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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2011.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (VI)

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TIEMPO DE GUERRA. ZALAMEA AL BORDE DE LA RUINA

  Una vez saqueado el pueblo las tropas francesas se marchan y las españolas, aunque se batieron en retirada, permanecen por la zona de la sierra, la población se encuentra en una situación en que sufre las exigencias de los dos ejércitos que le demandan víveres y aportación material o económica. Por ejemplo el día 9 de  Junio de 1810 se envía una carta desde el cuartel general de Fregenal pidiendo que se le mande el ganado que quede y las armas recogidas por las justicias. El 28 de ese mismo mes, el general Ballesteros envía  otra desde Campofrío  al director de las minas de Rio Tinto, Don Vicente de Letona,  con residencia en Zalamea, que dice textualmente:

 Amigo mío: Ya sabe vuestra merced mi modo de pensar sobre el que tenga la tropa la subsistencia que le corresponde. Me veo en la actualidad permanentemente escaso de pan. Se lo digo a vuesa Merced porque sé que me sacará de este compromiso y porque conociendo lo que importa a la patria este servicio, ni me hará variar el concepto distinguido que tengo de vuestra merced y de ese noble vecindario, ni dará lugar su merced a que nos disgustemos, cosa muy sensible para mí, con todos los españoles y especialmente con un hijo de Zalamea.

 Pero el esfuerzo económico exigido por unos y otros pone a la población al borde de la ruina y con gravísimos problemas de abastecimiento. Una muestra de ello es que los arrendatarios de aguardiente, vinagre, aceite y vino solicitan que se les exima de la obligación de aprovisionar de estas materias. Se trataba de personas que habían concertado con el Consistorio Municipal una especie de designación exclusiva para proveer a la población de estos productos a cambio de una cantidad estipulada. Su petición es denegada por el Ayuntamiento. Ello evidencia las enormes dificultades que debían existir para obtenerlos. Tenemos constancia de que en las aldeas ocurrió algo parecido.

 Ambos ejércitos nos volvieron a exigir dinero y provisiones  de nuevo en 1811. Así, en Junio de ese año, se recibe en el pueblo una petición desde la villa de Campofrío de los generales españoles Francisco Javier Castaños y Juan Blázquez, los cuales solicitaron por una sola vez el diezmo de todos los ganados que tengan los vecinos de la Villa y el pan que pueda juntarse a lo que el concejo respondió accediendo aunque ello suponía el colapso económico del pueblo. Además, antes, en las jornadas próximas a la  ya mencionada batalla de Palanco, Zalamea aprovisionó a todos los hombres que se juntaron en nuestro término para perseguir al enemigo francés. Un escrito dirigido a la Junta Central por los alcaldes ordinarios Juan Lorenzo Serrano y Manuel Muñoz Lancha pone de manifiesto el coste que supuso el mantenimiento de las tropas y partidas españolas que se movieron en esta población. El escrito dice así:

“…..Llevados del mayor celo y amor patrio, incansables en la persecución de los enemigos, haciéndole sacrificios para facilitarles  raciones y todo lo necesario a las tropas españolas como son los de la división del general  Deuico, Copons, partidas de guerrillas de Ayamonte y las del regimiento de Córdoba, dispersos y cuantos transitaron por esta jurisdicción desde el 1 de Marzo de 1810 hasta el 30 de Marzo del mismo, gastaron 81.321 reales y 22 maravedies y a la división del señor mariscal de campo don Francisco Ballesteros, desde el 31 de marzo hasta el 13 de Abril de 1810 en raciones de menestra 126.858 reales, 4 maravedies que hacen un total de 208.179 reales y 26 maravedies”.

Sabemos, así mismo, que se le denegó suministro a algunas partidas que no habían acreditado suficiente celo en su lucha contra los invasores

 Por su parte las tropas francesas también nos exigieron tributos, en concreto 22000 reales mensuales que se deberían entregar los días 25 de cada mes, todo ello bajo amenazas de que el ejército entraría arrasando el pueblo si no atendíamos este tributo militar.

 En tales circunstancias, Zalamea se ve abocada a una profunda penuria económica que se prolongaría más allá de la contienda.

06/04/2011 00:04 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL VII

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EL EXPEDIENTE LETONA.

UN HECHO EXTRAORDINARIO, UN PERSONAJE SINGULAR

Conviene  en este punto detenernos en el hilo narrativo de la Guerra de la Independencia en Zalamea la Real para contar un suceso extraordinario que tuvo lugar en nuestro pueblo en 1811.

Existe en el archivo municipal de Zalamea la Real un documento de gran interés, fechado en Agosto de 1815, acabada ya la guerra, conocido como el “expediente Letona”,  que además de proporcionarnos una valiosa información sobre la época que estamos tratando, nos narra unos hechos protagonizados por un personaje singular.  Se trata de  Don Vicente de Letona al que ya hemos hecho mención más arriba. Este señor ocupaba el cargo de director de las reales minas de Riotinto, residía en Zalamea y estaba casado con una zalameña y era considerado como un zalameño más.

 El expediente en cuestión es  un informe del Ayuntamiento en respuesta a la petición del propio Letona que estaba tratando con el gobierno central ser condecorado con los honores de comisario de guerra. En dicho informe se  exponen cuales son sus méritos durante la invasión francesa, corroborados por el cabildo, y se nos cuenta el suceso motivo de este capítulo.

Pues bien, según el mencionado expediente,  en el  año de 1811, en el mes de Octubre, bien para consolidar su posición, o bien para  exigir los tributos que hemos referido en el capítulo anterior, se presentó en el pueblo una columna de 400 hombres comandada por el jefe de batallón Villanouve. Este hombre hace llamar a Don Vicente de Letona a su presencia. Es probable que la intención de Villanouve no fuese otra que la de reclamar  la producción de cobre de las minas de Riotinto, pero don Vicente, reconociéndose a sí mismo como un fiel patriota, mantuvo una actitud de resistencia contra el mando francés. Se produjo entonces una situación muy tensa que fue recogida en el mencionado expediente y que  fue oída desde la calle por bastantes personas ya  que parece ser que este suceso ocurrió en una casa del centro del pueblo. El oficial francés amenazó y ofendió a nuestro hombre llamándolo insurgente y traidor y advirtiéndole que de no aceptar los términos exigidos  lo amarraría a la cola de su caballo y lo arrastraría por el pueblo hasta morir. Ante ello Don Vicente no se arredra y dando un golpe encima de la mesa que hizo saltar el tintero, según testigos presenciales,  le gritó que no permitía a nadie que le amenazara, añadiendo que no temía ni al mismísimo Napoleón. Esta reacción debió sorprender un tanto al francés que aunque mantuvo sus exigencias rebajó un tanto su cólera y le despidió con palabras  no tan amenazadoras. El hecho dejó admirado a aquellos que lo presenciaron y que se encargaron luego de difundirlo por el pueblo. Días después don Vicente se dirigió a Cádiz para tratar con la Junta Central Española,  la forma y modo de salvar el cobre de las minas.

Manuel Domínguez Cornejo             Antonio Domínguez Pérez de León

 

13/04/2011 00:54 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (VIII)

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ZALAMEA JURA LA CONSTITUCIÓN DE 1812

 Volviendo a la situación política y militar, el sistema de ocupación que los franceses pusieron en práctica en la mayor parte de España, según se desprende de las referencias de la historia general,  era el de ocupar las grandes ciudades y  ejercer un control a distancia de los centros de interés económico y de los pequeños pueblos en los que hacían incursiones esporádicas para combatir las guerrillas, saquear bienes y provisiones y dejar sentado su control sobre el gobierno del país, intimidando permanentemente  a la población. Un ejemplo de ello es  el comunicado que el  16 de Julio de 1810, envía a Zalamea el coronel de las tropas francesas desde Paterna del Campo, dirigido a las justicias de esta villa que dice así:

 Aviso a la justicia de Zalamea la Real.

Señores, estáis avisados que una columna de tropas francesas vienen a tomar asiento en su villa. El deseo que tengo y tenido siempre de hacer respetar las personas y bienes de los estados de su majestad, el seño don Joseph , me determina a mandarle oficio para que todo el pueblo esté con el mayor sosiego, que todos los vecinos se queden quietos en sus casas y sigan sus trabajos como anteriormente. Venimos pacíficos y con el mayor orden y disciplina. Muy bien sabemos y sentimos lo que ha padecido ese pueblo en la última expedición, pero muy diversas eran las circunstancias entonces éramos enemigos, ahora vamos a proteger a amigos y aliados que se consulten bien los hombres de justicia y de conocimiento y que vayan a informarse a otros pueblos de la acogida que los franceses habían dado a esos pueblos.

  De los datos de los que se dispone se desprende que el grueso de las tropas que se movieron de forma estable por la zona de la actual provincia de Huelva, entonces parte del denominado reino de Sevilla, se componían de alrededor de 600 hombres que encontraron una resistencia especialmente enconada en  esta zona del Andévalo y la Sierra.

 A finales de 1811, el ejército francés se retira de Zalamea para no volver jamás, pero su ocupación dejó aterrorizados y escandalizados a todos sus habitantes por su reiterada falta de respeto a las tradiciones religiosas hasta el punto  de que en 1812 los componentes de la hermandad del Santísimo Sacramento organizaron un sentido  acto de desagravio al venerable sacramento de la sagrada persona de Jesucristo por las ofensas recibidos por las tropas enemigas. (Algunos documentos hacen referencia a que una de las veces en que las tropas francesas estuvieron en Zalamea, utilizaron la Iglesia como establo para sus caballos y los altares como pesebres)

 Pero un nuevo suceso vuelve a subir la moral de los zalameños. El 19 de Marzo de 1812 se proclama en Cádiz la nueva Constitución Española, conocida popularmente como “la Pepa” por coincidir con la fecha de la celebración de San José. La nueva constitución era un símbolo de la resistencia a la ocupación francesa y el Consejo de Regencia, que había sustituido a la Junta Central, se preocupó por hacerla llegar y reclamar su juramento a todos los rincones de España. Así el día 27 de julio de 1812 se recibe en Zalamea una orden para que se jure la Constitución. Los alcaldes ordinarios de aquel momento le juran sin reservas obediencia y cumplimiento en todas sus partes. Pero quisieron celebrar un acto más solemne y así, días más tarde, los cargos municipales, tanto del pueblo como de las aldeas, se reunieron  en la Iglesia para jurar fidelidad a la nueva Constitución Española.

 Pero el final de la ocupación está cerca. Las tropas napoleónicas han sido derrotadas en la batalla de los Arapiles en Julio de 1812 y  José I Bonaparte se ve obligado a salir de Madrid. Los franceses son derrotados de nuevo  en Vitoria  en Junio de 1813 y  salen de España por los Pirineos perseguidos por las tropas españolas e inglesas al mando del duque de Wellington. La guerra de la Independencia había terminado. En Marzo de 1814 regresa  el ansiado Fernando VII. La alegría inunda el país y nuestro Ayuntamiento acuerda el encendido de luminarias y el repique de campanas durante tres días seguidos.  

Lo que vino a continuación con la llegada de este  rey es otra historia.

 

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

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 Queremos, al finalizar esta serie sobre la Guerra de la Independencia en Zalamea la Real, mostrar nuestro agradecimiento a  dos personas: Pastor Cornejo Márquez y  Vicente Rodríguez Serrano por su colaboración al facilitarnos documentos de sus archivos personales.

 

20/04/2011 00:24 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

UNA PROCESIÓN DE ZALAMEA EN EL SIGLO XVI

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Vamos a intentar en las próximas líneas describir lo que fue un desfile procesional religioso a finales del siglo XVI en Zalamea con el fin de que, además de ilustrarnos sobre los orígenes de la actual Semana Santa, pueda servirnos como referencia a la hora de estudiar la evolución  de dichas procesiones.

Antes de comenzar creemos conveniente introducirnos en lo que era Zalamea en aquel entonces con el objeto de ponernos en situación. Esto nos va a permitir en gran medida comprender los hechos que narraremos más tarde.

 En primer lugar hay que decir que estamos hablando de un periodo comprendido entre 1581 y 1599, es decir, han transcurrido desde entonces más de cuatrocientos años. En aquel tiempo  el pueblo era conocido como Zalamea del Arzobispo y contaba con 817 vecinos incluyendo los habitantes de las aldeas. Desde 1581 había iniciado un proceso de emancipación del arzobispado de Sevilla, suficientemente tratado y conocido, que culminó  en 1592 con su anexión a la corona de Castilla que  ostentaba Felipe II.

 En lo que se refiere al gobierno municipal, el pueblo estaba administrado por un alcaide mayor, representante de la autoridad arzobispal, dos alcaldes ordinarios, que en los actos públicos llevaban una vara para que se les reconociera como tal, cuatro regidores, equivalentes a los actuales concejales, un mayordomo, figura ésta de importancia, ya que era el encargado de custodiar y administrar los bienes del concejo, todos ellos asistidos por un alguacil y un escribano que hacía las veces de notario público. El cabildo o conjunto de gobernantes municipales se reunía semanalmente, y a él podían asistir todos los “hombres buenos” del pueblo, es decir los varones adultos, cristianos viejos y de reconocida honradez.

 Zalamea era un pueblo bien distinto del que hoy podemos ver y sería difícilmente reconocible por una persona que viva en la actualidad. Solo sería identificable la disposición de  la parte más antigua del pueblo. Las casas se agrupaban alineadas en una pocas calles; éstas serían Calle La Plaza, La Iglesia, Castillo, Olmo, Don Manuel Serrano, prolongándose hacía la Plaza de Talero, Fontanilla, Rollo y Tejada. Los edificios más significativos que distinguían al pueblo en aquel entonces eran la Iglesia y las Ermitas. La Iglesia,  con una configuración muy distinta a la actual, más pequeña, tenía tan sólo dos naves y un campanario de menor altura que nuestra actual torre. Estaban ya construidas la ermitas de San Sebastián, San Vicente y Santa María de Ureña, hoy dedicada a San Blas. Todas quedaban entonces a extramuros del pueblo. Las calles eran de tierra, las casas, normalmente bajas, de una sola planta y grandes corrales con paredes de piedra. No había iluminación que alumbrase las vías públicas una vez que se hacía de noche,  salvo alguna luminaria que pudiera colocarse en algún lugar de  concurrencia, con lo que el pueblo después de ponerse el sol se sumía en la  oscuridad más absoluta.

 No existían escuelas y un porcentaje muy elevado de zalameños eran analfabetos. La enseñanza estaba restringida para los hijos de familias acomodadas y la recibían normalmente de manos de canónigos o frailes que dedicaban parte de su tiempo a esos menesteres. Las actividades cotidianas comenzaban al amanecer y tocaban fin cuando las primeras sombras de la noche hacían su aparición, retirándose la gente a sus casas muy temprano. Zalamea era eminentemente agrícola y ganadera y se regía por unas normas recogidas en unas Ordenanzas Municipales desde 1535.

 La vida social giraba en torno a la religión hasta el punto que las actividades cotidianas venían determinadas por los toques de campana que llamaban a oración; la mentalidad de aquellos tiempos hacía pensar al hombre que la solución a sus problemas estaba en la religión: la curación de sus enfermedades, el éxito de sus cosechas, etc.. La práctica totalidad de las fiestas tenían carácter religioso.

 Todo lo dicho hasta ahora nos permite aproximarnos a lo que fue la vida de nuestro pueblo a finales del siglo XVI y nos ayudará a comprender lo que describimos a continuación. Pasemos ahora a hablar de lo que fue una procesión en aquel tiempo.

 No existía una Semana Santa propiamente dicha y en el marco de las convicciones religiosas y costumbres se llevaba a cabo una sola procesión que tenía lugar el jueves por la noche.

De esta manera, el día señalado, una vez anochecido, un toque de trompeta con “cadencia de dolor” anunciaba el comienzo de la procesión. Se iniciaba, partiendo desde la Iglesia, un desfile encabezado por un gran crucifijo portado por un clérigo vestido con su ornamento  característico; a continuación desfilaban seis cofrades con túnica negra  y hachas o velones encendidos y a continuación la imagen de una virgen, vestida de luto  y llevada por seis penitentes  negros, seguidamente  desfilaban los restantes cofrades de túnica negra con sus velas o hachas encendidas que rodeaban a los hermanos  cofrades vestidos de blanco. Estos llevaban el torso descubierto para disciplinarse, es decir se flagelaban, - azotaban -, con un manojo de latiguillos a los que algunos añadían una especie de pelotillas con vidrios incrustados; circunstancia ésta que estaba expresamente prohibida por considerarse una forma de alarde. Así, con la tenue luz que desprendían las velas  recorrían una buena parte de las calles del pueblo. Por delante de la procesión iba una cruz roja con una especie de pañuelo negro llevada por un cofrade que de esta manera advertía de  la proximidad de la procesión, acompañado siempre por la trompeta que repetía de vez en cuando su toque cadencioso y triste.

 Al final se disponía de una especie de servicio de higiene para lo cual la hermandad designaba algunos cofrades que con paños y agua  limpiaba las espaldas de los hermanos de Sangre.

Bien entrada ya la noche la procesión se recogía de nuevo igual que había comenzado, en un silencio profundo con el único sonido lejano de la corneta y con el sordo chasquido de las disciplinas sobre las espaldas de los penitentes blancos.

La procesión que acabamos de reconstruir no es una ficción, se trata de una reconstrucción basada  en los documentos  de la época y ofrece una imagen bastante fidedigna de cómo debió desarrollarse en la realidad. Es posible que alguien se sienta tentado de calificarla como una babarie o espectáculo cruento, pero los hechos del pasado ni se pueden justificar ni tampoco juzgar con la mentalidad del presente, en cualquier caso este tipo de procesiones eran muy comunes en los reinos de España y respondían a la  mentalidad a la que hacíamos referencia más arriba.

En Zalamea era realizada por la Hermandad de la Vera Cruz, a finales del siglo XVI y fue el germen de nuestra Semana Santa actual y en la que aún pueden distinguirse algunos elementos reconocibles: La existencia de penitentes negros que eran los encargados como hemos podido ver de alumbrar la procesión con sus hachas o velones y que por ello eran llamados hermanos de luz, y penitentes blancos, vestidos con túnica de ese color  y que se azotaban durante toda la procesión y consecuentemente eran llamados hermanos de sangre. Otro vestigio  lo encontramos en el toque de trompeta que advierte del paso durante el Vía Crucis.

 Manuel Domínguez Cornejo        Antonio Domínguez Pérez de León   

21/04/2011 13:32 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Moderna No hay comentarios. Comentar.

EL REAL DESPACHO DE 1408

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Entre los documentos de mayor interés que guarda nuestro valioso archivo municipal   se encuentra un dossier fechado en 1756 y que hace referencia al título de propiedad de las dehesas del Bodonal, Alcaría, Rincón del Villar y Jarillas, propios de esta villa, es decir de uso común, 

 Pero lo más interesante es que en este documento se hace referencia a un manuscrito que habla de Zalamea y que está fechado el 10 de Abril de 1408. Sería pues el segundo en antigüedad conocido hasta ahora. Recordemos que el primer texto escrito en el que aparece el nombre de Zalamea data de 1279 y fue un privilegio rodado firmado por Alfonso X el Sabio.  Este de 1408 se guardaba en el cuaderno de Hacimientos de la ciudad de Sevilla y es un Real Despacho, especie de decreto real, dictado por el que fue padre de Isabel La Católica, Juan II. Veamos cuales fueron las razones de su promulgación y su contenido

La causa que lo originó fue que en aquel tiempo, cuando aún los términos de cada villa  no estaban bien definidos, los distintos señoríos disputaban entre ellos por determinados territorios colindantes. Recordemos el famoso pleito que duró más de cuatrocientos años entre Zalamea y Niebla y que ya tratamos anteriormente.

 En esta circunstancias Zalamea atraviesa un momento crucial de despoblamiento cuyas causas tienen origen diverso, quizás el más significativo fue las sucesivas epidemias que en aquella época asolaban toda España, sin descartar la paulatina retirada de los restos de población musulmana que quedaron repartidos por la zona después de la reconquista. Este despoblamiento conlleva así mismo una crisis económica y es aprovechado por las villas y ciudades colindantes con nuestro término para adueñarse de los terrenos de propios, es decir de aquellas tierras que eran bienes comunales y que en aquel momento no estaban siendo explotadas por los vecinos. Bien es verdad que desde muchos años atrás existían acuerdos entre el arzobispado y otros señoríos para que pudieran aprovecharse conjuntamente estos terrenos, pero los vecinos de la ciudad de Sevilla y del Condado de Niebla abusaron de esta circunstancia llegando, en la práctica, a adueñarse de ellos.

Es entonces cuando el Concejo de Zalamea se dirigió directamente al rey Juan II reclamándole la propiedad de estas dehesas como bienes de propio, recibiendo una respuesta contundente del monarca; una vez consultado los antecedentes su majestad  ordena a la ciudad de Sevilla y a Niebla que devuelvan al Concejo de Zalamea las dehesas del Bodonal, Alcaría, Rincón del Villar y Jarillas para que sean tenidas y disfrutadas por la villa de Zalamea, perteneciente al arzobispado de Sevilla, firmándose este Real Despacho, como dijimos, el 10 de Abril de 1408 en Alcalá de Henares. Merece la pena extraer algunos de los párrafos más sustanciosos:

 “…los dichos lugares e otros del conde de Niebla que alindan con la dicha villa les embargan y cortan ciertas dehesas  (...) que dicen de nombre Bodonal, Arcaría, Rincón del Villar y Jarillas (…) y que si esto así pasase, los vecinos de la dicha villa vendrían en gran miseria (…) por no tener donde pacer sus ganados…!

 “….Por que vos mandamos… fagades tornar e volver a la dicha villa de Zalamea cualquier términos e dehesas e otras casas que por los lugares de dicha ciudad e su tierra le sean tomados… por manera que la dicha villa de Zalamea haya lo que de derecho le pertenece e no tenga motivo de quejar…”

 Este documento, pues, acredita que estas dehesas comunales ya estaban determinadas como tales en aquella fecha. ¿Qué razones impulsaron a nuestros antepasados para que 350 años más tarde, en 1756, tuvieran que recurrir a este documento de Juan II para confirmar la propiedad comunal de la mencionadas dehesas?

 Desde comienzos del siglo XVIII, con la llegada de los Borbones, se introduce en España un sistema político, el absolutismo, que entra en confrontación con muchos de los privilegios y fueros que la anterior dinastía, los Austrias, había reconocido a diferentes regiones, ciudades y lugares de España.

 Concretamente, en Zalamea, Felipe V, el primer  rey de la dinastía Borbón, pretendió adueñarse de todas las tierras que no tuviesen dueño conocido y se dan por baldías todos los terrenos comunales que Zalamea tenía desde antiguo y cuyo uso había regulado exhaustivamente las Ordenanzas Municipales de 1535, viéndose además refrendadas por los Privilegios otorgados por Felipe II en 1592.

El pueblo atraviesa en aquel entonces, en la primera mitad del siglo XVIII, una situación difícil en la que se vieron obligados a hacer frente a los gastos del pleito que supuso rescatar los privilegios que habían sido suspendidos en 1723, y que no se recuperarían hasta 1736, por el impago de determinadas cantidades a la Real Hacienda, así como por algunas irregularidades a la hora de nombrar los alcaldes; sin olvidar la carga que suponía para el pueblo los costes de alojamiento y aprovisionamiento de las tropas en la guerra con Portugal.

 También en este periodo se otorga la concesión de las minas de Riotinto a Liebert Wolters, lo que se consideró como otro atentado más contra los privilegios de Zalamea, ya que estas minas estaban dentro del termino y jurisdicción de nuestro Ayuntamiento, aunque en este caso por desgracia, las reclamaciones no tuviesen fortuna.

 En todas estas circunstancias es cuando Zalamea, en 1738, de nuevo debe afrontar la apropiación por parte de la corona de los terrenos denominados baldíos a los que ya hicimos referencia más arriba, entre los que se consideraron como tales las dehesas de propio.  Se inicia entonces un pleito  entre Zalamea y la Intendencia Real para lo cual se presentan, en nuestra defensa, los Privilegios de 1592 concedidos por Felipe II, pero tal prueba es considerada insuficiente y se busca desesperadamente documentos que acrediten que aquellas dehesas son propiedad del común de los vecinos de nuestro pueblo. La prueba se encontró en el Cuaderno de Hacimientos de la ciudad de Sevilla y se trataba del Real Despacho de 1408 al que hemos hecho referencia más arriba, extrayéndose una copia notarial que se registró en nuestro archivo con el nombre de Títulos de Propiedad de las Dehesas del Bodonal, Alcaría, Rincón del Villar y Jarillas, propias de esta villa. Zalamea debió recurrir directamente ante el rey que finalmente nos da la razón.

Entrar en cómo estas dehesas y otros ejidos  y bienes de propio pasaron a ser, más tarde, propiedad de particulares sería motivo de otro artículo. Algunos de aquellos fueron vendidos por el Consistorio para hacer frente a los gastos de las graves epidemias de cólera morbo que asolaron nuestro pueblo. Más tarde, en la primera mitad del siglo XIX, casi cien años después de haberse hechos efectivo los títulos de propiedad a los que hemos hecho mención, se llevó a cabo un proceso de reparto de las dehesas de arbolado y partidas de tierras calmas de las tierras de propio entre los vecino de Zalamea y sus aldeas. Con ello se enterraron definitivamente las Ordenanzas Municipales de 1535 y los Privilegios de 1592. Pero como hemos dicho esa es  otra historia. 

 Imagen de  la foto:

 Portada del dossier de 1756 donde figura la trascripción notarial del Real Despacho de 1408 y que se guarda en el archivo municipal

Manuel Domínguez Cornejo      Antonio Domínguez Pérez de León

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