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EL CULTO A SAN VICENTE EN ZALAMEA PUEDE SER ANTERIOR A 1425

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La reciente donación a la hermandad de las primitivas reglas de la hermandad de San Vicente de 1425, transcritas en 1638,   que hasta ahora se encontraban en paradero desconocido viene a poner de actualidad la antigüedad de unas reglas que de haberse registrado en su año hubiese sido una de las primeras hermandades de Andalucía. Pero ya hemos apuntado en otras ocasiones que probablemente el culto a San Vicente en nuestro pueblo es anterior a 1425 y puede que se practicara en Zalamea desde mediados o finales del siglo XIV. Es una afirmación arriesgada, pero los indicios que nos llevan a pensar de esta manera vienen de dos fuentes.

 En primer lugar el  contexto histórico que nos habla de una expansión del culto a San Vicente que parte del reino de Aragón en el siglo XII y se extiende por el resto de los reinos cristianos a lo largo del XIII y del XIV. Con lo que es posible que llegara aquí con los repobladores castellanos y leoneses que se establecen en el término después de la reconquista a los musulmanes. Además de en Zalamea, encontramos también referencias a su culto en la ermita de Santa Eulalia, en Almonaster, aunque este contexto histórico sería insuficiente para llegar a esta conclusión si no tuviéramos otra fuente  que le diera fundamento.

 ¿Cuál es esa otra fuente a la que nos referimos? Pues no es otra que las mismas reglas de la hermandad de 1425. Como de todos es sabido, aquellas antiguas reglas fueron transcritas en 1638 por encontrarse el original en muy mal estado, apremiados por un visitador eclesiástico que les exigía que fuesen enviadas cuanto antes  a Sevilla para ser aprobadas por el Señor Provisor. Si damos por sentado que los hermanos de entonces copiaron literalmente lo que estaba escrito  en las de 1425, como así parece ser por los que se dice en la introducción: 

 “…la dicha rregla como esta mandado… sacada a la letra es de el tenor y fforma que se dice:”   Es decir copiada literalmente.

 También al final se afirma que se ha copiado el original :

 “…Como todo lo susodicho consta de el dicho libro donde se saco y se traslado…”.

 Pues bien en aquel texto de 1425 se encuentran los indicios de los que hablábamos antes y que nos llevan a afirmar que la devoción por San Vicente estaba extendida en Zalamea antes de que se constituyera la hermandad en aquel año.

 En primer lugar en el nº 8 de la relación de rentas se dice textualmente:

 “…y anssimismo la obligacion que tienen los priostes y alcaldes de ella segun la debocion antigua que an tenido los coffrades desta santa cofradia…”

 Alusión clara a que en el momento que se redactaron las reglas ya se tenía devoción por el santo  que a partir de esa fecha sería oficialmente nuestro patrón.

 De la misma manera en el párrafo que da principio a los capítulos de las cofradía se dice:

 “… De la ración de lo que los hermanos coffrades estan en costumbre de esta santa cofradía de el señor Sant Vicente en cada un año en el buen gobierno de la cofradía es el siguiente:”

 ¡La costumbre! Es decir, los capítulos de las reglas que siguen no hacen sino recoger lo que es costumbre; dicho de otro modo, lo que se venía haciendo cada año por los devotos de San Vicente.

 Y en esto mismo se insiste  al final del capítulo 3 cuando se escribe:

“…y que tengan todos los hermanos sus belas encendidas en el entretanto que se dicen los oficios dibinos conforme a la costumbre antigua.”

Pero las reglas contienen más indicios que los expresamente escritos. Sorprende comprobar las importantes donaciones que los primeros priostes y hermanos de la cofradía realizan nada más constituida. Donaciones que buscan asegurar las rentas de las que debía disponer la hermandad para su mantenimiento y que no se explican de otra manera si no es porque aquellos antepasados nuestros ya tenían una fe consolidada en el santo.

Podemos concluir entonces en que es altamente probable que desde mucho antes de que se constituyera la hermandad en 1425, probablemente desde mediados del siglo XIV, se practicara ya la devoción a San Vicente Mártir en Zalamea, devoción posiblemente no reglada ni organizada, pero sí bastante asentada y que culminaría con la creación de la hermandad el 24 de marzo de 1425 después del solemne acto de la elección del santo como patrón, impulsados quizá por la necesidad de institucionalizar su culto para hacer frente, según nos cuentan las reglas, a una enorme epidemia de peste que asolaba la región. Epidemia de la que, según cuenta la tradición, quedo libre nuestro pueblo por la intersección del santo.

Manuel Domínguez Cornejo Antonio Domínguez Pérez de León

17/10/2017 22:33 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS LÍMITES ENTRE ZALAMEA Y VALVERDE

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UN PLEITO DE MÁS DE 400 AÑOS             

Hace ya bastantes años tuvimos acceso a la trascripción de un documento fechado en 1450 en el que se trataba de un litigio entre Zalamea, dependiente entonces del arzobispado de Sevilla, y la villa de Niebla y su lugar de Facanías, lugar que luego se independizó con el nombre de Valverde del Camino, relativo a los límites de los términos de ambas poblaciones. Este documento no nos hubiese llamado la atención más que cualquier otro si no hubiésemos comprobado más tarde que la disputa se alargó durante más de 400  años, hasta finales del siglo XIX.

             Esta cuestión, por su peculiaridad, atrajo nuestra curiosidad hasta el punto de conducirnos a investigar el tema para profundizar en los orígenes y desarrollo de este proceso. Independientemente de las implicaciones socioeconómicas, que no cabe abordar aquí por su extensión, y de la seriedad que indiscutiblemente tuvo el asunto para nuestros antepasados, hoy, desde nuestra perspectiva, el tema ofrece un aspecto ciertamente anecdótico que en lo relativo a su duración reduce a una simple escaramuza la tan cacareada guerra de los cien años entre ingleses y franceses en la Edad Media y demuestra que cuando dos partes se creen en posesión de la razón son capaces de transmitir su disputa a varias generaciones, pasándolas de padres a hijos durante más de cuatro siglos.

             El documento al que antes hicimos referencia y que inicialmente nos introdujo en el tema es una escritura donde se recogen los autos y las sentencias que sobre el conflicto da Fray Rodrigo Ortiz, comisionado de mutuo acuerdo por Don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia y conde de Niebla, y don Juan de Cervantes, cardenal de Ostia y arzobispo de Sevilla, señor de Zalamea, para que resolviera sobre la colocación de los mojones (postes de mampostería destinados a marcar los límites territoriales) entre ambas poblaciones. Este hombre recibe a los alcaldes y regidores de los dos pueblos, que se acusan mutuamente de haber modificado las mojoneras que delimitan sus respectivos términos. La forma de resolverlo es interrogando a los testigos que se suponen neutrales, y que manifiestan conocer la situación de dichos puntos desde tiempo inmemorial al frecuentar la zona por las labores que en ellas realizan. Así mismo se refiere que la disputa viene de “más antiguo”.

 

            Posiblemente el origen del problema haya que buscarlo en la identificación de límites territoriales entre los distintos reinos de taifas, Hispalis y Lebla (Niebla) a los que pertenecían respectivamente Zalamea y Valverde pero probablemente esto no se puso de relieve  hasta que ambas poblaciones son reconquistadas por los cristianos y cedidas Zalamea al arzobispo de Sevilla y Niebla a los Guzmanes. Es precisamente en este momento cuando estos señores feudales ven la necesidad de establecer con claridad cuáles son los límites de sus respectivos señoríos ante los continuos enfrentamientos que se vienen produciendo entre los pobladores de uno y otro lugar por lo terrenos limítrofes. La decisión del mencionado juez Fray Rodrigo Ortiz, por muy salomónica que nos parezca, no dejó satisfechas a ninguna de las partes por lo que se desprende de posteriores documentos y los mojones eran derribados por unos y otros poco después de que volviera la espalda el último que los había colocado.

             En 1454, siendo arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca, los Guzmanes le arrebatan Zalamea, no devolviéndosela hasta 22 años más tarde. No tenemos certeza de que haya relación entre este hecho y las disputas territoriales, aunque no hay que descartar que así fuera. También pudo ser una forma de presionar para favorece la aspiración de un Guzmán a la silla arzobispal.

             La siguiente referencia documental la encontramos en el Libro de los Privilegios de 1592 cuando el licenciado Miguel de Rado, juez comisionado real, procede a la delimitación del término de Zalamea para entregarlo a las autoridades de nuestro pueblo des pués de haberse comprado a sí mismo. Al llegar a los límite por el sur y ante el conocimiento de las disputas, el tal juez comisionado cita el 28 de Mayo de 1582 a los representante del concejo de Niebla y Valverde para que se persone en la identificación de los mojones. Aunque en principio los allí presentes no interponen ninguna queja, más tarde hacen saber al corregidor su disconformidad  y el procurador de Niebla requiere a Miguel de Rado para que deje en suspenso el tema ya que ha elevado el proceso a la  Real  Audiencia de Granada, protestando de su autoridad. El dicho licenciado vuelve a preguntar a los testigos presentados por Zalamea, sobre la situación de los tan traídos y llevados mojones, pero estos testigos son descalificados por los procuradores de Niebla y Valverde, tachándolos literalmente de “odiosos y sospechosos”. No obstante el mayordomo del concejo de Zalamaea, Juan González Lorenzo, insta a Rado para que continúe con el amojonamiento en virtud de la autoridad que le otorga el rey, alegando que por esa razón está por encima de cualquier magistrado. Éste así lo hace, colocándolos en el lugar que les indicaron nuestros antepasados.

             A pesar de todo, el recurso interpuesto por Niebla tuvo como consecuencia que el pleito se prolongara durante una buena parte del siglo XVII y el libro de los Privilegios hubo de viajar a Granada para servir como prueba en defensa de los intereses de Zalamea; probablemente la firma real que figura al final de este documento debió de pesar en la última decisión.

             Las distintas sentencias que se dictan acerca del tema no lo dejaron ni mucho menos resuelto, por lo que el asunto se reanuda durante el siglo XVIII, y así vemos como en 1774 el Ayuntamiento de Zalamea da poderes a un agente de Granada para que prosiga con el pleito que mantiene con Valverde por el lugar que ya se conoce como la “Contienda” haciendo alusión a las sucesivas disputas que el lugar estaba originando y durante las cuales los mojones eran destruidos frecuentemente por los pobladores de ambas villas. Al año siguiente en 1775, se dicta una nueva sentencia sobre el pleito ordenando sean colocados en los lugares que estaban antiguamente.

             Esta sentencia tampoco dejó zanjada la cuestión. Lo que presumiblemente ocurriera en esta y otras ocasiones, es que al carecerse por aquel entonces de unos agentes de la autoridad imparciales que hiciesen cumplir las resoluciones dictadas, los vecinos no conformes con ellas procedían de nuevo a modificar la situación de los puntos que se servían de límites dando pie a que resurgiera de nuevo el conflicto. Y así ocurrió efectivamente porque ya en el siglo XIX, en 1837, los Ayuntamientos de Zalamea y Valverde acuerdan constituir una comisión que realice el reconocimiento de las mojoneras en el lugar de la Fuente de la Murta. La mencionada comisión o no llegó a un acuerdo o la solución que aportó no satisfizo a las partes enfrentadas, especialmente a la de Valverde, ya que en 1892, más de 400 años después del primer proceso al que dio origen, vuelve a suscitarse la polémica según se deduce por las quejas que los vecinos de Zalamea presentan a nuestro Ayuntamiento, denunciando que la gente de Valverde, aprovechando que el monte había crecido en el lugar, habían vuelto a modificar de nuevo la situación de los mojones.

 

            Desconocemos la situación topográfica exacta en la que las distintas sentencias establecieron los límites ya que el procedimiento utilizado era colocarlos “in situ” siguiendo los testimonios de las personas que conocían el lugar, por lo que no tenemos referencia de las variaciones que se produjeron, pero se deduce de los documentos consultados que en su mayor parte eran favorables a Zalamea puesto que los recursos generalmente eran interpuestos por Valverde y en la mayoría de los casos eran los vecinos de esta población los que procedían a modificar la situación de esos puntos.

             No tenemos constancia de que en el siglo XX se reanudara el conflicto. Es posible que el cambio de las estructuras de explotación de la tierra con las que arranca el siglo y el abandono progresivo por el escaso interés agropecuario que en ese momento ofrece la zona, unido a la aparición de nuevas actividades económicas en su cercanía, como los trabajos de las Minas de El Castillo, Oriente y Palanco que dan trabajo a muchos de los lugareños que antes se ocupaban por necesidad en el aprovechamiento de aquellos terrenos hacen caer en el olvido la cuestión que durante más de cuatro siglos había tenido en constante enfrentamiento a vecinos de ambas villas. Si algún resquicio quedaba en la mente de alguien, los tractores de la repoblación de eucaliptos vinieron a dar por concluido el tema.

 Manuel Domínguez Cornejo                      Antonio Domínguez Pérez de León 

 

 

08/08/2017 23:10 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS PRIVILEGIOS (V)

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La delimitación del término y su entrega al Concejo de Zalamea no supuso el fin de los problemas. Parece ser que la desmembración de Zalamea del arzobispado originó algunos conflictos con esa dignidad eclesiástica ya que hay constancia de ciertas reclamaciones del Arzobispo sobre algunos pagos que debía hacer la villa, de manera  que Felipe II se vio obligado a responder con un albalá (disposición real) de 16 de marzo de 1583, ordenando a aquel cesase sus exigencias sobre el pueblo.

             Entretanto, el dinero prestado a Zalamea es transportado a la hacienda real donde por fin llega y después de las comprobaciones obligadas, el 12 de Diciembre de 1587, se extiende por Bartolomé Portillo de Solier, tesorero general del reino, una carta de pago dando constancia de haber recibido del concejo de Zalamea la cantidad estipulada. Sin embargo la deuda contraída por el pueblo con sus fiadores tardó más de  doscientos años en pagarse. Por cierto que D. Francisco Bernal cedió los derechos de cobro de ella a la Iglesia de Sevilla a la que la villa debió de seguir pagando durante ese tiempo.

             Pero la lentitud de la administración de Felipe II es proverbial y el reconocimiento de los derechos que adquirían los zalameños por la compra de su señorío tardó en producirse. Por fin el 15 de Junio de 1592, estando en Segovia, el rey Felipe II, aquél en cuyos dominios nunca se ponía el sol, otorga Carta de Privilegio a Zalamea, haciéndola “ villa de sí y sobre sí”, dueña de su propia jurisdicción. De ella podemos extraer, por significativos, estos párrafos:

 “… y os vendo a vos, el dicho concejo, justicia y regidores, escuderos, oficiales y hombres buenos de dicha villa, así a los que ahora son como a los que serán de aquí en adelante, para siempre jamás, la dicha jurisdicción civil y  criminal… y os hago villa de sí y sobre sí… para que en la dicha villa y en los dichos términos uséis la dicha jurisdicción…”

 “…para que la gocéis perpetuamente, … y que nos, ni los reyes nuestros sucesores, ahora ni en tiempo alguno no venderemos ni apartaremos… la dicha villa de Zalamea ni su jurisdicción y términos ni la daremos a … persona alguna de cualquier calidad y condición”

 “… Y si fuéredes o fueren despojados… de la tenencia y posesión… ha de hacerlo restituir y restituirán sin dilación alguna”

 Todo un auténtico status de  autonomía política, administrativa y económica.

Finaliza la Carta  de Privilegio con la firma autógrafa del rey certificada por su secretario.

            Hemos resaltado estos trozos de la Carta de Privilegio con el fin de dar una idea del alcance de ésta ya que ello va a marcar lo que será la historia de Zalamea durante toda la Edad Moderna.

            Todo este proceso, con la firma real a la que hemos hecho referencia, se recoge en un documento de excepcional valor que conocemos como el “Libro de los Privilegios” que se conserva aún en el archivo municipal y que se debe seguir conservando  a toda costa con las medidas de seguridad que exige su importancia.

 

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

27/06/2017 21:21 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS PRIVILEGIOS (IV)

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Después de ser anulada la venta de Zalamea al marqués, se inicia la delimitación del término que por aquel entonces era aún impreciso y que era necesario concretar, pero en aquel entretanto muere en el ejercicio de su cometido el licenciado Álvaro de Santander, el comisionado real desplazado a Zalamea con el fin de llevar a cabo el proceso, ocupando su cargo interinamente el doctor Burgos de Paz que lo ejerció hasta el nombramiento de don Miguel de Rado como juez de comisión para terminar de amojonar el término y entregarlo a las autoridades de Zalamea.

 Pero el primer problema surge cuando  se trata del dinero que había que entregar al rey para comprar nuestra propia jurisdicción. No disponiendo el  pueblo de esa cantidad en efectivo tuvo que embargar los bienes de propio y tomar un préstamo de doña Brígida de Arco Corso, saliendo como fiador un zalameño ilustre de aquella época, Don Francisco Bernal Estrada. Este hombre que algunos autores aseguran nació en Zalamea alcanzó muy joven altos cargos eclesiásticos en Jerez y Sevilla.

Una vez garantizados los fondos, el ocho de Mayo de 1581 Felipe II extendió una cédula por la que se concedía a Zalamea la jurisdicción y rentas jurisdiccionales de su propio término y la potestad de elegir sus alcaldes, oficiales y alguaciles, sin que se les pueda poner corregidor. Al año siguiente se procede a continuar con el amojonamiento y la delimitación de territorio para la cual había sido comisionado, tal como dijimos el licenciado Rado al que se le habían asignados un plazo de veinte días, cobrando su salario y el del escribano, Juan Catalán, del concejo de Zalamea.

 Mientras tanto, al principio de aquel año, 1582, se había procedido como era uso y costumbre, a nombrar los cargos del concejo  que regían la villa. Estos fueron, Alonso Pérez León y Alonso Romero, alcaldes ordinarios; Andrés Pérez León y Alonso González, alcaldes de la Santa Hermandad; Juan González Lorenzo, mayordomo; Pedro Alonso Bernal, alguacil; y Bernabé González, Juan Varela y Gregorio Salvador, como regidores, cargo equivalente al de los actuales concejales.

Don Miguel de Rado, dilató el proceso de amojonamiento excesivamente enfrentándose al Concejo que se exasperaba ante la lentitud de aquel en efectuar su cometido. Ya el año anterior, dicho concejo había enviado a Juan Serrano a Almonaster - pueblo que seguía un proceso paralelo al nuestro y en el que se encontraba dicho licenciado - con un requerimiento para que terminara de delimitar el término, siendo despedido con evasivas. Zalamea, protesta ante el Consejo Real de Hacienda que responde instando a Rado para que dé posesión de aquel a las autoridades de nuestro pueblo y así el 5 de Septiembre de 1582 , emprendió de nuevo su tarea. Ya en el amojonamiento se pusieron de nuevo de manifiesto las disputas entre Zalamea y Niebla por cuestiones de límites entre sus respectivos términos, a los que ya hemos hecho referencia en un artículo anterior (Los límites entre Zalamea y Valverde, un pleito de mas de 400 años). En todo este proceso estuvo acompañado por Juan González  Lorenzo, mayordomo del Concejo, como antes dijimos, al que por último le hace entrega solemne de los edificios públicos, la cárcel, el pósito y las casas del  Cabildo. A renglón seguido les hizo saber su intención de darles posesión de sus cargos en nombre del rey.

             Esto no fue del agrado de los munícipes zalameños que entendían , según la cédula de 8 de Mayo de 1581, por la que el rey les concedía la potestad de elegir sus cargos sin que se le pudiera poner corregidor, que Rado había cumplido ya su función como mero juez de comisión y por tanto no podía nombrar los cargos del concejo. De esta manera le presentaron, el 20 de Septiembre de 1582, un requerimiento para que no osase  molestarles en la posesión de sus varas. No obstante el licenciado insiste en su intención  y les convoca con ese fin el domingo, 23 de septiembre en las casas del Cabildo.

             En principio parece ser que su propósito fue la de ratificar a los que ya estaban, sin embargo para algunos miembros de la corporación aquello suponía un atentado a su honor y dignidad en tanto que era hacerles entrega de algo por lo que habían pagado y que consideraban fuera de lugar. Llegado el momento, determinados miembros del concejo optaron por plegarse a la autoridad de Miguel de Rado y les entregaron sus varas que éste les devolvió después de haberlas juntado con la suya como símbolo de posesión real, pero otros, encabezados por el alcalde Alonso Pérez León, se resistieron a hacerlo adoptando una postura enérgica y orgullosa ante el corregidor. Y así, tal como aparece en los documentos, “…habiéndosela dado no la acabó de soltar porque la mantuvo asida por un extremo de ella” Y para evitar un escándalo público el licenciado “…dio la suya propia a Juan Serrano, de la calle de la Iglesia…”, destituyendo a Alonso Pérez de León, y haciendo lo mismo con los tres regidores que le habían apoyado, nombrando a otros nuevos. Los destituidos presentaron al día siguiente una reclamación exigiendo la posesión de las rentas del almojarifazgo. 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

30/05/2017 22:56 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL (III)

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Como hemos dicho, el hombre que trajo la noticia a Zalamea fue Juan Ruiz Carillo, enviado “ex profeso” por el rey, que informó a los munícipes zalameños de la decisión real y  tomó los datos de población y renta,  marchándose a continuación. Meses después es enviado el licenciado Álvaro de Santander para tomar posesión de la villa y nombrar los cargos del concejo en nombre del rey y haciéndole saber que éste piensa respetar sus usos y costumbres. Más tarde por una cédula de 20 de Febrero de 1580, la vendería a Don Francisco de Guzmán, marqués de la Algaba. Algunas referencias hacen pensar que la primera venta fue a Don Nicolás de Grimaldo, príncipe de Salerno. Sin embargo, todo apunta a que este actuó como intermediario, siendo probablemente una especie de financiero de la corte que medió en la operación para proceder a la venta más conveniente. De cualquier manera la venta real y efectiva es al mencionado marqués. No obstante, el licenciado Álvaro de Santander hizo saber al concejo y habitantes del pueblo que si lo deseaban podían redimirse de la venta, pagando al rey la misma cantidad por la que se le vendía a don Francisco de Guzmán, disponiendo para decidirlo de cuatro meses. ¿Estamos quizá ante una hábil maniobra para conseguir más rápidamente dinero del que el rey no andaba sobrado precisamente? Cualquier respuesta a esta pregunta entra en el terreno de las conjeturas.

             El caso es que los habitantes de Zalamea, encabezados por aquellos vecinos que ocupaban una posición relevante dentro del pueblo tomaron la determinación de aceptar esta condición y solicitaron del rey el poder redimirse a sí mismos pagando la cantidad que se estableciera.    Esta opción fue probablemente decidida por este grupo de personas que gozaban de un status social elevado y a los que no se les escapó las ventajas que la compra del pueblo podría suponer para ellos, tanto económica como socialmente. 

            Y en efecto, ellos fueron los más favorecidos en esta transacción ya que la nueva situación del pueblo, que así gozaría de una cierta autonomía en su gobierno, les permitió consagrar tanto sus privilegios como el goce de sus posesiones sin necesidad de tener que rendir cuentas a ningún señor, aunque indiscutiblemente también el pueblo salió favorecido en gran medida, por cuanto suponía el disfrute común de muchos terrenos que se convirtieron en bienes de propio.  

La cantidad que se estableció, y que Zalamea debería pagar fue de 16.000 maravedíes por cada vecino y cuarenta y dos mil quinientos por cada mlllar de rentas jurisdicionales.Teniendo en cuenta que existían en ese momento 867 vecinos y medio, la cantidad total se ajustó en 15 cuentos (millones) 104,190 maravedíes.

 La venta al marqués es anulada. Pero queda por delante un camino tortuoso y lleno de dificultades 

 

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

25/04/2017 22:54 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL (II)

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LOS ORÍGENES

En una fecha imprecisa a finales de 1579 o principios de 1580 un funcionario real de nombre Juan Ruiz Carrillo llega a Zalamea  probablemente por el camino real procedente de Sevilla, que entraba en el pueblo por la zona que hoy es conocida como Puerta Real.

 Los lugareños que presenciaron la entrada de este hombre ataviado con una vestimenta que le distinguía como enviado del rey escucharon sus preguntas sobre dónde podía encontrar a los alcaldes ordinarios (en aquellos tiempos había dos). Seguramente alguien lo acompañó hasta dar con ellos. Después de presentarse  se reunió en la casa del Concejo con los dos alcaldes ordinarios y con el mayordomo a los que pidió los datos de población y renta, marchándose a continuación. Los responsables municipales se quedarían intrigados por esta visita, pero meses más tarde se presentó en el pueblo el licenciado Álvaro de Santander que tomó posesión de la villa en nombre del rey, notificándoles a las autoridades locales que desde el 1 de Enero de 1580 habían dejado de pertenecer al arzobispado de Sevilla.

En un principio aquella noticia debió de crear gran inquietud en los corazones de aquellos sencillos antepasados nuestro. Durante 300 años habían tenido como señor en lo espiritual y en lo temporal al arzobispo de Sevilla.

De esta manera se dio inicio a un proceso que duraría doce largos años y que finalizó con la firma de los privilegios por el rey Felipe II en Segovia el 15 de Junio de 1592. Durante esos doce años ocurrieron muchas cosas, algunas de ellas transcendentales para el futuro de nuestro pueblo, cosas  que pretendemos contarle en los sucesivos artículos que iniciamos ahora.

Conviene, no obstante, antes de entrar en materia, explicar en definitiva que son los privilegios de Zalamea. Se trata de un documento firmado de puño y letra por el rey Felipe II donde se recoge un conjunto de derechos que se le otorga al pueblo de Zalamea por haber comprado la condición de ser “villa de sí y sobre sí”.

El privilegio es pues una especie de decreto real, que tiene el máximo rango dentro de los protocolos reales, en el que se otorgaba las condiciones  y derechos que  adquiría Zalamea en su nuevo status tras la emancipación del arzobispado. Este privilegio se encuentra al final de un  documento que tiene la forma de libro al que le da nombre. En realidad se trata de una recopilación de cédulas y descripción de las  actuaciones llevadas a cabo para delimitar el término, los bienes comunales y la entrega de poderes, de manera que en él se cuenta todo el proceso desde el momento en el que el rey decide anexionarse la Villa de Zalamea hasta la firma del privilegio en 1592. Este documento es conocido como “Libro de los Privilegios” y se conserva afortunadamente en el archivo municipal de Zalamea la Real, siendo, junto a las Ordenanzas Municipales de 1535, una de las joyas documentales de nuestro pueblo.

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

30/03/2017 00:54 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

425 ANIVERSARIO DE LOS PRIVILEGIOS DE ZALAMEA LA REAL

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El 15 de Junio de 1592, en Segovia, el rey  Felipe II firmaba la carta de privilegios que otorgaba a Zalamea un status político y económico que le permitía gobernarse con cierta autonomía dependiendo exclusivamente de la autoridad real y eximiéndole de cualquier dependencia o vínculo con ningún señorío nobiliario o eclesiástico.

La firma de este documento marcaría a lo largo de toda la edad Moderna el devenir histórico de nuestro pueblo y su futuro. Hasta entonces Zalamea había sido un señorío eclesiástico, dependiente del arzobispado de Sevilla, situación que se prolongó durante poco más de 300 años, desde 1279 hasta 1592. Este hecho tuvo una enorme trascendencia para nuestro pueblo en muchos aspectos.

Es nuestra intención iniciar una serie de artículos que recuerde todo el proceso histórico que culminó aquel 15 de Junio de 1592 del que este año se cumplirán exactamente 425 años.

En los últimos tiempos recientes investigaciones han venido aportando datos que permiten enfocar este proceso desde una nueva perspectiva que por un lado da, si cabe, más relevancia a las consecuencias de aquellos privilegios y por otra descubre motivaciones y causas que anteriormente se desconocían.

En próximos artículos intentaremos reflejar y analizar los hechos que se iniciaron cuando el papa Gregorio XIII firma una bula por la que permite al rey tomar algunos bienes en poder de la Iglesia, entre ellos Zalamea.

Aunque este evento ya se conmemoró hace 25 años (400 aniversario de la anexión a la corona) creemos que esta fecha es posiblemente una de las que merece ser recordada y conmemorad debidamente.

Imagen de la ilustración: Primera página del Libro de los Privilegios de Zalamea la Real

 

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

14/02/2017 22:31 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SAN VICENTE Y SU RELACIÓN CON LOS "LUGARES COMARCANOS"

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Como bien es sabido, en 1425 fue elegido San Vicente Mártir como patrón de Zalamea. Nos encontrábamos entonces en la Edad Media y nuestro pueblo, que ya había adquirido la condición de villa, pertenecía al señorío eclesiástico del arzobispado de Sevilla. Faltaban aún 110 años para que se elaboraran las ordenanzas  de 1535, ejemplo de regulación económica y social para la época y que afortunadamente se han conservado en buen estado en nuestro archivo municipal, y se tardaría  todavía 160 años  en iniciar un proceso de emancipación del señorío arzobispal que culminaría en 1592 con la proclamación de Zalamea como villa de sí y sobre sí en una carta de privilegios firmada de puño y letra por el propio rey Felipe II, pero en aquellos momentos el pueblo era una pequeña población que se hizo eco de los cultos y devociones que se extendieron por la zona recién conquistada a los musulmanes, cultos y devociones que fueron traídos por los repobladores castellano-leoneses. Pero su culto no quedó circunscrito a nuestro pueblo sino que tuvo resonancia en lo que se dio en llamar los lugares comarcanos. De esa manera ya en aquella época el culto a San Vicente tuvo una estrecha relación con otros que se desarrollaron en la comarca y esa relación dejó huellas que han llegado hasta hoy.

Un ejemplo lo tenemos en la admirable ermita de Santa Eulalia en el término municipal de Almonaster, cercana a la aldea de El Patrás. Zalamea y Almonaster tuvieron una trayectoria paralela desde que pasaron a manos cristianas a mediados del siglo XIII. No es coincidencia que ambas luzcan hoy el apelativo “Real” como referencia a su proceso histórico. Ambas aparecen mencionadas en  el Privilegio Rodado de Alfonso X El Sabio de 1279, que recordemos es, hasta ahora, el primer documento en el que aparece el nombre de nuestro pueblo, “Çalamea”, y que se guarda en el archivo catedralicio de Sevilla. En el mencionado privilegio rodado se cede  Almonaster y Zalamea al arzobispado de Sevilla a cambio de Cazalla. Ambas fueron repobladas en gran medida por contingentes castellano leoneses y de igual manera ambas sufrieron un proceso similar de emancipación del arzobispado al que estaban sujetas. Pues bien en la ermita de Santa Eulalia pueden apreciarse unos interesantísimos frescos que reflejan escenas de santos cuyos cultos se extendieron en el medievo por las zonas reconquistadas. En ellos están representados, entre otros, el señor San Sebastián, que fue venerado allí, al igual que en Zalamea, por considerársele protector contra la peste que tanto daño hizo en la Edad Media. No olvidemos que  aquí en nuestro pueblo se le construyó una ermita que ya se menciona en el Libro de los Privilegios en 1592 y que, como todos saben, hoy se destina a la advocación de la Pastora. Por cierto, también en Almonaster se le construyó una ermita, hoy derruida y cuyas ruinas pueden verse hoy en las afueras del pueblo.

 Pero volviendo a los  frescos de la ermita de Santa Eulalia, bastante bien conservados, en ellos aparece también San Vicente, vestido de diácono, aunque en este imagen no porta los símbolos tradicionales de su martirio. En la parte inferior de la pared en la que figura representado San Vicente, situada a la izquierda, se puede leer  una inscripción que reza:

Esta ermita fue construida al servicio de Dios y de la bienaventurada Santa Olalla y reverencia al bienaventurado señor San Vicente”.

 Según el estudio publicado por don Manuel Cuaresma Martín dichos frescos han sido datados en el siglo XV o como muy tarde a mediados del siglo XVI. Aunque no puede asegurarse, cabe la posibilidad que  la referencia a la devoción a San Vicente proviniera de Zalamea, ya que hay documentos del siglo XVI que acreditan que a esta ermita acudían vecinos de Almonaster, Aracena y Zalamea. No obstante pudiera ser también que la devoción a este santo se desarrollara paralelamente en ambos pueblos, pero sólo Zalamea lo proclamó patrón.

Por otra parte la relevancia que tomó la hermandad en Zalamea y el culto a este santo se reflejó también  en todo el término, donde en algunas ermitas de las aldeas se conservó hasta tiempos recientes una pequeña imagen suya.

Pero su vinculación con el entorno no se limitó a las aldeas del término, las propias reglas de la hermandad de San Vicente hacen referencia a la relación que esta hermandad tuvo con otros lugares próximos y así quedó reflejado en ellas  que dos grandes calderos que había donado Bartolomé Rodríguez Pastor de Ureña, donde se cocían las vacas para el día en que la hermandad celebrare su fiesta, se les dejaría a Santa María de España y  Nuestra Señora de la Coronada, del término municipal de Calañas, debiendo pagar solo 6 reales para amañarlas – limpiarlas y prepararlas - y el coste de llevarlas y traerlas. Por cierto que esta es la primera referencia histórica que se tiene del culto a estas vírgenes en ese lugar. Estos mismos calderos eran cedidos también  a Santa Marina de El Villar y a Nuestra Señora de Ureña para sus fiestas, pero en ambos  casos, por tratarse de lugares zalameños, se les prestaría sin coste alguno.

Todo ello nos viene a indicar la resonancia del culto  a San Vicente por toda nuestra comarca. Culto que, ya se ha repetido cientos de veces, Zalamea ha sabido  conservar y que dentro de nueve años habrá cumplido exactamente la friolera de 6 siglos. Habría que pensar en conmemorarlo como se merece.

 

Pie de foto de la imagen:

Imagen de San Vicente representada en los frescos de la ermita de Santa Eulalia.

 

Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

 

07/02/2017 21:48 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS HUÉRFANOS DE LA GUERRA CIVIL

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El 25 de Agosto de 1936 las tropas nacionales entran en Zalamea y ocupan el pueblo. (Véase en este enlace el artículo sobre la guerra civil en Zalamea) Se establece entonces un gobierno encabezado por las fuerzas vivas  más vinculadas al Movimiento Nacional que como bien es sabido realizaron en las primeras semanas un dura represión  de los partidarios y simpatizantes del bando republicano, represión que luego se mantuvo en mayor o menor medida a lo largo de los años que duró la contienda.

Mucho se ha escrito y publicado desde entonces acerca de los represaliados de uno y otro bando y de las víctimas de aquella cruenta guerra civil. Pero hay un documento en el archivo municipal que nos habla de unas víctimas de las que poco se ha dicho y que refleja la verdadera dimensión de los efectos que tuvo en la población de Zalamea. Se trata de una relación realizada en 1937  de los huérfanos cuyos padres habían fallecido durante la represión o en los actos de guerra. La causa de la  orfandad es definida como “fallecimiento del padre en los actuales sucesos”. Eufemismo que intenta disfrazar la verdadera causa de la muerte de los padres de aquellos niños.

Como dijimos anteriormente, el número de ellos  que aparece en este documento refleja fielmente los demoledores efectos de aquella guerra en nuestro pueblo por una causa u otra.

En la relación aparecen en el año 1937, 97 huérfanos, de los cuales 51 eran niños y 46 niñas.

De ellos 11 eran menores de 2 años, 30 se encontraban entre 2 y 6 años y 36 entre 7 y doce años.

El resto, es decir 20 niños, eran mayores de 12 años.

La relación se completa con un apéndice realizado en 1938 en el que figuran 16 niños más, de los cuales 10 eran niños y 6 niñas, de estos dos eran menores de 2 años. Ocho contaban entre 2 y 6 años, 4 entre 7 y 12 años y dos eran mayores de 12 años.

Al final de la relación aparecen añadidos 4 niños más de una misma familia  que tenían 4, 7, 8 y 10 años respectivamente.

Como es lógico para la época abundan entre todos ellos las familias numerosas.

Había tres familias con 5 hijos y otra con 6.

Otras tres familias tenían 4 hijos

El resto tenían entre 3, 2 y 1 hijo.

En el documento no se hace constar cuál fue el objeto de esta relación, en principio el documento estaba dirigido a la diputación provincial e imaginamos que la intención era probablemente proporcionarles algún tipo de recurso que les permitiera subsistir, ya que, especialmente los huérfanos de represaliados, vivían prácticamente de la caridad ajena, fueran familiares o vecinos. Aunque sería exhaustivo dar sus nombres por otro lado a  estas alturas innecesario,  son perfectamente reconocibles los hijos de algunos de los que más destacaron en defensa de la república.

Los niños fueron, una vez más, las víctimas olvidadas de la guerra.

Imagen de la foto: Huérfanos de la guerra civil en un hospicio de Valencia

 

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

16/12/2016 20:48 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DE CUANDO BELMONTE ESTUVO EN ZALAMEA

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Para los buenos aficionados taurinos el nombre de Juan Belmonte siempre tendrá  un significado especial y poco más habría que decirle que ellos no sepan. Para los profanos en la materia, sin embargo, sería conveniente recordar que se trata de una de las dos grandes figuras del toreo de todas las épocas,  que desarrolló su carrera en el primer tercio del siglo XX. Era por entonces lo que hoy se ha dado en llamar la “Edad de oro del toreo” en la que dos figuras representativas de estilos contrapuestos,  que destacaron por encima de las demás, levantaron pasiones entre los aficionados de manera  que en más de una ocasión los seguidores de uno y otro acabaron, después de un festejo, originando una auténtica batalla campal, a pesar del respeto y la amistad que ambos toreros se profesaban mutuamente dentro y fuera de la plaza. Eran Joselíto, apodado “El Gallo” o “Gallito”, para distinguirlo de su hermano Rafael, también torero; y  Juan Belmonte.

Ambos mantuvieron una sana  rivalidad profesional que como ya hemos dicho trascendió a los tendidos, rivalidad que acabó trágicamente en 1920 cuando Joselito fue cogido mortalmente por un toro en Talavera de la Reina. Por su parte, Belmonte siguió toreando hasta 1936. Después de la guerra civil no volvió a torear. Para algunos entendidos Belmonte fue el precursor del toreo moderno y desde luego  un auténtico revolucionario para la época. Además de torero, autodidacta, era hombre de gran personalidad,  inteligente y culto, gran aficionado a la lectura y amigo de muchos grandes intelectuales y pintores de su tiempo hasta el punto de llegar a ser considerado por algunos un miembro más de la generación del 98. Una muestra de su personalidad es esta anécdota que se cuenta de él: después de la guerra civil, uno de sus banderilleros llegó a ser gobernador de la provincia de Huelva y como tal presidió un festejo al que asistió Belmonte junto a un amigo. En el transcurso del mismo, su acompañante le preguntó si era verdad que el gobernador había sido banderillero suyo, a lo que nuestro hombre contestó  afirmativamente, entonces aquel amigo quiso averiguar cómo de simple banderillero se podía llegar a ser  gobernador, a lo que Belmonte contestó con su marcado acento andaluz: “Po como va a sé, degenerando”.

 Belmonte se suicidó de un disparo en la cabeza en 1962, con 70 años y corrieron ríos de tinta haciendo conjeturas acerca de los motivos de su suicidio.

Pues bien no consta, en la ya larga historia de nuestro coso taurino, que este torero hubiese pasado por la plaza de Zalamea. O mejor dicho no constaba hasta que se publicó el libro de José Chaves Nogales sobre la biografía de Juan Belmonte (por cierto, libro recomendable para cualquier aficionado a la literatura, le gusten o no los toros). En este libro él mismo narra un episodio que le ocurrió aquí en nuestro pueblo. Más allá de su interés taurino quisimos seguirle la pista histórica a aquel suceso aunque se trate de una simple anécdota.

Cuenta Belmonte - recordémoslo para aquellos que no hayan leído aún el libro - que en su época de maletilla,  tuvo noticias de una capea que se iba a celebrar en Zalamea la Real, y hasta aquí se vino desde Sevilla junto a unos amigos. En aquel tiempo los aspirantes a iniciarse en la profesión taurina aprovechaban cualquier festejo popular para practicar y demostrar sus habilidades. Al llegar se vieron decepcionados porque comprobaron que la capea era solo para jóvenes del pueblo. No obstante, esto no les enfrió los ánimos y acabaron saltando al ruedo, pero enseguida fueron detenidos por la Guardia Civil. El cabo comandante de puesto,   posiblemente con la oculta intención de que se dieran a la fuga y librarse de ellos sin más complicaciones, les dijo que si le prometían presentarse ellos mismos voluntarios en el calabozo les evitaría  la vergüenza de llevarlos presos por las calles.

Así lo prometieron, y cuando  el cabo se marchó, todos hicieron lo que se esperaba, salir huyendo olvidando la promesa hecha. Todos menos uno, Belmonte, que haciendo gala de la personalidad que le caracterizaría siempre, se obligó a sí mismo a cumplir la palabra dada a pesar de la insistencia de sus compañeros en hacerle entrar en razón. Así que se presentó él solo en la cárcel donde acabaron por encerrarle en un calabozo,  en el que, como nadie contaba con que él estuviera allí, hubiera permanecido indefinidamente a no ser por un amigo que, avisado por él mismo desde una ventanilla que daba a la calleja, advirtió a las autoridades  que dieron la orden de ponerlo en libertad. Todo un episodio que el contó con orgullo muchos años  después al autor del libro.

Llevados, como hemos dichos, por la peculiaridad de la aventura, nos pusimos a investigar tratando de identificar fechas y de qué capea se trataba.

El episodio narrado en el libro de Chaves Nogales sucede entre aquel que cuenta su estreno de luces en Elvas (Portugal) y una becerrada que torea en la población  de El Arahal en Sevilla. Identificadas las fechas en las que se produjeron esos eventos, resultó que la becerrada de  Elvas tuvo lugar el 6 de mayo de 1909, y la de El Arahal el 24 de Julio de 1910. Entre ese espacio de tiempo, poco más de un año, averiguamos que tuvieron lugar en Zalamea 7 festejos: cuatro corridas, una novillada y dos becerradas; así pues debió ser una de estas dos últimas.  La primera se celebró el 29 de Junio de 1909 y la otra el 16 de Julio de 1910. Dado que esta última estaba muy próxima a la de El Arahal, tan solo a 8 días de diferencia, y que por lo que cuenta en el libro se deduce que  en los días previos se dedicó de lleno en conseguir apoyos e influencias para lograr que le dejasen torear en esa población, lo más probable, según todos los indicios, es que tuviera lugar en la primera, es decir, la que se celebró el 29 de Junio de 1909.

Se trató de  una capea en la que se lidió una novilla de 2 años cedida por Don José Carvajal Bernal y celebrada a beneficio de una Asociación de Caridad. El espada principal fue Sebastián Pérez de León, actuando como sobresaliente, José María Lancha y como picadores Rafael González Lancha, Cayetano de León Cornejo y Torcuato Pérez González y como banderilleros Rafael Pérez de León, Juan González, Manuel Caballero, Juan de Dios Lancha, Antonio Abad Gómez., Domingo González y Germán Castilla, con obligación este último de dar la puntilla. Como director de lidia figuraba don Luis Carvajal Pérez de León. El espectáculo dio comienzo a las cinco de la tarde, aunque la plaza estaría abierta desde las cuatro. La asistencia sería por invitación.

Como puede deducirse de la composición del cartel, miembros de familias acomodadas de nuestro pueblo, es lógico que la autoridad  no permitiera la participación de nadie que no formara parte de aquel restringido círculo, razón por la que seguramente fueron detenidos Belmonte y sus compañeros y por la que nuestro hombre, por mantener la palabra dada, se vio obligado a pasar algún tiempo en el calabozo.

 Así pues aquel 29 de Junio de 1909, Juan Belmonte, con 17 años, luego afamado diestro y paradigma del toreo de todos los tiempos, estuvo en la plaza de toros de Zalamea. Un nombre más a añadir a la larga lista de figuras que han pisado nuestro centenario ruedo, aunque eso le supusiera terminar en la cárcel de nuestro pueblo.

Imagen de la foto: Cartel de la becerrada del 29 de junio de 1909. (Fondo documental de la Peña Cultural Taurina de Zalamea la Real a la que agradecemos su gentileza)

Manuel Domínguez Cornejo         Antonio Domínguez Pérez de León

20/09/2016 23:10 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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