, alrededor del 1500 antes de Cristo, el término estuvo poblado durante un tiempo indeterminado por un pueblo que desarrolló esta peculiar  forma de manifestación artística. Lo que viene a situar a Zalamea en primera línea a la hora de estudiar este tipo de expresiones culturales.

El primer grupo, conocido en Zalamea desde hace tiempo, se encuentra en la finca denominada Los Aulagares, a 1 km aproximadamente, al suroeste de la población y está compuesto a su vez por dos grupos de piedras, separados entre sí unos 200 metros. El primero es una roca plana y  casi horizontal en la que se cuentan alrededor de 40 círculos concéntricos de formas variadas. El otro es de mucho mayor tamaño, pero con menos grabados , aunque más rico en lo que a simbología se refiere y  más dispersos, posiblemente por derrumbamiento. Los aulagares siguen siendo los grabados  más importante por su número y tamaño. Fueron estudiados por Mariano del Amo y hay diversas hipótesis sobre el significado que se les atribuye.  Pudieran ser símbolos relacionados con algún tipo de creencia religiosa con deidades astronómicas,  aunque últimamente está cobrando peso una interpretación más aproximada a las prácticas y necesidades cotidianas, apunta a que puede estar  relacionada con algún tipo de ritual  de culto al agua, invocando  lluvia, quizá  por su similitud con las ondas que las gotas al precipitarse  forman en la superficie del agua. En cualquier caso nada es definitivo y aún queda mucho por investigar para descubrir el auténtico significado de estos grabados.

El segundo grupo, el de Los Manantiales, recientemente descubierto, y pendiente  aún de datar y estudiar  por los expertos, es de menor tamaño que el anterior pero marca una notable diferencia en lo que se refiere a los símbolos grabados. Lo que apunta, bien a poblaciones distintas o al mismo grupo poblacional que se ha desplazado y  evolucionado, variando los símbolos grabados. En el caso de Los Manantiales, aunque aparecen también algunos pequeños círculos concéntricos, lo más significativo es que  en una de las rocas aparece un figura de difícil interpretación  ya que la roca está fracturada, habiéndose desprendido y desaparecido una parte en la pudo haberse completado la figura. Se trata de la representación esquemática de un animal o quizás una figura humana.  Tanto Los Aulagares como Los Manantiales debieron  ser  lugares de culto con un significado mágico o religioso. 

Los dólmenes repartidos por todo el término, las cistas  y los Petroglifos de la Edad del Bronce en  Zalamea la Real dan idea de la importancia que tiene nuestro término  en el estudio de la Prehistoria  en el oeste peninsular, algo de lo que podemos sentirnos orgullosos.

 

03/09/2019 20:53 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA INFLUENCIA DE LA INQUISICIÓN EN ZALAMEA

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Muchas veces nos hemos hecho la pregunta  si la Inquisición actuó en Zalamea. Veamos

En 1478 los Reyes Católicos fundaron la Inquisición en España. En contra de lo que se cree no fue un invento español, con anterioridad ya existía otra Inquisición creada por el papado, pero fue esta que crean los Reyes Católicos en España la que acabaría alcanzando fama mundial por su rigor y extrema dureza.

Tomás de Torquemada, nombrado Inquisidor general por los reyes, estableció  la sede del tribunal en Sevilla, ejerciendo su poder sobre todo el vasto reino de esta ciudad que incluía lo que hoy es la provincia de Huelva. No es por azar que fuera este reino el designado para constituir la sede primera del tribunal ya que Andalucía fue el último territorio en el que habitaron los musulmanes y donde persistía una numerosa comunidad judía. Su objetivo era velar por la pureza de la fe católica, combatir las perniciosas influencias  que estas religiones pudieran ejercer sobre los creyentes y vigilar las falsas conversiones. No tardaron mucho en constituirse tribunales de distritos en otros reinos como el de Jaén y Córdoba, creándose una tupida red de los conocidos como familiares y comisarios del Santo Oficio.

En lo que hoy es el territorio norte de la provincia de Huelva, el tribunal actúo con firmeza a finales del siglo XV. La existencia de colonias musulmanas, principalmente en Aracena y Almonaster, motivó que los tribunales del Santo Oficio intervinieran  especialmente en esos lugares.

Se tiene constancia de un auto de fe celebrado en Aracena el 20 de julio de 1481 en el que fueron  quemadas en la hoguera 28 personas. Por otro lado se sabe que en Zufre el tribunal del santo oficio de Sevilla estableció una sede temporal en un edificio que hoy ocupa el Ayuntamiento de esa localidad.

Los autos de fe eran actos públicos  que se celebraban para que los condenados pudieran mostrar su arrepentimiento, dictar las sentencias condenatorias  a los herejes y llevar  a cabo su ejecución,  cuando procedía. El reconocimiento público de su culpa, la abjuración, no siempre acarreaba el perdón y en algunos casos solo suponía la “clemencia” de ser ajusticiado antes de ser quemado en la hoguera. Si el reo no reconocía su delito ni mostraba arrepentimiento era quemado vivo.

No existe constancia hasta ahora de que el tribunal actuara en nuestro pueblo, y por tanto que tuviera lugar ningún auto de fe, pero sí sabemos de la existencia  en Zalamea desde el siglo XVI de familiares del santo Oficio.

Los familiares del Santo oficio eran agentes de segundo orden de la Inquisición que se ocupaban de vigilar la pureza religiosa de la población y de denunciar a aquellos sospechosos de herejías o de apartarse en su vida y costumbres de la heterodoxia católica vigente en aquellos momentos, Actuaban como verdaderos  espías del santo oficio, delatando a sus vecinos, en otras palabras, auténticos chivatos. Eran personas temidas en tanto que podían realizar su denuncia de manera anónima puesto que la inquisición no desvelaba nunca a los reos quienes eran los que les habían acusado. El hecho de ser familiar del santo oficio  suponía a sus titulares  ciertos privilegios como el derecho a portar armas.

Como hemos dicho antes no tenemos hasta el momento  constancia de personas de Zalamea que sufrieran persecución o fueran condenadas por el tribunal. El hecho de haber sido desde 1279 un señorío eclesiástico quizás impidió la proliferación de comunidades judías o musulmanas que fueron originalmente el centro de las sospechas. No olvidemos que el último arzobispo señor de Zalamea  fue precisamente inquisidor general de todos los reinos de España.

 La influencia de la Inquisición en Zalamea se ejerció de manera indirecta. Hemos podido ver documentos de limpieza de sangre que aún se conservan en archivos familiares. Se trataba de documentos protocolarios donde los aspirantes a algún cargo público de carácter eclesiástico o civil demostraban la pureza de su árbol genealógico. El Concilio de Trento celebrado entre 1545 y 1563 como respuesta a la reforma protestante estableció, entre otras medidas, la creación y celebración de ritos y manifestaciones de culto que contrarrestaran la propagación de la reforma de Lutero. Este movimiento conocido como “contrarreforma”  va a dar lugar a la fundación de numerosas hermandades religiosas que exteriorizan la devoción a las imágenes y símbolos católicos. Zalamea no es menos, y enseguida se crean en nuestro pueblo cofradías y hermandades, reflejo de las ya fundadas en Sevilla, con el fin de demostrar la las profundas creencias religiosas de los zalameños y especialmente  de los integrantes  de la hermandad. No es por casualidad  que en 1581, al poco de terminar el concilio  y coincidiendo con un periodo álgido de actividad inquisitorial,  se funde en Zalamea la hermandad de la Vera Cruz con su procesión de disciplinantes, los hermanos de sangre vestidos con su túnica blanca y los de luz con hachas encendidas. El capirote que más tarde incorporaron a su vestimenta los “penitentes” de las mayorías de hermandades religiosas de Semana Santa fue una herencia recogida de aquellos que se colocaban a los condenados por la Inquisición en señal de arrepentimiento.

La Inquisición fue abolida por las Cortes de Cádiz en 1813, fue restaurada por Fernando VII en 1814, pero había entrado ya en declive desapareciendo definitivamente 20 años más tarde.

 

 

04/06/2019 20:46 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS RELACIONADAS CON EL APROVECHAMIENTO DEL TINTO Y EL ODIEL (III)

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EL  ACECHE

Hemos dejado para el último capítulo el aspecto más particular, en lo que respecta a nuestro término, del aprovechamiento que los ríos Tinto y Odiel tuvieron durante la Edad Media y Edad Moderna, aunque en este caso debemos referirnos exclusivamente al río Tinto. Estamos hablando del aceche o acije. Con este nombre se conocía en aquel entonces a un sulfato de cobre, de hierro o de cinc, más  conocido en tiempos modernos como caparrosa.

Por su nacimiento y porque las aguas que afluían a la cuenca de este río procedían de terrenos antiguamente explotados, era en él donde se precipitaba este sulfato muy apreciado durante la Edad Media. Recordemos que el término que Zalamea administraba  entre los siglos XIII al XIX se extendía desde el río Odiel, por el Oeste, hasta la rivera del Jarrama, por el Este, por lo que el cauce del río Tinto discurría por terrenos pertenecientes a la que entonces era llamada Zalamea del Arzobispo.

En la época de la que estamos hablando, Edad Media y principios de la Edad Moderna, el acije o aceche era muy valorado por su uso tanto en medicina como en tintorería. Posiblemente en el río Tinto podrían encontrarse dos tipos de aceche, el azul que era el derivado del sulfato de cobre y el verde que era el derivado del sulfato de hierro. Aunque los documentos no lo precisan es muy probable que el más abundante fuera el azul, aunque no es descartable que se extrajera también el verde.  Ambos se precipitaban de forma sólida en los márgenes del río. El acije, según hemos podido saber, se utilizaba en época medieval para tres fines: el primero para fabricar tinta para escribir,  algo bastante escaso en el tiempo que nos ocupa; una segunda función era para tintorería, para teñir tejidos; ambas fines  le daban un alto valor en la Edad Media; y una tercera,  que respondería a su uso medicinal porque parece ser que se aplicaba como remedio en enfermedades de la piel.

Como hemos comentado más arriba, un buen  tramo del río en el que sus aguas tenían una mayor concentración de metales transcurría por el término de la  Zalamea del Arzobispo.

Pero debemos remontarnos a unos siglos antes porque ya en el  siglo X cuando Zalamea permanecía aún bajo dominio musulmán, encontramos referencias al aprovechamiento del Tinto para la obtención de la caparrosa y el alumbre, otro tipo de sulfato utilizado paja fijar los colores y darle más brillo. Varios estudios hacen referencia a autores árabes que hablan del aprovechamiento  de estos sulfatos antes del siglo XIII (mencionan a Ahmad al Razi  que describe: …E yace sobre el río Laxer, que muchos llaman río Tinto… e la tercera fuente nasce mucho acije que por eso cambian las aguas e no saben bien)

 También  hemos hallado  referencias a otros autores del  siglo XII que afirman que una de las fuentes del río es de aguas sulfúrica y que otra contenía sulfato de hierro, aceche, (Inb Galib). Un siglo después otra referencia a un autor árabe (Al Himyari) también menciona el conocimiento y el uso que los musulmanes hacían del aceche.

 Una vez reconquistado el territorio por los cristianos, como bien es sabido, Zalamea es cedida en 1279 por Alfonso X al arzobispado de Sevilla. No escapó entonces a los veedores arzobispales, siempre atentos a las riquezas de los territorios que pertenecían a su señor, el valor de estos sulfatos que aparecían  en el cauce  del río. Era tradición que el aceche recogido se reservaba íntegramente para el arzobispado. Y así se desprende de los documentos, porque  las ordenanzas municipales de 1535, que aún se conservan, dependiendo todavía Zalamea  de aquel señorío,  lo recoge en su artículo 127:

Otro sí, que cada y cuando hubiere acije en los ríos  que los alcaldes sean obligados a los mandar guardar hasta que se coja y que todos los ganados que no anden por ellos ni pasen sino por las pasadas siguientes, por la pasada del Val de las Tablas, y por  Paredes  Rubias y por encima del molino de Juan Nicolás y por el Argamasilla. Y que pasen los tales ganados acogidos. Y si fueren hallados en otra parte en los dichos ríos o no pasaren de la manera que dicha es que pague de pena por cada entrada cincuenta maravedís, la mitad para el concejo y la otra mitad para la persona que lo acusare.”

 El acije precipitado en los márgenes del río era recogido por mujeres y jóvenes expresamente enviados por el concejo en el mes de agosto, cuando el caudal del río estaba en su nivel más bajo y por tanto su extracción era más fácil. No deja de ser llamativo que este cometido lo realizaran sólo mujeres y niños, pero podría explicarse porque su producción no repercutía directamente sobre la economía de la villa  y los hombres no debían abandonar sus ocupaciones habituales para este menester. Por otro lado, los datos acerca de la forma de recogerlo y de la reglamentación acerca de los lugares de paso de ganado, así como las penas que se aplicaban a las infracciones, apuntan a que el aceche era algo muy valorado por  el señor feudal, el arzobispo, y que había que guardarlo celosamente

En el mismo sentido lo señala  la crónica del clérigo Diego Delgado, que recorrió el término de Zalamea en 1556, cuando aún Zalamea pertenecía al arzobispado, aunque estaba ya próxima su emancipación. Este clérigo describe en su narración:

 “y ansí todas las orillas de este río están llenas de aceche…” “ …son obligados los concejos de enviar sus cuadrillas de mujeres y mozas e mozos en todo el mes de agosto  a coger este aceche y con este aceche pagan al Arzobispo de Sevilla ciertos tributos, de los cuales ellos están obligados, los concejos y otras personas no lo pueden coger en ningún tiempo, `porque es suyo, del Arzobispo, so pena de graves penas…”

Una vez emancipado del señorío arzobispal, en 1592, en un proceso largo en la que Zalamea se convierte en una villa real, no hemos encontrado referencia de la explotación del acije en los años posteriores a esa fecha, aunque nos extrañaría que su extracción se detuviera de repente. Puede que en el régimen económico surgido de la Carta de Privilegios otorgada por Felipe II en junio de aquel año, el propio concejo se ocupara de extraerlo y comerciarlo, o bien puede que el rey o el propio arzobispo, que sabemos siguió manteniendo ciertos derechos, siguiera reservándose la producción. Dado su valor nos inclinaríamos por esto último.

Parece ser que a partir del siglo XVIII el aprovechamiento en general del  acije decayó mucho y con el tiempo, la explotación intensiva de las minas y el uso de otros productos para la obtención de tintes  hizo desaparecer esta actividad que durante la Edad Media, como hemos visto, alcanzó bastante importancia.

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

23/04/2019 20:45 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS RELACIONADAS CON EL APROVECHAMIENTO DE LOS RÍOS TINTO Y ODIEL (II)

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LOS MOLINOS HARINEROS

Siguiendo con los capítulos que dedicamos al aprovechamiento del Tinto y el Odiel abordaremos en esta ocasión el referido a los molinos harineros que se construyeron en ambos ríos.

Ya dijimos en otra ocasión que está documentado que la provincia de Huelva tuvo una intensa actividad cerealística durante la Edad Media y principio de la Edad Moderna que propició la creación numerosos molinos harineros en los márgenes de los cauces de estos dos ríos, de sus afluentes y riveras, ambos cauces atravesaban el término de Zalamea   y en ese trayecto se construyeron un gran número de ellos. Ambos ríos dispusieron de molinos que aprovechaban  la fuerza hidráulica del Tinto y del Odiel, creándose en torno a ellos una verdadera cultura arquitectónica acerca de estas construcciones.

El tipo de molino que prevaleció en nuestra área fue el conocido como molino de rodezno y cubo. Un molino modesto constructivamente hablando, pero que se ajustaba a las posibilidades y necesidades de la población, así como al tamaño y volumen del caudal de ambos ríos.

El molino disponía de una presa y un canal que encauzaba el agua a la parte inferior del molino o cárcava, cuarto del rodezno, que disponía de una pala o cuchara  que empujada por el agua transmitía movimiento a las muelas. Con esta presa y el canal se intentaba controlar las irregularidades del caudal que ambos ríos sufrían a lo largo del año. En la parte superior se encontraba la tolva donde se vertía el trigo que las dos piedras molían- la volandera o piedra superior y la solera o piedra inferior. El cereal una vez molido se recogía en la tolva chica             que a su vez la dirigía a la farinera, especie de cajón donde caía finalmente la harina. El movimiento producido por el agua en el se transmitía a la piedra de moler a través de un eje llamado espada.

Los molinos podían pertenecer a particulares, ser propiedad del arzobispo, de algún clérigo e incluso de capellanías o cofradías religiosas, aunque lo más común es que perteneciesen a varias personas  que compartían su propiedad, bien por haberla adquirido a otros o  haber puesto el capital para su construcción. Eran mayoritarios los propietarios eclesiásticos sobre los seglares. Es de significar que hubo alguna mujer dueña de algunos  molinos, probablemente  por herencia familiar o viudedad.

Como ya dijimos, no todos los molinos trabajaban todo el año, algunos de ellos  paraban durante el largo estiaje.

El estudio de los molinos de los que se han podido obtener datos refleja que en el río Tinto había tres cuya propiedad la ostentaba la Iglesia o una capellanía, ocho pertenecían totalmente  o en parte a clérigos y nueve  eran de seglares. De los seis que se situaban en el río Odiel, dos pertenecían a hermandades, capellanías o Iglesia, uno a clérigos y tres eran de seglares. Es interesante destacar que la mayoría de los molinos construidos en los siglos XVII y XVIII se encontraban en la cuenca del Tinto, un total de veinte; mientras que en la del Odiel encontramos activos seis.

Generalmente un número significativo de estos molinos eran arrendados por sus propietarios a personas que lo trabajaban a cambio de una cantidad que dependía de su producción y que podía oscilar entre los 75 y 300 reales de vellón. Esta cantidad, en algunos casos, -las menos- era sustituida por su valor en fanegas. La producción de los molinos variaba dependiendo de su situación y de si se mantenían trabajando todo el año. Así encontramos molinos con una producción que no superaba los 375 reales de vellón al año,-los hay incluso de 50 y 90 fanegas anuales - , mientras que otros llegaban a los 2700 reales de vellón, lo que podría equivaler a unas 180 fanegas anuales.

Aunque los primeros molinos datan de época medieval, el auge de la actividad molinera se sitúa durante los siglos XVII y XVIII. A partir del siglo XIX se produce un decaimiento en la actividad de los molinos de los ríos Tinto y Odiel, que acabarían abandonándose completamente a principios del siglo  XX.

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

30/03/2019 19:31 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GRABADOS RUPESTRES DE LOS MANANTIALES

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Recientemente nuestro buen amigo Félix Lancha Gómez, en sus frecuentes paseos por nuestros campos, descubrió un grupo de rocas en las que, en su superficie, aparecían extrañas marcas. Enseguida nos comunicó su descubrimiento y hasta allí nos desplazamos comprobando el interés del hallazgo. Realizamos un estudio detallado de las formas y figuras y tomamos fotografías que nos permitieran realizar posteriormente un estudio comparativo con otros grabados rupestres similares. Despues de observar los trazos, la profundidad de los mismos y las caracteríticas de la pátina que los recubre y el grado de erosión que han sufrido, comparándolos con otros similares de la oeste peninsular  (Aulagares, Galicia, fachada atlántica, Extremadura) podemos adelantar, pendientes de un estudio por expertos, que efectivamente nos encontramos ante unos auténticos grabados rupestres  con una datación preliminar relativa  en torno a finales de la Edad del Bronce ( aprox. 1.500 AC).

Son de unas características distintas a las de los  grabados rupestres de los Aulagares aunque dentro del mismo orden cronológico. Aparecen figuras irregulares esquemáticas que precisan de un estudio más detenido. Más adelante publicaremos las conclusiones de una investigación más detallada.

Para ver la serie completa de fotos y el dibujo sobrepuesto de la probable representación puede pinchar en este enlace.

18/12/2018 23:09 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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