Facebook Twitter Google +1     Admin

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (III)

20120111004607-dolmen-7-noche-2.jpg

    Especificamos en el capítulo anterior los cinco tipos de monumentos funerarios que  hallamos en Zalamea. Nos centraremos en esta ocasión en los tres primeros.

     Todos ellos disponen de unos factores comunes, el contar con una puerta de acceso, un corredor y una cámara que ofrece una disposición en forma de V que ha venido a definir, según algunos autores (Piñón 1.985), el tipo de construcción, cubierto todo ello por un túmulo delimitado por un anillo peristalítico.

     El perímetro interior está relacionado con ortostatos que van aumentando de tamaño desde el corredor a la cámara, adecuadamente apuntalados en el firme y culminados con ortostatos de cubierta para cerrar el monumento y cubiertos todos ellos con un túmulo elaborado con tierra y piedras. El sistema  de montaje no está suficientemente estudiado, probablemente el túmulo se construyera simultáneamente con las piedras verticales y no es descartable que el interior también se rellenara con el fin de permitir la consolidación de aquellas y facilitar el acceso y colocación de las pesadas cubiertas. Una vez colocadas éstas procederían a cubrirlo en su totalidad con tierra.

     El túmulo está compuesto  por piedras superpuestas, compactadas con tierra y agua. Esta colina tumular cubría todo el monumento, disimulándolo en el entorno geomorfológico. El perímetro del túmulo viene delimitado por un anillo peristalítico que en algunos casos se trata de una simple hilera de piedras y en otros ha sido necesario levantar una pared por  la configuración del terreno. El túmulo ofrece en general una forma circular aunque en muchos casos se adapta a la orografía de la colina natural sobre la que se ha asentado. El diámetro del monumento oscila entre catorce y veintiún metros. El piso de la cámara y el corredor están terminados, en algunos casos, con una especie de barro rojizo muy bien compactado mientras que en otros se observa un empedrado  de guijarros blancos y determinados vestigios apuntan a que los ortostatos pudiesen estar pintados. Igualmente el túmulo puede que tuviera algún tipo de coloración que lo destacara de su entorno de manera que el aspecto exterior del monumento megalítico causara impacto visual y cumpliera su función, al margen de la funeraria, de señalización del territorio como dominio de un clan o tribu

      El acceso al interior se configura por un estrechamiento del corredor que posteriormente, ya en el exterior, se abre para buscar el anillo peristalítico. Dicho estrechamiento se culmina por una piedras verticales, una a cada lado, bien diferenciadas del resto de los ortostatos del corredor que señalan el inicio del mismo y que servirían de soporte o “ bastidor” para una puerta de piedra o madera.

 En algunos de ellos se detecta la presencia de una antecámara separada de la cámara principal por una losa colocada de forma transversal o simplemente definida por un ensanchamiento del espacio sepulcral (dolmen nº 4 de El Pozuelo). La cámara presenta en la mayor parte de los casos una forma poligonal al igual que las cámaras anejas. En otras galerías, el fondo está formado por una piedra  grande y única (dólmenes  18 y 14); normalmente este último caso es propio de los pequeños dólmenes de galería en los que la cámara y el corredor es todo uno.

 En proporción a las cámaras , el corredor es corto y sólo en muy pocos casos se observa  un corredor relativamente largo (dolmen 7). En los dólmenes de galería múltiple, el corredor no se encuentra necesariamente  en el centro sino que puede estar colocado en una situación lateral con respecto a las cámaras. La orientación es en general, salvo en contadas excepciones de este a oeste, con el corredor dispuesto hacía levante.

 

11/01/2012 00:46 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (II)

20111228003236-dolmen-m-1.jpg

Cuando el megalitismo irrumpe en Zalamea, los dos focos en que se originan este fenómeno¸ ya han tenido sus contactos y se han influido mutuamente, nos estamos refiriendo al occidental, fachada atlantica  y al oriental, Mediterráneo, no obstante, por razones de proximidad geográfica, las primeras ideas nos llegarían de occidente, Algarve y Alentejo portugués, que darían origen a los primeros sepulcros de galería de los que se extrae un ajuar marcadamente neolitizante. Posteriormente nos llegaría las primeras influencias orientales ( Almería) y los primeros contactos con pueblos que conocen la metalurgia y que nos introducirían en el calcolítico. No olvidemos que nos encontramos en el tercer milenio a.C. y que en el resto del Oriente peninsular se hallan inmersos en el calcolítico Pleno. Ante este panorama cabe preguntarse por qué estas dos culturas nos llegan en un tiempo relativamente simultáneos cuando originalmente existe una notable diferencia cronológica entre ambas. La respuesta puede estar en que mientras  la difusión desde Occidente es más lenta por el tipo de economía, agrícola-ganadera, desde oriente la difusión es más rápida ya que el conocimiento de la metalurgia le lleva a buscar más rápidamente  las fuentes de extracción allí donde ésta se encuentre. Como consecuencia de lo que acabamos de exponer está adquiriendo cada vez más relieve la tesis autónoma occidentalista  en relación con las técnicas constructivas y la forma de los megalitos en nuestra zona. Esta tesis nos refiere, en lo que respecta al megalitismo, el desarrollo de un fenómeno dolménico con unas característica propias y bien diferenciadas, representadas por un tipo de construcción adintelada  de ascendencia neolítica, claramente autóctona y occidental, propias de comunidades ganaderas y trashumantes del Andévalo, y por otro lado los monumentos de falsa cúpula de mampostería pertenecientes al bronce inicial, obra de grupos asentados en zonas más ricas, de acuerdo con el calendario de sus constructores, conocedores de nuevas técnicas para la extracción y elaboración del metal.

Dicho esto, podemos diferenciar tres etapas en la dinámica de construcción de los dólmenes. Estas son:

      -Una primera fase de transición o de formación, donde se aprecian la existencia de un sustrato neolítico íntimamente ligado al desarrollo posterior de la Edad del Cobre y que se refleja en materiales neolíticos, propios de pastores como pudieran ser: microlitos, azuelas cilíndricas, etc.

    -Una segunda fase que implica la Edad de Cobre propiamente dicha, formada con materiales de “facies” oeste europeas característica de los primeros agricultores.

 -Una tercera fase que correspondería a la última etapa de la edad del  Cobre, donde tradiciones se entremezclan con comportamientos vanguardistas con materiales procedentes de las culturas adelantadas de la metalurgia.

     Aunando todas la etapas que han arrojado yacimientos megalíticos en nuestro pueblo, desde aquellas en las que se denota una marcada tradición neolítica hasta estas otras que se enmarcan en el Bronce, encontramos cinco tipos de monumentos funerarios

 a)Pequeños dólmenes de galería, en los que no existen diferenciación entre el corredor y la cámara única de que consta.

b)Dólmenes de galería y cámara única dotadas de sostenes centrales para las piedras de cubierta

c)Dólmenes de galería en los que a la cámara inicial se le ha añadido otras laterales.

d)Sepulcros de falsa cúpula construidos con ortostatos verticales tanto en el corredor como en la cámara

e)Cistas ortoédricas construidas con grande losas.

En los próximos artículos nos extenderemos sobre todos ellos. 

 

28/12/2011 00:32 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL

20111214003137-dolmen-6.jpg

Antes de entrar en profundidad en el estudio del megalitismo  es necesario aclarar que no se trata de una etapa histórica propiamente dicha sino de un fenómeno cultural que se origina a finales del neolítico y se prolonga durante el calcolítico, siendo común a diferentes grupo poblacionales y aún de distintas culturas. Así pues, aunque como vemos puede datarse cronológicamente, ésta se encuentra relativizada por la situación geográfica, económica y cultural que hace uso de estos enterramientos.

El megalitismo viene definido, casi exclusivamente, por el uso de grandes piedras (mega= grande, litos= piedra) a la construcción de sus monumentos funerario colectivos aunque se encuadran dentro de él los sepulcros de falsa cúpula levantados con mampostería en seco, son los enterramientos que vienen a llamarse comúnmente “dólmenes”. Dejamos para más adelante el estudio de las creencias y ritos que acompañan a este tipo enterramiento.

El origen del megalitismo se remonta, como hemos dicho, a finales del Neolítico. Los últimos hallazgos estudiados en el Alentejo portugués por medio del método del Carbono XIV, así como los ya conocidos en el oeste   de Europa, apuntan que el inicio de este fenómeno se produce en la fachada atlántica europea, sin poder definir con exactitud que región fue la primera en emplear este tipo de enterramientos que después se extenderían hacia el interior del continente. Posteriormente encontramos otros focos en el Este de Europa (Mar Egeo) que va a irradiar su influencia por todo el litoral mediterráneo, llegando hasta la Península. En tanto que en los primeros se localizan construcciones ortoédricas con grandes piedras o losas, tanto verticales en el perímetro como horizontales en la cubierta, en la segunda encontramos un dolmen de corredor culminando su cámara con una falsa cúpula, manteniendo ambos tipos, que luego se influirán mutuamente, un factor común, el tratarse de monumentos funerarios colectivos. La extensión de este fenómeno cultural llega hasta el suroeste peninsular, evidenciándose por el tipo de construcción una mayor influencia occidental. Tal circunstancia se produce con lentitud, existiendo, pues, una estimable diferencia cronológica con aquellos, aunque el momento cultural en la cronología local es similar al de aquellos lugares en que se origina.  

 Ya introducidos en el megalitismo en general, encontramos unos elementos que son los que van a definir los tres tipos de dólmenes en los que puede concretarse este fenómeno cultural aunque, como veremos, estos tres van luego a diversificarse en una enorme cantidad de variedades, las cuales recoge Cabrero García en 1.988 en una exhaustiva catalogación de los diferentes subtipos  de sepulcros que pueden encontrarse.  Estos tres tipos serían:

A.Grandes cistas o cajas de enormes lajas tanto en su perímetro como en su cubierta.

B.Sepulcros de corredor y una cámara bien diferenciada del pasillo de acceso.

C.Sepulcros de galería en los que el corredor y la cámara son todo una sin límete        definido. Ya en la península, el fenómeno megalítico se extiende, como hemos dicho, profundamente por el sur, donde surgen poderosas culturas que van a imprimir a este tipo de construcción un sello muy particular, (Cueva de la Menga, El Romeral, Matarrubillas, Soto, etc.)

 La provincia de Huelva, por su situación dentro del suroeste peninsular, va ser el solar sobre el que va a originarse, con gran profusión, el fenómeno dolménico con unas especiales características que lo van a dotar de unas señas de identidad propias y bien diferenciadas.

 Hallamos en Huelva dos fases en el proceso de construcción de dólmenes que son las que van a dar orígenes a los distintos tipos que posteriormente vamos a encontrar. Una primera de “facies” claramente neolítica, por lo que se desprende tanto del tipo de construcción como del ajuar encontrado, de economía agrícola-ganadera con preeminencia pastoril, relegando la agricultura al papel de soporte energético en el que los monumentos funerarios son de galería en los que se utiliza ortostatos tanto en el perímetro como en la cubierta con un  ajuar compuesto por hachas de sección circular u oval de esquistos sin grabados y una segunda “facies” calcolítica en al que podemos encontrar sepulcros de falsa cúpula en el que el ajuar encontrado incluye puntas de flecha, de lados rectos o curvos y base cóncava, retocadas en sus márgenes, así como microlitos y cuchillos con retoques marginales, cuentas de collar e ídolos de tipo almeriense y pequeños colgantes de piedras verdes. Entre los de la primera fase está el dolmen nº 10 de Los Rubios y el dolmen de Soto, y entre los de la segunda fase hallamos el tholo de La Zarcita. Entre ambas fases y como nexo de unión entre ellas encontraremos numerosas hibridaciones y variaciones.

14/12/2011 00:31 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (V)

20111127204349-foto-guerra-civil-6.jpg

SEGUNDA FASE DE LA REPRESIÓN

 El 6 de agosto de 1937, debido al hostigamiento de las guerrillas formadas por fugitivos que se refugiaban en lo más agreste del termino de Zalamea y de toda la sierra de Huelva, Queipo de Llano vuelve a declarar toda esta comarca como zona de guerra. Esto provocó que durante el mes de agosto de ese mismo año volviera a practicarse una represión si cabe más dura que la que tuvo lugar recién terminada la toma de la Cuenca Minera por parte de las tropas nacionales. De esta manera se agudizaron las represalias contra los fugitivos y sus familiares. Las tropas sublevadas se veía incapaces de acabar con la guerrilla y con los fugitivos de esta zona y, como reacción, algunos de los familiares de estos fueron encarcelados y algunas de sus mujeres fueron humilladas, rapándolas al cero y purgándolas con aceite de ricino para provocar la incontinencia de sus esfínteres y exponiéndolas al público en ese trance.

Los datos referidos a la represión durante 1937 y 1938 reflejan lo que acabamos de decir. En los meses de Febrero a Junio de 1937 se ejecutó a una persona cada mes. Sin  embargo, a partir de agosto, como consecuencia del bando de Queipo de Llano, las víctimas se elevan a 6, en Septiembre de ese mismo año a 29 fusilados, mientras que en el mes de Octubre vuelve a descender a 7 las víctimas de la represión. A partir de marzo del 38 se contabilizarían sólo dos víctimas. Ya de manera más esporádica en el año de 1942 se contabilizó un total de 2 fusilados, aunque es necesario reseñar que durante este periodo fueron fusilados 10 personas del pueblo fuera de nuestro municipio.

 En esta segunda fase merece destacar dos sucesos relevantes en el sistema de represión de los nacionales. Uno de ellos por su significación  y otro como muestra documentada de ejecución por represalia.

El primero de ellos fue el incendio provocado por las tropas nacionales en la aldea de El Membrillo Bajo. Este hecho ocurre en el verano de 1937 y la acción tuvo lugar como consecuencia por un lado de las reclamaciones que los vecinos de esta aldea hicieron durante la república sobre los egidos o terrenos del común, lindantes con la aldea, de la que se habían apropiado un terrateniente de Zalamea y por otro lado la supuesta ayuda que los habitantes de El Membrillo venían prestando a los fugitivos que se refugiaban en los montes cercanos. Lo cierto es que una mañana los habitantes de la aldea se vieron sorprendidos por un destacamento militar formado por soldados y falangistas que entraron en la población arrasando, incendiándola y poniendo en fuga a muchos de los vecinos y ejecutando a otros. Perecieron catorce personas como víctimas de tal masacre. Los supervivientes, algunos de corta edad, huyeron buscando refugio en casa de familiares de otras aldeas cercana o hasta la misma Zalamea. Hoy las ruinas de la aldea derrumbada continúan siendo testigos mudos de aquel trágico suceso.

En segundo lugar, y como muestra de represalia, comentaremos lo sucedido a un matrimonio residente en la conocida Huerta del Cano , en la que el 4 de Marzo de 1938 les fue practicado un registro domiciliario encontrándosele revistas de índole anarquista. El motivo de estos registros fue el que el hijo de este matrimonio se hallaba huido y que  ellos le ayudaban de alguna forma. En dicho registro se encontró documentación comprometedora por lo que las fuerzas del orden los detuvieron y los llevaron a la cárcel munipal, instruyéndoseles un proceso sumarísimo. Sin embargo el día 11 de Marzo, siete días después, fueron sacados de la cárcel, de madrugada y pasados por las armas en un paraje de la inmediaciones del pueblo. Días más tarde cuando el juez instructor se trasladó a Zalamea para practicar diligencias en relación con el proceso se encuentra que estas dos personas ya no estaban detenidas. Tras algunas averiguaciones  comprobó que habían sido ejecutadas y decidió dar el sumario por cerrado sin más intento de hacer pesquisas.

La represión dejó, más que la propia guerra, una profunda herida en la memoria de la población.

27/11/2011 20:43 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (IV)

20111102004501-victimas-3.jpg

La represión por ambos bandos

 El 19 de Julio de 1936, una vez conocida la sublevación militar del día anterior, un grupo de exaltados y extremistas de izquierda realizaron una serie de actuaciones de destrucción de símbolos religiosos y represión contra personas que se habían destacado por sus posiciones de derecha. De esta manera ese grupo, en su mayor parte compuesto por hombres y mujeres venidos de pueblos colindantes, se dirigieron a la Iglesia y le prendieron fuego. Sus dependencias, muchas obras de arte y bienes de valor fueron destruidos y el techo de este edificio religioso se derrumbó por efecto de las llamas. El mismo día se prendió también fuego a las ermitas e imágenes que contenían en su interior. Todas ellas quedaron seriamente dañadas. Al mismo tiempo, ese día, fuerzas del bando republicano comenzaron a detener y encarcelar a personas que tenían  un marcada significación política de derechas y que eran consideras sospechosas de simpatías con el golpe militar, librándose de la ejecución por la actitud de firmeza de los comités políticos locales que situados en la puerta de la cárcel impidieron el acceso a los exaltados. Esta misma posición es la que mantuvo el alcalde ordinario de ese momento Cándido Caro que impidió que un grupo de mineros procedente de El Campillo pudieran entrar y prender fuego a la cárcel con los presos dentro, como parece ser era su intención.

Pero la situación se invierte a partir del 25 de Agosto de 1936 con la toma de Zalamea por las fuerzas nacionales. Naturalmente durante la batalla se produjeron bajas por ambas partes que oficialmente se elevaron a tres en el bando nacional, dos de ellos guardias civiles, y 7 en el bando republicano, aunque en realidad las cifras pudieron ser más elevadas, ya que las víctimas de las acciones de guerra  fueron abandonados o enterrados en el mismo lugar del enfrentamiento, puesto que  no se hicieron prisioneros.

 Después de la entrada de los nacionales  se  inició un proceso de represión que, como coinciden en señalar numerosos autores,  se distingue del anterior por  su carácter sistemático e institucionalizado, en el que se puede distinguir dos fases. La primera se originó nada más terminar la ocupación del pueblo por las tropas nacionales con el fin de depurar  a los políticos y dirigentes de izquierda que se habían destacado por la defensa de los intereses de la República.

En un primer momento se ordenó a todos los hombres que se presentaran ante las puertas del Ayuntamiento y siguiendo las indicaciones que desde la planta alta les hacían a los responsables militares destacadas personalidades del pueblo afines a los sublevados se procedía a la detención de los primeros dirigentes de izquierda. Los días siguientes  continuaron las detenciones directamente en los domicilios de los afectados. Los detenidos tras la batalla por la toma del pueblo fueron ejecutados de forma inmediata, los que fueron apresados con posterioridad iban siendo sacados de madrugada del depósito municipal y llevados a las proximidades del cementerio donde eran fusilados y enterrados a continuación en una fosa común de aquel recinto. Esta forma de ejecución originaba situaciones verdaderamente dramáticas ya que los familiares que les llevaban cada día el desayuno no hallaban  a  sus esposos, hermanos o hijos encontrándose con la dura realidad que significaba aquella ausencia.

 En esta primera fase se produjeron las siguientes víctimas: en los 6 días que quedaban de Agosto de 1936 fueron fusiladas 23 personas,  en el mes de Septiembre se producen 30 ejecuciones, pero  una vez pasada la intensidad de estos  primeros meses, y debido en parte a la presiones de las autoridades  provinciales para evitar la mala imagen que pudiera trascender del nuevo régimen, las ejecuciones disminuyeron; en Octubre  las víctimas fueron 5 y en el mes de Noviembre  hubo 3.

 A partir de ahí  se paralizaron y no conocemos oficialmente víctimas hasta el primer trimestre de 1937 cuando comienza la segunda fase de represión que abordaremos en el siguiente capítulo.

02/11/2011 00:41 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (III)

20111012195524-guerrileros-2.jpg

LOS FUGITIVOS (Segunda parte)

 Resignados, como ya dijimos en la primera parte de este capítulo, a vivir ocultos en el campo, los fugitivos comienzan a organizarse con un doble fin, por una lado salvarse de su detención y probable ejecución por parte de las tropas nacionales y por otra la de constituirse en una especie de resistencia a las fuerzas sublevadas, siempre con la esperanza de que la guerra diera un vuelco favorable a los republicanos. Estos grupos establecieron una organización básica, con sus propios mandos y, aunque disponían de una gran autonomía, contaban con información e instrucciones que le llegaban del bando republicano y enlaces de comunicación entre los distintos grupos.

 En el término de Zalamea se formaron varias partidas que se distribuyeron por lo más agreste del territorio del municipio. Un grupo se refugio en el entorno de Las  Zahurditas. Estaba integrado por huidos tanto de nuestro pueblo como de otros próximos. Sabemos que disponían de armas y de una infraestructura que les permitía un cierto nivel de seguridad. Al igual que otros grupos, éste realizó incursiones en caseríos y fincas particulares, entre las que se puede contar el asalto a la finca de El Espinillo de donde se llegaron a llevar doce vacas. El grupo se dividía a su vez en otros dos, uno en el mismo campamento de Las Zahurditas y otro instalado en el alto de Los Barreros. Esta división se llevó a cabo por razones de seguridad, sin embargo, para sus acciones,  coordinaban esfuerzos para conseguir un mejor efecto. En este lugar llegaron a tener su propio horno de pan que se ha conservado a pesar del tiempo transcurrido y que aún hoy puede visitarse . De la misma manera utilizaron uno de los dólmenes de El Pozuelo como almacén para guardar las provisiones.

 Tenemos también noticias de que partidas formadas en otras zonas de la provincia realizaron igualmente incursiones en nuestro término municipal. Fue el caso de las del Zorro o la de Flores.

 En 1937 se constituyó la  partida denominada Sacahuntos que se mantuvo activa hasta los años 40 o la del Malpuro formada en su mayor parte por fugitivos de Zalamea y Valverde, mandada por los hermanos Salgado Castilla. Con la llegada de guerrilleros del 14º Cuerpo del Ejército, apodados los Niños de la Noche, aumentó la concentración de huidos así como las esperanzas de triunfo de estos fugitivos. Se producen entonces de una manera más continuada los saqueos y las acciones de resistencia intentando ocupar de nuevo pueblos y aldeas, como sucedió en Nerva en febrero de 1937. Además tienen lugar atentados contra vías de comunicación e instalaciones del ferrocarril, de manera que desde finales del 36 la carretera de Huelva a Badajoz a la altura del término de Zalamea se convirtió en una pesadilla para las tropas nacionales. Las acciones de la guerrilla se multiplicaron de tal forma que se llegó a tener la impresión de que esta zona aún estaba en guerra. Fue por lo que, el 6 de agosto de 1937, Queipo de Llano vuelve a declarar la zona de la Cuenca Minera  como zona de guerra con lo que, de nuevo, son destinados a nuestra comarca destacamentos de militares entre los que, por cierto, se llegó a encontrar también algún que otro soldado zalameño. Esta declaración de guerra sirvió de excusa para dar paso  a una segunda fase de represión que comentaremos en un próximo capítulo.

 Paralelamente y, con el fin de llegar a una mayor eficacia en su lucha  contra los fugitivos, se constituyen las “harcas”, grupos de voluntarios milicianos, lugareños conocedores del terreno, algunos de ellos antiguos fugitivos convertidos al bando nacional, que eran encabezados por un mando militar profesional. Realizaron multitud de batidas, muchas de ellas con gran éxito. La que más fama tuvo en la provincia  fue la “harca del capitán Robles”, denominada de esta manera por el nombre del capitán de la Guardia Civil que los dirigía, José Roble Alés.

 Esta “harca” realizó batidas por todo el término. En una de ellas, el 26 de Diciembre de 1937, cerca de El Pozuelo lograron abatir a tres guerrilleros, a uno de ellos se le encontró un mapa con los itinerarios y campamentos guerrilleros de la provincia. El día 22 de Febrero  consiguen rodear  el campamento de las Zahurditas, pero los fugitivos allí refugiados, perfectos conocedores del terreno, lograron huir sin  sufrir ninguna baja  entre las más de 30 personas que se encontraban allí en ese momento, sólo pudieron hacerse con algunas de sus armas y una máquina de escribir. Sin embargo, más tarde, los guerrilleros lograron reorganizarse y realizaron una incursión en la aldea de El Pozuelo en la que se apoderaron de víveres y caballos. No obstante, días después, en otro encuentro con tropas nacionales, les fue arrebatado todo lo que habían conseguido.

 Hubo otro grupo de fugitivos refugiados al noroeste del pueblo, en las proximidades  del río Odiel, muy cerca de la finca “El Puerto”. Por lo que hemos podido saber, allí fueron rodeados y capturados algunos de sus miembros por las tropas nacionales. Los sobrevivientes, algún tiempo después, atacaron como represalia dicho cortijo y mataron a su dueño.

 A finales de 1938, comienza a decaer el fenómeno de la guerrilla. Varias fueron las razones. En primer lugar la presión a la que estaban siendo sometidos, tanto por las fuerzas regulares  del bando nacional como por las diferentes “harcas”; en segundo lugar porque los ánimos empezaron a debilitarse por el temor a la  represión que sufrían los familiares de los fugitivos; también influyó la desmoralización  que conllevaba  ver que la guerra estaba prácticamente perdida por parte de los republicanos. Paulatinamente fueron siendo capturados o abatidos, otros se entregaron voluntariamente. Sin embargo, algunos de los campamentos de los que hemos hablado, como fue el caso de Las Zahurditas, volvieron a ser ocupados esporádicamente por otros fugitivos, una vez que tuvo lugar la victoria definitiva de los nacionales.

 En definitiva, el fenómeno de los fugitivos y de la resistencia de la guerrilla ha sido uno de los capítulos más intensos pero menos recordado de la guerra civil.

12/10/2011 19:52 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (II)

20110923005132-columna-ochomil-c.jpg

LOS FUGITIVOS (Primera parte)

 Nada más terminar la ocupación de Zalamea y la Cuenca Minera por parte de las tropas nacionales se produce una primera oleada de represión que va dirigida contra aquellos que se destacaron por su posición política o por haber participado significativamente en las medidas tomadas por las corporaciones de izquierda. Pero hablaremos de ello  más adelante. Ahora abordaremos la consecuencia  inmediata de la ocupación.

 El temor a esa represión  da origen al fenómeno de “los huidos” a los que  localmente se les conoció como “fugitivos”. Naturalmente los primeros en huir fueron los que  participaron de una u otra manera  en la resistencia a la entrada de las  fuerzas nacionales, pero también, como hemos dicho, lo hicieron personas que por su afiliación política o por su significación durante el periodo republicano temían que contra ellos  actuaran las fuerzas ocupantes.

 Un gran número huyó al campo para ocultarse, simplemente con la intención de esperar acontecimientos; otros sin embargo intentaron pasar a zona republicana. En algunos casos, los menos,  se fueron familias completas, en otros fue solo el cabeza de familia el que huyó; en estos últimos sus familias sufrieron las consecuencias de su huida. El número de personas fugadas y ocultas en los campos de la comarca llegó a ser bastante alto, se calcula que hubo alrededor de unas 3.000 personas en el Andévalo Oriental. Esta cifra coincide en gran medida con los datos que aporta Avery (Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria) acerca de la diferencia de obreros que se incorporaron al trabajo en las Minas de Riotinto con respecto a los que lo hacían antes de la entrada de las fuerzas nacionales. Los que se quedaron en la zona en un principio, fugitivos de la oleada de represión de agosto de 1936, solo  pensaron en sobrevivir, sin víveres ni armamento y totalmente desorganizados, evitaban cualquier encuentro con tropas o personas que pudieran delatarlos, dormían a cielo abierto o en refugios naturales,  vivían de lo que podían recolectar, cazar o coger en las casas y cortijos rurales. En algunos casos lograron mantener el contacto con sus familias que les aportaban alimentos de una forma, a veces rocambolesca, dejando los víveres en lugares convenidos que eran recogidos por la noche. Hubo, incluso, quien se aventuró a entrar en el pueblo amparándose en la oscuridad  intentando burlar la vigilancia de los vencedores. Tenemos la certeza de un  grupo que logró pasar a los territorios republicanos por la parte de Badajoz; pero cuando esta provincia cae en poder de los nacionales, los fugitivos de nuestra comarca se quedaron aislados de la zona republicana, toda vez que Portugal, por sus simpatías hacia el gobierno de los sublevados, venia impidiendo la entrada en ese país de los huidos.

 En este punto conviene recordar lo sucedido con la llamada “Columna de los 8.000” en la que se integraron algunos fugitivos zalameños y otros más del resto de la Cuenca Minera. Los primeros partieron de Sevilla, después de que esta ciudad fuera controlada por Queipo de Llano.  El grupo fue engrosándose con la incorporación de un gran número de huidos de todos los lugares próximos a su recorrido. Conforme iba avanzando fue aumentando el número de integrantes que se concentraron en la Estación de tren de Fregenal de la Sierra hasta llegar a una cantidad que algunos autores calculan en torno a 8.000 personas, entre los que iban niños, mujeres y ancianos. Medianamente organizada, tenía como objetivo atravesar las líneas nacionales y llegar a zona republicana. Por el camino se iban aprovisionando en cortijos y caseríos, en ocasiones por la fuerza. El día 17 de Septiembre de 1936, en las proximidades de Llerena, las fuerzas nacionales, conocedoras de su existencia y situación  por los reconocimientos aéreos les prepararon una emboscada con abundante material de guerra que masacró a muchos  militares y civiles que la componían que aunque eran superiores en número, estaban prácticamente desarmados. A pesar de ello algunos lograron pasar las líneas, sin embargo los más retrasados de la columna se vieron obligados a retroceder  aterrorizados hacia las sierras próximas. Muchos fueron capturados posteriormente y otros optaron por regresar a sus lugares de origen y permanecer ocultos en los inmediaciones de sus pueblos donde podían tener la ayuda de sus familiares.

 Entre tanto, en Zalamea, los nacionales hacen correr la voz de que aquellos fugitivos que no tengan delitos de ningún tipo podían volver a su pueblo con la promesa de que no habría represalia alguna contra ellos. Se les pone como condición que debían presentarse y entregarse a las fuerzas nacionales con las armas que tuvieran en su poder. Algunos de los fugitivos confiaron en esta promesa y se presentaron ante las nuevas autoridades en el pueblo, pero en la mayor parte de los casos esta promesa no se cumplió y pasados unos días fueron siendo detenidos. Fue lo ocurrido con el alcalde republicano de Zalamea. Estos hechos provocaron que algunos se lanzaran de nuevo a la huida y los que tenían dudas en volver no se presentaron finalmente

 Una vez convencidos de que la integración era impensable y que su futuro pasaba por permanecer ocultos, comenzaron a organizarse y en muchos casos formaron bandas de guerrilleros para continuar con su lucha contra los sublevados con la esperanza de que la guerra diera un vuelco y las tropas republicanas  volvieran a reconquistar la provincia. La mayor parte de ellos no eran militares profesionales, algunos eran mineros, otros jornaleros o incluso maestros sin una preparación adecuada que compensaban con su pundonor y conocimiento del terreno. De esta manera durante bastantes meses consiguieron hostigar a las fuerzas nacionales mejor adiestradas y armadas.

Trataremos de ello en el próximo capítulo

 Imagen de la foto: Cabecera de la llamada columna de los ocho mil.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

23/09/2011 00:47 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (I)

20110908004453-columna-mineros-1.jpg

La ocupación de la Cuenca Minera y los primeros días después de la ocupación de Zalamea por las tropas nacionales

 Habiéndose cumplido en Agosto los 75 años de la ocupación  de Zalamea la Real por las tropas nacionales y respondiendo al compromiso que adquirimos al publicar el artículo en el que narrábamos este hecho (Ver artículo de Febrero de 2010: La ocupación de Zalamea la Real por las tropas nacionales durante la guerra civil.) vamos a dedicar una serie de capítulos a contar lo ocurrido a partir de aquella fecha.

Antes de comenzar con lo sucedido en nuestro pueblo recordaremos brevemente, a manera de introducción,  como se produce la ocupación de la Cuenca Minera en general y la participación de sus habitantes en la resistencia a la sublevados.

 Después del pronunciamiento de Queipo de Llano en Sevilla el 18 de Julio de 1936 adonde había llegado desde Huelva, donde el día 17 había estado simulando una inspección, una columna de mineros de Riotinto se dirige a aquella ciudad con el fin de evitar el triunfo definitivo de dicho general. Al mismo tiempo otra columna, esta vez de militares, guardias civiles y de asalto, al mando del comandante  Haro sale de Huelva con el mismo fin. No obstante durante el transcurso de la expedición el jefe de la columna militar decide sumarse a los sublevados y al llegar a Sevilla pacta con Queipo de Llano y prepara una emboscada en La Pañoleta a la columna minera  el 19 de Julio de 1936. Les hicieron estallar los camiones cargados con explosivos, causándole numerosas bajas, alrededor de 25 muertos y 78 prisioneros que fueron fusilados más tarde, el resto se vieron obligados a retroceder.

 Hemos contado este suceso por la incidencia que tendrá después ya que trae como consecuencia que un mes más tarde Queipo de Llano, temiendo una resistencia organizada en la Cuenca Minera, tome todas las precauciones posibles para garantizar el éxito de la ocupación de esta comarca por las tropas nacionales. Para ello organiza un movimiento envolvente que partiría  el 25 de Agosto desde tres puntos de la provincia de Huelva; por un lado una columna que sale de Valverde al mando del capitán Gumersindo Varela Paz, que a la postre sería la que tomaría muestro pueblo como ya hemos contado en el artículo al que hacíamos referencia al principio; otra que saldría de Aracena y tomaría Campofrío al mando del comandante Redondo y una tercera que saldría del Castillo de las Guardas al mando del comandante Álvarez de Rementería, dotando además a las fuerzas de una poderosa artillería y apoyo aéreo

 Los días 25 y 26 de Agosto de 1936 después de intensos bombardeos en El Campillo y Nerva que causaron numerosas bajas civiles, (recordemos que durante la guerra civil española la aviación bombardeó por primera vez poblaciones) se ocupa Zalamea, El Campillo y Riotinto. Posteriormente en la noche del 26 al 27 se toma el pueblo de Nerva, población de la que sus ediles habían huido con antelación a la Sierra del Padre Caro.

 Como ya explicamos, la ocupación de estos dos últimos  pueblos se llevó  a cabo con una resistencia menor de la que en principio las tropas nacionales esperaban, consecuencia en parte de los bombardeos que en el caso de Nerva duraron cerca de cinco horas. Es probable que influyera también decisivamente el desánimo que produjo en los leales a la República la toma de Zalamea y el fracaso de la intentona de recuperación de nuestro pueblo por fuerzas unidas provenientes de Riotinto y Campillo.

 Volviendo a la ocupación de Zalamea, una vez que las tropas nacionales tomaron el total control de la población se procedió a destituir y a detener a los miembros de la corporación republicana que había celebrado su última sesión el 4 de Julio de 1936 y que aún permanecían en la población, otros habían huido tras la entrada de las tropas en Zalamea. Inmediatamente se procede a formar una Comisión Gestora encabezada por un oficial de la tropas nacionales, que se encarga de tomar las primeras medidas mientras tanto se termina de ocupar y controlar toda la Cuenca Minera. Muchos zalameños de partidos de izquierda o sindicatos que habían participado de una manera u otra en política durante la etapa republicana huyen del pueblo por temor a las represalias. Una vez que  las fuerzas nacionales se asientan en la cuenca Minera  la mencionada Comisión Gestora que se formó con carácter provisional cesa siguiendo instrucciones del gobernador civil  y da paso el 30 de Agosto de 1936 a una nueva Comisión formada en este caso íntegramente por tres personas de la localidad de probada vinculación al llamado Movimiento Nacional.

 Entre las primeras medidas que toma esta comisión es la de readmitir en sus puestos a los funcionarios habían sido destituidos por las corporaciones republicanas del Frente Popular por diversos motivos. Así mismo se procede a abrir la caja de caudales y como quiera que no se conocía oficialmente el paradero del alcalde y del depositario de la corporación anterior que tenían en su poder las llaves, se procede a forzar la caja. En su interior se encuentran 936 pesetas y 50 céntimos en metálico y 1121 pesetas en valores, lo  que pone de relieve las honorabilidad de las personas que compusieron la corporación republicana  en sus últimos momentos ya que en su huida respetaron los fondos municipales por más que después se les acusara de haber utilizado indebidamente esos fondos.

Mientras tanto, durante el tiempo que permanecieron en  Zalamea los oficiales fueron alojados en las casa de las familias más pudientes mientras que la tropa se distribuyó en las casas de la gente sencilla y humilde a las que se obligó a acogerlos.

Imagen de la foto: Los mineros detenidos en La Pañoleta son conducidos a la Audiencia para someterlos a juicio sumarísimo

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

08/09/2011 00:44 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LOS LAGARES DE CERA EN ZALAMEA (II)

20110824104343-lagar-6.jpg

Los últimos lagares y el proceso de extracción y elaboración.

Hablábamos en el artículo anterior que la industria de la cera permaneció en Zalamea hasta bien entrado el siglo XX. Pues bien los últimos lagares de los que tenemos constancia estaban situados uno en la calle San Vicente y otro en la calle Sevilla, manteniéndose este último en funcionamiento hasta el año 1943. Perteneció a Don José Lorenzo Serrano, el terrateniente que encabezó la manifestación contra los humos en 1888, pasando posteriormente a la familia Ordóñez, al casar una hija de aquel con José María Ordóñez Rincón , presidente de la liga antihumos de Huelva y estuvo regentado en sus últimos años por Sebastián Domínguez Díaz.

El proceso de extracción de la cera se hacía de una forma puramente artesanal y hay que distinguir entre el lagar propiamente dicho y la fábrica donde se manufacturaba la cera, aunque generalmente se asociaban ambas cosas. No obstante tenemos constancia de que existieron fábricas que no disponían de lagar y debían acudir  a éste para extraer la cera en amarillo que, como explicaremos más adelante, era la primera fase de todo el proceso.

La descripción del procedimiento mediante el cual se llevaba a cabo la elaboración de la cera nos permite reconstruir nombres y utensilios hoy desaparecidos, así como el trabajo alrededor del cual giró la vida de un buen número de nuestros antepasados.

 La cera en bruto de los panales era traída al lagar en forma de bolas por los propietarios de las colmenas o por algunos tratantes mayores que la negociaban con varios colmeneros; al llegar eran pesadas en una balanza de gran tamaño. La unidad de peso por aquel entonces era la libra, cuyo valor era aproximadamente 400 gramos. Una vez en el lagar se hacía un primer cocido para reblandecerla y se amontonaba en los capachos y después de exprimidas mediante una prensa, fabricada enteramente de madera de encina, tanto el tronco como el cuerpo de la palanca de presión, se extraía la cera de color amarillo que se endurecía en unos bloques ovalados, obteniéndose así las llamadas “marcas”. Estas marcas volvían a otras calderas donde de nuevo eran derretidas pasando después a un recipiente cilíndrico con perforaciones en su parte inferior por donde salían unos hilos líquidos que mediante una especie de rueda eran introducidos en unas pilas de agua donde volvían a endurecerse. Así se obtenían las “cintillas” que eran llevadas luego al exterior y extendidas en unas pilastras alargadas donde por la acción del sol se blanqueaban. Para este fin era necesario exponerlas durante 21 días, a la mitad de los cuales se les daba la vuelta para blanquear la otra cara.

 Transcurrido ese tiempo se volvían a cocer para librarlas de impurezas y se hacían nuevas “marcas”, esta vez de cera en blanco que se almacenaban hasta ser derretidas de nuevo en otras calderas para hacer finalmente las velas. Esto último se hacía vertiendo manualmente la cera derretida con un cazo en los pábilos o cordones (la mecha) que colgaban de una rueda colocada en posición horizontal que se hacía girar a la vez que se le dejaba caer a cada pábilo un baño de cera; dependiendo del grueso  que se quisiera dar a la vela así eran las vueltas que debía dársele a la rueda para hacer pasar los pábilos por encima de un recipiente donde se recogía la cera sobrante que escurría y donde se mantenía caliente. Una vez endurecidas era necesario enderezarlas y cortarlas a mano.

El producto elaborado  podía ser velas, en sus distintas formas y gruesos y  antiguamente, también “hachas”, especies de velas gruesas con estrías y varios pábilos, que fueron utilizadas por algunas hermandades en sus procesiones. Parte de esa producción se vendía fuera aunque, según los informes de los que disponemos, la mayor parte de la cera que se exportaba era en amarillo.

 El último lagar al que hicimos referencia se cerró, como dijimos en 1943, después de la muerte de Sebastián Domínguez. Con él desapareció  una de las tradiciones artesanales que más prestigio dio a Zalamea a lo largo de su historia, habiendo quedado hoy en el más triste de los olvidos.

 Imagen de la foto: Proceso de fabricación de las velas. En la foto puede verse como la cera era vertida en los pábilos que colgaban de una rueda horizontal y la caldera donde se mantenía la cera derretida.

Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

LOS LAGARES DE CERA EN ZALAMEA (I)

20110809015924-prensa-lagar-2.jpg

UNA ACTIVIDAD INDUSTRIAL DESAPARECIDA

 Pocos productos elaborados en Zalamea difundieron en el exterior el nombre de nuestro pueblo como lo hizo la cera en el pasado. Sin embargo ¿Cuántos zalameños conocen hoy que existió una actividad industrial que le dio fama no sólo en nuestra región sino en una buena parte de España?  Pues bien durante los siglos XVIII y XIX se relacionó el nombre de Zalamea con la fabricación de cera  y miel hasta el punto que en algunos mapas se señalaba su posición con una colmena. De igual forma en nuestro antiguo escudo aparece una flor de jara como símbolo de la importancia que esta actividad económica tuvo para el pueblo.

 Aparte del aprovechamiento de la miel que lleva consigo la explotación de las colmenas, la producción de cera se materializa en un elemento que es el objeto de nuestro estudio:  el lagar de cera. Veamos como se origina esta actividad industrial.

 Aunque la extracción de miel se conocía ya en épocas prehistóricas, es en la Edad Media cuando se consolida en Zalamea aprovechando las condiciones naturales del término que favorecen la abundancia de colmenas a las que los repobladores castellanos no dudaron en sacarle su máximo rendimiento.

 Un factor decisivo para la creación de los primeros lagares, aparte de su uso doméstico, debió ser la demanda originada por las numerosas cofradías y hermandades religiosas que proliferaron en nuestro pueblo. Así encontramos las primeras referencias en las reglas de la hermandad de San Vicente, en 1425, cuando se dice “…las cuentas que cada año han de dar los priostes, así de las rentas de las tierras como de las obras pías y de la cera que hiciere para esta hermandad…” De lo que se infiere que ya en aquel tiempo se hacía cera  en Zalamea puesto que no se hace mención de la que se “comprare” sino de la que se “hiciere”.

 En un artículo anterior titulado “La cera en las manifestaciones religiosas del pasado” hacemos referencia a la elevada cantidad de cera que demandaban otras hermandades inmediatamente posteriores a la de San Vicente y que no vamos a repetir aquí y que influyó decisivamente en la creación de lagares de cera. Ya en las Ordenanzas Municipales de 1535 se dedican varios de sus artículos a esta actividad económica estableciendo en el número 68 los días y lugares en que se han de sacar los vecinos las colmenas y en el número 4 las condiciones que han de cumplir los que labren cera en el lagar del arzobispo, reconociendo implícitamente la existencia de otros lagares, pero sin precisar su número; así mismo al hablar del almotacenazgo (control de pesas y medidas) se menciona la cera pesada y labrada en dicho lagar del arzobispo. Posiblemente era donde se controlaba la mayor parte de la producción y a él acudían  muchos de los vecinos para hacer uso de prensa, calderas y pesos, convirtiéndose en el lagar por antonomasia, de tal manera que en el Libro de los Privilegios, cuando se recoge el momento en que el licenciado Rado en 1582 hace entrega del término al Concejo de Zalamea  y habla de “…una casa junto al lagar de cera…” se está refiriendo probablemente a él.

Así pues, aunque en principio consistió en una actividad destinada a autoabastecerse, la existencia de abundante materia prima permitió que más tarde creciera y se desarrollara transformándose en una de las más destacadas e importantes.

 Durante los siglos XVII y XVIII la producción de cera alcanzó las cotas más altas, así en el catastro del marqués de la Ensenada se registra la existencia de dos maestros cereros y 58 tratantes de cera, reconociéndose en 1787 un nivel de producción por un valor de 100.000 reales; un poco más tarde, en 1799, en la relación de vecinos más acaudalados, aparecen once de ellos con un importante valor en colmenas, que en conjunto llega a 43.150 reales. Probablemente la mayoría, si no todos, tendría su propio lagar.

 Según los datos de los que disponemos parte de la cera que se producía se exportaba a Madrid y a otros pueblos de Castilla y a ello se destinaban “recuas de bestias mayores” que eran utilizadas por sus dueños para transportar la cera en amarillo a estos lugares, tal como se explica en un informe extraído de las Actas Capitulares de 1786.

 A principios del siglo XIX aún perduraba intensamente esta actividad puesto que en un documento fechado el 21 de Noviembre de 1826, en el que se da noticias de la villa de Zalamea, se dice que hay “seis fábricas donde se elabora y blanquea cera y se hacen velas y así mismo en las propias fábricas hay tres lagares para sacar la cera en amarillo”. Por último, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico Estadístico – Histórico de 1835, también refiere la existencia de varias de ellas en Zalamea.

 Todo parece indicar que los lagares decaen en Zalamea a finales del siglo XIX aunque no desaparecieron totalmente hasta casi mediado el siglo XX, una razón fundamental posiblemente fuera el humo de las calcinaciones al aire libre de las minas de Riotinto que se incrementaron al hacerse cargo la Compañía Inglesa en 1873 de su explotación. Los humos que tanto perjudicaron al campo zalameño, fueron nefastos también para las abejas de nuestras colmenas.

 Es interesante conocer también cuáles fueron los últimos lagares de Zalamea y el proceso utilizado en la extracción de la cera y los procedimientos de elaboración, pero de ello hablaremos en el próximo capítulo

Imagen de la foto: Prensa del lagar de la Calle Sevilla. Fabricada con el tronco y "trepá" de una encina y un torno de la misma madera con los que se ejercía presión sobre los capachos para extraer la cera en amarillo.

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras

Contrato Coloriuris