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EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (VI)

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CONCLUSIONES

     Las primeras preguntas que cabe hacerse después de todo lo expuesto en relación con el fenómeno megalítico son:

¿Cómo vivían los pueblos que construyeron este tipo de sepulcros?

¿Cuál era su organización social?

¿Que creencias les llevo a realizar tales manifestaciones funerarias?

      Por lo que podemos deducir de todo lo estudiado, estamos asistiendo al primer gran cambio en la estructura social y religiosa de la Prehistoria en nuestra zona.

      A finales del Neolítico, la religión y los rituales religiosos, entre los que ocupa un destacado lugar lo funerarios, toman relevancia como un factor fundamental en la organización y estructura social de aquellos pobladores de nuestro territorio. Nos encontramos, por primera vez en nuestra historia con un monumento funerario cuya significación va más allá de esa función, un lugar en torno al cual se concentran una serie de manifestaciones religiosas que lo convierten en un símbolo emblemático para la comunidad que los construye. Su finalidad no es exclusivamente funeraria, se trata de un monumento religioso en el que la inhumación es un elemento más de las creencias que llevaron a sus constructores a levantarlo. Por establecer una comparación, encontramos un paralelo, salvando las distancias y con las diferencias lógicas que establece el tiempo y las distintas creencias, en nuestras iglesias y ermitas de la Edad Media y Moderna, en las que además de ser lugares en los que se rinde culto a Dios y se celebran ceremonias religiosas, se entierran en su interior los cadáveres de los creyentes. Todo ello implica que estas creencias vienen a determinar en gran manera su vida y su organización social.

       Por otra parte, para hacerlos perecederos hay que levantarlos con elementos perdurables y por lo tanto hay que recurrir al material que, de todos los que se dispone en ese momento, es el más resistente al paso del tiempo, la piedra. A medida que aumenta la población y se hace más compleja su sociedad, se engrandece, consecuentemente, el monumento; el estudio del ritual viene a corroborar lo expuesto anteriormente y nos acerca más a la forma de interpretar la religión por parte de estos pobladores.

      Aunque en estos yacimientos no se han podido recuperar cadáveres, por el estudio de otro sepulcros similares a los nuestros,  se deduce que estos se colocarían por todo el sepulcro, directamente sobre el suelo, situándolos junto a las paredes y guardando una posición similar o variada; así, mientras en algunos sepulcros se les pone sentados en cuclillas, con la espalda apoyada en el ortostato, en otros se les coloca en decúbito supino y en orientación transversal respecto al eje del sepulcro. La posición de sentado en cuclillas es bastante frecuente en los sepulcros megalíticos y de otro tipo coetáneos a ellos. Solían ocupar poco espacio, pareciendo haber sido atados previamente y algunos de ellos se calzaban con piedras para que mantuvieran el equilibrio.(Santos Rocha, 1899-1903). En otro orden de cosas, sabemos que en los sepulcros onubenses se enterraban juntos a los niños y a los adultos, así como a mujeres y hombres.

      Cuestión importante dentro del ritual funerario es la colocación de los ajuares. Es frecuente encontrar entre ellos, aparte de los explicados, depositados como ofrendas, huesos de animales que bien podían ser restos de comida o trofeos de caza con el fin de que acompañasen al difunto  en la vida de ultratumba. Los ajuares, cuando no se trataban de osarios, se les ponían individualmente, colocado junto a él, cerca de la cabecera o sobre las piernas si estaban sentados.

      La aparición entre el ajuar funerario de ídolos placas y de ídolos almerienses viene a certificar  sus profundas creencias religiosas y a dar sentido al carácter escatológico del enterramiento. El hallazgo en el exterior del dolmen de ídolos placa y restos de cerámicas, algunas de ellas intactas y que por su posición no cabe relacionaras con el ajuar del enterramiento, apoya la teoría de que entorno al monumento debió de llevarse a cabo algún tipo de ceremonia ajena al ritual funerario, aunque es lógico pensar que el carácter religioso y sepulcral son indisolubles.

      Otro aspecto que vine a apoyar el carácter religioso del monumento megalítico es la orientación del mismo, que por regla general obedece a unas pautas que vendrían determinadas por sus creencias, es decir, la orientación no es casual sino que responde a una poderosa razón de ser relacionada con su religión. Por lo común es de este-oeste, con la entrada hacia levante, con las variaciones lógicas que impondrían la ortografía del terreno y la época del año en la que se inicia su construcción. Nuestras iglesias y ermitas, recurriendo de nuevo a la comparación antes mencionada, eran construidas hasta hace bien poco siguiendo, igualmente, unas normas de orientación, también de este a oeste, pero en este caso con la entrada hacia poniente; así mismo las mezquitas musulmanas se orientan hacia La Meca.

    Paralelamente al carácter esencialmente religioso del monumento, hemos de mencionan que en los últimos años se han barajado las hipótesis de que el conjunto de monumentos megalíticos de una zona también tuviese un valor identificativo de posesión de esa determinada zona por un clan o tribu, que les valiese como una especie de marca territorial. De hecho es el único elemento que permanece inalterable y demuestra que el territorio ha sido ocupado sucesivamente  por distintas generaciones de esa misma tribu o clan, ya que el poblado pudiera no tener un carácter estable.

14/03/2012 00:02 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL (VII)

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     Llegado este punto es necesario referirnos particularmente a los dólmenes de área de El Pozuelo, que es donde vienen a ponerse de relieve, de manera más significativa, y casi exclusiva, todo lo que hasta ahora hemos venido diciendo. Es en estos dólmenes, por sus características constructivas, donde viene a materializarse de manera más expeditiva la convergencia de las culturas que van a influir a su vez en el perfil cultural y económico de estos pueblos. Tal y como mencionamos en otra parte de este trabajo, las influencias orientales y la metalurgia, de la que ya hablaremos más adelante, son los elementos que imprimen dinamismo a la difusión de esta nueva cultura. Podemos apreciarlo perfectamente en el propio enterramiento que aparece en El Pozuelo, donde observamos como a los dólmenes de una sola galería se les ha ido añadiendo cámaras anexas, tomando una configuración propia. De esta manera vemos como, en algunos sepulcros de este área, encontramos una más que sospechosa similitud con los templos prehistóricos egeo-anatólicos, como es el caso del dolmen nº 13 y el templo de Gigantija, en Goza (Malta), lugar de origen, así mismo, de un tipo de ídolo cruciforme denominado mas tarde en el sur peninsular como ídolo almeriense.

      En qué medida, pues, la metalurgia es el elemento dinamizador del que hemos hablado? Pues sencillamente porque el pueblo que la conoce disfruta de una posición más avanzada tecnológica y socialmente y esta circunstancia impone una difusión más rápida de su cultura. La metalurgia no supuso sólo la llegada de nuevas prácticas económicas, sino también de nuevas costumbres religiosas y sociales que, sin suplantarla, van a incidir en la organización socioeconómica de los pueblos que habitan nuestra zona.

       Después de todo lo dicho anteriormente procede abordar como era la organización social de estos pueblos, tarea nada fácil y que, en todo caso, se mueve en el terreno de la hipótesis.

      En los últimos años hemos descubierto dos emplazamientos circunvalados uno de ellos de paredes y rocas, uno en las cercanías de la mina de Chinflón y otro en el lugar conocido como Las Perulas que muestran en superficie restos de cerámica y que bien pudiera tratarse de poblados semifortificados cuyo estudio y excavación por profesionales, si confirmaran esa eventualidad, podría arrojar luz sobre algunas de las oscuridades que aún proyecta la cultura  dolménica de El Pozuelo, ya que hasta ahora los únicos elementos de los que podemos deducir nuestra conclusiones son: el espacio de habitabilidad, la ubicación y disposición de los enterramientos, el propio monumento megalítico y el ajuar.

      Basándonos en estos tres elementos y con suma cautela deducimos que probablemente se tratara de grupos poblacionales dispersos que ocupan y aprovechan  zonas fértiles, que en el caso de El Pozuelo, estarían situadas al norte de los enterramientos. Es difícil establecer la relación que pudiera existir entre estos grupos poblacionales, que a su vez estarían divididos en clanes familiares; estos clanes familiares estarían sujetos a una unidad superior, en la que uno de los elementos o factor común sería el culto religioso o funerario. Geográficamente cada clan ocuparía un espacio determinado dentro del área general en el que se dispersa el grupo poblacional al que pertenece. No sería muy aventurado concluir en que cada grupo dispondría de un lugar, que podemos denominar sagrado, en el que construyen sus monumentos funerarios, lugar que se constituye como marca territorial e identificativa de dicho grupo; en él es muy posible  que cada dolmen correspondiese a un clan determinado. El número de ellos estaría, pues, en relación directa con la densidad de cada grupo poblacional; así el número de clanes que lo componen determinarían el número de dólmenes y el de personas que forman el clan el tamaño y envergadura de aquellos. Por ejemplo, en el área de El Pozuelo, observando la disposición de los distintos  grupos poblacionales, uno que utilizaría como zona de culto y lugar de enterramiento la zona al este de Chinflón (Dólmenes 1, 2, 3 y 4), otro en torno al Cabezo de El Chivito (dólmenes 5, 6, 7, 8, 9) y un tercero en Los Lomeritos ( dólmenes 11 y 12).

      La economía de estos grupos en general, y de los clanes en particular, se basaría en una agricultura de subsistencia y en una ganadería pastoril que quizá tuviese mayor relevancia, aprovechando las especies autóctonas, como podrían ser cerdos y cabras principalmente; así mismo, la caza y la recolección de frutos silvestres ocuparía un papel destacado. Hay otro elemento más que no debemos olvidar; se trata de la minería, que tendría un papel significativo, no tanto porque las actividades mineras supongan un  aspecto fundamental  de su economía sino por las implicaciones sociales y culturales que conlleva, circunstancia que trataremos detenidamente más adelante.

      Probablemente el clan no ocuparía de manera permanente un lugar, sino que realizaría periódicos desplazamientos, que si bien eran limitados, vendrían impuestos por el agotamiento de los recursos de los lugares que habitan. Dentro de cada clan se infiere una organización social en la que uno de sus miembros ostentaría una jefatura sobre el resto, como se desprende del  hallazgo de algunos objetos del ajuar (báculo del dolmen nº 4) que refleja una distinción entre las personas enterradas, denotando una posición preeminente; así mismo es probable, que en el clan hubiese personas, dentro de su organización social básica, que realizasen funciones específicas, y el algunos casos exclusivas, para cubrir algunas necesidades de sus miembros. De igual forma, dado que el principal nexo de unión de los distintos clanes que integran un grupo poblacional son los cultos religiosos y funerarios, dentro de él, e independientemente del clan al que perteneciese, existía una figura que ostentaría una especie de liderazgo religioso común a todos ellos. En determinados momentos, claves para la vida de estos grupos, los clanes se aglutinarían en torno a esta figura, como podría ser algún tipo de manifestación religiosa o cultural, o para la construcción de un dolmen, en la que sería preciso la intervención de todos los miembros válidos. No es de descartar que el clan al que perteneciese esta figura dispusiera de una posición preponderante respecto a las demás.

22/03/2012 20:47 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

EL MEGALITISMO EN ZALAMEA LA REAL VIII

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LA METALURGIA

     Hemos referido anteriormente que uno de los aspectos de la economía de la cultura megalítica de nuestra zona y especialmente del área de El Pozuelo, fue la actividad minero-metalúrgica que, tal como dijimos, sin constituir un elemento básico de sus actividades económicas tuvo una carácter significativo por sus implicaciones sociales y culturales que nos llevan a tratarla ahora, especialmente, de manera separada.

     Quizá convenga, antes de profundizar en el sentido que tuvo esta actividad para nuestros pobladores, recordar algunos de los aspectos identificativos del Calcolítico. Se trata de un período en el que los hombres prehistóricos del Neolítico, para los que la piedra sigue siendo la materia prima para la elaboración de sus útiles y herramientas, comienzan a tener contactos con el metal, en este caso el cobre y empiezan a hacer uso de él, inicialmente con el fin de fabricar objetos de adorno y algunos otros más específicos, como pudieron ser hachas y puntas de flecha.

Todo ello conllevó el desarrollo de una técnica minero-metalúrgica que desembocó en una sociedad más avanzada y compleja. Por de pronto se advierte la existencia de tres procesos que  llegaron a suponer una auténtica diversificación ocupacional; estos tres procesos serán el de extracción, fundición y elaboración. Todo esto hará que la sociedad calcolítica gozase de unos avances tecnológicos y culturales que se difundieron con rapidez; sin embargo hay que hacer notar que en este primer estadio las actividades mineras se limitaban a la extracción del cobre que se hallaba  en cuevas u oquedades y en superficie, trabajándose sólo las primeras capas de las minas sin hacer una excavación exhaustiva, es decir, no se abrirían galerías en busca de filones sino que se limitaban a sacar el mineral de las menas que afloraban en los yacimientos a la vista, realizándose aún esta labor con útiles de piedra, los clásicos martillos de mineros.

      Una vez dicho la anterior nos metemos de lleno en lo que a nosotros nos concierne, es decir:  ¿En qué medida los contactos con los pueblos metalúrgicos intervienen en nuestra cultura megalítica?.

      Lo primero en resolver es de dónde nos llegan la primeras influencias. Inicialmente procederían del sureste peninsular (Almería-Los Millares) que a su vez las tomarían del sureste europeo. Desde allí va extendiéndose con rapidez en busca de nuevos filones. Es lógico suponer por donde penetraron hasta nuestra zona; los dos ríos, especialmente el Tinto, llevarían en sus aguas los indicios que conducirían a estos pueblos hasta culminar en los yacimientos de envergadura  (Riotinto) y desde allí se extendería a las pequeñas minas de sus proximidades (Chinflón, Masegoso, etc). No se trata de grupos poblacionales importantes sino muy reducidos que se instalan en la zona y que establecen contactos con los habitantes indígenas induciéndolos a la extracción del mineral. No modifican sustancialmente el sentido de su economía, simplemente los introducen en las actividades mineras para utilizarlos como mano de obra para obtener el mineral con el que ellos, posteriormente, comerciarían. Es necesario aclarar que, posiblemente, estos pequeños grupos que arriban a nuestra zona no son completamente distintos a los indígenas; presumiblemente  la cultura metalúrgica, desde su punto de origen en el sureste peninsular, ha ido mezclándose con las culturas autóctonas a lo largo de su difusión hacia occidente, por lo que estos grupos reducidos, cuando llegan aquí, participan ya de muchos elementos comunes con los que habitan el lugar, aportando, no obstante, nuevas técnicas arquitectónicas y culturales, consecuencia de la poderosa civilización de procedencia.

      Estos nuevos pobladores, una vez instalados, toman contacto con los que ya habitaban nuestra zona, pero esos contactos no se limitaban a las técnicas de extracción, sino que también les transmitieron las innovaciones culturales y religiosas que traían y que da como consecuencia la peculiaridad de la cultura dolménica de El Pozuelo, circunstancia que, sin lugar a dudas, también se produce en otras áreas del término de Zalamea pero en menor grado, debido quizá a una menor densidad de población o a la menor envergadura de las minas.

      Estas innovaciones se ponen de manifiesto en la adopción de nuevos ídolos y de nuevas técnicas arquitectónicas, apareciendo dólmenes de una cámara y planta irregular, así como el algunos elementos de la vida cotidiana, cuentas de collar y otras piezas de adorno.

      Es evidente la relación que se observa entre la mina de Chinflón y la ubicación de los lugares "de culto" o "sagrados", donde se situaban los enterramientos. La mina, que es el centro de interés de estos nuevos pobladores, puede ser el lugar desde el que se irradia esta nueva cultura, independientemente de que, como el lugar ya estaba habitado, allí pudieran haberse efectuado enterramientos anteriores.

      Para concluir, es necesario incidir en que la cultura de El Pozuelo, aún datada en época calcolítica, no estaba plenamente inmersa en la metalurgia, posiblemente sólo conocen el primero de los tres procesos a los que antes mencionábamos, el de la extracción del mineral y quizá muy tímidamente el de la fundición, con el fin interesado de ofrecer para el comercio un mineral más enriquecido mediante unas técnicas primarias de fundición. Así pues, y tal como ya dijimos, su economía sigue basándose fundamentalmente en la agricultura y en la ganadería, siendo las actividades mineras una ocupación ocasional, no permanente, que realizarían en períodos en que la climatología les es propicia. El mineral, como adelantamos al hablar de los aspectos sociales, económicos y culturales, es sólo un complemento a sus actividades tradicionales. Esto explica el que no se hayan encontrado objetos de cobre en el ajuar de los dólmenes de El Pozuelo. Es probable que al ser objetos de un valor excepcional, obtenidos presumiblemente en el intercambio de mineral, no fuesen depositados entre el ajuar funerario, bien por su escasez o bien por su valor, por temor a que la sepultura fuese expoliada.

    En cualquier caso la metalurgia, como hemos venido repitiendo, es la que da las características tan significativas que  posee la cultura dolménica de El Pozuelo.

                                                         CONCLUSIÓN

    En las últimas páginas hemos intentado aventurar una hipótesis sobre la vida y costumbres de unos hombre que vivieron hace cerca de 5000 años y que, especialmente en el área de El Pozuelo, nos legaron unos monumentos cuyas características han atraído el interés de arqueólogos e historiadores. De cualquier forma, para desvelar el misterio que aún supone para nosotros, serán necesarios muchos años de investigación y nuevos descubrimientos que confirmen o desmientan las hipótesis lanzadas. Entre los retos pendientes se encuentra el estudio de los  poblados  a los que hacíamos mención en el capítulo anterior cuyo resultado podría arrojar alguna luz sobre algunas de las oscuridades que  aún proyecta la cultura dolménica de El Pozuelo.  

 

27/03/2012 23:49 mdc y adpdl Enlace permanente. Prehistoria No hay comentarios. Comentar.

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