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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2011.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL II

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PRIMEROS ENFRENTAMIENTOS. EL EPISODIO DE SANTA OLALLA

 Aunque después de llegar la noticia los zalameños se prepararon para rersistir, las tropas francesas tardaron en llegar al pueblo algún tiempo por lo que al principio los componentes de las milicias que se formaron tuvieron poco trabajo. Puede que parte de ellos se integrasen en el ejército regular o formara una partida que actuara fuera del pueblo como seguramente pudo ocurrir cuando se notifica a este Ayuntamiento que los franceses intentaban penetrar en estos reinos por la villa de Alcautín en Portugal, hacia donde se concentraron voluntarios de todos los pueblos del norte de Huelva para salirles al encuentro.

             El 16 de Julio de 1809, se recibe una carta de don Juan González Ramos, capellán, que solicita del cabildo alojamiento para él y su ayudante. Presumiblemente se trataría de una comisión encargada de animar a los lugareños a resistir. El clero en su conjunto atizó como estamento la guerra y la sostuvo con sus bienes, exhortaciones y el ofrecimiento radical de sus personas. En la administración no hubo junta local que no tuviera presente algún clérigo. Los motivos de su intervención fueron tanto patrióticos como interesados, en tanto les convenía  resistir por la expoliación sistemática de los bienes religiosos que llevaban a cabo tropas francesas allí por donde pasaban.

            La guerra en España originó dos tipos de fuerzas militares. Un ejército regular que con el tiempo fue puesto bajo el mandato del duque de Wellintong, después de que los ingleses apoyaran de manera interesada, desde luego, la rebelión española, y otra la guerrilla que en ocasiones se integró dentro del ejército regular aunque en su mayor parte formaron grupos separados que a veces llegaron a contar con un nivel considerable de hombres.

El ejército regular que operó en Zalamea estuvo a cargo del general español Francisco Ballesteros. Este hombre era un militar nacido en Zaragoza que tuvo a sus órdenes una división que le asignó la Junta de Asturias y que unió a la de Blake y a la de Castaños, mandó una división de infantería en la batalla de la Albuera y encabezó el ejército que se movió por Andalucía, se negó a aceptar el nombramiento de Wellintong como jefe supremo y rechazó operar bajo su mando por lo que fue cesado, aunque posteriormente fue llamado de nuevo para que se reincorporara al mando.

Volviendo de nuevo a lo que sucede en nuestro pueblo, que se convierte en el centro de resistencia a los franceses en la zona, en febrero de 1810 se conoce que un destacamento francés se dirigía a Badajoz por el camino de Santa Olalla. Se trataba de un destacamento perteneciente a un ejército de mayor envergadura que había salido de Sevilla para conquistar el sur de Extremadura y Badajoz, su capital. Enseguida el Ayuntamiento convocó a los vecinos y se formó una partida al mando de don Juan Santana de Bolaños, apoyados por don Vicente de Letona, director de las reales minas de Riotinto, personaje que llegaría a protagonizar diversos hechos destacables de resistencia a los franceses de los que hablaremos más adelante y de los que hemos sabido gracias a un documento que conocemos como “el expediente Letona”  merced al cual hoy podemos saber y aclarar gran parte de lo ocurrido en aquellos años. Pero continuemos con los hechos ocurridos en Febrero de 1810. Don Juan Santana de Bolaños fue un empresario zalameño, alcalde en varias ocasiones y conocido estraperlista, que encabezaría varias partidas integradas por paisanos zalameños que se enfrentaron en repetidas ocasiones a las tropas francesas. Pues bien este hombre   salió con una partida compuesta de numerosos milicianos en dirección al camino  a Santa Olalla para interceptar a las tropas francesas. Acudía con una promesa del tesorero de las minas, Atanasio José Rodríguez, que ofreció una gratificación por todos aquellos franceses a los que se le diera muerte. Para demostrarlo exigió que se le presentasen las orejas de los enemigos abatidos. La munición y el armamento necesario los proporcionó don Vicente de Letona del arsenal de las minas de Riotinto. Desconocemos el lugar exacto donde tuvo lugar el enfrentamiento, ni tan siquiera el número de combatientes  que componían cada  bando, aunque sí podemos asegurar que el factor sorpresa debió ser muy importante, pues parece difícil de  creer que uno cuantos voluntarios pudieran vencer de  una manera taxativa a un grupo de soldados debidamente pertrechados y seguramente veteranos del ejército francés. Puede que la partida original que salió de Zalamea se viera incrementada por voluntarios del resto de las poblaciones de la Cuenca Minera  y de otros pueblos de la sierra. El caso es que la victoria de los zalameños fue total según las fuentes de la época  y acabaron con todos los componentes del destacamento francés y con el fin de demostrar que así era, recordando la promesa de Atanasio José Rodríguez, se ocuparon de obtener las siniestras pruebas que les exigió este hombre. De esta manera regresaron al pueblo con las orejas de los enemigos abatidos ernsartadas en palos y picas

 Manuel Domínguez Cornejo       Antonio Domínguez Pérez de León

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (III)

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LA BATALLA DE PALANCO

Animados, al parecer, por el éxito de la emboscada de Santa Olalla que narramos en el capítulo anterior se formó una compañía de tiradores con fecha de 8 de Marzo de 1810. Este grupo estaba diferenciado de otras partidas que se habían formado en las aldeas.

 Pero aquel suceso provocó una represalia por parte de las tropas francesas. Ésta se produjo el 11 de Marzo de 1810. Procedente de Valverde del Camino, salió un destacamento francés, compuesto por unos 150 o 200 hombres entre caballería e infantería, con la intención de ocupar Zalamea. Los zalameños fueron advertidos de este hecho por el alcalde pedáneo de El Pozuelo y se sintieron extrañados de que el pueblo vecino de Valverde no les informara debidamente de este movimiento de tropas. Puede que la intención de este destacamento no fuera tanto castigar la rebeldía de los habitantes de la cuenca sino controlar la zona que, sin duda, era un lugar de interés económico para ellos. Pero puede que también influyera que la compañía minera disponía de armas y explosivos que entregaban a las autoridades locales para resistir la invasión francesa. Las crónicas dicen que se reaccionó con rapidez formándose, de nuevo, una partida integrada por zalameños, operarios de las minas y otros voluntarios de los pueblos de alrededor amén de algunas tropas regulares  que salieron al paso de ese grupo de franceses. Se juntaron, pues, según algunos cálculos, alrededor de 800 hombres. Al frente de ellos va un teniente de infantería del regimiento de Línea de Córdoba, Don Pedro Pierre. A las 8 de la noche se avista el grupo de franceses y se prepara todo para atacarlos al romper el día.

 La confrontación tuvo lugar en el barranco de Palanco, donde llegaron a enfrentarse ambas partidas. El lugar exacto de este suceso no se sitúa exactamente, como se creyó al principio, junto a la mina de Palanco sino más hacia el oeste, en el camino real que atraviesa la rivera de esta mina. Posiblemente se tratara de una escaramuza sin mayor significación que se resolvió favorablemente para nuestros antepasados. Parece ser que una avanzadilla de los nuestros tuvo un primer enfrentamiento para atraer a las fuerzas francesas hasta donde les esperaba el resto de los tropas españolas, lugar  donde se produce una serie de descargas que hacen retroceder a los franceses de nuevo hacia Valverde. El balance de víctimas fue de tres muertos por parte española y entre 8 y 10 franceses. La superioridad numérica, el conocimiento del terreno y el factor sorpresa inclinaron la batalla hacia nuestro lado. Como puede verse habían conseguido su objetivo, pero esta victoria no se tradujo en un control efectivo de la comarca ya que el empuje de las tropas francesas no se haría esperar.

 Al día siguiente, la noche del 12 de Marzo, se produjo una situación de alarma al llegar una noticia, difundida por un vecino, al que se tildó más tarde de traidor,  de que aprovechando la ausencia de las fuerzas que se habían enfrentado en Palanco, procedente de Calañas se acercaba un destacamento francés para saquear el pueblo, lo que provocó el pánico e hizo que muchas mujeres huyeran de la población y fue necesario enviar una petición de auxilio a las poblaciones cercanas. La noticia resultó ser falsa aunque durante tres días el pueblo estuvo sobrecogido por el temor.

 El día 14 de Marzo se acuerda por la justicia de esta villa, la Junta Militar de Aracena y los pueblos inmediatos, que formaron una especia de Junta de resistencia, defender esta sierra de toda invasión y se determina que las fuerzas reunidas por nuestra parte se mantendrían por el lado de Valverde sin internarse en la Campiña para no dejar desamparado a este pueblo por petición del antes mencionado teniente, don Pedro Pierre, comandante de las fuerzas españolas. A peswar de ello, algunos grupos de milicianos hicieron incursiones en algunos pueblos de esa comarca para intentar recuperar los botines requisados anteriormente por los franceses. 

 Imagen de la foto: En las inmediaciones del lugar que se reproduce en la fotografía se desarrolló probablemente la batalla de Palanco

Manuel Domínguez Cornejo               Antonio Domínguez Pérez de León

16/03/2011 00:02 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (IV)

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EL GENERAL BALLESTEROS LLEGA A ZALAMEA

La disgregación por la zona de las fuerzas locales integradas en las partidas contribuyó a crear una situación generalizada de temor que  provocó que muchas personas civiles se marcharan del pueblo buscando refugio en el campo, sin embargo, el 19 de Marzo de 1810, el vizconde de Gante, general en jefe del ejercito, desde su cuartel general de la Pueblo de Guzmán, con el fin de subir la moral de la población y servir de acicate a la resistencia, manifestó a esta villa su satisfacción por la patriótica conducta del leal pueblo de Zalamea la Real y le expresa su deseo de contribuir con su tropa a la gloriosa defensa  de la villa y que a costa del mayor sacrificio remite el 4º Batallón de voluntarios de Sevilla para auxiliarle en su esfuerzo contra el enemigo.

Entretanto  el pánico se  adueñó de la población que seguramente debió quedar desguarnecida según se deduce de una comunicación que  los justicias de Zalamea envían al señor vizconde manifestando que no podían nombrar diputado para celebrar junta el día 29 de Marzo porque la proximidad del enemigo a esta villa en los días anteriores había motivado que salieran huyendo de ella algunos clérigos y capitulares así como vecinos honrados con su familia que no habían regresado ni  se sabía de  su paradero.  

 A finales de Marzo o  principios de Abril de 1810 llega por fin un destacamento del ejército español al mando del general Francisco Ballesteros, destacamento que se había formado con milicianos y guerrilleros de todo tipo aunque no es de descartar que hubiera un cierto número de soldados con sus suboficiales correspondientes. Desconocemos si se trataba del prometido por el vizconde de Gante. En cualquier caso la llegada de este ejército al pueblo responde posiblemente a una estrategia destinada a consolidar el dominio en la zona ya que los franceses habían establecido su cuartel general en el Castillo de las Guardas y desde allí enviaron tropas con la misión de ocupar la zona de las minas y en concreto Zalamea la Real. No olvidemos que en la fecha en la que nos encontramos Zalamea es el único pueblo de la Cuenca Minera ya que Nerva, Campillo y Riotinto eran por aquel entonces pedanías que formaban parte de su jurisdicción.

 Se trataba entonces Zalamea de un pueblo que a principios del siglo XIX tenía una configuración más reducida que la actual, el centro giraba en torno a la actual avenida de Andalucía  y se prolongaba hacia el sur por  las calles  Rollo y San Sebastián y hacía el norte por la calle San Vicente. Sus límites por el este era la calle Tejada, la calle Egido y Don Juan Díaz González. El cabezo Martín estaba desconectado del núcleo de la población. El número de habitantes rondaba entre 3.500 y 4000 personas incluidas las que residían en las aldeas. Su economía se basaba fundamentalmente en la agricultura con una concentración de las propiedades en unas pocas familias que además ostentan el poder político alternándose en el gobierno municipal. También existía una importante actividad industrial derivada de las faenas agrícolas, tenerías, fábricas de aguardiente, telares y lagares de cera. 

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

22/03/2011 23:47 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN ZALAMEA LA REAL (V)

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LAS TROPAS FRANCESAS ENTRAN EN ZALAMEA

 En el capitulo anterior dejamos a las tropas españolas al mando del general Ballesteros instaladas en Zalamea, sus soldados son alojados en casas particulares y se preparan para hacer frente a los franceses que  al mando del mariscal Montieur se dirigen al pueblo desde El Castillo de las Guardas. De esta manera, el 15 de abril de 1810, el ejercito invasor entra por la Fuente del Fresno, avanza lentamente por lo que entonces era poco menos  que un descampado donde encuentra ya algo de resistencia, hasta llegar después a la calle denominada Juego de las Bolas, conocida hoy como calleja Padre Gil en honor a este zalameño, destacado activista contra los franceses (1), con la intención de llegar al Centro y ocupar las casas capitulares, entablándose una lucha abierta entre los ocupantes y las tropas españolas integradas por regulares y voluntarios, el combate debió ser encarnizado, pero finalmente los invasores, en clara superioridad numérica, obligan al destacamento de nuestro ejército a retirarse en dirección a El Villar acompañado de numerosos vecinos temerosos de las represalias de los franceses. Parece ser que las bajas fueron muy elevadas por nuestra parte.

  Durante su estancia en el pueblo el mariscal Montieur reúne al cabildo para ordenarle que inmediatamente nombrara una comisión para que se desplace a Madrid y presente obediencia al rey José I, hermano de Bonaparte. El miedo que los franceses infundieron en los zalameños fue tal  que los cargos del Cabildo acordaron, aún después de marcharse los franceses, obedecer la orden. De hecho los ocupantes cometieron graves atropellos en los bienes y propiedades, tanto de particulares como comunales. Especialmente fue significativo el expolio de la Iglesia, como sucedía en la mayoría de los lugares que ocupaban, por ser ésta donde se encontraban los objetos más preciados.

  Es en este punto donde se origina la tan conocida leyenda de la sustracción de la famosa custodia de plata por los franceses. Es tradición en Zalamea, transmitida oralmente, que los franceses se llevaron, entre otra muchas cosas de valor, una custodia de plata cuando saquearon la Iglesia. No existe constancia documental sobre este tema, tampoco tenemos certeza de que el robo de la misma se produjera en la primera ocupación  del pueblo por los franceses o en una segunda que tuvo lugar meses más tarde. Sabemos que la custodia era un magnífico ejemplar de arte religioso  en plata,  elaborado por la Hermandad del Santísimo Sacramento para la celebración del Corpus y que parece pesaba alrededor de 50 Kilos, por tanto  de un gran valor artístico y material, por lo que no es de extrañar su expolio por las tropas de Napoleón, pero no quedó constancia de su robo por las tropas galas en ninguna parte salvo referencias indirectas. La tradición oral afirma igualmente que ésta se encuentra en Cádiz aunque este extremo no se ha podido confirmar y posiblemente carece de fundamento.

 Los franceses se fueron de Zalamea el 17 de Abril de 1810, dos días después de su llegada, pero no tardarían mucho en regresar de nuevo. Antes, el 20 de Abril, el general Brayer, desde el cuartel general de los franceses en el Castillo de las Guardas, envía una orden para que los zalameños que estén fuera de la población vuelvan de nuevo a ella sin temor y permanezcan quietos (sin ofrecer resistencia) y acerca de que deben entregarse todas las armas blancas y de fuego de las que disponga la población para ser enviadas al cuartel general de Aracena, orden a la que, al parecer  no se hizo caso. 

(1) Hagamos antes de terminar una breve reseña biográfica del Padre Gil. Su nombre completo era Manuel Gil Delgado y nació en Zalamea el 11 de Octubre de 1741, hijo de Martín Gil y de su mujer María Rafaela, también naturales de esta villa. Desde muy joven mostró sus inquietudes por seguir la carrera religiosa y así ingresó en la Orden de Clérigos Regulares Menores de la casa del Espiritu Santo de la ciudad de Sevilla. Parece ser que teniendo 26 años protagonizó un pequeño incidente con su orden porque sin contar con los permisos pertinentes se trasladó a Zalamea para socorrer a su padre que se encontraba en una precaria situación, por lo que fue requerido para que de inmediato volviera, en el plazo de 24 horas, a su clausura. Destacó por sus dotes oratorias y como escritor de obras científicas, llegando a ser visitador general de su orden. Sus inquietudes políticas le llevaron a formar parte de la Junta Central Española durante la invasión francesa, representando a la misma como embajador en Nápoles. Debió tener un papel destacado en aquella puesto que Benito Pérez Galdós lo menciona directamente en uno de los episodios nacionales que dedica a la Guerra de la Independencia.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

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