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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (I)

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La ocupación de la Cuenca Minera y los primeros días después de la ocupación de Zalamea por las tropas nacionales

 Habiéndose cumplido en Agosto los 75 años de la ocupación  de Zalamea la Real por las tropas nacionales y respondiendo al compromiso que adquirimos al publicar el artículo en el que narrábamos este hecho (Ver artículo de Febrero de 2010: La ocupación de Zalamea la Real por las tropas nacionales durante la guerra civil.) vamos a dedicar una serie de capítulos a contar lo ocurrido a partir de aquella fecha.

Antes de comenzar con lo sucedido en nuestro pueblo recordaremos brevemente, a manera de introducción,  como se produce la ocupación de la Cuenca Minera en general y la participación de sus habitantes en la resistencia a la sublevados.

 Después del pronunciamiento de Queipo de Llano en Sevilla el 18 de Julio de 1936 adonde había llegado desde Huelva, donde el día 17 había estado simulando una inspección, una columna de mineros de Riotinto se dirige a aquella ciudad con el fin de evitar el triunfo definitivo de dicho general. Al mismo tiempo otra columna, esta vez de militares, guardias civiles y de asalto, al mando del comandante  Haro sale de Huelva con el mismo fin. No obstante durante el transcurso de la expedición el jefe de la columna militar decide sumarse a los sublevados y al llegar a Sevilla pacta con Queipo de Llano y prepara una emboscada en La Pañoleta a la columna minera  el 19 de Julio de 1936. Les hicieron estallar los camiones cargados con explosivos, causándole numerosas bajas, alrededor de 25 muertos y 78 prisioneros que fueron fusilados más tarde, el resto se vieron obligados a retroceder.

 Hemos contado este suceso por la incidencia que tendrá después ya que trae como consecuencia que un mes más tarde Queipo de Llano, temiendo una resistencia organizada en la Cuenca Minera, tome todas las precauciones posibles para garantizar el éxito de la ocupación de esta comarca por las tropas nacionales. Para ello organiza un movimiento envolvente que partiría  el 25 de Agosto desde tres puntos de la provincia de Huelva; por un lado una columna que sale de Valverde al mando del capitán Gumersindo Varela Paz, que a la postre sería la que tomaría muestro pueblo como ya hemos contado en el artículo al que hacíamos referencia al principio; otra que saldría de Aracena y tomaría Campofrío al mando del comandante Redondo y una tercera que saldría del Castillo de las Guardas al mando del comandante Álvarez de Rementería, dotando además a las fuerzas de una poderosa artillería y apoyo aéreo

 Los días 25 y 26 de Agosto de 1936 después de intensos bombardeos en El Campillo y Nerva que causaron numerosas bajas civiles, (recordemos que durante la guerra civil española la aviación bombardeó por primera vez poblaciones) se ocupa Zalamea, El Campillo y Riotinto. Posteriormente en la noche del 26 al 27 se toma el pueblo de Nerva, población de la que sus ediles habían huido con antelación a la Sierra del Padre Caro.

 Como ya explicamos, la ocupación de estos dos últimos  pueblos se llevó  a cabo con una resistencia menor de la que en principio las tropas nacionales esperaban, consecuencia en parte de los bombardeos que en el caso de Nerva duraron cerca de cinco horas. Es probable que influyera también decisivamente el desánimo que produjo en los leales a la República la toma de Zalamea y el fracaso de la intentona de recuperación de nuestro pueblo por fuerzas unidas provenientes de Riotinto y Campillo.

 Volviendo a la ocupación de Zalamea, una vez que las tropas nacionales tomaron el total control de la población se procedió a destituir y a detener a los miembros de la corporación republicana que había celebrado su última sesión el 4 de Julio de 1936 y que aún permanecían en la población, otros habían huido tras la entrada de las tropas en Zalamea. Inmediatamente se procede a formar una Comisión Gestora encabezada por un oficial de la tropas nacionales, que se encarga de tomar las primeras medidas mientras tanto se termina de ocupar y controlar toda la Cuenca Minera. Muchos zalameños de partidos de izquierda o sindicatos que habían participado de una manera u otra en política durante la etapa republicana huyen del pueblo por temor a las represalias. Una vez que  las fuerzas nacionales se asientan en la cuenca Minera  la mencionada Comisión Gestora que se formó con carácter provisional cesa siguiendo instrucciones del gobernador civil  y da paso el 30 de Agosto de 1936 a una nueva Comisión formada en este caso íntegramente por tres personas de la localidad de probada vinculación al llamado Movimiento Nacional.

 Entre las primeras medidas que toma esta comisión es la de readmitir en sus puestos a los funcionarios habían sido destituidos por las corporaciones republicanas del Frente Popular por diversos motivos. Así mismo se procede a abrir la caja de caudales y como quiera que no se conocía oficialmente el paradero del alcalde y del depositario de la corporación anterior que tenían en su poder las llaves, se procede a forzar la caja. En su interior se encuentran 936 pesetas y 50 céntimos en metálico y 1121 pesetas en valores, lo  que pone de relieve las honorabilidad de las personas que compusieron la corporación republicana  en sus últimos momentos ya que en su huida respetaron los fondos municipales por más que después se les acusara de haber utilizado indebidamente esos fondos.

Mientras tanto, durante el tiempo que permanecieron en  Zalamea los oficiales fueron alojados en las casa de las familias más pudientes mientras que la tropa se distribuyó en las casas de la gente sencilla y humilde a las que se obligó a acogerlos.

Imagen de la foto: Los mineros detenidos en La Pañoleta son conducidos a la Audiencia para someterlos a juicio sumarísimo

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

08/09/2011 00:44 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA CIVIL EN ZALAMEA LA REAL (II)

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LOS FUGITIVOS (Primera parte)

 Nada más terminar la ocupación de Zalamea y la Cuenca Minera por parte de las tropas nacionales se produce una primera oleada de represión que va dirigida contra aquellos que se destacaron por su posición política o por haber participado significativamente en las medidas tomadas por las corporaciones de izquierda. Pero hablaremos de ello  más adelante. Ahora abordaremos la consecuencia  inmediata de la ocupación.

 El temor a esa represión  da origen al fenómeno de “los huidos” a los que  localmente se les conoció como “fugitivos”. Naturalmente los primeros en huir fueron los que  participaron de una u otra manera  en la resistencia a la entrada de las  fuerzas nacionales, pero también, como hemos dicho, lo hicieron personas que por su afiliación política o por su significación durante el periodo republicano temían que contra ellos  actuaran las fuerzas ocupantes.

 Un gran número huyó al campo para ocultarse, simplemente con la intención de esperar acontecimientos; otros sin embargo intentaron pasar a zona republicana. En algunos casos, los menos,  se fueron familias completas, en otros fue solo el cabeza de familia el que huyó; en estos últimos sus familias sufrieron las consecuencias de su huida. El número de personas fugadas y ocultas en los campos de la comarca llegó a ser bastante alto, se calcula que hubo alrededor de unas 3.000 personas en el Andévalo Oriental. Esta cifra coincide en gran medida con los datos que aporta Avery (Nunca en el cumpleaños de la Reina Victoria) acerca de la diferencia de obreros que se incorporaron al trabajo en las Minas de Riotinto con respecto a los que lo hacían antes de la entrada de las fuerzas nacionales. Los que se quedaron en la zona en un principio, fugitivos de la oleada de represión de agosto de 1936, solo  pensaron en sobrevivir, sin víveres ni armamento y totalmente desorganizados, evitaban cualquier encuentro con tropas o personas que pudieran delatarlos, dormían a cielo abierto o en refugios naturales,  vivían de lo que podían recolectar, cazar o coger en las casas y cortijos rurales. En algunos casos lograron mantener el contacto con sus familias que les aportaban alimentos de una forma, a veces rocambolesca, dejando los víveres en lugares convenidos que eran recogidos por la noche. Hubo, incluso, quien se aventuró a entrar en el pueblo amparándose en la oscuridad  intentando burlar la vigilancia de los vencedores. Tenemos la certeza de un  grupo que logró pasar a los territorios republicanos por la parte de Badajoz; pero cuando esta provincia cae en poder de los nacionales, los fugitivos de nuestra comarca se quedaron aislados de la zona republicana, toda vez que Portugal, por sus simpatías hacia el gobierno de los sublevados, venia impidiendo la entrada en ese país de los huidos.

 En este punto conviene recordar lo sucedido con la llamada “Columna de los 8.000” en la que se integraron algunos fugitivos zalameños y otros más del resto de la Cuenca Minera. Los primeros partieron de Sevilla, después de que esta ciudad fuera controlada por Queipo de Llano.  El grupo fue engrosándose con la incorporación de un gran número de huidos de todos los lugares próximos a su recorrido. Conforme iba avanzando fue aumentando el número de integrantes que se concentraron en la Estación de tren de Fregenal de la Sierra hasta llegar a una cantidad que algunos autores calculan en torno a 8.000 personas, entre los que iban niños, mujeres y ancianos. Medianamente organizada, tenía como objetivo atravesar las líneas nacionales y llegar a zona republicana. Por el camino se iban aprovisionando en cortijos y caseríos, en ocasiones por la fuerza. El día 17 de Septiembre de 1936, en las proximidades de Llerena, las fuerzas nacionales, conocedoras de su existencia y situación  por los reconocimientos aéreos les prepararon una emboscada con abundante material de guerra que masacró a muchos  militares y civiles que la componían que aunque eran superiores en número, estaban prácticamente desarmados. A pesar de ello algunos lograron pasar las líneas, sin embargo los más retrasados de la columna se vieron obligados a retroceder  aterrorizados hacia las sierras próximas. Muchos fueron capturados posteriormente y otros optaron por regresar a sus lugares de origen y permanecer ocultos en los inmediaciones de sus pueblos donde podían tener la ayuda de sus familiares.

 Entre tanto, en Zalamea, los nacionales hacen correr la voz de que aquellos fugitivos que no tengan delitos de ningún tipo podían volver a su pueblo con la promesa de que no habría represalia alguna contra ellos. Se les pone como condición que debían presentarse y entregarse a las fuerzas nacionales con las armas que tuvieran en su poder. Algunos de los fugitivos confiaron en esta promesa y se presentaron ante las nuevas autoridades en el pueblo, pero en la mayor parte de los casos esta promesa no se cumplió y pasados unos días fueron siendo detenidos. Fue lo ocurrido con el alcalde republicano de Zalamea. Estos hechos provocaron que algunos se lanzaran de nuevo a la huida y los que tenían dudas en volver no se presentaron finalmente

 Una vez convencidos de que la integración era impensable y que su futuro pasaba por permanecer ocultos, comenzaron a organizarse y en muchos casos formaron bandas de guerrilleros para continuar con su lucha contra los sublevados con la esperanza de que la guerra diera un vuelco y las tropas republicanas  volvieran a reconquistar la provincia. La mayor parte de ellos no eran militares profesionales, algunos eran mineros, otros jornaleros o incluso maestros sin una preparación adecuada que compensaban con su pundonor y conocimiento del terreno. De esta manera durante bastantes meses consiguieron hostigar a las fuerzas nacionales mejor adiestradas y armadas.

Trataremos de ello en el próximo capítulo

 Imagen de la foto: Cabecera de la llamada columna de los ocho mil.

Manuel Domínguez Cornejo           Antonio Domínguez Pérez de León

23/09/2011 00:47 mdc y adpdl Enlace permanente. Edad Contemporánea No hay comentarios. Comentar.

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