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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2014.

EL APROVISIONAMIENTO DE AGUA EN EL PASADO (II)

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A lo largo del siglo XIX se pone de relieve la preocupación por la conservación de esta fuentes y pilares y por el aumento de su caudal, así se pone de manifiesto cuando en 1875, aprovechando el manantial existente  en el lugar, proveniente de lo que puede que fuera la desaparecida Fuente de la Atalaya, se acondiciona y reconstruye el Pilar de las Calles. Era este, sin duda, un pilar de relevancia para el pueblo por encontrarse en un punto estratégico y el ayuntamiento se preocupó por profundizar el  pozo que le servía de suministro y de mejorar las cañerías de  conducción de agua. Esta obra entrañó grandes dificultades debido a la dureza del terreno, por lo que hubo, en varias ocasiones que aumentar  el presupuesto.

Creemos que este pilar no se construye por primera vez en este año, sino de lo que se trató fue de acondicionarlo, levantar una nueva fuente y realizar obras que aumentaran su caudal, debido a la creciente necesidad de agua. Hoy lamentablemente nada de eso queda.

También encontramos numerosos datos sobre la Fuente del Fresno, de la que nos atrevemos a asegurar que es una de las más antiguas de nuestro pueblo, al menos la única que ha mantenido, como ya hemos dicho antes, igual denominación desde la Edad Media, puesto que es mencionada ya en las reglas de la Hermandad de San Vicente de 1425, al referirse al arroyo que llevaba su nombre. En 1883 la corporación acordó realizarle una serie de obras de acondicionamiento, dadas las pésimas condiciones en que se encontraba. Aquel año se le abrieron cuatro pozos que se enlazaron por medio de una galería subterránea. A finales de ese año, el 30 de Diciembre, el alcalde José González Domínguez, aquel que encabezó la manifestación de los humos en 1888, expuso con satisfacción que la obra de la Fuente del Fresno había dado excelentes resultados, habiendo aumentado su manantial de 3.500 a 19.500 litros al día, por lo que se acordó colocar una lápida en la misma recordando este evento, lápida que aún hoy puede contemplarse en el frontal de dicha fuente. Sin duda este resultado supuso un gran alivio para la población, ya que aquel año se registró una gran sequía.

A comienzos del siglo XX continúa la preocupación por el abastecimiento de agua y se procede a realizar obras de mejora en algunos pilares y fuentes, como las realizadas en 1905, año en el que se registra otra sequía, prolongando las cañerías del Pilar de la Fuente, que aumento el caudal en 4605 litros;  y del que ya mencionamos existía, probablemente, en la Puerta Real.

En 1914 se elaboraron unas nuevas ordenanzas municipales y en ellas se vuelve a poner de manifiesto, el interés por regular el uso del agua de los pilares y de las fuentes, permitiéndose abrevar las caballerías en el Pilar de la calles, en el de Indias y de la Fuente, y a toda clase de ganado en el Pilar Viejo y en el Nuevo, prohibiéndose en todos ellos bañarse y lavar la ropa.

 En 1928 comienza a ponerse en evidencia, con el aumento del consumo de agua, la insuficiencia de estos pilares con lo que se pone en marcha sucesivos proyectos de aprovisionamiento de agua.

En 1930, para justificar  uno de estros proyectos, se hace una relación de los pilares, fuentes y pozos públicos de los que dispone el pueblo, a saber:

Fuente del Fresno

Pilar de la Fuentes

Pilar de las Indias

Pilarete

Pozo de la Alameda

Pozo de las Tenerías

Pilar Nuevo

Fuentecita

Es de destacar que esta última, que recordemos estaba ubicada en la cañada que discurre al sur del Colegio de Primaria, proporcionaba ella sola en ese momento más de la tercera parte del total del agua que suministraban todas las demás.

Estos pilares y fuentes desempeñaron un gran papel hasta mediados de nuestro siglo, durante todo este tiempo propiciaron toda una cultura del agua: el uso de cántaros, pimporros  y otros recipientes para transportar y almacenar el agua, la existencia de un oficio, las “aguadoras”, y de un breve pero intenso ritual social que comportaba el acudir a por agua al pilar o a la fuente.

No hay que olvidar la importancia que en el suministro de agua tuvieron los pozos de casas particulares que supieron aprovechar las abundantes bolsas de agua subterráneas que hay en el pueblo, pozos que en muchos casos se están imprudentemente cegando en las obras de reforma o nueva construcción.

 Los intentos de un moderno abastecimiento a Zalamea culminan en 1958 con la construcción de un depósito de almacenamiento y seis  fuentes artificiales que se situaron en La Pastora, Cabezo Martín, en el rincón de la casa del tío Bartolo, El Jardín, Barriada del Rocío y Calle San Juan. A excepción de la del Cabezo  Martín todas ellas se conservan, pero sin realizar la función para que fueron destinadas.

Por último en 1963 se construye el pantano viejo y el tendido de la red de suministro de agua, y más recientemente el pantano nuevo. La moderna red de abastecimiento trajo como consecuencia  el que los pilares y fuentes quedaran relegadas al olvido y hoy sólo algunas personas acuden a ellas, por el apego que tienen a consumir sus aguas.

 No obstante, aun considerando que las fuentes y pilares tradicionales no pueden, en ningún caso, sustituir al agua que se suministra por la red, sí creemos que son testimonios vivos de la importancia que tuvo el agua en la historia de nuestro pueblo. Por tanto, desde aquí, queremos reivindicar su conservación y mantenimiento para sacarlos del lamentable estado en el que se encuentran algunos de ellos, no sólo por la importancia histórica que en sí tienen sino también porque constituye una parte de nuestro patrimonio y que, dada la problemática que el agua presenta en la actualidad, no hay que despreciar que en el futuro pudiera seguir proporcionando algún tipo de servicio a la comunidad. Confiemos que la Fuente del Fresno, el pilar de las Indias, el Pilar Viejo y el Pilarete y aquellos otros que están en la mente de todos, no se conviertan simplemente en un recuerdo, aunque sólo sea como homenaje a aquellos antepasados nuestros que tanto esfuerzo pusieron en conservarlos y mejorarlos.

Manuel Domínguez Cornejo          Antonio Domínguez Pérez de León

11/02/2014 20:32 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL CARÁCTER SIMBÓLICO DE LOS DÓLMENES DE EL POZUELO

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Desde la prehistoria, el culto a los muertos y los ritos funerarios han tenido para el hombre un significado claramente religioso, ya que suponen una aceptación del hecho de la muerte y un reconocimiento a la memoria de los muertos.

Los grupos humanos más primitivos rendían culto a sus difuntos, probablemente por las creencias en los espíritus de los muertos y casi con toda seguridad, en esa conciencia de la muerte, la concebían como una prolongación de la vida y por lo tanto requerirían unas necesidades más o menos iguales a la que en tuvieron en ella.

En los rituales de los enterramientos prehistóricos, en los que se depositaba al difunto con su ajuar, en muchos casos más delicados y de mayor riqueza que el que pudo poseer en vida, no cabe duda de que lo que se pretendía era dotar al difunto de sus mejores galas para que afrontara una nueva vida con todo los recursos necesario que le haga más fácil el transito.

Que algún tipo de culto o trato ritualizado a los muertos fuera ya una realidad en las creencias espirituales de nuestros antepasados remotos es un hecho constatado por el hallazgo y estudio de los cadáveres primitivos depositados en las fosas, tendidos o muchas veces en posición fetal, pintados de rojo, según se ha comprobado en enterramientos en los que se han hallados restos óseos, y siguiendo rituales tan diversos y con tantas diferencias culturales como lo puedan ser hoy en día en las dispares religiones que ha desarrollado la especie humana común.

A partir del Neolítico se fueron imponiendo las sepulturas colectivas, rodeadas y cubiertas de losas y señalizadas por túmulos de grande piedras. Y la creencia en el más allá se tradujo, cada vez con mayor firmeza, en el incremento del valor y variedad de las ofrendas y los ajuares.

 Todas las inquietudes funerarias culminaron con la construcción de grandes moles pétreas, llamadas megalitos, como los menhires, los dólmenes o las alineaciones pétreas, cuyo origen y significado todavía no son plenamente conocidos, pero que, en cualquier caso, constituyen los primeros monumentos funerarios que fueron construidos por la mano del hombre y que han llegado más o menos intactos hasta nuestros días.

De igual manera, desde la prehistoria, la figura femenina ha estado vinculada a la muerte. En Egipto, por ejemplo, los sarcófagos de piedra eran denominados "vientres maternos". Asimismo, en la cuenca mediterránea los difuntos solían ser enterrados en el seno de las montañas, pues se creía que la divinidad que habitaba en ellas les ayudaba a renacer. Por otro lado, muchas de las estatuillas que nos han llegado se han encontrado en sepulcros, lo que hace suponer que su misión era despertar a los muertos para conducirlos hacia su nueva vida en la tierra de los bienaventurados. Utilizadas como ornamentos, fetiches, joyas o amuletos, estas representaciones femeninas (de divinidades o de sacerdotisas) actuaban como intermediarias entre los dioses y los muertos. Así, a su belleza se unían sus poderes mágico-religiosos, ya que la fuerza que emanaba de ellas tenía un carácter protector relacionado con las creencias en el más allá.

   El cambio de una sociedad nómada cazadora a otra sedentaria agricultora otorgó protagonismo a la figura femenina. Se estableció un vínculo entre la fertilidad de la tierra y la fecundidad de las mujeres; éstas no sólo trabajaban los cultivos, sino que se convirtieron en responsables de la abundancia de las cosechas, pues sólo ellas poseían el misterio de la creación. La vida humana empezó a asimilarse al ciclo vegetal, tras ser engendrados (la tierra pasa a transformarse en una enorme matriz), tanto los hombres como las plantas crecen y terminan regresando a las entrañas terrestres cuando mueren. Asimismo, esta evolución hizo que la sacralidad femenina cobrase mayor importancia.

La inhumación significa devolver el cuerpo a la Tierra, a la Diosa Madre, que dispensa la muerte y la vida, con la esperanza de una ansiada resurrección.

Observando detenidamente cualquiera de los monumentos megalíticos que encontramos dispersos por nuestro término, y analizando cada uno de los múltiples detalles que marcan su construcción, nos daremos cuenta que el carácter simbólico de este tipo de enterramiento está directamente enraizado con el transito a una nueva vida, posiblemente en el más allá o  a una resurrección. La forma de la entrada al dolmen, el corredor, el túmulo e incluso la orientación guardaban una lógica y no adoptaron esas formas por razones estéticas o  de capricho.

Situaban el cadáver en posición fetal y lo untaban de sangre o pintaban el interior del sepulcro de ocre, de ahí podríamos sacar conclusiones: puesto que nacemos cubiertos de sangre, ¿sería una forma de devolver el cuerpo del difunto al útero ancestral, la madre tierra? ¿Lo preparaban simbólicamente para su siguiente nacimiento? Algunos antropólogos han planteado que esta disposición se debe a que veían en la muerte el nacimiento a un nuevo cuerpo, por ese motivo, los muertos eran colocados en la postura de los fetos, esperando que volviesen nuevamente a la vida.

¿Podría ser el dolmen el útero ancestral al que hacíamos alusión? Todo apunta a que así fue. Si analizamos con detalle el monumento encontraremos similitudes con el órgano reproductor femenino. Si tomamos por ejemplo los dólmenes hallados en nuestro pueblo, especialmente los de El Pozuelo, que son el ejemplo más claro de lo que queremos decir, observaremos que la entrada es muy parecida a la vulva del aparato reproductor femenino, el corredor representaría la vagina,  la cámara al útero, lugar donde se depositaron la mayor parte de los cadáveres, y finalmente el túmulo, clara protuberancia que destaca en el horizonte, querría representar el vientre de una mujer en cinta. Y todo en una orientación con la entrada hacia el este, hacia el sol naciente, hacia una nueva luz, signo inequívoco de esperanza.

Manuel Domínguez Cornejo            Antonio Domínguez Pérez de León

23/02/2014 14:14 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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