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LA VIA ROMANA DE ZALAMEA

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La vía romana de Urium a Onuba, (Minas de Riotinto – Huelva) es conocida y fue descrita  en el “Itinerario Anónimo de Rávena”, documento del siglo VII, basado en otra anterior, en el que se recogen los puntos más importantes del trazado de esta vía que sabemos que partía de Pax Iulia (En Portugal), pasaba por Arucci (Aroche), llegaba a Urium (Minas de Riotinto) y se dirigía a Onuba, enlazando con la vía Onuba - Ilipla a la altura de San Juan del Puerto y fue ampliamente utilizada para dar salida a lo producción minera que no era fundida, al parecer, en su lugar de origen sino a pie de embarque.

             Hasta ahora los tramos conocidos de esta calzada a su paso por el término de Zalamea la situaban lejos de esta población; el tramo más cercano estaba junto al lugar conocido como laguna de La Pepa, a unos dos kilómetros y medios al SE de Zalamea, poniendo en entredicho la hipótesis de la existencia de un núcleo de población en el lugar que hoy ocupa el pueblo, ya que es extraño que de haber existido éste no hubiese estado en sus proximidades, pero el hallazgo de un tramo de esta vía en aceptable estado de conservación a unos escasos doscientos metros de la Estación Vieja viene a reforzar la teoría de que, efectivamente, en aquel tiempo pudiera existir ya un asentamiento de mayor o menor envergadura en el solar que hoy ocupa el pueblo.

             Como es sabido, una de las aportaciones del periodo de la dominación romana en la península fue la construcción de un sistema de comunicaciones que enlazaron prácticamente todos los núcleos de población de importancia del país para favorecer de esa forma tanto la consecuente colonización como el desarrollo de las zonas que tenía un interés económico o estratégico. Fue uno de los aspectos más destacables de lo que se dio en llamar “romanización”.

             El trazado de este sistema de comunicaciones estuvo en muchos momentos supeditado a  la existencia de poblaciones que determinaban su itinerario y en otras ocasiones la existencia de una vía de estas características fue la causa de la creación de nuevos asentamientos.

             Estas vías de comunicación son las comúnmente conocidas como “calzadas”. Aunque este nombre originalmente se refiere a un tipo de pavimentación característico, realizado con losas en la parte superficial, también se aplica a otras vías que no responden a esa forma de construcción.

             Es probable que los romanos utilizaran en determinadas regiones o zonas  el trazado ya existente  creado por otras culturas y civilizaciones anteriores. Puede que éste fuera el origen de la vía que comunicaba las minas de Riotinto con la costa  para la exportación de mineral. Lo que se solía hacer es consolidar el trazado que ya había con una  estructura que permitiera la facilidad y la comodidad de las comunicaciones. Tal vez  esto fue lo que ocurrió en Riotinto ya que esta mina fue trabajada con anterioridad a la dominación romana. Ellos continuaron explotándola intensamente y  fundaron, a la luz de los restos arqueológicos encontrados, un asentamiento de importancia en torno a la explotación.

             A la vista de los tramos hoy conocidos esta calzada, que partía de las Minas de Riotinto, pasaba cerca de El Campillo, se aproximaba a Zalamea a la altura de la Estación Vieja, como ya dijimos, siguiendo en dirección sur y pasando cerca de la ermita de San Blas, discurriendo prácticamente junto a la vía del ferrocarril de El Buitrón, pasando cerca de la Caldera Vieja, y al oeste de la finca denominada Las Tejoneras, cruzando hacia El Toconal, Corchito y de ahí en dirección a El Pozuelo, atravesando Covache y saliendo del término cerca de la Fuente de la Murta, próxima al Cruce de El Buitrón.

             Su construcción es un carril que aprovecha los lugares de más fácil tránsito, siguiendo a media altura de la falda de los montes, evitando las cañadas y los grandes desniveles para facilitar así el paso de los carros. Normalmente está tallado en la roca firme del suelo, pizarra en algunos puntos; para salvar desniveles se excavaban en la pizarra unas trincheras con las medidas justas para el paso de un carro. Nuestros tramos de calzada tienen unas características idénticas a los estudiados en otras poblaciones de la provincia por los que pasa. En su base tiene una anchura de 1,75 m, llegando a los dos metros en la parte superior de la trinchera. La huella de las ruedas  se encuentran a una distancia entre si de 1,40 m aproximadamente, lo que responde a las características propias de los carros que por allí transitaban. Este tipo de vía estaba diseñado para permitir el paso de un solo carro lo que obligaba a que de vez en cuando se dispusieran lugares donde pudieran cruzarse otros que circulaban en sentido contrario. Curiosamente en el tramo descubierto junto a las Estación Vieja es posible observar uno de estos lugares de cruce. Debieron ser carros, según las fuentes documentales, de dos ruedas de un diámetro de 1,10 m y que transportaban, según las referencias de la época, una carga de aproximadamente media tonelada de peso, aunque hay expertos que piensan que podían llegar hasta las dos toneladas.

             Se pueden observar algunas diferencias entre los tramos encontrados en nuestro término municipal y los estudiados en Valverde, por ejemplo. Son la anchura y profundidad que dejaron la huella de los carros. Según nuestra opinión esto se debe a que  en nuestro término la calzada pudo registrar un tráfico más intenso debido a que los pequeños pero numerosos núcleos de población de Zalamea sirvieron como aprovisionamiento para las minas tanto de madera como de alimentos. También es necesario reseñar que la calzada siguió siendo utilizada en el  termino de Zalamea como vía de comunicación entre nuestro pueblo y sus diferentes aldeas durante muchos siglos después de que las minas fueran abandonadas por los romanos  y prácticamente hasta comienzos del siglo XX; así lo demuestra una trinchera que se construyó en el último tercio del siglo XIX para salvar el trazado del ferrocarril de El Buitrón a Zalamea    ya que éste había cortado la antigua calzada y fue necesario construir un rebaje que le diera continuidad, cosa que no hubiese sido necesaria de haber estado en desuso

             Esta vía romana viene a dar justificación a la existencia de yacimientos de época romana hallados en sus cercanías, como era el caso del poblado y la necrópolis del Cabezo de la Cebada, así como los numerosos escoriales encontrados en sus proximidades y que plantea unos interrogantes que quizá sean dignos de un estudio aparte. Asimismo explica la situación de la ermita de San Blas levantada sobre los cimientos de un  pequeño templo romano. Es conocida la costumbre romana de colocar determinados santuarios en lugares de tránsito. En cualquier caso viene a reforzar la hipótesis que hemos apuntado ya en otras ocasiones acerca del probable nombre que tuvo Zalamea en época romana, “ Callensibus Aenanicci” o “ Callensis Enanicci” que como hemos explicado otras veces significa en una traducción libre “ En el Camino del Cobre”. De hecho las referencias del Itinerario Anónimo de Rávena, una de las fuentes que describen las calzadas romanas de  la península, dicen que la Vía que parte de Pax Iulia, pasa por Arucci y desde Urium se dirige hacía la costa deja en su margen derecha a “Callensibus Aenanicci”. Siguiendo el itinerario desde Riotinto, Zalamea queda a la derecha,  nuestro pueblo fue así una población junto a la calzada que bajaba el mineral hasta la costa de Huelva, es decir “Un lugar en el camino del Cobre”

 Manuel Domínguez Cornejo                          Antonio Domínguez Pérez de León

Pie de foto

 Calzada romana a su paso por  la Estación Vieja

EL PUEBLO QUE CONSTRUYÓ LOS DÓLMENES DE EL POZUELO

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Cuando alguien visita los dólmenes de El Pozuelo le vienen a la cabeza una serie de preguntas:

¿Cómo vivían los pueblos que construían este tipo de sepulcros?

¿Cuál era su organización social?

¿Qué creencias le llevó a realizar tales manifestaciones funerarias?

Por lo que podemos deducir de los estudiado hasta hoy, estamos asistiendo al primer gran cambio en la estructura de la prehistoria en nuestra zona.

A finales del neolítico, la religión y los rituales religiosos, entre los que ocupa un destacado lugar los funerarios, toman relevancia como un factor fundamental en la organización y estructura social de aquellos pobladores de nuestro territorio. Nos encontramos, por primera vez en nuestra historia con un monumento funerario cuya significación va mas allá de esa función, un lugar entorno al cual se concentran una serie de manifestaciones religiosas que lo convierten  en un símbolo emblemático para la comunidad que los construye.

Su finalidad no es exclusivamente funeraria, se trata de un monumento religioso en el que la inhumación es un elemento más de las creencias que llevaron a sus constructores a levantarlo. Por establecer una comparación, encontramos un paralelo, salvando las distancias y con las diferencias lógicas que establece el tiempo y las distintas creencias, en nuestras iglesias y ermitas de la Edad Media y Moderna  en las que además de  ser lugares en los que se rinde culto a Dios o a los Santos y se celebran ceremonias religiosas, se entierran en su interior los cadáveres de los creyentes. T

Todo ello implica que estar creencias vienen a determinar en gran manera su vida y su organización social.

Por otra parte, para hacerlos perecederos hay que levantarlos con elementos perdurables y por lo tanto hay que recurrir al material que, de todos lo que se disponen en ese momento, es el más resistente al paso del tiempo, la piedra. A medida que aumenta la población y se hace más compleja su sociedad, se agranda, consecuentemente, el monumento; el estudio del ritual viene a corroborar lo expuesto anteriormente y nos acerca más a la forma de interpretar la religión por parte de estos pobladores.

Aunque en estos yacimientos, los restos óseos que se han recuperado, por el estudio de otros sepulcros similares a los nuestros, done sí se han encontrado restos abundantes, se deduce que estos se colocarían por todo el sepulcro, directamente sobre el Suelo, situándolos junto a las paredes y guardando una posición similar o variada; así mientras en algunos sepulcros se les pone sentados en cuclillas con la espalda apoyada en el ortostato, en otros se le coloca en decúbito supino y en orientación transversal respecto al eje del sepulcro. La posición de sentado en cuclillas, es bastante frecuente en los sepulcros megalíticos y de otro tipo coetáneos a ellos, Solían ocupar poco espacio, pareciendo haber sido atado previamente y algunos de ellos se calzaban con piedras para que mantuvieran el equilibrio. En otro orden de cosas, sabemos que en los sepulcro se enterraban juntos a los niños y a los adultos, así como a mujeres y hombres.

Cuestión importante dentro del ritual funerario es la colocación de los ajuares. Es frecuente encontrar en ellos, depositados como ofrendas, huesos de animales que bien podían ser restos de comida o trofeos de caza con el fin de que acompañasen al difunto en la vida de ultratumba. Los ajuares cuando no se trataban de osarios, se les ponían individualmente a cada uno de los enterrados, colocando junto a él, cerca de la cabecera o sobre las piernas si estaban sentados.

La aparición entre el ajuar funerario de ídolos placas y de ídolos almerienses vienen a certificar  sus profundas creencias religiosas y a dar sentido al carácter escatológico del enterramiento. El hallazgo en el exterior del dolmen de ídolos y restos de cerámica, algunas de ellas intactas, y que por su posición no cabe relacionarlas con el ajuar del enterramiento apoya la teoría de que en torno al monumento debieron llevarse a cabo algún tipo de ceremonia ajena al ritual funerario, aunque es lógico pensar que el carácter religioso y sepulcral son indisolubles.

Otro aspecto que viene a apoyar el carácter religioso del monumento megalítico es la orientación del mismo, que por regla general obedece a unas pautas que vendrían determinadas por sus creencias, es decir, la orientación no es casual sino que responde  a una poderos razón de ser relacionada con su religión. Por lo común están orientadas de E a O,  con la entrada hacia levante, con las variaciones lógicas que impondría la orografía de terreno y la época del año en que se iniciara su construcción. Nuestras iglesias y ermitas, recurriendo de nuevo a la comparación antes mencionada, eran construidas hasta hace bien poco siguiendo igualmente, unjas normas de orientación tambien de E a O, pero en este caso con la entrada hasta poniente; Así mismo, las mezquitas musulmanas están orientadas hacia la Meca.

Paralelamente al carácter esencialmente religioso del monumento, hemos de mencionar que recientemente se están barajando hipotesis de que el conjunto de monumentos megalíticos de una zona también tuviesen un valor significativo de posesión por un clan o tribu que le sirviese como marca territorial. De hecho es el único elemento, ya que el poblado pudiera no tener un carácter estable, que permanece inalterable y demuestra que el territorio viene siendo ocupado por distintas generaciones de una misma tribu oclan.

Después de todo lo dicho anteriormente procede abordar como era la organización social de estos pueblos, tarea nada fácil y que, en todo caso se mueve en el terreno de la hipótesis.

Aunque recientemente hemos detectado dos emplazamientos, circunvalado  uno de ellos de paredes, éste en las cercanías de la mina de Chinflón  y otro en el lugar conocido como  “Las Perulas” que muestran en superficie  restos de cerámicas y que  bien pudieran tratarse de poblados semifortificados cuyo estudio y excavación si confirmara esa eventualidad, podrían arrojar alguna luz sobre muchas de las oscuridades que aún proyecta la cultura dolménica de El Pozuelo, ya que hasta ahora los únicos elementos de los que podemos deducir nuestras conclusiones son el espacio de habitabilidad, la ubicación y disposición de los enterramientos, el propio monumento megalítico y el ajuar.

Basándonos en estos elementos y con suma cautela podemos deducir que probablemente se tratara de grupos poblacionales dispersos que ocupan y aprovechan zonas fértiles, que en el caso del Pozuelo, estarían situadas al norte y oeste de los enterramientos. Es difícil establecer la relación que pudiera existir entre estos grupos poblacionales, que a su vez estarían divididos en clanes familiares. Estos clanes familiares estarían sujetos a una unidad superior en la que uno de los elementes o factor común, sería el culto religioso o funerario.

No sería muy aventurado concluir en que cada grupo dispondría de un lugar, que podemos denominar sagrado en el que construyen sus monumentos funerarios lugar que se constituye como marca territorial  e identificativa de dicho grupo. En él es muy posible que cada dolmen correspondiese a un clan determinado. El número de ellos estaría, pues, en relación directa con la densidad de  cada grupo poblacional. Así el número de clanes que lo componen determina el número de dólmenes y el de personas que lo forman . Por ejemplo, en el área del Pozuelo, observando la disposición de los distintos grupos de población, habría uno que utilizaría como zona de culto y lugar de enterramiento la que está al este de Chinflón (Dólmenes 1,2,3, y 4), otro en torno al cabezo del Chivito (dólmenes, 5,6,7,8, y 9) y un tercero en los Lomeritos ( 11 y 12)

Igualmente la economía de estos grupo en general , y de los clanes en particular, se basaría en una agricultura de subsistencia y en una ganadería pastoril que quizá tuviese  mayor relevancia, aprovechando las especies autóctonas, como podrían ser: el cerdo y las cabras principalmente. Así mismo, la caza y la recolección de frutos silvestres ocuparía un papel destacado. Hay otro elemento más que no debemos olvidar. Se trata de la minería, que tendría un papel significativo, No tanto porque las actividades mineras se incorporaran como aspecto fundamental de su economía sino por las implicaciones sociales y culturales que conlleva

Probablemente el clan no ocuparía de manera permanente un lugar, sino que realizaría periódicos desplazamientos, que si bien eran limitados, vendrían impuestos por el agotamiento de los recursos de los lugares que habitaban. Dentro de cada clan se infiere una organización social en la que uno de sus miembros ostentaría una jefatura sobre el resto, como se desprende de hallazgo de algunos objetos del ajuar ( báculo del dolmen nº 4) que refleja una distinción entre las personas enterradas, denotando una posición preeminente; así mismo es probable, que en el clan hubiera personas, dentro de su organizan social básica, que realizasen funciones especificas y el algunos casos exclusivas, para cubrir algunas necesidades de sus miembros, De igual forma dado que el principal nexo de unión de los distintos clanes que integran un grupo poblacional son los cultos religiosos y funerarios, dentro de él, e independientemente de clan al que perteneciese, existía una figura que ostentaría una especie de liderazgo religioso común a todos ellos. En determinados momentos, claves para la vida de estos grupo, los clanes se aglutinarían en torno a esta figura, como podría ser algún tipo de manifestación religiosa o cultural o para la construcción de un nuevo dolmen en la que sería preciso la intervención de todos los miembros válidos. No es de descartar que e clan al que perteneciese esta figura dispusiera de una posición preponderante respecto a los demás.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

30/11/2010 23:40 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

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