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ZALAMEA ROMANA (II)

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Los romanos crearon una extensa red viaria por toda la Bética. Tanto por la densidad de población como por la explotación del metal y producción agrícola que generaba nuestra territorio, se hizo necesaria la construcción de un ramal, que partiendo de Urium (Riotinto) llegaba hasta Onuba. Esta calzada atraviesa nuestro término de norte a sur pasando cerca de nuestra población por las proximidades de la Estación Vieja, donde  aún pueden observarse algunos de sus tramos, después desaparece para dejarse ver de nuevo en las proximidades de  la laguna de la Pepa, las Tejoneras y Corchito.

 Su construcción es un carril que aprovecha los lugares de más fácil tránsito, siguiendo a media altura de la falda de los montes, evitando las cañadas y los grandes desniveles para facilitar así el paso de los carros. Normalmente está tallado en la roca firme del suelo, pizarra en algunos puntos; para salvar desniveles se excavaban en la pizarra unas trincheras con las medidas justas para el paso de un carro. Nuestros tramos de calzada tienen unas características idénticas a los estudiados en otras poblaciones de la provincia por los que pasa. En su base tiene una anchura de 1,75 m, llegando a los dos metros en la parte superior de la trinchera. Las huellas de las ruedas  se encuentran a una distancia entre si de 1,40 m aproximadamente, lo que responde a las características propias de los carros que por allí transitaban. Este tipo de vía estaba diseñado para permitir el paso de un solo carro lo que obligaba a que de vez en cuando se dispusieran lugares donde pudieran cruzarse otros que circulaban en sentido contrario. Curiosamente en el tramo descubierto junto a la Estación Vieja es posible observar uno de estos lugares de cruce. Debieron ser carros, según las fuentes documentales, de dos ruedas de un diámetro de 1,10 m y que transportaban, según las referencias de la época, una carga de aproximadamente media tonelada de peso, aunque hay expertos que piensan que podían llegar hasta las dos toneladas.

 La calzada pasaba cerca de la ermita de San Blas. Los basamentos de gossan que pueden observarse en el exterior de su presbiterio dan indicios de que la ermita pudo haberse construido sobre un pequeño santuario de época romana.

 Todo apunta a que en esta época había un núcleo de población consolidado en el lugar que actualmente ocupa Zalamea o en sus proximidades, sin que podamos dar datos de su ubicación exacta ni de su importancia. Se llega a esta conclusión por la cantidad de material reutilizado que hallamos en construcciones posteriores, principalmente en el conjunto Iglesia Torre. Este material procedería de construcciones romanas existentes en el mismo pueblo o muy próximas a él. Por cierto, lo que hasta ahora hemos considerados como cupas, - parte superior de algunas tumbas de incineración – que pueden observarse en el porche de la Iglesia, pudieran más bien tratarse de secciones semicirculares de algunos tipos de columnas. También se ha hallado una pequeña columnita romana con el capitel invertido, de estilo corintio, empotrada en la fachada de una casa de la calle Canterrana. Igualmente se han encontrado dos figuritas de terracota –exvotos- en los trabajos de restauración del patio de una casa de la calle de la Iglesia. Todo ello, como hemos dicho, de confirmarse su origen local, alimentan la hipótesis de la existencia de un núcleo de población donde hoy se encuentra Zalamea o en sus alrededores.

 Sobre el nombre que pudo haber tenido durante esa época, dos son los que se barajan como más ciertos: Cotinae y Callensibus Aenanici. De ambos el que más posibilidades ofrece  es este último, que vendría a significar algo así como “Lugar en el camino del cobre” coincidiendo con la proximidades de esta población a la calzada que comunicaba Urium con Onuba, nombre que aparece en el Itinerario Anónimo de Rávena al hablar de las calzadas romanas.

 Con el paso del tiempo la cultura romana fue asentándose en nuestra población y con ella llegó el cristianismo a Zalamea. Aunque son escasos los vestigios de la época que encontramos en nuestro término de esta religión, si cabe destacar una cruz paleocristiana del siglo V que se halla grabada junto a símbolos más antiguos en la finca de los Aulagares. Es muy probable que el cristianismo conviviera durante años con otros ritos paganos indígenas e hispano-romanos  durante la decadencia del Imperio y que aquellos primeros seguidores grabaron la cruz en aquellas piedras como testimonio de su fe.

 Con la llegada de los godos, el dominio romano se desvaneció, políticamente, desde luego, porque al igual que en el resto de Hispania, dejó una huella indeleble en forma de leyes, lengua y costumbres.

Imagen de la foto: Figuritas de terracota halladas  en Zalamea.

Manuel Domínguez Cornejo    Antonio Domínguez Pérez de León

21/02/2016 21:26 mdc y adpdl Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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