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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2010.

GASTOS DE LAS COFRADÍAS Y HERMANDADES EN EL SIGLO XVIII

Entre los numerosos legajos que afortunadamente aún se conservan en nuestro archivo municipal, perdidos entre un fajo de papeles amarillentos se encuentra un informe en gran medida revelador sobre las cofradías y hermandades en el último tercio del siglo XVIII. El documento en cuestión, alojado en el legajo número 6 revela datos precisos sobre las cofradías y hermandades que existían en el pueblo en 1770, así como de los gastos que realizaban en sus funciones po festividades religiosas. Se trata pues de un documento de gran valor que nos refleja como era la vida y costumbres de nuestros antepasados en el año de 1770 en lo que se refiere a las fiestas.

 Este informe fue elaborado a petición del intendente de las hermandades o gremios de las fiestas religiosas, ofreciendo por tanto un panorama preciso de lo que era un año festivo en nuestra población. Es pues conveniente  recordar que habiendo sido Zalamea un señorío eclesiástico durante toda la Edad Media proliferasen las fiestas de marcado carácter religioso por lo que al margen de las que se mencionan en ella  serían escasas las festividades profanas que se ceelbraban como era el caso de las carnestolendas o carnavales. El documento nos refleja que en aquel tiempo no existía en Zalamea conventos ni beaterios de hombres o mujeres pero sí numerosas cofradías y hermandades. Se cuentan hasta un total de trece fiestas de carácter religioso que son las siguientes: Hermandad de la Suma Caridad, Cofradía del Santísimo, cofradía de las Ánimas, Cofradía del Rosario, Cofradía del Jesús Nazareno, Hermandad de la Vera Cruz, Hermandad del Carmen, Cofradía de San Vicente Mártir, hermandad de San Antonio, congregación de Nuestra Señora de los Dolores. A ellas hay que añadir otras tres fiestas religiosas que son la de San Sebastián, San Juan y San Blas. De todas ellas las que más dinero empleaban en su fiesta era de la San Vicente Mártir que ya en aquel tiempo gastaba una cantidad considerable en ella: 600 reales de Vellón que se cargaba todo a su cuenta. Teniendo en cuenta que un real de vellón , sería, salvando las distancias equiparable hoy a unas 3500 pesetas ( 21 euros) y un maravedí aproximadamente a 0,60 euros, unas 100 pesetas nos llevaria a concluir que la hermandad de San Vicente gastaría 12.621 euros (2 millones cien mil pesetas) cantidad verdaderamente sorprendente.  En cualquier caso, se trata de la hermandad probablemente más importante del pueblo en aquel tiempo como lo acredita los gastos que tiene, aunque bien es cierto que la cofradía de San Vicente Mártir celebraba algunas fiestas más a lo largo del año.

Curiosamente le sigue en importacia la Cofradía de las ánimas que gastaba alrededor de quinientos reales en tres funciones que daba al año.

 Tambien es de destacar la hermandad de la Suma Caridadque gastaba 300 reales  a los que hay que sumarle otros trescientos que se gasta el hermano mayor en una comidad para el resto de los hermanos de la hermandad.

La Cofradía del Santísimo gastaba 300 reales de Vellón y hacía su función el día del Corpus y e su octava, aunque el Ayuntamiento colaboraba adornando el suelo para la profesión, así como la cera, los fuegos y el tamboril en los que empleba unos 300 reales. La Hermandad de la Vera Cruz también  gastaba trecientos reales. En estas fiestas se solía correr un toro que costeaba el hermano mayor aunque este ´ltimo aspecto quedaba compensado porqu el valor del toro lo podía recuperar parcialmente.

 La cofradía del Santo Rosario empleaba docientos reales de vellon en su fiestas el mes de Octubre.

 La de Jesús Nazareno gastaba doscientos sesenta reales. La del Carmen empleaba ciento cincuenta. San sebastián que al igual que hoy noera nie hermandad ni  cofradía se gastaba doscientos treinta y un real a cuenta de los bienes de propio. En la misma situación se encontraba San Blás que sin ser, tampoco, que sin ser hermandad  ni cofradía se celebraba una vez al año y se gastaba 200 reales que financiban integramente por cuenta de los mismos devotos y el prior de la ermita. También sin ser cofradía ni hermandad, San Juan, celebraba tambien sus fiestas un día y se gastaba ciento cincuenta reales, tratándose pues  de l más humilde de nuestra población. Por último cabe reseñar  la de nuestra señora de los Dolores que tambien realiza una función al año y empleaba ciento ochenta reales.

 Es curioso reseñar cómo las aldeas eran un fiel reflejo de los que se practicaba en el pueblo, así en el Villar encontramos cinco cofradías o hermandades que son la siguiente , Santísimo Sacramente, el rosario,La Vera Cruz, las Animas  y Santa Marina.

 El Buitrón por el contrario sólo tenía una que era el santísimo Sacramente; El Pozuelo, contaba con tres que eran la cofradía de las ánimas, la de San Antonio y la del Santísimo Sacramente. En la aldea de Riotinto, que hoy es Nerva, había por aquel entonces seis hermandades y cofradías, que eran : Satísimo Sacramento, Cofradía de Jesús, las Änimas, el Rosario y San Bartolomé.

 Las Delagadas tienen , igualmente otras seis, que eran el Santísimo  Sacramento, El Rosario, Virgen de los Dolores, Veracruz, San José y las ánimas.

 Los gastos de todas ellas por lo general eran más modestos, oscilando entre los 300 reales de vellón el Santísimo Sacramento de Nerva y los quince reales que empleaba la de San Antonio de El Pozuelo. Podemos contemplar a lo largo de las páginasdeeste informe como la religión es la causa  y la excusa para celebrar fiestasque se repartía a lo largo de todo el año.

Manuel Domínguez Cornejo            Antonio Domínguez Pérez de León

 

12/05/2010 00:42 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DE ENTIERROS Y CEMENTERIOS

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            Todas las culturas que han desfilado por estas tierras a lo largo de la historia han dejado un testimonio más o menos claro de cuáles eran sus ritos y costumbres funerarias; de hecho tenemos noticias de muchas de ellas gracias a la información que nos ha proporcionado sus lugares de enterramientos. Los dólmenes de El Pozuelo, por ejemplo, son ante todo grandes sepulturas colectivas sin las cuales nada o muy poco hubiéramos sabido de la gente que habitaron nuestro término municipal  hace casi 5.000 años; sin embargo queremos centrarnos en esta ocasión en la evolución de las ceremonias y lugares de enterramiento desde la Edad Media en adelante.

             Cuando hace ya aproximadamente treinta años, durante la restauración de la Iglesia, al levantar la vieja solería, se descubrieron gran cantidad de restos humanos las conjeturas y la imaginación popular se dispararon y circularon las hipótesis  más inverosímiles acerca del origen de tanto hueso. La realidad, que algunos pocos conocían, era más sencilla, las iglesias, y también las ermitas, fueron desde la Edad Media en una buena parte del mundo cristiano el lugar donde se daba sepultura a los fieles. Zalamea no fue una excepción y allí tuvieron su ultima morada infinidad de antepasados nuestros.  Lo lamentable fue que por falta de conciencia de su valor, se perdió la oportunidad de realizar un estudio de algunos elementos y objetos de adorno que se encontraron y que hubiesen revelado la época a la que pertenecían e incluso puede que la identificación de algunas sepulturas. Allí se encontraban, casi con toda seguridad los restos de tantos y tantos zalameños cuyos nombres hemos encontrado en los documentos como protagonistas de sucesos destacados de la Historia de Zalamea. Allí o en las ermitas porque cuando la iglesia estuvo saturada se recurrió a ellas como lugares de enterramientos, aunque es que probable que en las ermitas también se diera sepultura con anterioridad a personajes especialmente vinculados a su culto. De esta forma cuando en la de San Vicente se cambió la solería en 1985 se encontraron igualmente numerosos restos; en esta ocasión con un poco de más conocimiento de causa fueron de nuevo depositados en una cripta excavada al efecto en la misma ermita

             En el caso de Zalamea tenemos constancia que en los aledaños de la Iglesia existía también una especie de cementerio, probablemente donde hoy se emplaza el paseo redondo. Todo parece indicar que este lugar estaba delimitado de alguna manera, aunque no podemos precisar exactamente cómo. Puede que las epidemias, relativamente frecuentes, que asolaron el pueblo y causaron estragos entre sus habitantes, obligaran a utilizar los alrededores de los lugares sagrados para acoger a las víctimas. Lo que sí es cierto es que con el tiempo, debido a la saturación, el interior de la Iglesia se reservó para personas de cierta relevancia social mientras que el exterior quedó para los más desfavorecidos.

             Los funerales y velatorios no diferían mucho de los  que hoy tienen lugar aunque con peculiaridades bien distintas. Como en otros muchos aspectos de la vida las diferencias entre las personas de posición social elevada y el pueblo llano eran notables. En este sentido, la mejor forma de garantizarse un entierro digno era pertenecer a una hermandad de las que ya estaban constituidas en el pueblo, San Vicente, Vera Cruz, Santísimo Sacramento, ya que todas ellas recogían en sus reglas la obligación de dispensar un funeral en condiciones a los hermanos y en muchos casos a sus mujeres e hijos, sancionándose severamente a los cofrades que no cumplían con el deber de asistir a los entierros. Es curioso que en algunos casos se regulaba el establecimiento de turnos en el velatorio para que al menos hubiese siempre dos hermanos acompañando a la familia. Después, en el entierro, todos, incluso los que vivían en las aldeas, debían acompañar al difunto hasta la Iglesia donde hubiera de enterrarse. Como quiera que fuera de las hermandades las honras fúnebres dejaban bastante que desear, era frecuente que algunos vecinos que en vida no pertenecieron a algunas de estas cofradías demandaran sus servicios, para lo cual se "encomendaban" a una hermandad que, previo pago por parte de la familia de una cantidad estipulada, le daba al difunto el tratamiento que le dispensaba a un hermano, con lo que comprobamos que además de las funciones que les eran propias, las hermandades prestaban una forma de servicios funerarios. Bien es verdad que algunas de estas instituciones contemplaron igualmente en sus reglas el dispensar un entierro digno a "pobres y extranjeros"

             Llegado el momento, el traslado del cuerpo se hacía en unas "andas", especie de tabla ancha de madera con varales para cargarlo a hombros, no usándose, por lo general caja o féretro alguno sino que el difunto era colocado directamente en las "andas" envuelto en una "saya" que era una tela, generalmente de lino, ajustada al cuerpo por ataduras para evitar que se abriera en el camino. Los acompañantes portaban velas encendidas y la comitiva era encabezada por una vara culminada por una cruz que en el caso de las hermandades tenía un distintivo especial y era portada por un cofrade. Así se llegaba a la iglesia o ermita donde después de las ceremonias de rigor eran depositados en el hueco excavado a tal efecto.       

             Las iglesias y ermitas continuaron siendo el lugar de enterramiento en nuestro pueblo hasta comienzos del siglo XIX. En el año 1801, debido a que se recibieron instrucciones del gobierno central por razones sanitarias sobre que los enterramientos no se practicaran en el interior de la villa, y también a que  se reconocía literalmente que la iglesia y sus alrededores estaban saturados, se proyecta un cementerio extramuros con un presupuesto de 18.000  reales pero el Cabildo atravesaba un momento de grandes dificultades económicas y el proyecto no se pudo ejecutar de inmediato, justificándose el Ayuntamiento en que el arzobispado y el gobierno central tampoco habían aportado las cantidades que le correspondían y como quiera que a la gente le era imposible esperar y seguía con la mala costumbre de dejar este mundo se recomendó que mientras tanto los enterramientos se realizaran en las ermitas. Por fin, ante la imposibilidad material de encontrar un hueco a los que iban dejando  este valle de lágrimas, no hubo más remedio que ejecutar la obra en 1813, cuando España entera se hallaba inmersa en la resistencia a la invasión francesa. El solar elegido, como recordarán los más mayores, fue parte del que hoy ocupa el nuevo instituto de secundaria. Su gran inconveniente fue la proximidad a la población con lo que transcurridos apenas 90 años fue necesario proyectar uno nuevo para lo cual esta vez si se procuró que tanto en tamaño como en distancia no se quedaran cortos y así se eligió el emplazamiento actual que se adquirió en 1897 por 1.266 ptas., acordándose el pliego de condiciones para la obra ese mismo año en el que por cierto también se le colocó un pararrayos a la torre. En 1906, finalizada ya la construcción, hubo de habilitarse un nuevo presupuesto para excavar el solar y darle profundidad  y construirle una pequeña capilla. En Enero del año siguiente se elabora un reglamento de utilización y, el 14 de Abril de 1907, se procede a la bendición del nuevo cementerio. En el mismo acto de inauguración se puso de relieve la necesidad de adecuar el camino que conducía a él comprometiéndose las autoridades municipales en acometer la obra de inmediato. El Ayuntamiento acordó conceder gratis el nicho número uno y la lápida al primero que se enterrara. Por extraño que parezca y a pesar del ofrecimiento nadie mostró el menor interés en disfrutar de tan "distinguido" privilegio.

            Pedimos disculpas a los hayan creído ver un punto de frivolidad en la forma en la que hemos tratado el asunto; nada más lejos de nuestra intención  aunque la seriedad no está reñida con el buen humor. No queremos tampoco que este artículo dé un mal preámbulo a la fiesta, todo lo contrario pensamos que la perspectiva del fin último debe ser el mejor acicate para vivir plenamente el presente pese a las dificultades. Dispongámonos a ello.

Manuel Domínguez Cornejo                       Antonio Domínguez Pérez de León

19/05/2010 00:04 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CRONOLOGÍA DEL PATRIMONIO HISTÓRICO Y CULTURAL DE ZALAMEA LA REAL

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            Hemos venido observando que, si bien es verdad que el conocimiento sobre nuestro patrimonio está cada vez más extendido, también es cierto que aún hay gran cantidad de personas que posiblemente no tengan conciencia de la importancia de  los elementos más singulares que lo componen y de la época en que tuvieron su origen. Hemos creído, pues, conveniente hacer una especie de cronología que sitúe en el tiempo aquellos edificios, documentos o construcciones que por su valor histórico, cultural o testimonial conforman hoy una parte importante de nuestro patrimonio. Al mismo tiempo hemos querido reseñar, en algunos casos, unas referencias comparativas al contexto histórico general que, a veces, puede contribuir a apreciar la verdadera dimensión de lo que tenemos tan cerca.

 DÓLMENES DE EL POZUELO: Son, como casi todo el mundo sabe, grandes sepulcros colectivos que fueron levantados entre  2.800 y  2.500 años antes del nacimiento de Cristo. Son los primeros monumentos de importancia en Zalamea y sin lugar a duda uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Andalucía.

 GRABADOS RUPESTRES DE LOS AULAGARES: Los grabados fueron realizados por nuestros antepasados  en el 1.800 antes de Cristo en la finca de ese nombre, próxima a Zalamea la Real, en plena Edad del Bronce

             Estas dos manifestaciones artísticas demuestran el poblamiento de nuestro término en épocas remotas y sitúan a Zalamea entre las localidades de mayor interés en el estudio de la Prehistoria en Andalucía. Hay quien opina que en la cultura megalítica está el origen de la civilización tartésica. En Oriente se desarrollaban las civilizaciones  mesopotámica y  egipcia pero aún faltaba más de mil años para la mítica fundación de Roma

 ERMITA DE SAN BLAS: Construida en el siglo XIV se trata quizá de la más antigua ermita de nuestro pueblo, anterior incluso a la de San Vicente. Aprovechó las ruinas de un edificio anterior

 ERMITA DE SAN VICENTE: Primer tercio del siglo XV, su construcción se inició sobre 1425.

             Cuando se construyen estas ermitas España estaba dividida en cuatro reinos, Navarra, Castilla, Aragón y el reino moro de Granada que aún tardaría bastantes años en ser conquistado a los musulmanes y todavía no había nacido Colón, el hombre que 67 años más tarde protagonizaría el descubrimiento de América. Zalamea, aunque sometida al señorío del arzobispado de Sevilla, formaba parte del reino de Castilla, gobernado entonces por Juan II, padre de la futura reina Isabel la Católica. Este rey, por cierto, firmó una cédula que reconocía la existencia de fincas comunales en nuestro pueblo.

 ERMITA DE SAN SEBASTIÁN: Construida a mediados del siglo XVI aunque en el siglo XVIII se le hizo una gran reforma, después se destinó a la devoción de una imagen de La Pastora.

0RDENANZAS MUNICIPALES: Fechadas en 1535, se trata de un manuscrito de valor incalculable. Fueron sancionadas por un arzobispo, hermano del famoso poeta de la época Jorge Manrique. España estaba bajo el gobierno de Carlos I, nieto de los reyes Católicos aunque oficialmente la reina seguía siendo aquella pobre desgraciada, inteligente, pero  mentalmente inestable, conocida como Juana  La Loca. Los españoles fundan Lima la actual capital del Perú y extienden su imperio por América

 LIBRO DE LOS PRIVILEGIOS: Firmado en 1592. Se trata de un extenso documento que otorga una serie de privilegios al pueblo y en el que figura la firma autógrafa, hecha de su propia mano, del rey Felipe II, el monarca más poderoso del orbe en aquel momento. España extendía sus dominios por todos los continentes  y aunque sumida en una profunda crisis económica, militarmente imponía sus condiciones al resto del mundo, sus tercios eran temidos allí donde llegaban.

 IGLESIA PARROQUIAL: El edificio actual data del siglo XVIII, aunque en el mismo lugar existía ya en el siglo XIV una primitiva iglesia que probablemente utilizó para su construcción materiales de un edificio anterior, quizá romano; más tarde fue sustituido por otro templo, antecesor del actual, que se comenzó a construir sobre 1560, comenzándose la torre en 1606 un años después de que Cervantes escribiera la primera parte del Quijote

EL SEPULCRO: Construido en 1777, con motivo de la fundación en nuestro pueblo de la Vía Sacra. España vive la época de la Ilustración y experimenta un cierto resurgimiento cultural y político bajo el reinado de Carlos III. Un año más tarde, en 1778, se construía en Madrid la famosa Puerta de Alcalá en honor a este rey. Los Estados Unidos no era aún un país independiente

CASA CILLA: Siglo XVIII. Edificio destinado originalmente a guardar el trigo procedente de los diezmos.

 ESTACIÓN VIEJA: Construida en 1875. En este año la compañía que explotaba las Minas del Castillo de El Buitrón hace llegar hasta Zalamea un ramal de la línea que  ya unía  El Buitrón con San Juan del Puerto y que fue el primer ferrocarril que se construye en la provincia de Huelva, anterior incluso al de Riotinto, y uno de los primeros de España. Así pues, nuestro pueblo es uno de los primeros municipios del país en recibir los síntomas de  la revolución industrial En España es la época de la restauración en la persona de Alfonso XII, bisabuelo del rey actual después de la breve experiencia republicana

 PLAZA DE TOROS: Data de 1879, aunque en el mismo lugar existía un corralón que se utilizaba para hacer festejos taurinos. Posteriormente  sufrió algunas modificaciones como las de 1909 y 1950 que sirvieron para añadirle nuevas filas de gradas y más toriles.

 PLAZA DE TALERO: Inaugurada El 20 de Mayo de 1890. Se adecuó un espacio ya existente y se erige en el centro un busto de D.Juan Talero, el diputado defensor de los pueblos en la cuestión de los humos de Riotinto. Es el único monumento en los pueblos de la Cuenca Minera que recuerda los sucesos de 1888 que llevaron a esta comarca a la primera plana de las noticias nacionales. A la inauguración no pudo asistir Talero que murió dos años antes, a la edad de 28 años. En contra de la creencia popular no era zalameño. Había nacido en un pueblo de Córdoba. Alfonso XII había fallecido y el país se regía por el sistema de bipartidismo bajo la regencia de María Cristina, segunda esposa del rey.

 ESTACIÓN NUEVA O DE RIOTINTO: Inaugurada en 1904 cuando la compañía inglesa decide extender un ramal hasta Zalamea para transportar obreros y mercancías a los centros de trabajo. Zalamea se convierte en uno de los pocos pueblos que cuenta con dos estaciones de ferrocarril distintas destinadas al transporte público.

 PLAZA DE ABASTOS: Inaugurada el 21 de Septiembre de 1904, algunos meses después del ferrocarril de Riotinto. Por cierto que aunque no estaba abierta oficialmente, en ella se celebró el acto y el banquete de inauguración de la estación nueva.

CEMENTERIO: fue abierto el 14 de Abril de 1907. Este cementerio, con las modificaciones posteriores es el que podemos contemplar hoy, vino a sustituir a otro anterior, conocido popularmente como cementerio viejo que se construyó en 1813 que estaba en el solar que hoy ocupa el Instituto.

 GRUPO ESCOLAR VIEJO Y EL JARDÍN: Su construcción tardó algunos año pero fue inaugurado el 25 de Abril de 1910. En estos años reina ya en España Alfonso XIII.

 SALÓN RUIZ TATAY: Construido en 1930, es el último de los edificios singulares  que analizamos hoy. En el país el descontento popular se extiende, dimite Primo de Rivera  y algunos meses más tarde, en Abril de 1931, se proclamaría la II República.. Fue adquirido por el Ayuntamiento y reformado recientemente.

 Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León

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